El legado espiritual de un hombre cristiano
San Pablo, en su carta a los Gálatas, escribe palabras que parecen misteriosas: «El que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna»1.
Estas palabras se cumplieron en Francisco. Tras acoger el Espíritu de Jesús en su interior, hasta el punto de llevar las marcas del Crucificado en su cuerpo, él mismo llegó a ser una semilla del Evangelio, llena de frutos de vida eterna.
Es el precioso legado que nos dejó. Un legado que aún resuena en los corazones y las mentes de nuestra generación, ayudándonos a creer en el Evangelio, a «tener el Espíritu del Señor y su santa operación»,2 y a convertirnos en signos de paz.
Con esta carta, deseamos agradecer al Señor la semilla del Evangelio que él sembró en la Iglesia hace 800 años y que aún hoy permanece viva y fructífera. Juntos, deseamos recordar algunos aspectos fundamentales de esta historia cristiana. Estos aspectos siguen siendo un legado para todos los que, detrás de Francisco, desean seguir los pasos del Señor Jesús.
