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NUESTRA VIDA FRATERNA EN MINORIDAD
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VI CPO - PROPOSICIONES

 

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VI CONSEJO PLENARIO DE LA ORDEN
VIVIR LA POBREZA EN FRATERNIDAD
Ass 1998

Estimados hermanos,

Con gran alegra os presentamos las conclusiones que el VI Consejo Plenario de la Orden, celebrado en Ass del 7 de septiembre al 1 de octubre de este ao 1998, ha elaborado y formulado sobre el tema Vivir la pobreza en fraternidad.

Hace dos aos y medio anunciamos a la Orden nuestra intencin de celebrar un Consejo Plenario que tratase la pobreza evanglica en su dimensin comunitaria e institucional. Durante todo este tiempo, la Fraternidad de la Orden se ha empeado en la preparacin de este importante evento, que ha tenido su desarrollo en Ass, donde se han reunido el ministro general y su definitorio con 31 delegados de las Conferencias, provenientes de los cinco continentes.

Publicando ahora el resultado del trabajo, estamos seguros, hermanos, de ofreceros un vlido instrumento que, junto a la experiencia de los das vividos fraternalmente durante el Consejo Plenario, constituye la expresin de la unin vital entre toda la fraternidad de la Orden y el gobierno central. Como sugieren las Constituciones (cfr. 123,1), esto servir para promover la conciencia de la mutua responsabilidad y de la cooperacin de todos los hermanos y fomentar la unin y la comunin de la Orden en la pluriformidad. Al mismo tiempo, confirmamos con el consentimiento del definitorio general el resultado de las reflexiones del VI Consejo Plenario, de modo que no pierdan su valor como norma directiva para toda la Orden (cfr. Const.123,6).

Por nuestra parte hemos decidido estudiar el texto durante la reunin que el definitorio tendr en el prximo mes de enero, a fin de poder ver los puntos que pueden tener una aplicacin inmediata y otros que eventualmente podran exigir ser tratados en el Captulo general. En todo caso, es nuestra intencin aceptar todo lo que la reflexin de este Consejo Plenario nos ha ofrecido y que pueda favorecer el proceso de una adecuada renovacin de la Orden.

Quisiramos hacer una anotacin a la opcin metodolgica que ha guiado el trabajo de la asamblea. Como podis ver en el texto, el Consejo Plenario ha decidido adoptar el mtodo de las Propositiones, en vez de elaborar un documento como haba sucedido en los precedentes Consejos Plenarios. Las Propositiones no tienen como finalidad desarrollar y profundizar un tema desde el punto de vista doctrinal. Los elementos doctrinales, tambin presentes, estn ms bien en funcin de una propuesta, cuya finalidad es sobre todo operativa. El mtodo de las Propositiones ha permitido la participacin y el intercambio intenso entre los participantes. Ha hecho posible reconocer, evaluar y acoger con atencin y respeto nuestra rica diversidad cultural y nos ha orientado en el camino para llegar a un consenso sorprendente y amplio acerca de los diversos y an diferentes puntos de vista de los hermanos.

El presente texto ha sido reexaminado por una pequea comisin de redaccin segn las indicaciones dadas por el mismo Consejo Plenario. Dicha comisin, siempre de acuerdo con las sugerencias de los hermanos, ha hecho una revisin estilstica y literaria de las "Propositiones". Adems, siguiendo la opinin mayoritaria del Consejo, hemos credo conveniente poner ttulos que, an no formando parte de la substancia del texto, ayudan a su comprensin.

Finalmente, recomendamos sentidamente a los superiores mayores y a los guardianes, como primeros responsables de la formacin de los hermanos (cfr. Const. 23,6), divulgar, estudiar y, por cuanto les es posible segn su autoridad, aplicar en concreto los criterios propuestos por este Consejo Plenario para vivir la pobreza evanglica en fraternidad.

El Espritu del Seor inspire a todos los hermanos un renovado amor a nuestra Seora la Santa Pobreza y nos ayude a conservarla con su santa operacin.

El Ministro general y Definitorio

Fr. John Corriveau
Fr. Ermanno Ponzalli
Fr. Aurelio Laita
Fr. Andrew Anil Sequeira
Fr. Tadeusz Bergiel
Fr. Paul Hinder
Fr. William Wiethorn
Fr. Andrs Stanovnik
Fr. Thaddaeus Ruwa’ichi

Roma, 4 de octubre de 1998
Solemnidad de S. Francisco

 


PROPOSITIONES

 

POBREZA EVANGLICA Y MINORIDAD EN NUESTRO TIEMPO

1. Jess, el Verbo de Dios, que "se despoj de s mismo, tomando condicin de siervo y hacindose obediente hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil 2,7), es el fundamento y el modelo de nuestra pobreza evanglica. Nosotros, en su seguimiento, hemos elegido voluntariamente la pobreza: una pobreza por el Reino, libre y alegre, que no es fin en s misma, sino que, como la de Jess, "que, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Cor 8,9; cfr. Const. 59,1), nos hace disponibles para Dios y para los hermanos".

