VI CONSEJO
PLENARIO DE LA ORDEN
VIVIR LA POBREZA EN FRATERNIDAD
Ass 1998
Estimados
hermanos,
Con gran alegra
os presentamos las conclusiones que el VI Consejo
Plenario de la Orden, celebrado en Ass del 7 de septiembre
al 1 de octubre de este ao 1998, ha elaborado y formulado
sobre el tema Vivir la pobreza en fraternidad.
Hace dos aos
y medio anunciamos a la Orden nuestra intencin de
celebrar un Consejo Plenario que tratase la pobreza
evanglica en su dimensin comunitaria e institucional.
Durante todo este tiempo, la Fraternidad de la Orden
se ha empeado en la preparacin de este importante
evento, que ha tenido su desarrollo en Ass, donde
se han reunido el ministro general y su definitorio
con 31 delegados de las Conferencias, provenientes
de los cinco continentes.
Publicando ahora
el resultado del trabajo, estamos seguros, hermanos,
de ofreceros un vlido instrumento que, junto a la
experiencia de los das vividos fraternalmente durante
el Consejo Plenario, constituye la expresin de la
unin vital entre toda la fraternidad de la Orden
y el gobierno central. Como sugieren las Constituciones
(cfr. 123,1), esto servir para promover la conciencia
de la mutua responsabilidad y de la cooperacin de
todos los hermanos y fomentar la unin y la comunin
de la Orden en la pluriformidad. Al mismo tiempo,
confirmamos con el consentimiento del definitorio
general el resultado de las reflexiones del VI Consejo
Plenario, de modo que no pierdan su valor como norma
directiva para toda la Orden (cfr. Const.123,6).
Por nuestra
parte hemos decidido estudiar el texto durante la
reunin que el definitorio tendr en el prximo mes
de enero, a fin de poder ver los puntos que pueden
tener una aplicacin inmediata y otros que eventualmente
podran exigir ser tratados en el Captulo general.
En todo caso, es nuestra intencin aceptar todo lo
que la reflexin de este Consejo Plenario nos ha ofrecido
y que pueda favorecer el proceso de una adecuada renovacin
de la Orden.
Quisiramos
hacer una anotacin a la opcin metodolgica que ha
guiado el trabajo de la asamblea. Como podis ver
en el texto, el Consejo Plenario ha decidido adoptar
el mtodo de las Propositiones, en vez de elaborar
un documento como haba sucedido en los precedentes
Consejos Plenarios. Las Propositiones no tienen como
finalidad desarrollar y profundizar un tema desde
el punto de vista doctrinal. Los elementos doctrinales,
tambin presentes, estn ms bien en funcin de una
propuesta, cuya finalidad es sobre todo operativa.
El mtodo de las Propositiones ha permitido la participacin
y el intercambio intenso entre los participantes.
Ha hecho posible reconocer, evaluar y acoger con atencin
y respeto nuestra rica diversidad cultural y nos ha
orientado en el camino para llegar a un consenso sorprendente
y amplio acerca de los diversos y an diferentes puntos
de vista de los hermanos.
El presente
texto ha sido reexaminado por una pequea comisin
de redaccin segn las indicaciones dadas por el mismo
Consejo Plenario. Dicha comisin, siempre de acuerdo
con las sugerencias de los hermanos, ha hecho una
revisin estilstica y literaria de las "Propositiones".
Adems, siguiendo la opinin mayoritaria del Consejo,
hemos credo conveniente poner ttulos que, an no
formando parte de la substancia del texto, ayudan
a su comprensin.
Finalmente,
recomendamos sentidamente a los superiores mayores
y a los guardianes, como primeros responsables de
la formacin de los hermanos (cfr. Const. 23,6), divulgar,
estudiar y, por cuanto les es posible segn su autoridad,
aplicar en concreto los criterios propuestos por este
Consejo Plenario para vivir la pobreza evanglica
en fraternidad.
El Espritu
del Seor inspire a todos los hermanos un renovado
amor a nuestra Seora la Santa Pobreza y nos ayude
a conservarla con su santa operacin.
|
El
Ministro general y Definitorio
Fr. John
Corriveau
Fr. Ermanno Ponzalli
Fr. Aurelio Laita
Fr. Andrew Anil Sequeira
Fr. Tadeusz Bergiel
Fr. Paul Hinder
Fr. William Wiethorn
Fr. Andrs Stanovnik
Fr. Thaddaeus Ruwaichi |
Roma, 4 de octubre de 1998
Solemnidad de S. Francisco
PROPOSITIONES
POBREZA
EVANGLICA Y MINORIDAD EN NUESTRO TIEMPO
1.
Jess, el Verbo de Dios, que "se despoj de s
mismo, tomando condicin de siervo y hacindose obediente
hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil 2,7),
es el fundamento y el modelo de nuestra pobreza evanglica.
Nosotros, en su seguimiento, hemos elegido voluntariamente
la pobreza: una pobreza por el Reino, libre y alegre,
que no es fin en s misma, sino que, como la de Jess,
"que, siendo rico, por vosotros se hizo pobre
a fin de que os enriquecierais con su pobreza"
(2 Cor 8,9; cfr. Const. 59,1), nos hace disponibles
para Dios y para los hermanos".
