Tailandia es una tierra de profundos contrastes: a la rápida modernización y a la riqueza de la capital, Bangkok, se contraponen las zonas rurales, especialmente en el norte y noreste del país, todavía marcadas por la pobreza y desigualdades. En este contexto, donde el Budismo Theravada es practicado por más del 90 % de la población y permea su cultura y su vida cotidiana, la presencia católica representa una pequeñísima minoría (menos del 1 %). A pesar de los pequeños números, desde el siglo XVI la Iglesia está plenamente integrada y ampliamente respetada a nivel nacional, gracias sobre todo a su valiosa contribución y a su excelencia en los ámbitos social, educativo y sanitario.
Los orígenes: un vínculo especial con las Monjas Capuchinas
En este panorama se inserta la labor de los frailes capuchinos, presentes en el país desde octubre de 1980. Los tres primeros misioneros llegaron desde la Provincia de Milán (actualmente Provincia de Italia Noroeste), que en estos años envió un total de doce frailes, diez de los cuales regresaron posteriormente, después de haber realizado una ardua pero bellísima labor misionera, distinguiéndose por su dedicación al estudio de la lengua y a la formación de los jóvenes candidatos.
Una de las características más hermosas de esta misión es la estrecha cercanía con las Monjas Capuchinas. Su fundación en el país se remonta a 1934 y hoy cuentan con seis monasterios y un total de 87 hermanas capuchinas; fue, precisamente, la necesidad de garantizarles asistencia espiritual uno de los principales motivos que impulsó a los frailes a llegar a Tailandia. Aún hoy, los frailes brindan ayuda constante a los monasterios de las Clarisas Capuchinas y a otras congregaciones, ofreciendo acompañamiento espiritual.
La Delegación hoy: cifras en crecimiento y nuevas perspectivas
Actualmente, la Delegación está compuesta por 21 frailes, entre ellos dos italianos, cinco jóvenes posnovicios (dos de los cuales estudian en Italia, en el Colegio Internacional San Lorenzo de Brindis) y un postulante. Durante el decenio 2003-2013, la misión también contó con una importante colaboración de Indonesia.
Las fraternidades activas son cuatro: dos situadas en el centro del país, cerca de Bangkok; una en el noreste, en dirección a Laos; y una al norte, hacia Myanmar (Birmania). Junto a tres de estos conventos se encuentra también un monasterio de las hermanas capuchinas. Mirando hacia el futuro, los frailes ya tienen en marcha un hermoso proyecto: la apertura de una nueva casa en el sur de Tailandia, donde las Monjas ya están presentes con dos monasterios.
Desde 1981, nuestra presencia se ha distinguido como un verdadero faro de esperanza y de fraternidad. Encarnando plenamente el espíritu franciscano, los frailes guían de algunas parroquias, pero van mucho más allá, actuando como una “Iglesia en salida”. Su servicio misionero llega a varias aldeas situadas en medio de los bosques del norte y noreste del país.
La acción pastoral se traduce en obras de caridad concretas: los frailes recorren caminos difíciles para llevar alimento, consuelo y la Eucaristía a los enfermos que viven en condiciones de extrema pobreza. Esta caridad abraza a todos, sin distinción, llegando también a los no cristianos y a los refugiados procedentes de las naciones vecinas, a quienes se les ofrece no solo apoyo para la fe, sino también ayuda logística y práctica para su integración.
La población ama y acoge con afecto a los Capuchinos, reconociendo en su “pastoral de frontera” un ejemplo de humildad, alegría y entrega total, capaz de hacer que quienes viven en los márgenes se sientan parte viva y valiosa de una gran familia.