2. La intencin fundamental de San Francisco es la de "observar el Santo Evangelio de nuestro Seor Jesucristo " (Rb 1,1). l vio en la encarnacin y en la cruz el modelo de su actitud radical: nada retener para s (cfr. Cta O, 29). Esto significa, en primer lugar, reconocer que todo el bien que hay en nosotros o que se realiza a travs de nosotros es don de Dios; por tanto, debemos restituirlo a l con la alabanza y con la accin de gracias. El segundo componente de este despojo radical es ms doloroso: debemos tener "la firme conviccin de que a nosotros no nos pertenecen sino los vicios y pecados" (Rnb 17, 7). A esto, Francisco aade un tercer elemento, tambin exigente: "y debemos gozarnos cuando nos veamos asediados de diversas tentaciones y al tener que sufrir en este mundo toda clase de angustias o tribulaciones de alma o de cuerpo por la vida eterna" (Rnb 17,8) y "gloriarnos en nuestras flaquezas y en llevar a cuestas diariamente la santa cruz de nuestro Seor Jesucristo "(Adm 5,8).

3. El ideal evanglico de la pobreza comporta para Francisco una eleccin de minoridad. Ser menores es una manifestacin de autntica pobreza interior que, en el proyecto franciscano de vida, se expresa tambin exteriormente; es humildad de corazn y ausencia de poder (cfr. Adm 2,3;3; 4; 6,4; etc.); es solidaridad con aquellos que sufren necesidad y privacin.

Sin la minoridad, nuestra pobreza no tendra sentido y sera una forma de orgullo; como sin la pobreza, la minoridad resultara falsa.

Por otra parte, pobreza y minoridad no son para san Francisco el fin, pero nos ayudan a realizar y vivir el "carisma ms grande" (cfr. ! Cor 12, 31), la caridad, que se expresa en la fraternidad franciscana hacia los hombres y hacia la creacin.

Fue esta vida de fraternidad evanglica, vivida en pobreza y en minoridad, que atrajo a Francisco personas de toda condicin social y las hizo realmente sensibles a los ms necesitados.

4. De Francisco naci una Orden de hermanos (cfr. 1 Cel 38). Toda nuestra espiritualidad y tradicin ha resaltado la pobreza, vindola especialmente bajo el aspecto asctico e individual; sin olvidar evidentemente el aspecto comunitario y fraterno (cfr. especialmente: I CPO, nn.46 - 61 ; IV CPO, nn. 43 - 45 ; V CPO, nn. 29 - 40.55 ; Const. 59 - 74). Sin embargo, el sentido renovado de fraternidad, la difusin de la Orden en todo el mundo y los nuevos problemas de nuestra sociedad nos invitan a reconsiderar y a profundizar el significado de "nuestra pobreza evanglica en fraternidad", es decir, desde el punto de vista comunitario, institucional y estructural.

5. Dentro del movimiento franciscano los Capuchinos han puesto en mayor evidencia la austera sencillez en el modo de vivir la pobreza y la cercana al pueblo en el practicar la minoridad (predicacin popular, asistencia a enfermos y apestados, limosna....). Tales valores, vividos en fraternidad, renovados e inculturados, poseen una gran fuerza de testimonio evanglico y de impulso de la promocin de los ms desfavorecidos.

6. Para Francisco la codicia y la avaricia rompen las relaciones con Dios, y la ambicin y la competencia deterioran el sentido de la fraternidad entre las personas. Para poder vivir plenamente el ideal evanglico del amor y de la fraternidad, l con sus primeros compaeros adopt una forma de vida que implicaba, para entonces, opciones de pobreza llenas de coraje, como el no-uso del dinero, la no-apropiacin de los bienes, el trabajo manual como medio ordinario de sustento y de ayuda a los otros y la limosna en caso de manifiesta necesidad.

En tiempos recientes, y teniendo en cuenta los nuevos contextos, Pablo VI (Declaracin del 4 de marzo de 1970) abrog todas las declaraciones pontificias que durante siete siglos haban interpretado la prctica de la pobreza en la Orden, excepto aqullas contenidas en el derecho Cannico y en las Constituciones. Con esto declar que los franciscanos no estaban ya vinculados a las opciones econmicas de Francisco y de sus primeros compaeros.

