En el IX Consejo Plenario, las intervenciones de Mons. Fisichella y del Card. Tagle sobre los desafíos de la evangelización en la era digital y sobre la urgencia de una sinodalidad auténtica. Por la tarde, el debate sobre la renovación de la colaboración entre las Provincias de la Orden.
El 15 de octubre marcó otra jornada de intensos trabajos para el IX Consejo Plenario de la Orden, centrada en los desafíos cruciales que esperan a la misión capuchina en las culturas contemporáneas y en la experiencia vital de la colaboración fraterna. Retomando el camino trazado en las sesiones precedentes, la asamblea se confrontó con los análisis puntuales de relatores de excepción, que ofrecieron una clave de lectura profundizada de la presencia de la Iglesia en el mundo de hoy.
La transmisión de la fe en la época del individuo y de lo digital
La primera sesión fue guiada por Mons. Salvatore Fisichella, Proprefecto del Dicasterio para la Evangelización (Sección para las cuestiones fundamentales) y miembro del Dicasterio para la Cultura y la Educación. El Arzobispo afrontó el delicado y urgente tema de la transmisión de la fe en una era dominada por la cultura digital. Hemos entrado, explicó Mons. Fisichella, en un contexto marcado por el dominio del «pensamiento débil», que ha generado una arraigada desconfianza en la razón y en la posibilidad de una verdad objetiva. Este horizonte cultural ha llevado, de hecho, al eclipse de los derechos sociales en beneficio de una reivindicación ilimitada de derechos individuales. Las consecuencias de tal cambio son visibles en la ruptura de los vínculos auténticos y en el repliegue de las personas –con efectos dramáticos sobre todo en los jóvenes– sobre relaciones virtuales, que desembocan a menudo en una soledad patológica y en manifestaciones de violencia inmediata. Y sin embargo, detrás de esta aparente desorientación tecnológica y la indiferencia de fachada, el hombre contemporáneo vive una silenciosa búsqueda de Dios y alimenta una profunda nostalgia de una verdadera «casa» espiritual. Para la Iglesia, la evangelización nunca puede ser un acto pasivo: la gran tradición recibida en herencia debe ser «reconquistada» y traducida con creatividad responsable. Es necesario evitar tanto la estéril repetición del pasado como la búsqueda afanosa de novedades superficiales. El camino maestro pasa a través de la interioridad, la oración, la Palabra, la belleza y la experiencia tangible del perdón.
Sinodalidad auténtica y superación de las barreras del misionero moderno
De gran densidad fue, en la segunda parte de la mañana, la intervención del Card. Luis Antonio Gokim Tagle, recientemente elegido decano del Colegio cardenalicio y Proprefecto del Dicasterio para la Evangelización. El cardenal delineó el contexto en el que se desarrolla hoy la misión, aclarando que ella nunca es un mero rol funcional ni un trabajo de «contratistas». Antes de elaborar cualquier estrategia pastoral, es imprescindible que cada misionero haya vivido un encuentro personal, auténtico y profundo con Jesús. En ausencia de esta raíz espiritual, toda planificación organizativa está destinada a fracasar. Frente a un mundo dramáticamente fragmentado, la Iglesia debe recuperar el sentido profundo de la «sinodalidad», que significa comprometerse concretamente a «caminar juntos», con aliento y humildad, siguiendo el ejemplo de Cristo, el cual, aun siendo Dios, caminó con pecadores y marginados. En este contexto, el misionero moderno debe desarrollar una indispensable «inteligencia cultural»: es necesario comprender cómo la propia cultura de origen nos ha plasmado para poder luego abrirse, sin ningún sentido de superioridad, a las culturas de los lugares en los que se es acogido, convirtiéndose así en auténticos «puentes» de diálogo. El cardenal Tagle lanzó luego una advertencia durísima y sentida contra las divisiones étnicas y de casta que todavía contaminan la vida de la Iglesia, citando un trágico episodio ocurrido en Mozambique, donde un joven obispo fue asesinado en su propia vivienda a causa de divisiones tribales, con la implicación de personas internas a la diócesis (como testimonia el arresto del canciller diocesano) y el escándalo de sacerdotes que se negaron a concelebrar en el funeral. Sin una verdadera comunión, la Iglesia corre el riesgo de convertirse en el espejo de las peores violencias y divisiones del mundo.
Hacia una ecología de la colaboración fraterna
Las sesiones de la tarde volvieron a llevar la atención sobre los aspectos concretos de la vida de la Orden, profundizando el tema de la colaboración fraterna gracias a las intervenciones de fr. William Hugo y fr. Benny Punnasserry. Fr. William Hugo afirmó con claridad que la colaboración futura no puede reducirse a un mero recurso para «tapar los agujeros» en los ministerios creados en Occidente a causa de la disminución vocacional. Es necesario reencontrar el auténtico impulso misionero y, para hacerlo, la Orden tiene urgente necesidad de un plan estratégico global, fundado más en las relaciones fraternas que en los contratos jurídicos. Es tiempo de superar la lógica de los mandatos breves para apostar por proyectos a largo plazo, estructurados sobre horizontes de 15 o 20 años. Este proceso debe necesariamente ser acompañado por una reflexión sobre la equidad económica: el compartir los recursos debe funcionar en ambas direcciones. Las provincias que acogen frailes están llamadas a sostener activamente a las provincias de procedencia y a la Oficina de Solidaridad Económica, superando así aquellas dinámicas de dependencia financiera que terminan a menudo por generar paternalismo. Finalmente, en la última intervención de la jornada, fr. Benny Punnasserry exploró el ecosistema humano y espiritual que anima la misión. El relator advirtió a toda la fraternidad sobre del riesgo de adoptar un modelo meramente transaccional, definido por él con la expresión «fraile de alquiler» («Rent-a-Friar»). Reiteró con fuerza que el misionero capuchino es enviado para enriquecer, con su propia presencia y testimonio, una fraternidad viva y estructurada, no para ser considerado una simple fuerza de trabajo destinada a resolver las emergencias pastorales locales.
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