2.
La intencin fundamental de San Francisco es la de
"observar el Santo Evangelio de nuestro Seor
Jesucristo " (Rb 1,1). l vio en la encarnacin
y en la cruz el modelo de su actitud radical: nada
retener para s (cfr. Cta O, 29). Esto significa,
en primer lugar, reconocer que todo el bien que hay
en nosotros o que se realiza a travs de nosotros
es don de Dios; por tanto, debemos restituirlo a l
con la alabanza y con la accin de gracias. El segundo
componente de este despojo radical es ms doloroso:
debemos tener "la firme conviccin de que a nosotros
no nos pertenecen sino los vicios y pecados"
(Rnb 17, 7). A esto, Francisco aade un tercer elemento,
tambin exigente: "y debemos gozarnos cuando
nos veamos asediados de diversas tentaciones y al
tener que sufrir en este mundo toda clase de angustias
o tribulaciones de alma o de cuerpo por la vida eterna"
(Rnb 17,8) y "gloriarnos en nuestras flaquezas
y en llevar a cuestas diariamente la santa cruz de
nuestro Seor Jesucristo "(Adm 5,8).
3.
El ideal evanglico de la pobreza comporta para Francisco
una eleccin de minoridad. Ser menores es una manifestacin
de autntica pobreza interior que, en el proyecto
franciscano de vida, se expresa tambin exteriormente;
es humildad de corazn y ausencia de poder (cfr. Adm
2,3;3; 4; 6,4; etc.); es solidaridad con aquellos
que sufren necesidad y privacin.
Sin la minoridad,
nuestra pobreza no tendra sentido y sera una forma
de orgullo; como sin la pobreza, la minoridad resultara
falsa.
Por otra parte,
pobreza y minoridad no son para san Francisco el fin,
pero nos ayudan a realizar y vivir el "carisma
ms grande" (cfr. ! Cor 12, 31), la caridad,
que se expresa en la fraternidad franciscana hacia
los hombres y hacia la creacin.
Fue esta vida
de fraternidad evanglica, vivida en pobreza y en
minoridad, que atrajo a Francisco personas de toda
condicin social y las hizo realmente sensibles a
los ms necesitados.
4.
De Francisco naci una Orden de hermanos (cfr. 1 Cel
38). Toda nuestra espiritualidad y tradicin ha resaltado
la pobreza, vindola especialmente bajo el aspecto
asctico e individual; sin olvidar evidentemente el
aspecto comunitario y fraterno (cfr. especialmente:
I CPO, nn.46 - 61 ; IV CPO, nn. 43 - 45 ;
V CPO, nn. 29 - 40.55 ; Const. 59 - 74). Sin
embargo, el sentido renovado de fraternidad, la difusin
de la Orden en todo el mundo y los nuevos problemas
de nuestra sociedad nos invitan a reconsiderar y a
profundizar el significado de "nuestra pobreza
evanglica en fraternidad", es decir, desde el
punto de vista comunitario, institucional y estructural.
5.
Dentro del movimiento franciscano los Capuchinos han
puesto en mayor evidencia la austera sencillez en
el modo de vivir la pobreza y la cercana al pueblo
en el practicar la minoridad (predicacin popular,
asistencia a enfermos y apestados, limosna....). Tales
valores, vividos en fraternidad, renovados e inculturados,
poseen una gran fuerza de testimonio evanglico y
de impulso de la promocin de los ms desfavorecidos.
6.
Para Francisco la codicia y la avaricia rompen las
relaciones con Dios, y la ambicin y la competencia
deterioran el sentido de la fraternidad entre las
personas. Para poder vivir plenamente el ideal evanglico
del amor y de la fraternidad, l con sus primeros
compaeros adopt una forma de vida que implicaba,
para entonces, opciones de pobreza llenas de coraje,
como el no-uso del dinero, la no-apropiacin de los
bienes, el trabajo manual como medio ordinario de
sustento y de ayuda a los otros y la limosna en caso
de manifiesta necesidad.
En tiempos recientes,
y teniendo en cuenta los nuevos contextos, Pablo VI
(Declaracin del 4 de marzo de 1970) abrog todas
las declaraciones pontificias que durante siete siglos
haban interpretado la prctica de la pobreza en la
Orden, excepto aqullas contenidas en el derecho Cannico
y en las Constituciones. Con esto declar que los
franciscanos no estaban ya vinculados a las opciones
econmicas de Francisco y de sus primeros compaeros.
Sin embargo,
nosotros nos sentimos todava vinculados a la fidelidad
en lo que se refiere a las intenciones profundas de
san Francisco. Por tanto, debemos buscar nuevos modos
de vivir algunas opciones fundamentales del franciscanismo,
tales como: la austeridad de vida y el compromiso
en el trabajo; la solidaridad y la mutua dependencia,
la vida inserta en la experiencia del pueblo, en particular,
de los pobres; el justo uso y administracin de los
bienes y de las propiedades; el compromiso en favor
de un desarrollo "racional".
7.
Ante un mundo "globalizado" de la economa,
que hace sentir su influjo tambin sobre nosotros,
reafirmamos humildemente y con fe el valor de la pobreza
evanglica como alternativa vlida para nuestro tiempo,
segn la inspiracin original de Francisco y las lneas
maestras de la tradicin franciscano-capuchina. Una
pobreza evanglica que de nuevo hemos pensado y aceptado
como una opcin de familia.