Sin embargo, nosotros nos sentimos todava vinculados a la fidelidad en lo que se refiere a las intenciones profundas de san Francisco. Por tanto, debemos buscar nuevos modos de vivir algunas opciones fundamentales del franciscanismo, tales como: la austeridad de vida y el compromiso en el trabajo; la solidaridad y la mutua dependencia, la vida inserta en la experiencia del pueblo, en particular, de los pobres; el justo uso y administracin de los bienes y de las propiedades; el compromiso en favor de un desarrollo "racional".

7. Ante un mundo "globalizado" de la economa, que hace sentir su influjo tambin sobre nosotros, reafirmamos humildemente y con fe el valor de la pobreza evanglica como alternativa vlida para nuestro tiempo, segn la inspiracin original de Francisco y las lneas maestras de la tradicin franciscano-capuchina. Una pobreza evanglica que de nuevo hemos pensado y aceptado como una opcin de familia.

Cmo reaccionar, por ejemplo, ante el influjo de un mundo globalizado? En primer lugar, es necesario conocer los mecanismos de este nuevo "orden" econmico, entenderlos y evaluarlos crticamente, teniendo presente en particular la problemtica moral que encierra el mundo de la economa. Despus, deberemos vivir y dar testimonio de nuestra forma de vida evanglica que, an dentro de sus limitaciones, con sus valores de simplicidad, gratuidad, voluntad de servicio, respeto de la persona y de la creacin, desea proponerse como un modo ms humano y ms verdadero frente al sistema econmico vigente. Recordemos que en este empeo no estamos solos, sino que caminamos junto a tantos hombres y mujeres de buena voluntad que, en modos diversos, trabajan por el bien, la justicia y la paz.

8. Para no encontrarnos sin preparacin frente a los desafos del mundo actual, se programen durante el perodo de la formacin inicial cursos adecuados para el conocimiento de las realidades econmico-sociales y las experiencias de trabajo (voluntariado, servicio a los pobres, etc.), como fue indicado tambin en el IV CPO (cfr. n.51). Se debern tener presentes de un modo especial los aspectos antropolgicos y ticos que estn implicados en la problemtica econmica. Tambin la formacin permanente deber encontrar en la profundizacin de esta temtica uno de sus principales compromisos.

 

POBRES ENTRE LOS POBRES Y PLURIFORMIDAD

9. Con toda la Iglesia reafirmamos nuestra opcin preferencial por los pobres, que no se hace a discrecin de cada uno de los hermanos, sino que nos interpela como fraternidad y debe manifestarse visiblemente: viviendo con los pobres para asumir todo cuanto haya de vlido en su forma de creer, de amar y de esperar; sirvindoles preferentemente con nuestras manos; compartiendo con ellos el pan y defendiendo sus derechos. Ser pobres con los pobres, fraternizar con ellos, forma parte integrante de nuestro carisma franciscano y de nuestra tradicin como "frailes del pueblo".

San Francisco afirma en el Testamento que su itinerario de conversin fue definitivo cuando el Seor lo condujo en medio de los leprosos. Entonces l, saliendo "del siglo", cambi la condicin social y la residencia, emigrando del centro hacia la periferia de Rivotorto y de Santa Mara de los ngeles. Nuestras Constituciones y los Consejos Plenarios de Quito y de Garibaldi animan a la insercin entre los pobres de algunas de nuestras fraternidades, pero sin olvidar las dimensiones contemplativa y fraterna que se expresan visiblemente en la vida en comn: "Son de alabar quienes, en determinadas circunstancias de la regin, viviendo con los pobres y participando de sus condiciones y aspiraciones, los impulsan al desarrollo social y cultural y a la esperanza de la vida futura" (Const. 60,6 ; cfr. 12,2 - 4 ;100,3 ; 104,1 ; V CPO , n.25,1). Creemos que la solidaridad con los marginados es una de las respuestas privilegiadas contra las injusticias de nuestro tiempo.

10. Reconocemos que la cercana a la cultura de los pobres nos enriquece desde un punto de vista humano y es un instrumento hermenutico necesario para llegar al corazn de nuestra herencia franciscana. Proponemos, pues, que cada Circunscripcin de la Orden elabore y realice planes para establecer y evaluar nuestra humilde presencia entre los pobres, de modo que, participando desde dentro en su cultura, lleguemos a ser miembros reconocidos de su sociedad, y podamos promover su desarrollo integral. Estos planes deberan incluir la seleccin atenta de las fraternidades de insercin y la formacin de los hermanos que las componen; adems deben asegurar el constante apoyo de las Circunscripciones y la condivisin fraterna de las experiencias.

