El 14 de marzo de 2026, se realizó la Peregrinación Capuchina en la cuidad de Asís para conmemorar la exposición de los restos de San Francisco, en el VIII centenario de su muerte. Al evento asistieron aproximadamente cien frailes, en representación de los capuchinos de todo el mundo. Entre los presentes se encontraban miembros de la Curia General, de las casas dependientes del Ministro General, del Colegio Internacional de San Lorenzo de Brindisi, de la Provincia de Italia Central y otras fraternidades. El propósito de la peregrinación fue venerar los restos del Santo, expuestos temporalmente, y celebrar la Eucaristía en comunión.
El evento comenzó a las 9 de la mañana frente a la Basílica de Santa Clara. La elección de este lugar no fue casual: la Iglesia de San Giorgio se encontraba allí en el siglo XIII, el primer lugar donde San Francisco fue sepultado entre 1226 y 1230, antes de ser trasladado a la Colina del Paraíso, en la Basílica construida en su nombre, donde reposan hasta el día de hoy.
El encuentro comenzó aclarando el objetivo de la peregrinación: no se trataba simplemente de una visita a los “huesos secos”, sino de un encuentro vivo con la vida evangélica de Francisco de Asís, su seguimiento de Cristo y su santidad. También se invocó su intercesión para “despertar en nosotros el deseo de ser hermanos, menores y contemplativos”.
Tras un rito de inicial presidido por el Ministro General, fr. Roberto Genuin, los frailes partieron hacia la Basílica de San Francisco. La procesión se desarrolló en un ambiente de oración y fraternidad, acompañada por el rezo del Santo Rosario: ¡el paso de los frailes, caminando en oración, invitó a los transeúntes y peregrinos a guardar un respetuoso silencio! Llegados delante de la Basílica Inferior, los participantes recitaron la Letanía en honor a San Francisco, concluyendo el momento con un canto. Posteriormente, los frailes tuvieron la preciosa oportunidad de venerar los restos del Poverello, expuestos frente al altar mayor de la Basílica Inferior.
A las 11:00 se celebró la Eucaristía, presidida por el Ministro General, introducida por un saludo de bienvenida del Custodio del Sacro Convento, fr. Marco Moroni, OFM Conv. Durante la homilía, fr. Roberto, dirigiéndose a los frailes y a un numeroso grupo de peregrinos, ofreció una meditación sobre la fragilidad humana y la acogida del amor de Dios. Su discurso conectó la experiencia evangélica del retorno al Señor con el luminoso testimonio de San Francisco. Concluyó pidiendo al Poverello que nos ayude a abandonar el “replegarnos sobre nosotros mismos” y a superar aquello que obstaculiza el encuentro con Dios. Esta “verdadera muerte a nosotros mismos” abre el camino a una vida inagotable que, como atestigua San Francisco ocho siglos después, se traduce en apertura a Dios y a los hermanos.
La peregrinación está entrelazada con el camino que recorremos los capuchinos hacia los 500 años de la Reforma. Recordamos que fue precisamente en los años previos y posteriores a las celebraciones del III centenario del Tránsito de San Francisco cuando algunos frailes decidieron reformar la vida franciscana, dando origen a nuestra familia capuchina. Por lo tanto, el año que vivimos es un tiempo de gracia especial que no debemos desaprovechar: reapropiémonos de los valores que Francisco vivió y propuso, para, cada vez más, “iluminar nuestras mentes e inflamar nuestros corazones”. Estamos, ahora y siempre, en camino: acompasemos nuestros pasos con el Evangelio según el ejemplo y el estilo que Francisco nos dejó como herencia.