Cmo reaccionar,
por ejemplo, ante el influjo de un mundo globalizado?
En primer lugar, es necesario conocer los mecanismos
de este nuevo "orden" econmico, entenderlos
y evaluarlos crticamente, teniendo presente en particular
la problemtica moral que encierra el mundo de la
economa. Despus, deberemos vivir y dar testimonio
de nuestra forma de vida evanglica que, an dentro
de sus limitaciones, con sus valores de simplicidad,
gratuidad, voluntad de servicio, respeto de la persona
y de la creacin, desea proponerse como un modo ms
humano y ms verdadero frente al sistema econmico
vigente. Recordemos que en este empeo no estamos
solos, sino que caminamos junto a tantos hombres y
mujeres de buena voluntad que, en modos diversos,
trabajan por el bien, la justicia y la paz.
8.
Para no encontrarnos sin preparacin frente a los
desafos del mundo actual, se programen durante el
perodo de la formacin inicial cursos adecuados para
el conocimiento de las realidades econmico-sociales
y las experiencias de trabajo (voluntariado, servicio
a los pobres, etc.), como fue indicado tambin en
el IV CPO (cfr. n.51). Se debern tener presentes
de un modo especial los aspectos antropolgicos y
ticos que estn implicados en la problemtica econmica.
Tambin la formacin permanente deber encontrar en
la profundizacin de esta temtica uno de sus principales
compromisos.
POBRES
ENTRE LOS POBRES Y PLURIFORMIDAD
9.
Con toda la Iglesia reafirmamos nuestra opcin preferencial
por los pobres, que no se hace a discrecin de cada
uno de los hermanos, sino que nos interpela como fraternidad
y debe manifestarse visiblemente: viviendo con los
pobres para asumir todo cuanto haya de vlido en su
forma de creer, de amar y de esperar; sirvindoles
preferentemente con nuestras manos; compartiendo con
ellos el pan y defendiendo sus derechos. Ser pobres
con los pobres, fraternizar con ellos, forma parte
integrante de nuestro carisma franciscano y de nuestra
tradicin como "frailes del pueblo".
San Francisco
afirma en el Testamento que su itinerario de conversin
fue definitivo cuando el Seor lo condujo en medio
de los leprosos. Entonces l, saliendo "del siglo",
cambi la condicin social y la residencia, emigrando
del centro hacia la periferia de Rivotorto y de Santa
Mara de los ngeles. Nuestras Constituciones y los
Consejos Plenarios de Quito y de Garibaldi animan
a la insercin entre los pobres de algunas de nuestras
fraternidades, pero sin olvidar las dimensiones contemplativa
y fraterna que se expresan visiblemente en la vida
en comn: "Son de alabar quienes, en determinadas
circunstancias de la regin, viviendo con los pobres
y participando de sus condiciones y aspiraciones,
los impulsan al desarrollo social y cultural y a la
esperanza de la vida futura" (Const. 60,6 ;
cfr. 12,2 - 4 ;100,3 ; 104,1 ; V CPO
, n.25,1). Creemos que la solidaridad con los marginados
es una de las respuestas privilegiadas contra las
injusticias de nuestro tiempo.
10.
Reconocemos que la cercana a la cultura de los pobres
nos enriquece desde un punto de vista humano y es
un instrumento hermenutico necesario para llegar
al corazn de nuestra herencia franciscana. Proponemos,
pues, que cada Circunscripcin de la Orden elabore
y realice planes para establecer y evaluar nuestra
humilde presencia entre los pobres, de modo que, participando
desde dentro en su cultura, lleguemos a ser miembros
reconocidos de su sociedad, y podamos promover su
desarrollo integral. Estos planes deberan incluir
la seleccin atenta de las fraternidades de insercin
y la formacin de los hermanos que las componen; adems
deben asegurar el constante apoyo de las Circunscripciones
y la condivisin fraterna de las experiencias.
11.
Francisco encarn la radicalidad evanglica y subray
con su estilo inconfundible que vivir y anunciar el
evangelio es igual a "nudus nudum Christum sequi".
Para l es fundamental
abandonarse en Dios con toda confianza. Por eso insiste
en que sus hermanos vayan por los caminos del mundo
sin llevar nada, como ovejas en medio de lobos, y
confiando el anuncio evanglico, ante todo, al testimonio
de cada da de una vida de hermanos menores. Este
modo de ser y de vivir, sin poder y del todo indefensos,
no es para Francisco una modalidad o una condicin
para la evangelizacin, sino que es ya en s misma
evangelizacin. Nuestra historia de Capuchinos nos
anima a retomar y actualizar esta forma inmediata
de presencia evanglica en medio de la gente de cualquier
clase, con una particular predileccin por la gente
sencilla y pobre. En consecuencia, debemos esforzarnos
por actuar modelos de evangelizacin menos vinculados
a la fuerza y a la seguridad, que brotan de la cantidad
y de la riqueza de los medios, y hacindonos disponibles
a dejarnos ensear por los pobres y a poner nuestra
confianza slo en Dios.
12.
