En el mes de julio de cada año celebramos la Jornada de la Familia Capuchina, coincidiendo con la fecha de aprobación de nuestra Reforma, promulgada con la Bula Pontificia «Religionis Zelus» del 3 de julio de 1528. Por eso, cada 3 de julio, o en una fecha cercana más propicia, nos reunimos para celebrar y dar gracias a Dios por los dones recibidos por medio de nuestra familia espiritual y su historia común.
Queremos reavivar el espíritu de pertenencia a nuestra familia espiritual, favoreciendo el encuentro, el intercambio y la colaboración concreta entre sus miembros, tanto a nivel general como en nuestras realidades locales y regionales.
La familia capuchina, en comunión con la gran familia franciscana y con toda la Iglesia, se siente invitada a dar gracias a Dios por la historia común; se propone intensificar las relaciones recíprocas y vivir el presente con mayor pasión, e invoca ardientemente la fuerza del Espíritu Santo para abrazar el futuro con esperanza.
En 2026, en el marco del Año Santo Franciscano por los 800 años del Tránsito de San Francisco, la Jornada Capuchina adquiere un significado aún más profundo, ya que nos encontramos en pleno camino hacia el 500.º aniversario de la Reforma (1528-2028). La peregrinación espiritual hacia una meta tan significativa no es una simple evocación del pasado, sino un estímulo vivo para redescubrir la frescura de nuestros orígenes y la conciencia de que aún estamos en camino (Mentem illuminare et cor inflammare, p. 7).
Y mientras nos preparamos para el 500º aniversario de la Reforma, este año se cumple también el octavo centenario de la redacción del Testamento de nuestro Padre Seráfico, escrito poco antes de su Tránsito. Por lo tanto, en la X Jornada Capuchina, proponemos reflexionar sobre la importancia vital del Testamento de San Francisco en nuestra espiritualidad como familia capuchina.
Recordemos, pues, ese «propio» capuchino que enriquece el gran árbol franciscano. Recordemos con gratitud que somos una familia ampliada, unida por un vínculo espiritual que abarca un centenar de Institutos de Vida Consagrada, junto con instituciones laicales y grupos afiliados. Todos nosotros somos parte viva de una misma historia de fidelidad creativa y de continuo renovamiento.
Con este material ofrecemos una forma sencilla de animar encuentros de oración y reflexión como familia capuchina a partir del Testamento de San Francisco. El material esta abierto a toda la Familia Capuchina en las diferentes partes del mundo, allí donde desarrollamos nuestro servicio y nuestro testimonio de vida evangélica.
Cada convento, cada fraternidad, cada comunidad, cada lugar concreto es el espacio donde podemos dar cabida a esta sencilla iniciativa para mantener vivo el don de ser familia, adaptándose a las diferentes realidades, incluso buscando una fecha más adecuada si es necesario, sintonizando, en cualquier caso, en la misma frecuencia de comunión y reciprocidad.

