Ordo Fratrum Minorum Capuccinorum

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¡La esperanza es audaz!

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Carta de Navidad
de los Ministros generales franciscanos

Prot. N. 015/2020

Asís, 25 de diciembre del 2020

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz;
sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz
(Is 9,1)

Familia Franciscana,
hermanas y hermanos todos

¡La esperanza es audaz!

Queridas hermanas y hermanos de la entera Familia Franciscana,

¡El Señor les dé su paz!

El brillo y la musicalidad son dos de los muchos componentes de la gramática navideña. Tomás de Celano, al relatar la Navidad en Greccio, habla de una noche “resplandeciente como el día, noche placentera para los hombres y para los animales”. En esta noche “llega la gente, y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría (cfr. 1Cel 85).

Como representantes de la gran Familia Franciscana internacional, mientras ya vislumbramos la Luz que viene de lo Alto, les ofrecemos, en lenguaje musical, una reflexión sobre la hermosa sonoridad de la Encíclica Fratelli tutti.

1. En notación musical

1.1. Una nueva partitura

¡Nuestro navegar por el Adviento está por terminar, y la Navidad ya se asoma en el horizonte! Quedan pocos días para que finalice el año 2020, pero ya desde ahora podemos decir que ha sido un año muy especial. Pareciera como si las experiencias vividas en estos últimos meses bastasen para una década entera. El virus, los cambios políticos, las protestas en muchos países, las tensiones, las guerras, el desprecio, el descarte, el caos de la información; hemos experimentado que el mundo se ha vuelto más tenebroso y, cómplices también de varios lockdown, más cerrado (cf. Francesco, Fratelli tutti [=FT], cap. I: Las sombras de un mundo cerrado, nn. 9-55). Y precisamente en este momento histórico recibimos del Papa Francisco la Encíclica Fratelli tutti, en la que comparte el deseo de tener el valor de soñar, de aspirar a una familia humana unida, de un abrazo global entre hermanas y hermanos, “hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos” (FT n. 8).

El Papa comienza Fratelli tutti con la referencia específica al amor fraterno vivo y promovido por el hermano Francisco, amor para con los cercanos y lejanos; sí, amor también hacia las creaturas del Señor, pero en primer lugar amor hacia “los que eran de su propia carne” (FT n. 2) y, entre ellos, hacia los pobres y los últimos. El Santo Padre recuerda también el profundo significado de la histórica y humilde visita del hermano Francisco al Sultán Malik-al-Kamil en Egipto. El Poverello de Asís lo visitó con la actitud de un hermano, de una persona que tiene “un corazón sin confines, capaz de ir más allá de las distancias de procedencia, nacionalidad, color o religión (FT n. 3). El Papa Francisco confiesa que el mismo San Francisco es un gran comunicador del amor de Dios y “un padre fecundo que ha despertado el sueño de una sociedad fraterna”; esta ha sido su principal motivación al escribir la nueva Encíclica (FT n. 4).

 Entonces, con mayor razón, ¡también debería ser una motivación para nosotros, miembros de la Familia Franciscana! Digamos aún más… Nosotros, Ministros generales de la Familia Franciscana, ¡hemos estado en Asís y también estuvimos ahí el 3 de octubre, ante la Tumba de San Francisco, mientras el Papa Francisco celebraba la Santa Misa y firmaba su carta! Hemos podido saludar al Santo Padre en nombre de todos ustedes. En esa oportunidad que la Providencia nos ha brindado, queremos leer una invitación especial dirigida a toda la Familia y, en primer lugar, a nosotros, Ministros. Es una invitación a tomarnos en serio la Encíclica Fratelli tutti y sus indicaciones; como un regalo y una tarea que el Papa nos entrega en este año 2020, como una motivación venida de San Francisco a través del Papa Francisco, como una nueva partitura para aprender, practicar y ejecutar en la gran “obra” de la historia.