11. Francisco encarn la radicalidad evanglica y subray con su estilo inconfundible que vivir y anunciar el evangelio es igual a "nudus nudum Christum sequi".

Para l es fundamental abandonarse en Dios con toda confianza. Por eso insiste en que sus hermanos vayan por los caminos del mundo sin llevar nada, como ovejas en medio de lobos, y confiando el anuncio evanglico, ante todo, al testimonio de cada da de una vida de hermanos menores. Este modo de ser y de vivir, sin poder y del todo indefensos, no es para Francisco una modalidad o una condicin para la evangelizacin, sino que es ya en s misma evangelizacin. Nuestra historia de Capuchinos nos anima a retomar y actualizar esta forma inmediata de presencia evanglica en medio de la gente de cualquier clase, con una particular predileccin por la gente sencilla y pobre. En consecuencia, debemos esforzarnos por actuar modelos de evangelizacin menos vinculados a la fuerza y a la seguridad, que brotan de la cantidad y de la riqueza de los medios, y hacindonos disponibles a dejarnos ensear por los pobres y a poner nuestra confianza slo en Dios.

12. Este Consejo Plenario de la Orden afirma que tambin la pobreza, elemento esencial de nuestra vida, debe ser vivida a la luz de cuanto dicen las Constituciones a cerca de la unidad y de la pluriformidad de nuestra vocacin franciscana. Por una parte, la unidad se vive en referencia a la fraternidad y al principio "a causa de la misma vocacin, todos los hermanos son iguales" (Const. 84,3). Por otra, ya que los contextos de vida son diferentes, sin una sana inculturacin, no ser jams posible una autntica pluriformidad, ni una autntica evangelizacin. La inculturacin de la pobreza debe llegar hasta el hbitat, los edificios, el tenor de vida, los medios pobres de apostolado, el estilo externo de nuestra presencia.

Los criterios que deben guiar la inculturacin pluriforme son:

  • la fidelidad creativa de la fraternidad al nico espritu que anima la Orden y que habla tambin en las diversas Circunscripciones y en los signos de los tiempos;

  • la comunin fraterna y la obediencia a los superiores, centro de unidad del carisma (cfr. Const. 5,5) ;

  • la aceptacin gozosa del ser diferentes y, no obstante, estar en comunin;

  • la disponibilidad a compartir todo lo que nos pertenece.

13. La norma de las Constituciones: "el mnimo necesario, no lo mximo permitido" (n. 67,3) puede ser aplicada significativamente slo en el contexto de la sociedad en que viven los hermanos. Por eso proponemos que los hermanos en cada Circunscripcin aplique esta norma a sus circunstancias especficas. Con la introduccin del control del presupuesto y de los lmites del gasto, las comunidades locales y la fraternidad provincial pueden contener el uso de sus recursos y dar un ejemplo adecuado de moderacin y tambin de austeridad.

 

FUENTES DE SUSTENTO: EL TRABAJO Y LA LIMOSNA

14. El trabajo contribuye a perfeccionar la obra de la creacin, es un beneficio para la sociedad, une la comunidad y realiza la persona. La pobreza evanglica, entendida como seguimiento de Cristo, restablece la dignidad del trabajo en un mundo que lo ha reducido a un simple bien econmico. Para nosotros franciscanos el trabajo es una forma de solidaridad entre nosotros y con el pueblo, y fuente primaria de sustento.

Por eso queremos evidenciar aqu algunos aspectos: que el trabajo promueva la valorizacin del individuo y contribuya a las necesidades de la comunidad; todos los hermanos tengan igualdad de oportunidades en la formacin; tngase conciencia crtica de las dinmicas presentes en el mundo del trabajo.

15. La tradicin franciscana ha visto siempre el trabajo como gracia y, por esto, a todo hermano le es permitida cualquier actividad, con tal de que sea honesta y conforme a nuestro estado de menores (cfr. Test. 20 ; Rnb 7,9 ; IV CPO, n.49). Sabemos que la realidad del trabajo es relativa a las condiciones econmicas de los diferentes perodos histricos y de los diversos contextos geogrficos. Dentro de tal variedad debemos apreciar todas las actividades: apostlicas, caritativas, intelectuales y manuales. La Orden siempre ha valorizado la actividad apostlica entendida sea como accin sacramental que como evangelizacin en sus mltiples formas. Es ste un tipo de trabajo al que hay que darle la dignidad y el espacio conveniente. Adems de esto, nosotros queremos subrayar: la dignidad y la utilidad del trabajo manual; la necesidad, en el contexto actual, de una profesionalidad especfica para determinadas actividades, con igualdad de oportunidades y de acceso tanto para los hermanos clrigos como para los no clrigos. Para tener vivo en nosotros el sentido del don y de la gratuidad, debe haber en cada comunidad un justo equilibrio entre actividades remuneradas, necesarias para la subsistencia de la comunidad, y actividades gratuitas, siempre convencidos que el hermano no debe ser evaluado por el trabajo que realiza y por el dinero que gana. A la base de la opcin por una actividad individual se d siempre un dilogo o discernimiento comunitario (cfr. Const. 76,2 ;77,4), para evitar que el trabajo de un hermano llegue a ser propiedad privada y produzca inamovilidad y cerrazn frente a las necesidades de la fraternidad local y provincial.

