Peregrinos de Francisco para acoger su herencia
ASISSI – Con ocasión del octavo centenario de la muerte de San Francisco (1226-2026), están previstas en Asís diversas celebraciones, iniciativas y eventos. El 21 de febrero habrá un acontecimiento “especial”: la traslación procesional de la urna que conserva los restos mortales de San Francisco de la Cripta de la Iglesia Inferior hasta los pies del Altar mayor. A la celebración se podrá acceder sólo por invitación, reservada a los hermanos franciscano de las distintas Órdenes, y será trasmitida en directo por los canales de la televisión italiana (transmisión A sua Imagine en Rai1). Luego, del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026 tendrá lugar la primera exposición pública y prolongada de los restos mortales del Seráfico Padre.
Esto permitirá a los peregrinos detenerse delante del Pobrecillo, delante de los restos mortales del hombre que quiso saludar a la muerte como hermana, pidiendo a sus hermanos que lo pongan “desnudo sobre la desnuda tierra”, para vivir libre el pasaje extremo como retorno a la casa del Padre.
El Custodio del Sacro Convento, fr. Marco Moroni, presentó esta exposición como un fuerte llamado a reconocer el don de nosotros mismos que, vivido en unión con Cristo, es el pasaje a la plenitud de la Vida; además, subrayó como la “pequeñez” de Francisco sea hoy un mensaje contracorriente y universal para todos. Para cada fraile, mirar en esos restos será como renovar la propia promesa de hacerse “menor”, reflejándonos en esa pobreza que hizo a Francisco rico de Dios.
Obviamente, la exposición de los restos de San Francisco es un momento de gracia para todos los franciscanos y franciscanas, y en modo particular para nosotros, Capuchinos, que nos preparamos para celebrar el V Centenario de la Reforma. No es un evento más, que se inserta silenciosamente en el itinerario de los eventos de los Centenarios franciscanos, sino que es el momento cumbre de todo el camino de estos años: acogemos la proximidad física con Francisco, para que crezca en nosotros la proximidad al modo con que siguió a Cristo.
Un poco de historia
La que vivimos es la primera exposición prolongada de los restos de San Francisco, y fue decidida con ocasión del VIII Centenario de su muerte. Hasta ahora los restos del Santo nunca fueron expuestos visiblemente al gran público, aunque fueron objeto exclusivamente de inspecciones a puertas cerradas, llamadas “reconocimientos”. En 1978 con ocasión del “tercer reconocimiento” de los restos del Santo se aprovechó para hacer una exposición al público en la “Sala del Capítulo” del Sacro Convento para su veneración, la duración fue de 18 días (del 15 de febrero al 4 de marzo). Por este motivo, podemos calificar la actual exposición como la primera exposición pública y prolongada de los restos mortales del Santo.
Estos son algunos de los momentos clave sobre los restos mortales del Santo.
1230 – Traslado y ocultamiento. El cuerpo de Francisco fue trasladado de la iglesia de San Jorge a la nueva Basílica de San Francisco en Asís. Para evitar el riesgo de robos de reliquias, comunes en la época, el cuerpo fue escondido en un punto profundo bajo el altar mayor, protegido por pesadas estructuras de piedra y hierro.
1818 – El Descubrimiento. Luego de cincuenta y dos noches de excavaciones en secreto, el 12 de diciembre de 1818 el cuerpo fue finalmente hallado bajo el altar de la Iglesia Inferior de la Basílica. En esa ocasión los restos fueron extraídos para una breve verificación científica y homenaje religioso antes de ser repuestos en el sarcófago de piedra visible aún hoy.
1978 – Reconocimiento Científico. Fue hecho un reconocimiento de los restos mortales para evaluar el estado de conservación y se realizó una breve exposición. En esta ocasión, fue confirmado que del cuerpo quedaron sólo huesos y cenizas.
1994 y 2015 – Inspecciones privadas. A lo largo de los años se realizaron otras inspecciones por motivos de estudio, conservación y devoción, pero siempre fueron momentos “privados”, reservados a las comunidades franciscanas, peritos y obispos.
La veneración del cuerpo de San Francisco pueda inspirarnos a renovar nuestro compromiso evangélico, redescubriendo esa “pequeñez” que es mensaje universal para reflejarnos en su vida evangélica y confirmar nuestra promesa de ser hermanos menores en el mundo.