1.2. Varias notas en el acorde de la esperanza

El Papa Francisco es realista y no duda en llamar a las cosas por su nombre. Analizando la situación en la que se encuentra el mundo de hoy (FT nn. 9-55), él habla de “sombras densas que no conviene ignorar” (FT n. 54). Pero no se queda ahí. ¿Qué respuesta da a los sufrimientos que la humanidad entera vive? ¡La esperanza! ¿Y qué es la esperanza? Es algo que nos habla “de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor…”. Es una realidad que “es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna” (FT n. 55).

Pero, ¿dónde se obtiene la esperanza? La respuesta espontánea es probablemente la siguiente: debemos obtenerla de Dios. Realmente es así. La fuente de la esperanza y de la alegría se halla en Dios y su Evangelio. El Papa Francisco ya lo mencionó en la Evangelii Gaudium, cuando remarcaba que la verdadera alegría tiene su origen en el vínculo entre Dios y el hombre, entre el cristiano y Jesucristo (Evangelii Gaudium nn. 1-18). Esta es la primera nota del acorde de la esperanza: descubrirnos hijos de Dios y amigos suyos.

Toda acción, toda solidaridad, toda amistad social tiene su base en este descubrimiento, porque si somos hijos de un mismo Padre, esto significa que vivimos en medio de hermanos y hermanas. Y no se es indiferente ante el hermano o hermana. En la Fratelli Tutti se nos recuerda precisamente esto: la esperanza no es algo que se obtiene por sí mismo o viviendo aislado e independientemente de los demás. No, la esperanza se construye juntos, redescubriéndose hermanas y hermanos. He aquí la segunda nota del acorde: descubrir que no estamos aislados, que los otros existen, que todos estamos conectados y todos somos necesarios, y que “nadie se salva solo” (FT n. 54).

Y dado que vivimos en este planeta y en este momento específico de la historia, nuestra esperanza también concierne a nuestro hogar: la tierra. El Papa Francisco, en la Laudato Si’ [=LS], después de admitir que “hay un gran deterioro de nuestra casa común”, nos invita a tener esperanza, pues esta “nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver los problemas” (LS n. 61). Por lo tanto, la tercera nota de la esperanza tiene el sabor del agua fresca, huele al aire limpio de los bosques incontaminados y tiene el sonido de la selva tropical repleta del canto de miles de pájaros. Y esta nota completa el acorde de la esperanza, que no sonaría bien si se le mutilase, si le faltase una de las tres notas.

2. En concreto

2.1. Los primeros compases: relación y encuentro

La Laudato si’ nos preguntaba sobre qué mundo queremos para el futuro, qué planeta queremos; la Fratelli tutti nos interroga sobre qué tipo de relaciones queremos para el futuro. Las intuiciones de la Fratelli tutti nos invitan a descubrir y alimentar la esperanza en un mundo en el que “todo es abierto” (cf. FY cap. III: Pensar y gestar un mundo abierto, nn. 87-127), y ciertamente nos plantean preguntas también sobre nuestra identidad, sobre la misión y, en consecuencia, también sobre formación. Trasladando estas preguntas hacia el interior de la Familia Franciscana, podríamos preguntarnos: nosotros, Franciscanas y Franciscanos, ¿qué futuro mundo franciscano, qué valores, estilo y pensamiento queremos transmitir a todos aquellos que vendrán después de nosotros? Y, sobre todo, ¿qué tipo de relaciones queremos dentro de nuestro mundo franciscano? Y, por último, ¿queremos que este mundo franciscano nuestro sea accesible y abierto a todos?

La Laudato si’ decía que el mundo es una red de relaciones (hay que recordar que la “relación” es una de las principales categorías franciscanas), donde todo está conectado (cf. LS n. 117); la Fratelli tutti nos dice que esta red de relaciones lamentablemente se está deteriorando, que la amenaza es el aislamiento; pero también propone el remedio y reafirma que la esperanza se encuentra en la cultura del encuentro (cf. FT n. 30).

