JERUSALÉN – Del lunes 22 al viernes 26 de diciembre de 2025, el Ministro General, fr. Roberto Genuin, realizó la visita fraterna a la comunidad de Jerusalén, acompañado por el Consejero General fr. Mauricio Placentino. Como en cada visita de un hermano de la Curia General, esta también fue una oportunidad para que el vínculo con toda la Orden se sintiera de modo significativo.
La visita comenzó con una elocuente celebración eucarística en la Basílica del Santo Sepulcro. Después de este momento de oración, el Ministro General dedicó el tiempo necesario para una significativa escucha y encuentro con los hermanos de la fraternidad.
Luego, el Ministro General tuvo la oportunidad de encontrarse con algunas autoridades religiosas como Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa OFM, Patriarca de Jerusalén de los Latinos, fr. Francesco Ielpo OFM, Custodio de Tierra Santa y Mons. Adolfo Tito Yllana, Nuncio Apostólico en Israel y Delegado Apostólico en Palestina.
Durante su estadía, tuvo la oportunidad de visitar el Studium Biblicum Franciscanum y la École Biblique, instituciones académicas con las cuales colabora la Orden en el ámbito bíblico y arqueológico, a través del estudio y la enseñanza de algunos de nuestros hermanos.
El momento central de la visita fue el Capítulo local, donde la fraternidad recibió del Ministro General palabras de aliento, y sugerencias para nuestra presencia en Tierra Santa y el servicio de los hermanos para sostener el camino comunitario y la misión específica confiada a la casa de Jerusalén.
En la Vigilia de Navidad, el Ministro General concelebró la Eucaristía en la Basílica de la Natividad en Belén y el 25 de diciembre compartió con los hermanos la Eucaristía en nuestra capilla: la fecha, el lugar, la presencia de fr. Roberto y fr. Mauricio con los hermanos de la fraternidad jerosolimitana hicieron que la celebración estuviera densa de emociones.
En signo de gratitud, la fraternidad regaló al Ministro un “Niño Jesús” tallado en madera de olivo, obra de un artesano de Belén. La visita se concluyó en un clima de alegría y fraternidad, reafirmando la misión de nuestra presencia en Jerusalén como lugar de acogida, centro de espiritualidad y formación bajo el lema: «Yo soy la luz del mundo».