16. El trabajo domstico es tan importante que quien no toma parte en l debilita la fraternidad (cfr. IV CPO, n.19). La efectiva colaboracin de todos los hermanos a la vida ordinaria de la fraternidad - verificada en el captulo local - es til para hacer crecer el sentido de la fraternidad, de la igualdad y de la recproca dependencia o ayuda. El trabajo domstico nos introduce en el estilo de vida de la gente sencilla. Sin embargo, no se configura slo como trabajo manual; de hecho, en las comunidades modernas, los oficios van del huerto al ordenador y todo hermano puede poner a disposicin sus habilidades prcticas o intelectuales.

En algunas reas de la Orden con frecuencia se asume personal seglar para las actividades de nuestras casas, a causa de la ancianidad, de la disminucin de los hermanos o de sus muchos compromisos, sobre todo, cuando las casas son muy grandes. Es posible recurrir a ello, con tal de que sea hecho segn las leyes vigentes; pero es necesario evitar que sean soluciones habituales, o tales que generen en nosotros una mentalidad de patrones.

17. Vivimos en una sociedad que corre cada da ms velozmente a causa de la solicitacin de compromisos, de los plazos y de los modernos medios de comunicacin. Nuestras fraternidades no estn libres de tales solicitaciones, por lo que, adems del peligro de la ociosidad, deben evitar el del activismo, incluso de tipo apostlico. Ante esta tendencia, conviene estar atentos a que el activismo no termine por daar la vida fraterna, eliminando los espacios de reflexin, de estudio, de intercambio entre los hermanos de la comunidad y, sobre todo, no comprometa nuestra "oracin y devocin", quitando de esta manera la armona del vivir. El prevalecer de la actividad puede llevarnos a una confianza excesiva en el hacer y a un protagonismo personal, como si el Reino de Dios no fuera obra del Espritu, y como si la escucha, la acogida y el silencio delante de Dios no sirvieran para nada.

18. El trabajo "extraconventual" o para terceros, incluso de ndole profana, practicado en nuestra historia antigua y moderna ha tenido en tiempos recientes una particular relevancia en la experiencia de las "pequeas fraternidades" o de las "fraternidades de trabajo". El fenmeno era motivado por el deseo de inmersin o "encarnacin" en el mundo del trabajo, en particular como asalariados en la condicin obrera. Hoy las condiciones del trabajo han cambiado: disminuye la ocupacin, la condicin obrera no es ya una referencia privilegiada como poda ser para las "pequeas fraternidades"; y sin embargo, la ilusin que les mova puede justificar todava hoy una opcin por el trabajo asalariado, quizs no en fbrica, pero s en ocupaciones humildes, fatigosas y dependientes. Se trata de nuestra participacin a la condicin de vida de gran parte de la humanidad; y lleva consigo un testimonio evanglico para los dems, con valor educativo tambin para nosotros. Pero queda siempre determinante la fraternidad (Const. 77,3; 79, 1 - 2) como lugar de vida y como ocasin de confrontacin y de apoyo.

19. La calidad de los compromisos y la profesionalidad exigidas hoy da para atender a algunas actividades dan a nuestra Orden una mayor estabilidad de oficios y de presencias, pero corre el peligro de que se transforme esto mismo en algo esttico. Para evitar la prdida del sentido de la itinerancia, que nos hace vivir en este mundo como "peregrinos y forasteros" (cfr. Rb 6,2 ; Test 24), hgase con frecuencia una confrontacin serena en el mbito comunitario y con los superiores, para evaluar cada vez nuestra disponibilidad a cambiar o a quedarse, en base al bien de la misma comunidad y del pueblo de Dios del que tenemos responsabilidad.

20. La limosna ha jugado un papel importante en la vida de san Francisco y de sus seguidores hasta nuestros das: manifestaba su dependencia de la gente entre la que vivan, instauraba relaciones ms estrechas con las personas, y siempre ha sido un medio de insercin capilar en el pueblo y un eficaz instrumento de evangelizacin. Hoy han aparecido nuevas formas de pedir la limosna (secretariados misioneros, fundaciones, pas uniones, boletines, calendarios, etc.). No obstante, queda el deber de encontrar nuevas modalidades de contacto directo y personalizado con la gente y de desarrollar un apostolado humilde y casi de persona a persona con todos los grupos de personas, tanto pobres como ricas.