Este Consejo Plenario de la Orden afirma que tambin
la pobreza, elemento esencial de nuestra vida, debe
ser vivida a la luz de cuanto dicen las Constituciones
a cerca de la unidad y de la pluriformidad de nuestra
vocacin franciscana. Por una parte, la unidad se
vive en referencia a la fraternidad y al principio
"a causa de la misma vocacin, todos los hermanos
son iguales" (Const. 84,3). Por otra, ya que
los contextos de vida son diferentes, sin una sana
inculturacin, no ser jams posible una autntica
pluriformidad, ni una autntica evangelizacin. La
inculturacin de la pobreza debe llegar hasta el hbitat,
los edificios, el tenor de vida, los medios pobres
de apostolado, el estilo externo de nuestra presencia.
Los criterios
que deben guiar la inculturacin pluriforme son:
-
la fidelidad
creativa de la fraternidad al nico espritu que
anima la Orden y que habla tambin en las diversas
Circunscripciones y en los signos de los tiempos;
-
la comunin
fraterna y la obediencia a los superiores, centro
de unidad del carisma (cfr. Const. 5,5) ;
-
la aceptacin
gozosa del ser diferentes y, no obstante, estar
en comunin;
-
la disponibilidad
a compartir todo lo que nos pertenece.
13.
La norma de las Constituciones: "el mnimo necesario,
no lo mximo permitido" (n. 67,3) puede ser aplicada
significativamente slo en el contexto de la sociedad
en que viven los hermanos. Por eso proponemos que
los hermanos en cada Circunscripcin aplique esta
norma a sus circunstancias especficas. Con la introduccin
del control del presupuesto y de los lmites del gasto,
las comunidades locales y la fraternidad provincial
pueden contener el uso de sus recursos y dar un ejemplo
adecuado de moderacin y tambin de austeridad.
FUENTES
DE SUSTENTO: EL TRABAJO Y LA LIMOSNA
14.
El trabajo contribuye a perfeccionar la obra de la
creacin, es un beneficio para la sociedad, une la
comunidad y realiza la persona. La pobreza evanglica,
entendida como seguimiento de Cristo, restablece la
dignidad del trabajo en un mundo que lo ha reducido
a un simple bien econmico. Para nosotros franciscanos
el trabajo es una forma de solidaridad entre nosotros
y con el pueblo, y fuente primaria de sustento.
Por eso queremos
evidenciar aqu algunos aspectos: que el trabajo promueva
la valorizacin del individuo y contribuya a las necesidades
de la comunidad; todos los hermanos tengan igualdad
de oportunidades en la formacin; tngase conciencia
crtica de las dinmicas presentes en el mundo del
trabajo.
15.
La tradicin franciscana ha visto siempre el trabajo
como gracia y, por esto, a todo hermano le es permitida
cualquier actividad, con tal de que sea honesta y
conforme a nuestro estado de menores (cfr. Test. 20 ;
Rnb 7,9 ; IV CPO, n.49). Sabemos que la realidad
del trabajo es relativa a las condiciones econmicas
de los diferentes perodos histricos y de los diversos
contextos geogrficos. Dentro de tal variedad debemos
apreciar todas las actividades: apostlicas, caritativas,
intelectuales y manuales. La Orden siempre ha valorizado
la actividad apostlica entendida sea como accin
sacramental que como evangelizacin en sus mltiples
formas. Es ste un tipo de trabajo al que hay que
darle la dignidad y el espacio conveniente. Adems
de esto, nosotros queremos subrayar: la dignidad y
la utilidad del trabajo manual; la necesidad, en el
contexto actual, de una profesionalidad especfica
para determinadas actividades, con igualdad de oportunidades
y de acceso tanto para los hermanos clrigos como
para los no clrigos. Para tener vivo en nosotros
el sentido del don y de la gratuidad, debe haber en
cada comunidad un justo equilibrio entre actividades
remuneradas, necesarias para la subsistencia de la
comunidad, y actividades gratuitas, siempre convencidos
que el hermano no debe ser evaluado por el trabajo
que realiza y por el dinero que gana. A la base de
la opcin por una actividad individual se d siempre
un dilogo o discernimiento comunitario (cfr. Const.
76,2 ;77,4), para evitar que el trabajo de un
hermano llegue a ser propiedad privada y produzca
inamovilidad y cerrazn frente a las necesidades de
la fraternidad local y provincial.
16.
El trabajo domstico es tan importante que quien no
toma parte en l debilita la fraternidad (cfr. IV
CPO, n.19). La efectiva colaboracin de todos los
hermanos a la vida ordinaria de la fraternidad - verificada
en el captulo local - es til para hacer crecer el
sentido de la fraternidad, de la igualdad y de la
recproca dependencia o ayuda. El trabajo domstico
nos introduce en el estilo de vida de la gente sencilla.
Sin embargo, no se configura slo como trabajo manual;
de hecho, en las comunidades modernas, los oficios
van del huerto al ordenador y todo hermano puede poner
a disposicin sus habilidades prcticas o intelectuales.
