Ordo Fratrum Minorum Capuccinorum

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updated 6:22 AM CEST, Aug 6, 2020

Felices y santos los que abren las puertas de su casa a los refugiados e inmigrantes

No es difícil imaginar a Jesús añadiendo una estrofa más al canto de las bienaventuranzas: Felices los que acogen a tanto ser humano inmigrante o refugiado. ¡Cuantas personas sencillas, creyentes y no creyentes, son hoy verdaderos santos! Hombres y mujeres que se complican la vida, capaces de compartir aquello que tienen con los que ni siquiera conocen, incapaces de ser indiferentes ante tanto sufrimiento, con la libertad de desobedecer leyes injustas, soñadores de un mundo sin fronteras.

Imigrant tea1No es poco lo que hay que esforzarse para ser un buen hermano menor capuchino. La formación nos mantiene siempre en tensión. Tenemos que reforzar nuestra formación socio-política y económica a nivel personal y a nivel institucional.  Necesitamos hermanos y fraternidades que sean capaces de hacer discernimientos desde los criterios del evangelio. Hay que saber leer e interpretar el mundo y, para ello, hay que amarlo profundamente como Dios lo ama. Ser hermano menor significa ser capaz de arrodillarse frente al mundo y lavar y besar sus heridas. No hay mejor medicina que el amor.

Ser santos significa renunciar a nuestros propios derechos para poder acoger a los otros como don. Ser santos es entrar en la dinámica de la gratuidad, corazón de la espiritualidad franciscana. Ser santos es trasformar la dinámica de amigo/enemigo en la dinámica de hermano/hermano.

La fiesta de todos los santos es un canto a todos los seres humanos. No podemos dejarnos llevar por el pesimismo. Ser santo es creer que todos nosotros, no solo uno pocos, y no por nuestro esfuerzo sino por pura gracia, llegaremos a la plenitud de los humano, es decir, llegaremos a ser santos como Él Santo. Y mientras vamos de camino,  llenemos nuestra sonrisa y nuestra mirada de esperanza.