Ordo Fratrum Minorum Capuccinorum

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updated 4:41 PM CET, Dec 11, 2018

Kenia; semillas de paz entre cristianos y musulmanes en Garissa

Historias de convivencia entre los fieles de las dos religiones. El recuerdo de los atentados de las milicias de al-Shabbab, la vuelta a la calma, el diálogo interreligioso, las obras de la Iglesia en la entrevista al obispo Joseph Alessandro.

CRISTINA UGUCCIONI
GARISSA

La diócesis de Garissa, ubicada en el noreste de Kenya, en la frontera con Somalia, se extiende por 145 mil kilómetros cuadrados (una tercera parte del país). Tiene una población de un millón de personas, de las cuales el 98% es musulmán. Los católicos son alrededor de 8 mil (el 0,8%), y provienen principalmente de otras zonas del país. Hay siete parroquias y pueden contar con quince sacerdotes y cuatro comunidades de religiosas. Pero desgraciadamente esta región en los últimos años ha sido duramente afectada por las milicias somalíes de al-Shabbab, que han perpetrado varios atentados en ella. El más grave fue el de 2015, cuando los terroristas irrumpieron en la universidad de Garissa disparando y secuestraron a decenas de personas. Dejaron que se fueran los musulmanes y mataron a los jóvenes cristianos. Las víctimas fueron 148: 147 estudiantes y uno de los guardias.

La emboscada

El obispo de esta diócesis es el padre Joseph Alessandro: maltés de 73 años que pertenece a la orden de los frailes menores capuchinos. Llegó a Kenya en 1989 y fue víctima de una emboscada en 1993: un grupo de terroristas (los “Shifta”) lo detuvieron mientras conducía su vehículo y, después de haberle disparado, le quitaron sus pertenencias. Sometido a diferentes operaciones en Inglaterra, pasó su convalecencia en Malta, en donde sus hermanos lo eligieron superior provincial. Al concluir su mandato pidió poder volver a Kenya, a la zona de Garissa, en donde había pocos sacerdotes y el obispo, en precarias condiciones de salud, necesitaba ayuda. Fue nombrado obispo coadjutor en 2012 y a partir de 2015 el padre Alessandro guía la diócesis. En esta conversación con Vatican Insider describe la vida de la diócesis y la calidad de las relaciones entre cristianos y musulmanes.

¿Cuál es la situación en Garissa actualmente?

Ha vuelto la calma, la tranquilidad. Después del atentado en la universidad, muchos cristianos prefirieron abandonar la ciudad e ir a sus aldeas nativas, o mudarse al condado vecino y venir a Garissa durante el día para trabajar. Ahora han vuelto a vivir en la ciudad, que es segura porque el gobierno ha reforzado la presencia de las fuerzas del orden, que siguen vigilando las Iglesias. Últimamente las milicias somalíes de al-Shabbab ya no atacan a los civiles, sino a las fuerzas del orden que se encuentran en la frontera con Somalia. La universidad ha vuelto a abrir y estudian en ella un buen número de chicos católicos, de los que nosotros nos ocupamos y para quienes organizamos también encuentros de oración y celebraciones eucarísticas. El de la universidad fue un atentado terrible, que afectó particularmente a los cristianos, que han sido el objetivo de la violencia en el pasado. Sin embargo, estos terroristas no solo se ensañan con los cristianos: en Somalia siguen perpetrando atentados incluso en donde no hay cristianos. En Kenya, el principal objetivo de los terroristas de al-Shabbab es el de obligar al gobierno a retirar las tropas enviadas a Somalia para combatir contra ellos.

¿Había buenas relaciones entre los cristianos y musulmanes en la región?

Eran buenas. No tanto con el gobierno. Antes dela independencia de los ingleses (1963), la mayor parte del territorio de Garissa formaba parte de Somalia. Después pasó a Kenya y la tribu somalí (bastante cerrada) fue dividida. Esto ha provocado muchos problemas: en nuestro territorio, los miembros de esta tribu se sienten ciudadanos somalíes y a menudo sus parientes viven del otro lado de la frontera. Durante cierto tiempo estuvo activo también un grupo de terroristas, los “Shifta”, que han perpetrado crímenes (agresiones, robos): pero no era violento y radical como al-Shabbab.

¿Qué piensan sobre al-Shabbab los musulmanes que viven en el territorio de Garissa?

Aquí los musulmanes, que pertenecen a algunas tribus (dos de las cuales son muy abiertas con los cristianos), son amigables y pacíficos. Consideran que el islam es una religión de paz: no apoyan a los terroristas. Pero algunos tienen miedo de condenar abiertamente a este grupo tanto porque temen consecuencias contra sus parientes en Somalia, como porque pertenecen a la misma tribu de los terroristas y temen ser tildados de traidores. Estos musulmanes sufren y callan: tienen miedo de los atentados y, al mismo tiempo, no quieren ir a la policía a denunciar. Sin embargo, el ejército ha podido contar con la colaboración de personas de religión islámica recientemente. La Iglesia católica es vista con simpatía y admiración por los musulmanes debido a las tantas obras puestas en marcha. Ha sucedido en más de una ocasión que algunos musulmanes nos dijeran: “Es una verdadera lástima que, en cuanto cristianos, tengan que irse al infierno. ¡Ustedes son muy buenos!».

¿Cuáles obras sociales han sido promovidas en la diócesis?