En algunas reas
de la Orden con frecuencia se asume personal seglar
para las actividades de nuestras casas, a causa de
la ancianidad, de la disminucin de los hermanos o
de sus muchos compromisos, sobre todo, cuando las
casas son muy grandes. Es posible recurrir a ello,
con tal de que sea hecho segn las leyes vigentes;
pero es necesario evitar que sean soluciones habituales,
o tales que generen en nosotros una mentalidad de
patrones.
17.
Vivimos en una sociedad que corre cada da ms velozmente
a causa de la solicitacin de compromisos, de los
plazos y de los modernos medios de comunicacin. Nuestras
fraternidades no estn libres de tales solicitaciones,
por lo que, adems del peligro de la ociosidad, deben
evitar el del activismo, incluso de tipo apostlico.
Ante esta tendencia, conviene estar atentos a que
el activismo no termine por daar la vida fraterna,
eliminando los espacios de reflexin, de estudio,
de intercambio entre los hermanos de la comunidad
y, sobre todo, no comprometa nuestra "oracin
y devocin", quitando de esta manera la armona
del vivir. El prevalecer de la actividad puede llevarnos
a una confianza excesiva en el hacer y a un protagonismo
personal, como si el Reino de Dios no fuera obra del
Espritu, y como si la escucha, la acogida y el silencio
delante de Dios no sirvieran para nada.
18.
El trabajo "extraconventual" o para terceros,
incluso de ndole profana, practicado en nuestra historia
antigua y moderna ha tenido en tiempos recientes una
particular relevancia en la experiencia de las "pequeas
fraternidades" o de las "fraternidades de
trabajo". El fenmeno era motivado por el deseo
de inmersin o "encarnacin" en el mundo
del trabajo, en particular como asalariados en la
condicin obrera. Hoy las condiciones del trabajo
han cambiado: disminuye la ocupacin, la condicin
obrera no es ya una referencia privilegiada como poda
ser para las "pequeas fraternidades"; y
sin embargo, la ilusin que les mova puede justificar
todava hoy una opcin por el trabajo asalariado,
quizs no en fbrica, pero s en ocupaciones humildes,
fatigosas y dependientes. Se trata de nuestra participacin
a la condicin de vida de gran parte de la humanidad;
y lleva consigo un testimonio evanglico para los
dems, con valor educativo tambin para nosotros.
Pero queda siempre determinante la fraternidad (Const.
77,3; 79, 1 - 2) como lugar de vida y como ocasin
de confrontacin y de apoyo.
19.
La calidad de los compromisos y la profesionalidad
exigidas hoy da para atender a algunas actividades
dan a nuestra Orden una mayor estabilidad de oficios
y de presencias, pero corre el peligro de que se transforme
esto mismo en algo esttico. Para evitar la prdida
del sentido de la itinerancia, que nos hace vivir
en este mundo como "peregrinos y forasteros"
(cfr. Rb 6,2 ; Test 24), hgase con frecuencia
una confrontacin serena en el mbito comunitario
y con los superiores, para evaluar cada vez nuestra
disponibilidad a cambiar o a quedarse, en base al
bien de la misma comunidad y del pueblo de Dios del
que tenemos responsabilidad.
20.
La limosna ha jugado un papel importante en la vida
de san Francisco y de sus seguidores hasta nuestros
das: manifestaba su dependencia de la gente entre
la que vivan, instauraba relaciones ms estrechas
con las personas, y siempre ha sido un medio de insercin
capilar en el pueblo y un eficaz instrumento de evangelizacin.
Hoy han aparecido nuevas formas de pedir la limosna
(secretariados misioneros, fundaciones, pas uniones,
boletines, calendarios, etc.). No obstante, queda
el deber de encontrar nuevas modalidades de contacto
directo y personalizado con la gente y de desarrollar
un apostolado humilde y casi de persona a persona
con todos los grupos de personas, tanto pobres como
ricas.
Conviene reactualizar
los valores que subyacen en el pedir la limosna: la
confianza en la Providencia de Dios, el sentido de
dependencia y de reciprocidad entre nosotros y la
gente. La gente nos da porque nosotros damos a los
pobres; debemos recoger la limosna para dar limosna.
HERMANOS
POBRES Y SOLIDARIOS
21.
La condivisin de los dones entre las distintas iglesias
locales es una de las dimensiones esenciales de la
catolicidad (LG 13). Para san Francisco, la condivisin
de bienes va ms all de la obligacin jurdica y
entra en la esfera del amor recproco "porque
si la madre nutre y quiere a su hijo carnal (cfr.
1 Tes 2,7), cunto ms amorosamente debe cada uno
querer y nutrir a su hermano espiritual?" (Rb
6,8). La Sollicitudo rei socialis define la virtud
moral de la solidaridad como "una determinacin
firme y perseverante a empearse en el bien comn,
esto es, en el bien de todos y de cada uno, porque
todos somos responsables de todos" (SRS 38).
San Francisco subraya esta definicin de la solidaridad
al proclamar la visin de una fraternidad en la que
nadie sienta vergenza de depender de los dems (cfr.
Rnb 9, 6 -7). De hecho, Francisco afirma claramente
que la dependencia es una consecuencia de la creacin
y de la redencin, y por tanto es un derecho (cfr.