Conviene reactualizar los valores que subyacen en el pedir la limosna: la confianza en la Providencia de Dios, el sentido de dependencia y de reciprocidad entre nosotros y la gente. La gente nos da porque nosotros damos a los pobres; debemos recoger la limosna para dar limosna.

 

HERMANOS POBRES Y SOLIDARIOS

21. La condivisin de los dones entre las distintas iglesias locales es una de las dimensiones esenciales de la catolicidad (LG 13). Para san Francisco, la condivisin de bienes va ms all de la obligacin jurdica y entra en la esfera del amor recproco "porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal (cfr. 1 Tes 2,7), cunto ms amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual?" (Rb 6,8). La Sollicitudo rei socialis define la virtud moral de la solidaridad como "una determinacin firme y perseverante a empearse en el bien comn, esto es, en el bien de todos y de cada uno, porque todos somos responsables de todos" (SRS 38). San Francisco subraya esta definicin de la solidaridad al proclamar la visin de una fraternidad en la que nadie sienta vergenza de depender de los dems (cfr. Rnb 9, 6 -7). De hecho, Francisco afirma claramente que la dependencia es una consecuencia de la creacin y de la redencin, y por tanto es un derecho (cfr. Rnb 9, 8). Adems la interdependencia exige el don teologal del amor que enriquece a quien da y a quien recibe del mismo modo (cfr. Rnb 9,9). La comunin fraterna y la interdependencia deben inspirar y definir nuestras estructuras de solidaridad entre las fraternidades locales, provinciales e internacionales, as como nuestra interaccin con el mundo y en particular con el mundo de los pobres.

22. La solidaridad no es, en primer lugar, dar cosas a los otros. Es interdependencia mutua y fraternidad. La cultura de la solidaridad crea nuevos modos de entender y de vivir las relaciones con los otros. Francisco, yendo a los leprosos, cambi su modo de relacionarse con ellos. Para ser solidarios se debe cuidar de todo hermano, sobre todo de aquellos que son excluidos de la condivisin de los bienes de la sociedad; escuchando el grito de los pobres debemos actuar para que la solidaridad global llegue a ser un nuevo orden social.

23. En las diversas formas de solidaridad ad extra hay que incluir la atencin a las familias de origen de los hermanos, segn la invitacin de Francisco a respetar la madre de un hermano como suya propia. Parece til sugerir que sea no el individuo, sino la fraternidad la que cumpla estas opciones de solidaridad, teniendo presente tambin en la confrontacin comunitaria la invitacin evanglica a transfigurar los lazos de la carne y de la sangre para poder vivir con plenitud la pertenencia a la fraternidad capuchina y la apertura a los necesitados no protegidos.

24. La Orden ha tenido en el pasado una estructura de solidaridad internacional muy eficiente, basada en la relacin Provincia/Misin. Las transformaciones que se van dando en la Orden exigen una revisin a fondo para que podamos continuar viviendo esa solidaridad segn el espritu de san Francisco. Con tal finalidad presentamos las siguientes propuestas:

  1. Porque somos una Orden de Hermanos, la solidaridad debe pasar de una fraternidad a otra y no slo de un individuo a otro.

  2. Debemos vivir la pobreza evanglica en el contexto de la cultura particular en la que estamos insertados, vinculados a un pueblo concreto. Por eso, la solidaridad internacional no debe sacarnos de nuestras races ni comprometer nuestros lazos culturales.

  3. Estando nuestra fraternidad diseminada en muchas culturas, deberemos buscar la equidad, ms que la igualdad. La equidad exige que cada provincia tenga la capacidad de responder a las necesidades de los hermanos y de los ministerios segn la medida de los propios contextos de cultura y de pueblo. No buscamos establecer un estilo de vida capuchino igual para todo el mundo, y, sin embargo, es necesario que los hermanos en todo el mundo, liberados de la miseria, vivan en unas condiciones de vida aceptables.

  4. El principio de subsidiariedad exige que ninguna Provincia tenga el derecho de pedir a las otras lo que puede ser provisto mediante el trabajo de los hermanos y la limosna.

