Las nubes pasan, el Cielo permanece”: el Card. Marengo exhortó a los frailes a mirar lo esencial de la misión, mientras la asamblea inició la síntesis de las reflexiones compartidas en el aula.
La jornada del 23 de octubre en el Consejo Plenario de la Orden (CPO) se distinguió por la visita especial del cardenal Giorgio Marengo, del Instituto de los Misioneros de la Consolata. Misionero italiano y uno de los miembros más jóvenes del Colegio Cardenalicio, desde el 2 de abril de 2020 es prefecto apostólico de Ulán Bator, al frente de la pequeña comunidad católica de Mongolia, y desde el 17 de abril de 2026 desempeña además el cargo de presidente de la Conferencia Episcopal de Asia Central.
“Las nubes pasan, el Cielo permanece”: la homilía matutina
El día comenzó con la celebración eucarística presidida por el cardenal. Inspirándose en un antiguo proverbio mongol (“Las nubes pasan, el Cielo permanece”), el purpurado exhortó a los Frailes Menores Capuchinos a no perder de vista lo esencial ante los rápidos cambios de época. En su intervención, de tono concreto, advirtió sobre el riesgo de la “hipocresía” evangélica e invitó a los religiosos a no ser meros espectadores de su tiempo, sino a tomar decisiones valientes fundadas sobre la verdadera roca inmutable: el encuentro personal con Cristo.
Al reafirmar la urgencia de la misión ad gentes, Marengo definió a la jovencísima Iglesia de Mongolia como un “taller de evangelización”: en estas periferias no hace falta exportar modelos eclesiales occidentales, sino que existe una necesidad desesperada de testigos de carne y hueso capaces de hacer visible el Amor de Dios compartiendo la vida de las comunidades locales. La homilía concluyó con un llamado, confiado a María y a san Francisco, a recuperar cada día la alegría de evangelizar.
Susurrar el Evangelio: la intervención en el aula
Posteriormente, el cardenal compartió su experiencia en el aula y abrió un momento de diálogo con los delegados al CPO. Recorrió el profundo vínculo histórico entre los franciscanos y Mongolia, y recordó que los primeros occidentales que llegaron a la corte imperial mongola fueron precisamente dos frailes: Juan de Pian del Carpine y Guillermo de Rubruck. Después de la desaparición del antiguo cristianismo siríaco en el siglo XIV, la evangelización moderna recomenzó desde cero recién en 1992, al final del régimen comunista. Hoy esta Iglesia, todavía muy joven, cuenta con unos 1.700 bautizados y un solo sacerdote local, y requiere una presencia misionera profunda pero discreta.
Retomando una intuición del obispo indio Thomas Menamparampil, Marengo resumió el enfoque pastoral en la imagen de “susurrar el Evangelio al corazón de Mongolia”: un testimonio oculto y contemplativo para una comunidad que representa apenas el 0,04 % de la población, pero que es capaz de tocar el alma de la cultura asiática.
Al responder a una pregunta del Ministro general sobre el riesgo de reducir la misión únicamente al ministerio sagrado y a la celebración de los sacramentos, el cardenal compartió su experiencia pionera de 2006 en los límites del desierto de Gobi. En un territorio sin cristianos, él y tres hermanas comenzaron simplemente instalando dos gher (tiendas mongolas): una para la Eucaristía y la otra para acoger a los niños y servir a los pobres. Fue precisamente esta fraternidad la que despertó la curiosidad local, demostrando que la primera evangelización nace del encuentro real con las necesidades de las personas.
Los trabajos en grupo
Después del enriquecedor intercambio, el viernes de la segunda semana del CPO continuó con una jornada completamente dedicada a los trabajos en grupo. Los delegados trabajaron con un nuevo objetivo: sintetizar las reflexiones y los temas debatidos en los días anteriores, con la intención de depurar y sistematizar las diversas reflexiones presentadas en el aula durante toda la segunda semana del Consejo.

