CIUDAD DEL VATICANO – Con motivo de la próxima celebración de la 30ª Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica ha dirigido una emotiva carta a todos los consagrados y consagradas del mundo. Bajo el título «Profecía de la presencia: vida consagrada donde la dignidad está herida y la fe es puesta a prueba», el documento es una invitación a reconocer el valor de quienes eligen «permanecer» en las fronteras más difíciles de la humanidad.
El Dicasterio reconoce el valor de «permanecer en las dificultades»: es una cualidad de la misión de las personas consagradas en contextos de conflicto, inestabilidad política, pobreza extrema y migraciones forzadas. El «permanecer» a menudo asume diferentes rostros y esfuerzos, porque diferentes son las complejidades de nuestras sociedades. La vida consagrada es, ante todo, una semilla de esperanza y profecía en medio de la fragilidad y, en concreto, la vida apostólica —como la de los capuchinos— hace visible una proximidad activa que sostiene la dignidad herida.
En la estela del gran Jubileo que acaba de concluir, centrado en el tema de la esperanza, se recuerda a los religiosos y religiosas de todo el mundo que su propia consagración es un signo que evoca la presencia de Dios en la historia, en la vida de la humanidad, es un fermento de esperanza. Llevar esperanza, como peregrinos que van allí donde está el hombre herido para ofrecer dignidad, es el estilo de vida evangélico que nos transmite la Iglesia.
Puede descargar el mensaje a continuación o encontrarlo en www.vatican.va