  5. La solidaridad franciscana va ms all del derecho y de la justicia. Brota de la generosidad del amor fraterno.

  6. Una solidaridad eficaz exige transparencia de parte de quien da y de quien recibe.

  7. Las estructuras actuales de solidaridad entre las circunscripciones de la Orden no parecen responder adecuadamente a nuestra condicin de hermanos que pertenecen a la misma familia. Por tanto el prximo Captulo General articule de una manera general y funcional una nueva estructura estable de solidaridad entre las circunscripciones y las conferencias, entre ellas y con toda la Orden, teniendo presente cuanto dicen las Constituciones: "las fraternidades entreguen los bienes no necesarios a los superiores mayores para las necesidades de las circunscripciones, o a los pobres, o para el desarrollo de los pueblos" (Const.67,4). Un eventual grado mayor de centralizacin deber continuar a tener en cuenta las relaciones fraternas existentes histricamente entre las circunscripciones.

  8. Ya que somos miembros de una nica familia, las comisiones de solidaridad de nuestra Orden deberan incluir no slo representantes de las Provincias que dan, sino tambin de aqullas que reciben.

25. Nuestra solidaridad hacia los ltimos y los que sufren se expresa de un modo correcto tambin en estructuras/obras sociales y caritativas. Sean administradas segn las leyes y, en cuanto posible, sean dirigidas con la colaboracin, a diversos niveles, de personal seglar competente y formado en los valores de la solidaridad. Nuestra tarea especfica y privilegiada sigue siendo la animacin a nivel humano y espiritual (cfr. Const. 71,9).

26. Francisco canta con gratitud filial la reconciliacin de la creacin y la compasin por todas las criaturas (cfr. Carta circular n.12). Con tal espritu los hermanos se empeen por la paz, la justicia y la integridad de la creacin, usando con parsimonia los recursos de la "madre tierra" y cuidando con sentido de responsabilidad fraterna de los ltimos (V CPO, n.65), de los que no tienen voz, de las generaciones futuras. Tales opciones se expresarn no slo animando y participando, en modo crtico, en los movimientos de solidaridad y de ecologa, sino tambin, y sobre todo, viviendo de una manera sobria, contentos con lo poco que tengamos y no ciegamente dominados por la sociedad de consumo.

27. El principio de solidaridad debe promover la cultura de la participacin, del cuidado de los otros y el caminar juntos. Con tales motivaciones los hermanos vayan adelante en su empeo de solidaridad fraterna con todos los hombres de buena voluntad y, en particular, con las hermanas de la segunda Orden y con los hermanos y las hermanas de la Orden Franciscana seglar; adems, contribuyan al desarrollo de movimientos como el ecumenismo franciscano y eclesial, el dilogo interreligioso e interracial, los encuentros entre el Norte y el Sur, etc.

28. La solidaridad franciscana es una realidad amplia; incluye la responsabilidad de todos y hacia todos los hombres, y el respeto por la integridad de la creacin. Somos hermanos de todos los pueblos y de todas las criaturas (V CPO, n.28). Una solidaridad global es hoy todava ms urgente porque las fuerzas del mercado de la economa global dan un diverso y trgico significado a las palabras de Jess:" A quien tiene le ser dado, y a quien no tiene le ser quitado aquello que tiene" (Mt 13,12). Teniendo presente el ejemplo de san Francisco que no poda soportar la vista de una persona que fuese ms pobre que l, nos debemos empear en escuchar sobre todo a aqullos que son excluidos de la participacin en los beneficios de la economa global.

 

CRITERIOS PARA UNA ADMINISTRACIN FRATERNA Y TRANSPARENTE

29. Francisco permiti el recurso a los medios extraordinarios por manifiesta necesidad de los enfermos (cfr. Rnb 8,3) y de los leprosos (cfr. Rnb 8, 10). Hoy tenemos otras " manifiestas necesidades" - que habr que verificar con atencin - que exigen el recurso a medios extraordinarios como las reservas/ inversiones. Por lo que:

  • las reservas financieras/inversiones slo pueden cubrir aqullas "manifiestas necesidades" que ni el trabajo, ni la limosna, ni la solidaridad interprovincial llegan a satisfacer;

  • las necesidades por las que se invierten ciertas cantidades deben ser determinadas claramente y el rdito de las inversiones debe ser destinado exclusivamente a esas mismas necesidades;

  • en vez de determinar la suma mnima que se ha de invertir para tener una cierta seguridad, una fraternidad franciscana debe establecer un lmite mximo de inversin para ser coherentes con nuestra confianza en la providencia humana y divina;

  • toda inversin, ya sea en forma de bienes inmuebles que en dinero o en otros instrumentos financieros, debe ser regulado y sometido al juicio de las normas ticas. A tal fin puede revelarse vlida y necesaria la colaboracin con otras organizaciones cristianas y religiosas que trabajan en determinadas regiones;

  • por ser Orden internacional nuestras fraternidades estn presentes en un amplio espectro de situaciones econmicas y sociales. Esto exige respuestas pluriformes. Sin embargo, podra resultar oportuno definir algunos criterios nacionales o continentales que regulen la cuestin de las reservas financieras/inversiones.