¿Cómo generar la cultura del encuentro? El Papa Francisco nos recuerda que “todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo” (LS n. 15) y que deben organizarse de tal manera que se nutran del “tesoro de la experiencia espiritual cristiana” (LS n. 15) y, podemos añadir, también franciscana. Reconocemos, por tanto, la necesidad de tener en cuenta en cada una de nuestras ratio formationis, y cada una de nuestras ratio studiorum, el tema de una específica y clara formación humana, social y “ambiental”, basada en estas convicciones del Papa. Interrogarse sobre cómo insertar en nuestros programas de formación la importantísima cuestión sobre cómo fomentar la cultura del encuentro, parece ser necesario. Porque es la cercanía la que salva, y salva no sólo al hombre, sino también a su casa, la tierra.

2.2. Los compases anteriores – cuidados y diálogo

Comentando la parábola del buen Samaritano, el Papa Francisco nos ha recordado que “todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades” (FT n. 65) y por eso corremos el peligro de formar parte de la categoría en que se encuentran el sacerdote y el levita, indiferentes ante el “hombre herido, tirado en el camino, que había sido asaltado” (FT n. 63). Para medir el nivel de nuestra atención que tenemos hacia los demás, podemos preguntarnos si ver a “alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos” (FT n. 65). Uno de los propósitos por hacer, y no sólo durante este tiempo de Navidad, es, por tanto, tener más valor para asumir “el modelo del buen samaritano” (FT n. 66) y para hacer resurgir “nuestra vocación de ciudadanos del propio país y del mundo entero, constructores de un nuevo vínculo social” (FT n. 66). De hecho, “toda otra opción termina o bien al lado de los salteadores o bien al lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del hombre herido en el camino” (FT n. 67). Proponiéndonos esto, surge otra pregunta: ¿cómo podemos ser aún más creativos para no entregarnos a la construcción de “una sociedad de exclusión”, sino a hacer “propia la fragilidad de los demás” (FT n. 67)? ¿Cómo podemos estar más atentos a los demás? ¿Cómo podemos ser aún más audaces para estar más cerca de los últimos? (cf. FT nn. 233-235).

El Papa Francisco, hablando de la fuente de inspiración de su Encíclica Laudato si’, indica, además de San Francisco, al “querido Patriarca Ecuménico Bartolomé” (LS n. 7). Hablando de la fuente de inspiración de la Fratelli tutti, confiesa haber hallado enorme estímulo en el Gran Imam Ahmad Al-Tayyeb (cf. FT n. 29). Con ello ofrece un ejemplo concreto y relevante del diálogo que los cristianos, a partir de su irrenunciable identidad (cfr. FT n. 3), están llamados a buscar “con todas las personas de buena voluntad” (FT n. 6). Como hermanos franciscanos y hermanas franciscanas, ya estamos involucrados en este diálogo en diferentes lugares y modos; pero quizá podríamos preguntarnos cómo aumentar los espacios de diálogo y encuentro con todas las personas, y especialmente con quienes no comparten nuestra fe, pero que muchas veces viven y trabajan a nuestro lado.

San Francisco ha dejado algunas indicaciones prácticas –podríamos comenzar con un saludo: ¡El Señor te dé la paz! (cf. Test 23). Porque para saludar de este modo a cualquiera, primero debemos “verlo”. Además, ¡el saludo es la ouverture del diálogo! Pero no olvidemos que ¡el saludo de San Francisco va dirigido a todos, en la misma medida y con la misma amabilidad (cf. también FT, nn. 222-224)! Sin excepciones, pues en cada uno reconocía a una hermana o un hermano, ¡y sabía que en el corazón de Dios no existen hijos de segunda categoría!