Rnb 9, 8). Adems la interdependencia exige el don
teologal del amor que enriquece a quien da y a quien
recibe del mismo modo (cfr. Rnb 9,9). La comunin
fraterna y la interdependencia deben inspirar y definir
nuestras estructuras de solidaridad entre las fraternidades
locales, provinciales e internacionales, as como
nuestra interaccin con el mundo y en particular con
el mundo de los pobres.
22.
La solidaridad no es, en primer lugar, dar cosas a
los otros. Es interdependencia mutua y fraternidad.
La cultura de la solidaridad crea nuevos modos de
entender y de vivir las relaciones con los otros.
Francisco, yendo a los leprosos, cambi su modo de
relacionarse con ellos. Para ser solidarios se debe
cuidar de todo hermano, sobre todo de aquellos que
son excluidos de la condivisin de los bienes de la
sociedad; escuchando el grito de los pobres debemos
actuar para que la solidaridad global llegue a ser
un nuevo orden social.
23.
En las diversas formas de solidaridad ad extra hay
que incluir la atencin a las familias de origen de
los hermanos, segn la invitacin de Francisco a respetar
la madre de un hermano como suya propia. Parece til
sugerir que sea no el individuo, sino la fraternidad
la que cumpla estas opciones de solidaridad, teniendo
presente tambin en la confrontacin comunitaria la
invitacin evanglica a transfigurar los lazos de
la carne y de la sangre para poder vivir con plenitud
la pertenencia a la fraternidad capuchina y la apertura
a los necesitados no protegidos.
24.
La Orden ha tenido en el pasado una estructura de
solidaridad internacional muy eficiente, basada en
la relacin Provincia/Misin. Las transformaciones
que se van dando en la Orden exigen una revisin a
fondo para que podamos continuar viviendo esa solidaridad
segn el espritu de san Francisco. Con tal finalidad
presentamos las siguientes propuestas:
-
Porque somos
una Orden de Hermanos, la solidaridad debe pasar
de una fraternidad a otra y no slo de un individuo
a otro.
-
Debemos
vivir la pobreza evanglica en el contexto de
la cultura particular en la que estamos insertados,
vinculados a un pueblo concreto. Por eso, la solidaridad
internacional no debe sacarnos de nuestras races
ni comprometer nuestros lazos culturales.
-
Estando
nuestra fraternidad diseminada en muchas culturas,
deberemos buscar la equidad, ms que la igualdad.
La equidad exige que cada provincia tenga la capacidad
de responder a las necesidades de los hermanos
y de los ministerios segn la medida de los propios
contextos de cultura y de pueblo. No buscamos
establecer un estilo de vida capuchino igual para
todo el mundo, y, sin embargo, es necesario que
los hermanos en todo el mundo, liberados de la
miseria, vivan en unas condiciones de vida aceptables.
-
El principio
de subsidiariedad exige que ninguna Provincia
tenga el derecho de pedir a las otras lo que puede
ser provisto mediante el trabajo de los hermanos
y la limosna.
-
La solidaridad
franciscana va ms all del derecho y de la justicia.
Brota de la generosidad del amor fraterno.
-
Una solidaridad
eficaz exige transparencia de parte de quien da
y de quien recibe.
-
Las estructuras
actuales de solidaridad entre las circunscripciones
de la Orden no parecen responder adecuadamente
a nuestra condicin de hermanos que pertenecen
a la misma familia. Por tanto el prximo Captulo
General articule de una manera general y funcional
una nueva estructura estable de solidaridad entre
las circunscripciones y las conferencias, entre
ellas y con toda la Orden, teniendo presente
cuanto dicen las Constituciones: "las fraternidades
entreguen los bienes no necesarios a los superiores
mayores para las necesidades de las circunscripciones,
o a los pobres, o para el desarrollo de los pueblos"
(Const.67,4). Un eventual grado mayor de centralizacin
deber continuar a tener en cuenta las relaciones
fraternas existentes histricamente entre las
circunscripciones.
-
Ya que somos
miembros de una nica familia, las comisiones
de solidaridad de nuestra Orden deberan incluir
no slo representantes de las Provincias que dan,
sino tambin de aqullas que reciben.
25.
Nuestra solidaridad hacia los ltimos y los que sufren
se expresa de un modo correcto tambin en estructuras/obras
sociales y caritativas. Sean administradas segn las
leyes y, en cuanto posible, sean dirigidas con la
colaboracin, a diversos niveles, de personal seglar
competente y formado en los valores de la solidaridad.
Nuestra tarea especfica y privilegiada sigue siendo
la animacin a nivel humano y espiritual (cfr. Const.
71,9).
26.
Francisco canta con gratitud filial la reconciliacin
de la creacin y la compasin por todas las criaturas
(cfr. Carta circular n.12). Con tal espritu los hermanos
se empeen por la paz, la justicia y la integridad
de la creacin, usando con parsimonia los recursos
de la "madre tierra" y cuidando con sentido
de responsabilidad fraterna de los ltimos (V CPO,
n.65), de los que no tienen voz, de las generaciones
futuras. Tales opciones se expresarn no slo animando
y participando, en modo crtico, en los movimientos
de solidaridad y de ecologa, sino tambin, y sobre
todo, viviendo de una manera sobria, contentos con
lo poco que tengamos y no ciegamente dominados por
la sociedad de consumo.
27.
