Estimados hermanos:
Deseando continuar nuestro camino hacia el aniversario del nacimiento de nuestra Orden, llegamos a ustedes con esta nueva y sencilla contribución.
En este año particular, nosotros, hijos y hermanos de San Francisco, nos centramos en la celebración de su Pascua: hace 800 años él concluyó su peregrinación terrena y pasó a la morada eterna con el Señor. Fue un momento decisivo para toda la Orden de los Frailes Menores. Con la muerte de San Francisco, en efecto, la fraternidad perdió un punto de referencia vivo. Fray Elías, superior general de la Orden, en la carta circular sobre la muerte de San Francisco, se expresa con estas palabras: «que, sin él, estamos rodeados de tinieblas y nos cubren las sombras de la muerte (…); ya que somos huérfanos sin padre y privados de la luz de nuestros ojos». En efecto, aunque la Orden ya contaba con una Regla de vida aprobada en 1223, en la persona de San Francisco tenía hasta ese momento un ejemplo vivo de su observancia. Con su partida de esta tierra, dicho ejemplo pierde su impacto directo. Sin embargo, no desaparece por completo.
Permanece la fe en su continua intercesión y en su acompañamiento espiritual a la fraternidad por él fundada, «pues él no ha muerto —continúa fray Elías—, sino que ha marchado a los mercados del cielo, llevando consigo la bolsa del dinero, y regresará por la luna llena». Permanece también su experiencia espiritual, grabada en la memoria de los testigos y expresada posteriormente en las biografías, pero sobre todo transmitida en el escrito del propio San Francisco: el Testamento.
Se trata de su único escrito autobiográfico, que constituye una fuente privilegiada para conocer su persona y su vida. Es de gran importancia porque, gracias a un conocimiento más profundo y adecuado de su persona y de su vida, permite comprender mejor la Regla que él escribió. En efecto, nadie habría podido observarla mejor que él mismo, su autor. El intento de comprender y observar la Regla separándola de la vida de San Francisco conlleva el riesgo de una interpretación superficial y legalista. Una de las características originales de la Reforma capuchina, nacida hace 500 años, fue precisamente esta nueva hermenéutica de la Regla de San Francisco, que consistía en comprenderla a través de su persona. Los capuchinos no se detuvieron solo en las palabras que él había incluido en la Regla, sino que también observaron atentamente sus acciones y su vida descritas en el Testamento. Este escrito llegó a ser tan importante para ellos que lo adoptaron como norma de vida, al igual que la Regla. Aunque con el tiempo ha perdido su carácter normativo, ha ejercido, sin embargo, una influencia significativa en las decisiones concretas y en la vida cotidiana de los capuchinos. Esto es lo que nos distingue dentro de toda la familia franciscana. Por ello, el Testamento de San Francisco constituye una especie de signum distinctivum de la Reforma capuchina.
Por ello, animo a todos los hermanos a profundizar en este texto, tanto personalmente como en comunidad, especialmente en este año que celebra su redacción, ya que fue escrito por San Francisco precisamente mientras se acercaba a la muerte. Que el material adjunto pueda ayudarnos a comprender mejor el Testamento, para hacerlo más nuestro en la comprensión y en el deseo de traducirlo en una vida más auténticamente franciscana.
Fr. Roberto Genuin
Ministro General OFMCap
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