Además del cuidado pastoral, tenemos algunas clínicas, un hospital, un centro de rehabilitación para niños discapacitados, un orfanato para chicas y algunas escuelas primarias. Además se pusieron en marcha cinco grupos para la promoción de la mujer y una regular distribución de comida y de bienes de primera necesidad para las personas más necesitadas. Cada persona es una criatura de Dios, tiene una dignidad inviolable, debe ser amada y respetada: esto es lo que deseamos transmitir mediante nuestras obras, destinadas a toda la población. En las escuelas, por ejemplo, hay niños cristianos y musulmanes. Estamos convencidos de que la institución escolar católica puede desempeñar un papel decisivo en la construcción de una sociedad unida y pacífica. Los padres musulmanes confían en nosotros, nos estiman y se dicen contentos de mandar a sus hijos a nuestras escuelas: saben que nos dedicamos con pasión a la formación humana de las jóvenes generaciones. Transmitimos a los alumnos los valores evangélicos (que son universales), como el amor por el prójimo, la justicia, la paz y el perdón. Los niños asimilan y, estudiando y jugando juntos, aprenden a quererse, a compartir, a no considerar adversario a quien pertenece a otra tribu o profesa una religión diferente. Sembramos, convencidos de que los frutos llegarán.

¿Cuáles formas asume el diálogo interreligioso en su diócesis? 

Siempre hemos promovido el diálogo interreligioso mediante diferentes iniciativas. Hace algunos años, la Conferencia Episcopal estadounidense financió un programa bienal de diálogo que preveía encuentros regulares en cada una de las parroquias entre grupos de mujeres, jóvenes, adultos y autoridades religiosas. El objetivo era que aprendieran a conocerse, que se confrontaran y evitaran posibles conflictos. Los jóvenes organizaban competiciones deportivas. Ahora el financiamiento se ha acabado, pero los grupos siguen reuniéndose. Los resultados son muy alentadores. Por ejemplo: recientemente, en una parroquia, el grupo interreligioso de las mujeres logró detener un conflicto que estaba por nacer entre sus esposos. En lo personal, a veces tengo encuentros, sobre todo de oración, con los imanes locales, algunos de los cuales, después del atentado en la universidad, vinieron a la catedral (sinceramente dolidos) para dar el pésame y pedir disculpas por lo sucedido.

¿Cómo es la fe de los católicos en Garissa?

Límpida, firme. El atentado en la universidad fue un Jueves Santo: el Viernes y el Sábado la catedral permaneció casi desierta, pero el Domingo de Pascua estaba repleta. Y había también muchos niños, porque había Bautismos programados. Recuerdo que los periodistas extranjeros, que llegaron a la ciudad por el atentado, se quedaron muy sorprendidos al ver esa multitud de fieles. Ahora, como decía, ha vuelto la calma; los católicos ya no tienen miedo de llevar el Rosario al cuello o de ponerse camisetas con la imagen de Jesús o de la Virgen. Claro, tienen miedo de los atentados, pero siguen yendo a la Iglesia; dicen: “Si debemos morir, es mejor que suceda aquí, en la casa del Señor”. Y lo dicen también los jóvenes. Nosotros, los sacerdotes, los apoyamos y animamos para que recen. La oración es muy poderosa contra el mal. Tengo mucha confianza en el Espíritu Santo, en su intervención: es Él quien guía a la Iglesia. Por razones de seguridad, en la ciudad de Mandera, en la zona más al norte de la diócesis, no hay ningún sacerdote permanente: los fieles siguen viviendo su vida de fe con ánimo firme. Cuando voy a encontrarlos periódicamente, veo la obra del Espíritu Santo. Cristo ha dicho que estará con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos: se lo repetimos a nuestros fieles y ellos han comprendido.

¿Hay señales que indiquen una mejoría en las relaciones entre cristianos y musulmanes?

Tengo confianza, principalmente por dos motivos. Antes que nada, el gobierno se está empeñando mucho para mejorar las infraestructuras de la zona (calles, redes hídrica y eléctrica) y ayudar a que esta región se desarrolle y se abra más. Además trabaja para sostener a los chicos que quieren estudiar y encontrar un trabajo. La educación es uno de los cuatro polares de la acción del gobierno. Los jóvenes que comienzan a desplazarse para trabajar o para asistir a las universidades del país y de otras zonas aprenden a confrontarse con otras tribus, a conocer formas diferentes de vivir. Y esto ayuda a cambiar la mentalidad, a vencer esas formas de cerrazón que a veces, en nuestra región, son un obstáculo a la convivencia. Nosotros estamos cerca de estos jóvenes, los acompañamos, los sostenemos (incluso económicamente) en sus estudios. Tengo confianza porque sé que Dios derrota el mal y no abandona a ninguno de Sus hijos. Nosotros, con Su ayuda, hacemos lo mejor que podemos para arrojar la buena semilla evangélica y después dejamos en Sus manos el futuro. Tal vez no vislumbramos inmediatamente los frutos de nuestro empeño, pero está bien así: los verán las futuras generaciones. A nuestros hermanos en la fe de todo el mundo les pedimos que sostengan a nuestras comunidades con la oración, para que se pueda seguir anunciando el Evangelio con la vida.

Fuente:
Kenia; semillas de paz entre cristianos y musulmanes en Garissa

Modificado por última vez el Martes, 20 Noviembre 2018 20:36