El principio de solidaridad debe promover la cultura
de la participacin, del cuidado de los otros y el
caminar juntos. Con tales motivaciones los hermanos
vayan adelante en su empeo de solidaridad fraterna
con todos los hombres de buena voluntad y, en particular,
con las hermanas de la segunda Orden y con los hermanos
y las hermanas de la Orden Franciscana seglar; adems,
contribuyan al desarrollo de movimientos como el ecumenismo
franciscano y eclesial, el dilogo interreligioso
e interracial, los encuentros entre el Norte y el
Sur, etc.
28.
La solidaridad franciscana es una realidad amplia;
incluye la responsabilidad de todos y hacia todos
los hombres, y el respeto por la integridad de la
creacin. Somos hermanos de todos los pueblos y de
todas las criaturas (V CPO, n.28). Una solidaridad
global es hoy todava ms urgente porque las fuerzas
del mercado de la economa global dan un diverso y
trgico significado a las palabras de Jess:"
A quien tiene le ser dado, y a quien no tiene le
ser quitado aquello que tiene" (Mt 13,12). Teniendo
presente el ejemplo de san Francisco que no poda
soportar la vista de una persona que fuese ms pobre
que l, nos debemos empear en escuchar sobre todo
a aqullos que son excluidos de la participacin en
los beneficios de la economa global.
CRITERIOS
PARA UNA ADMINISTRACIN FRATERNA Y TRANSPARENTE
29.
Francisco permiti el recurso a los medios extraordinarios
por manifiesta necesidad de los enfermos (cfr. Rnb
8,3) y de los leprosos (cfr. Rnb 8, 10). Hoy tenemos
otras " manifiestas necesidades" - que habr
que verificar con atencin - que exigen el recurso
a medios extraordinarios como las reservas/ inversiones.
Por lo que:
-
las reservas
financieras/inversiones slo pueden cubrir aqullas
"manifiestas necesidades" que ni el
trabajo, ni la limosna, ni la solidaridad interprovincial
llegan a satisfacer;
-
las necesidades
por las que se invierten ciertas cantidades deben
ser determinadas claramente y el rdito de las
inversiones debe ser destinado exclusivamente
a esas mismas necesidades;
-
en vez de
determinar la suma mnima que se ha de invertir
para tener una cierta seguridad, una fraternidad
franciscana debe establecer un lmite mximo de
inversin para ser coherentes con nuestra confianza
en la providencia humana y divina;
-
toda inversin,
ya sea en forma de bienes inmuebles que en dinero
o en otros instrumentos financieros, debe ser
regulado y sometido al juicio de las normas ticas.
A tal fin puede revelarse vlida y necesaria la
colaboracin con otras organizaciones cristianas
y religiosas que trabajan en determinadas regiones;
-
por ser
Orden internacional nuestras fraternidades estn
presentes en un amplio espectro de situaciones
econmicas y sociales. Esto exige respuestas pluriformes.
Sin embargo, podra resultar oportuno definir
algunos criterios nacionales o continentales que
regulen la cuestin de las reservas financieras/inversiones.
30.
La vida fraterna exige transparencia tambin en las
administraciones locales, provinciales y de la la
Orden. Esta transparencia comienza en el hermano,
contina en la fraternidad local y tiene su complemento
en la Circunscripcin a la que pertenece la fraternidad.
La transparencia
expresa y facilita la fraternidad y la solidaridad
entre todos los miembros de la Orden.
31.
Los captulos locales son el momento privilegiado
para elaborar los presupuestos de la fraternidad y
para verificar el uso correcto del dinero. De hecho,
tambin nuestra ecoma debe ser expresin de fraternidad
y en el captulo local se da el lugar apropiado para
la confrontacin con los otros valores como el evanglico,
la minoridad, etc.
32.
Para lograr la transparencia en las distintas administraciones
es necesario que en toda relacin ecnomica anual
a nivel de fraternidad, de Circunscripcin y de Orden,
se indique:
-
El estado
patrimonial o balance;
-
Las cuentas
econmicas o memoria de la gestin con las entradas
y salidas;
-
El presupuesto
anual.
Para poder formular
correctamente los presupuestos es indispensable un
modelo de contabilidad bien estructurado.
33.
La fraternidad local puede tener capitales invertidos
solamente a corto plazo (liquidez). El capital a su
disposicin tiene en cuenta lo necesario para la gestin
ordinaria de la comunidad. El superior mayor con su
consejo establece el techo mximo dentro del cual
cada fraternidad puede desarrollar su gestin (cfr.
Const. 73,2). A este fin, las circunscripciones elaboren
unos modelos o mdulos apropiados, y estudien la oportunidad
de una administracin econmica centralizada a nivel
provincial.
34.
La transparencia es tambin necesaria para las entidades
provinciales administradas separadamente: misiones,
actividades pastorales, obras sociales y fondos diversos.
El rgano de las decisiones y el control lo tiene
siempre el superior mayor con su consejo. El control
administrativo podr ser confiado por el superior
a personas u otros rganos competentes en el marco
de las finanzas, compuestos por religiosos o seglares.
35.
En la relacin administrativa de cada Circunscripcin
deben constar las inversiones financieras destinadas
sea al servicio de la provincia sea a otras obras.
