En el segundo día del Consejo Plenario, los delegados debaten sobre los cambios de la sociedad contemporánea y la necesidad de una Iglesia más profética, encontrando inspiración en la belleza de la evangelización y en el encuentro entre culturas.
Continúa el Consejo Plenario de la Orden, cuya primera semana está dedicada a la presentación de diversas ponencias, diseñadas para ayudar a los delegados a reflexionar y debatir sobre la misión, la colaboración y el proyecto de las Fraternidades San Lorenzo. En la segunda jornada de trabajo, el 13 de octubre de 2026, se alternaron destacados ponentes, quienes ofrecieron valiosas reflexiones sobre la misión de la Iglesia y los desafíos del mundo contemporáneo.
De la logística a la mística: la intervención del cardenal Bustillo
Al inicio de la mañana intervino el cardenal François-Xavier Bustillo OFMConv, Obispo de Ajaccio (Córcega – FR), quien hizo un fuerte llamado a la autenticidad y al coraje misionero. En un discurso rico en referencias literarias y espirituales, desde Tolstoi hasta Voltaire, pasando por filósofos contemporáneos, el cardenal invitó a la Iglesia a superar la «gestión» burocrática para volver a una «visión» profética, redescubriendo la pasión por el Evangelio. Advirtió sobre el riesgo de llevar vidas «conformistas y formalistas», recordando La muerte de Iván Ilich de Tolstoi para subrayar que el éxito pastoral o el estatus eclesial no cuentan nada si faltan «la verdad compartida, la compasión y la fuerza interior». El fraile, de hecho, no debe interpretar un papel, sino vivir la autenticidad del Evangelio. Para ello, es necesario cuidarse de la amnesia espiritual, es decir, de olvidar la acción de Dios, pero también de la tibieza, definida como «la paz de los cementerios» y entendida como una parálisis debida al miedo a atreverse, y de la anemia espiritual, ese cansancio que conduce al inmovilismo. Trazando además un panorama del mundo moderno, recordó que, a pesar de la aparente secularización, el hombre contemporáneo sigue buscando un sentido y que «el mundo de la fe todavía está vivo». La espiritualidad cristiana se convierte así en una respuesta a la angustia moderna y al vacío del hombre «técnico y científico». El cardenal concluyó su intervención invitando a pasar «de la logística a la mística» y a explorar caminos inéditos y creativos, ya que «la misión requiere la contribución de la imaginación».
La crisis de la inteligencia de la fe y la metamorfosis antropológica
En la segunda parte de la mañana intervino el padre Fabrizio Meroni, del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras, quien presentó una ponencia con tonos decididos y críticos sobre el estado actual de la Iglesia. El padre Meroni describió la crisis actual no como un simple descenso numérico, sino como una profunda crisis de la inteligencia de la fe, proponiendo reformas radicales para el futuro. Reflexionando sobre los desafíos actuales, afirmó que la Iglesia debe afrontar la «metamorfosis antropológica» causada por la inteligencia artificial (IA), la virtualidad tecnológica y por lo que definió como ideologías fluidas, como el género y el ecologismo animalista, que desmaterializan la realidad y anulan las diferencias esenciales. Frente a robots humanizados y a una informatización abstracta, los cristianos están llamados a defender una «inteligencia encarnada» y la superioridad ontológica del hombre y de la mujer. El padre Meroni concluyó su discurso con un fuerte llamamiento, sosteniendo que la Iglesia debe dejar de perder tiempo y dinero en «edificios para la pastoral, para curias y oficinas». En su lugar, los recursos financieros eclesiásticos deberían ser gestionados por cristianos competentes, para apoyar concretamente a las familias, la sanidad, la educación y el trabajo.
Los testimonios de las misiones: los desafíos se convierten en esperanza
Tras las intensas intervenciones de la mañana, las sesiones vespertinas se centraron en los testimonios de los frailes comprometidos en las tierras de misión. El primero en intervenir fue fray Odilo Mroso, originario de Tanzania, quien compartió un conmovedor relato de su propia experiencia misionera. Su vocación, nacida de un fuerte deseo de la infancia de convertirse en sacerdote, lo llevó en 1998 a aceptar ir a Sudáfrica, un país entonces conocido por su alta tasa de criminalidad. A pesar de tener que afrontar las dificultades iniciales relacionadas con el aprendizaje de un nuevo idioma, el zulú, y un entorno desconocido, su compromiso y la cálida acogida de la comunidad local le permitieron integrarse y llevar a cabo su ministerio de manera fructífera.
En la segunda sesión, fray Prince Mathew Valiyakunnel ofreció una profunda reflexión sobre la vocación misionera, presentando un documental sobre el trabajo de los capuchinos de la Custodia de Nirmala (Matha), en Assam-Meghalaya, India. Su mensaje central fue de gran esperanza: afrontando los sacrificios con humildad, oración y paciencia, «lo que era amargo vuelve a ser dulce». El misionero, de hecho, aprende a no imponer su propia cultura, sino a escuchar, permitiendo así que una tierra extranjera se convierta en hogar y que los desconocidos se conviertan en familia.

