Paz y bien, queridos hermanos,
en cualquier lugar en que se encuentren por el mundo.
“La muerte y la vida se han enfrentado en un prodigioso duelo”, dice la Secuencia pascual. Si nosotros miramos este mundo, lo que está sucediendo desde hace tiempo, lo que se está agravando en las diversas regiones del mundo, la muerte parece extender cada vez más su manto sobre tanta gente y tantas familias, sobre tantas personas, la gran mayoría de las cuales no tiene ningún motivo para recibir un trato tan violento.
Podríamos decir que, en realidad, estamos viviendo un momento de muerte. El Papa Francisco lo mencionaba como una Tercera Guerra Mundial y nosotros quedamos sorprendidos ante tanta presunción, tanta insensatez, tanta prepotencia, tanta violencia, tanta falta de consideración por el valor de la vida humana y la dignidad de las personas. Muerte, una muerte que combate con la vida en un prodigioso duelo. Puede ser que también en el ánimo de cada uno de nosotros haya momentos en los que combaten la muerte, la vida, el pecado y la resurrección. No es tan extraño, mientras somos personas humanas que caminamos con los límites propios de la naturaleza humana. No es tan extraño que muerte y vida se enfrenten. Pero nosotros, los cristianos, afortunadamente, por gracia, solo por gracia, podemos contar con la obra del Señor Jesús. También en la historia de Jesús se enfrentan muerte y vida. Es más, en la historia de la Pasión, en la muerte del Señor, es toda nuestra muerte la que es asumida por el Hijo de Dios, llevada sobre la cruz con el don de su vida. Pero no permanece como la última palabra en esta batalla entre muerte y vida. La cruz no es la última palabra de Dios.
La muerte pasa por la cruz, pero para finalmente ser vencida por el Señor Jesús, vencida en la resurrección. Entonces, mirando este mundo, mirando este duelo que continuamente se renueva, mirando la situación de cada uno de nosotros, y sobre todo mirando la obra de Cristo, podemos con toda certeza desearnos una feliz Pascua, una Pascua donde crezca la vida de aquellos que han conocido al Señor Jesús y buscan seguirlo cada día, con su propia humanidad, pero buscan sinceramente seguirlo. Les deseo mirar siempre la victoria de Cristo sobre la muerte.
¡Feliz Pascua, hermanos, a todos!