En lo que se refiere al estado de cuentas, debe figurar
en l tambin el valor comercial de los bienes no
instrumentales, es decir, aqullos que no sirven para
una gestin ordinaria de la circunscripcin (por ejemplo,
terrenos, construcciones no utilizadas, casas en alquiler,
etc.).
36.
Teniendo en cuenta los criterios de solidaridad establecidos
en este VI CPO, cada circunscripcin, despus de haber
escuchado la propia Conferencia, y teniendo en cuenta
nuestras Constituciones (cfr. nn. 67,7; 73,1), decida
a nivel de Definitorio, o eventualmente de Captulo,
cuanto sea necesario para la propia gestin ordinaria
y a cunto deben llegar sus reservas/inversiones para
los gastos extraordinarios ad intra (mantenimiento
de los edificios, enfermos, seguros del personal,
formacin) y para la solidaridad ad extra (misiones
y caridad).
37.
En cuanto a las inversiones, adems de la transparencia,
es necesario que nos atenemos a los principios ticos.
En referencia a las Constituciones (cfr. n.66,3),
consideramos aceptables las formas de inversin en
uso hoy en la sociedad civil. Pero para nosotros existen
condiciones que es preciso respetar:
-
Evaluar
los efectos tanto positivos como negativos de
toda inversin ("responsabilidad tica"),
promoviendo, en cuanto sea posible, inversiones
en consonancia con la justicia.
-
Evitar las
inversiones nicamente especulativas.
-
En cuanto
posible, hacer tales inversiones en la propia
rea socio-econmica o en los pases ms pobres.
En este contexto,
es importante que cada circunscripcin verifique su
propio modo de obrar, teniendo en cuenta las circunstancias
de otras circunscripciones y las leyes financieras
y de control de los respectivos pases. Las operaciones
de inversin no pueden ser competencia de una sola
persona, sino que deben ser aprobadas por los superiores
mayores y pueden aprovecharse del asesoramiento de
personas seglares competentes, especializadas en el
campo financiero y que conocen el carcter evanglico
de nuestra Orden.
38.
En cuanto a las casas, las indicaciones de las Constituciones
y de los precedentes Consejos Plenarios son ms que
suficientes para soluciones concretas (cfr. I CPO,
n.53). Los hermanos deben vivir en este mundo como
peregrinos y forasteros. Por tanto animamos a todos
los hermanos a reexaminar si los lugares donde habitan
actualmente dan la suficiente impresin de la dependencia
de la providencia divina y a verificar si son proporcionados
al nmero de hermanos y a las actividades que all
se realizan.
39.
Nuestras casas sean sencillas y acogedoras y en ellas
se conjugue la modesta sobriedad del hbitat con un
cierto gusto y armona. Nuestras opciones de vida
deben dejar la propia huella tambin en las construcciones
y en los ambientes; de hecho, es el espritu quien
debe plasmar la materia.
40.
Los alquileres de los inmuebles de nuestra propiedad
sean admitidos segn el contexto en que se vive y
segn las indicaciones que el Ministro general con
su Definitorio creern oportuno dar. Pero privilegiamos
la alienacin de los bienes y de los espacios no utilizados
por nosotros. Si esto no es posible, sean destinados
a fines sociales con alquileres no especulativos.
41.
Se organicen cursos para preparar adecuadamente hermanos
que sepan unir competencia en la administracin econmica
moderna y coherencia con nuestro estilo de vida.
42.
A norma de las Constituciones ( n. 71, 5-6 ;
cfr. n.163,3), las relaciones de mitad del trienio
de los Superiores Mayores al respectivo Superior sean
transparentes y exhaustivas, an en el aspecto econmico.
A este fin se elabore un mdulo vlido para todas
las circunscripciones. En el contexto actual de la
globalizacin, es necesaria una buena red informativa
para mejorar la justicia en la distribucin de las
ayudas necesarias para las circunscripciones necesitadas.
43.
La transparencia que viene propuesta para las fraternidades
y para las circunscripciones es tambin vlida a nivel
de la Orden. En la caja de la Curia general, adems
de lo establecido (por ejemplo, la contribucin anual
de las circunscripciones y el 10 % de las entradas
para las misiones), debe confluir lo superfluo de
cada provincia y los eventuales donativos no utilizados
(cfr. Const. 67,7). Se eviten inversiones a largo
plazo de capitales destinados para una inmediata solidaridad
(por ejemplo, los estipendios de las misas, los donativos
para los pobres).
44.
La Curia general es el organismo competente para garantizar
la solidaridad y la fraternidad a nivel mundial. Interviene
a travs de estructuras aptas en aquellas circunscripciones
que no son capaces de garantizar las necesidades vitales
de los hermanos (lo necesario para la alimentacin,
la formacin, la salud, las necesidades de los ancianos).
Es necesario que al coordinar las intervenciones de
la solidaridad se tenga presente el contexto cultural
y social en el que viven los hermanos.
45.
Es aconsejable que el Ministro general con su Definitorio
establezca las modalidades, y cree las estructuras
necesarias a fin de que la solidaridad pueda ser efectiva
y eficiente. La gestin de los fondos, de la que el
ministro general con el consentimiento del definitorio
dispone para responder a estas exigencias, venga evaluada
en cada Captulo.