Curia Generalis Ordinis Fratrum Minorum Capuccinorum

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updated 10:39 PM CET, Dec 9, 2017

Venerable Marcellino de Capradosso OFMCap

En efecto, los procesos ordinarios sobre la fama de santidad del nuevo Venerable fueron introducidos el 29 de julio de 1948 en la Curia diocesana de Fermo y se cerraron el 30 noviembre de 1954. Los actos procesales fueron entregados a la Sagrada Congregación de Ritos el 30 enero de 1956. De acuerdo con el procedimiento del tiempo el 29 de noviembre de 1957 fue nombrado Relator de la Causa y sucesivamente el 24 de noviembre de 1959, se emitió el votum super scriptis. El 19 de febrero de 1971 la Cancillería de la Congregación entregaba la Copia Pública. Siguiendo las reglas emitidas por el Beato Pablo VI en  1965, y sucesivamente, en 1983, por San Juan Pablo II, todo el proceso requirió una actualización. Además del suplemento de investigación histórica, la Congregación de las Causas de los Santos emitió el 13 de enero de 1995 el Decreto de validez Jurídica de los Procesos.

El 7 de julio de 1998, la Positio super Vita Virtutibus et Fama sanctitatis se presentó a la Congregación de las Causas de los Santos para el proceso canónico habitual. La Positio fue discutida por los Consultores Históricos el 16 de abril de 2012 y posteriormente, después de la integración de la documentación requerida por la Congregación de las Causas de los Santos, el 28 de febrero de 2017 por los Consultores Teólogos.

El Santo Padre Francisco, el 8 de noviembre de 2017, autorizó la promulgación del Decreto.

Juan Maoloni, nuestra Marcellino de Capradosso, nació el 22 de septiembre de 1873, en Villa Sambuco de Castel di Lama (Ascoli Piceno) de Pascual Maoloni y de Serafina Caioni cuarto de seis hijos. Por razones de trabajo, la familia se mudó poco después del nacimiento de Juan a Capradosso.

Debido a la modesta economía familiar, Juan pudo asistir a clases, sus brazos eran demasiado valiosos en los campos, de modo que aprendió a leer y escribir por su cuenta. Su párroco, el P. Juan Micraidi, lo guió en la vida espiritual, reconociendo en él a un joven de corazón generoso y puro.

Como todos los jóvenes de su edad, pensó en formar una familia, pero con convicción se encaminó a la vida religiosa. Su padre, ya entrado en años y sin fuerza, le aconsejó prudentemente que esperara hasta que su hermano menor, Emidio, hubiera alcanzado la seguridad económica para reemplazarlo en trabajo agrícola y en el apoyo familiar. Acogiendo con satisfacción el deseo de su padre, esperó tres años.

Finalmente, el 6 de abril de 1902, Juan, a la edad de 28 años, pudo seguir su vocación yendo al convento de los Capuchinos de Ascoli Piceno. Aquí lo alcanzó su hermano mayor Vicente decidido a disuadirlo de su propósito incluso con violencia y no solo verbales. Juan se dejó golpear sin responder nada. Diez días más tarde inició el noviciado en Fossombrone recibiendo el nuevo nombre: Marcelino de Capradosso.

Después de un entrenamiento duro e intenso, son de este período de sus luchas con las visiones del diablo y Marian, que también producen a partir de sus superiores una sensación de extrañeza, emitida la profesión simple el 27 de abril de 1903. Al final del noviciado entre Marcelino era una hombre maduro de 30 años, realizada en calidad y en la oración, de gran calidad humana, trabajador, siempre dispuesto a obedecer, dedicado a la penitencia, como la flagelación, siempre dispuesto a coro, fue enviado al convento de Fermo, donde había una fraternidad de formación.

Su actividad principal no estaba vinculado a la obediencia explícita, sino una serie de tareas que los hermanos legos generalmente recibidas neoprofesos: ayudante de cocina, donde no hay experiencia que no siempre está a la altura; donde podía contar con los años anteriores de trabajo agrícola y lo hizo muy bien; enfermeras, siempre urgentes y caritativas con los enfermos.

Juzgado maduro en vocación y fuerte en virtud, fue acusado de la búsqueda, también enfrentando largos períodos de ausencia del convento; durmiendo y comiendo un invitado de familias y cánones; ayunar hasta la tarde para recibir la Eucaristía; conocer gente y darles una buena palabra.

Su emblema era la bolsa que llevaba en el hombro, una bolsa que abría las puertas y las almas. Se extendió lentamente la fama de su excelente vida religiosa acompañada de los pequeños signos extraordinarios típicos de la tradición franciscana de las pequeñas flores: Granos de marchas que se vuelva a crecer o barriles vacíos de la cual se disparó vino o un cañón pesado que fue capaz de llevar solo.

Se dirigió luego por los pobres y ricos por igual, pidiendo caridad amor de Dios por sus hermanos, ricambiandola con lo espiritual, por lo que no merece que más lo necesita. Sus búsquedas fueron obra de una exquisita evangelización del mundo rural, que por experiencia sabía tan bien.

Entre los momentos de más intensa y significativa de la vida sencilla y directa entre Marcelino fue la asistencia a un hermano joven, el padre Serafino de Pollenza, gravemente enfermo de tuberculosis. Durante unos seis meses, se encontró en todas sus necesidades materiales y espirituales, confortándolo con las palabras de la fe y la caridad, dar efecto a su predisposición natural hacia el dolor ajeno, que era de él y no se cansaba de alivio.

Después de su servicio a los enfermos que le pidió que fuera en una misión en Brasil, pero después de un tiempo, el Siervo de Dios se enfermó, probablemente de contagio de la peritonitis tuberculosa. El 24 de agosto de 1908, fue ingresado en el Hospital Umberto I en Fermo, donde sufrió una operación quirúrgica sin cloro, dejándolo con una herida abierta para permitir que el pus escapara. Los sufrimientos eran fuertes, aceptado por el Siervo de Dios sin quejarse y un espíritu alegre, sonriente, proclamándose el hombre más feliz del mundo en un sereno abandono a Jesús. Los últimos dos meses, incapaces de soportar, los pasaron completamente atraídos por la oración y el sacrificio continuo, agradeciendo por cada pequeño servicio recibido.

Denegado en el hospital, murió en un convento el 26 de febrero de 1909, después de recibir la unción de los enfermos y el viático. La enfermedad fue vivida por el Venerable Siervo de Dios por el bien de Cristo, teniendo en mente la gloria del Paraíso.

Modificado por última vez el Sábado, 18 Noviembre 2017 00:56