2.3. En la escuela de música

Hemos recibido una nueva partitura del Papa Francisco para aprender. La pieza musical parece ser complicada, pero sabemos que todas las piezas, al inicio, parecen complicadas. Nota tras nota, compás tras compás, poco a poco se va adquiriendo la capacidad para ejecutarla mejor. Esta nueva pieza musical cuenta el sueño de un mundo abierto, de un mundo donde reina el encuentro, donde son posibles nuevos estilos de vida, nuevas formas de mirar y pensar. También nosotros somos responsables de le ejecución de esta pieza; por tanto, es necesario generar procesos internos (ad intra de la Orden, por ejemplo, en la formación) y externos (ad extra, nuestro servicio al mundo), procesos que puedan ayudar a entrar en la lógica de la música que se esconde en la partitura de la Fratelli tutti.

¿Dónde se aprenden las notas de esta nueva pieza musical? El tiempo de Navidad viene en nuestra ayuda y nos invita a frecuentar una escuela de música mejor. San Francisco atestigua que la Navidad es el mejor tiempo para ejercitarse, de hecho: “En aquel día envió el Señor su misericordia, y de noche su cántico” (cf. OfP 15,5). En Belén se realiza un encuentro. Es Dios mismo quien contribuye a la cultura del encuentro y se hace cercano: uno de nosotros. Instaura un diálogo, al principio sin palabras, tejido sólo con miradas – (¡debe haber sido impresionante mirar –y seguramente lo hizo María de Nazaret-, por primera vez desde la creación del mundo, los ojos de Dios!); Dios, en la fiesta de Navidad, nos hace el regalo de su rostro, porque “nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar” (FT n. 87). Es el primero en enseñar a vivir un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de regocijarse profundamente sin obsesionarse con el consumo.

Es aquí que se encuentra la fuente de nuestra identidad, que se aprende el significado de salir al encuentro del que está lejos y es totalmente diverso. La formación comienza aquí: en la contemplación del rostro de Jesucristo, envuelto en pañales, besado por María de Nazaret y abrazado por José. Es en este rostro que podemos leer que Dios es amor (1Jn 4, 16); el Amor que no sabe sino darse plenamente, y, consciente de nuestra necesidad de salvación, ha venido a nuestro encuentro. El “santísimo Niño amado se nos ha dado, y nació por nosotros (cf. Is 9,6) de camino y fue puesto en un pesebre […] (cf. OfP 15, 7), es la Palabra a través de la cual el Padre renueva el diálogo con toda la humanidad; el Verbo que, para dialogar, se hizo carne y vino a habitar entre nosotros (cf. Jn, 1, 14).

¡He ahí la fuente de la esperanza! Es ahí donde está Dios y, al mismo tiempo, es ahí donde están los hermanos y las hermanas: es Él que ha venido, y ha venido para morar precisamente entre nosotros.

También nosotros, Ministros generales de la Familia Franciscana, queremos contribuir en la escritura de la nueva partitura en el acorde de la esperanza, de la relación y del encuentro, de los cuidados y del diálogo, en la escuela de Dios: el “Niño de Belén” (cf. 1Cel 86). Y queremos hacerlo con la nota de nuestros mejores deseos de Navidad para ustedes: al unísono les deseamos a cada uno de ustedes, en esta Navidad tan especial, que tengan la audacia de querer escuchar siempre, en todas partes, en cada circunstancia, con cada uno, con las hermanas y los hermanos todos, el canto de los ángeles que proclaman: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres – todos! - amados por él” (cfr. Lc 2, 14).

Deborah Lockwood OSF
Presidente IFC-TOR
Tibor Kauser OFS
Ministro General
Michael Anthony Perry OFM
Ministro General
Roberto Genuin OFM Cap
Ministro General
Carlos Alberto Trovarelli OFM Conv
Ministro General
Presidente en turno de la
Conferencia de la Familia Franciscana
Amando Trujillo Cano TOR
Ministro General
Modificado por última vez el Lunes, 21 Diciembre 2020 14:33