30. La vida fraterna exige transparencia tambin en las administraciones locales, provinciales y de la la Orden. Esta transparencia comienza en el hermano, contina en la fraternidad local y tiene su complemento en la Circunscripcin a la que pertenece la fraternidad.

La transparencia expresa y facilita la fraternidad y la solidaridad entre todos los miembros de la Orden.

31. Los captulos locales son el momento privilegiado para elaborar los presupuestos de la fraternidad y para verificar el uso correcto del dinero. De hecho, tambin nuestra ecoma debe ser expresin de fraternidad y en el captulo local se da el lugar apropiado para la confrontacin con los otros valores como el evanglico, la minoridad, etc.

32. Para lograr la transparencia en las distintas administraciones es necesario que en toda relacin ecnomica anual a nivel de fraternidad, de Circunscripcin y de Orden, se indique:

  1. El estado patrimonial o balance;

  2. Las cuentas econmicas o memoria de la gestin con las entradas y salidas;

  3. El presupuesto anual.

Para poder formular correctamente los presupuestos es indispensable un modelo de contabilidad bien estructurado.

33. La fraternidad local puede tener capitales invertidos solamente a corto plazo (liquidez). El capital a su disposicin tiene en cuenta lo necesario para la gestin ordinaria de la comunidad. El superior mayor con su consejo establece el techo mximo dentro del cual cada fraternidad puede desarrollar su gestin (cfr. Const. 73,2). A este fin, las circunscripciones elaboren unos modelos o mdulos apropiados, y estudien la oportunidad de una administracin econmica centralizada a nivel provincial.

34. La transparencia es tambin necesaria para las entidades provinciales administradas separadamente: misiones, actividades pastorales, obras sociales y fondos diversos. El rgano de las decisiones y el control lo tiene siempre el superior mayor con su consejo. El control administrativo podr ser confiado por el superior a personas u otros rganos competentes en el marco de las finanzas, compuestos por religiosos o seglares.

35. En la relacin administrativa de cada Circunscripcin deben constar las inversiones financieras destinadas sea al servicio de la provincia sea a otras obras. En lo que se refiere al estado de cuentas, debe figurar en l tambin el valor comercial de los bienes no instrumentales, es decir, aqullos que no sirven para una gestin ordinaria de la circunscripcin (por ejemplo, terrenos, construcciones no utilizadas, casas en alquiler, etc.).

36. Teniendo en cuenta los criterios de solidaridad establecidos en este VI CPO, cada circunscripcin, despus de haber escuchado la propia Conferencia, y teniendo en cuenta nuestras Constituciones (cfr. nn. 67,7; 73,1), decida a nivel de Definitorio, o eventualmente de Captulo, cuanto sea necesario para la propia gestin ordinaria y a cunto deben llegar sus reservas/inversiones para los gastos extraordinarios ad intra (mantenimiento de los edificios, enfermos, seguros del personal, formacin) y para la solidaridad ad extra (misiones y caridad).

37. En cuanto a las inversiones, adems de la transparencia, es necesario que nos atenemos a los principios ticos. En referencia a las Constituciones (cfr. n.66,3), consideramos aceptables las formas de inversin en uso hoy en la sociedad civil. Pero para nosotros existen condiciones que es preciso respetar:

  1. Evaluar los efectos tanto positivos como negativos de toda inversin ("responsabilidad tica"), promoviendo, en cuanto sea posible, inversiones en consonancia con la justicia.

  2. Evitar las inversiones nicamente especulativas.

  3. En cuanto posible, hacer tales inversiones en la propia rea socio-econmica o en los pases ms pobres.

En este contexto, es importante que cada circunscripcin verifique su propio modo de obrar, teniendo en cuenta las circunstancias de otras circunscripciones y las leyes financieras y de control de los respectivos pases. Las operaciones de inversin no pueden ser competencia de una sola persona, sino que deben ser aprobadas por los superiores mayores y pueden aprovecharse del asesoramiento de personas seglares competentes, especializadas en el campo financiero y que conocen el carcter evanglico de nuestra Orden.

38. En cuanto a las casas, las indicaciones de las Constituciones y de los precedentes Consejos Plenarios son ms que suficientes para soluciones concretas (cfr. I CPO, n.53). Los hermanos deben vivir en este mundo como peregrinos y forasteros. Por tanto animamos a todos los hermanos a reexaminar si los lugares donde habitan actualmente dan la suficiente impresin de la dependencia de la providencia divina y a verificar si son proporcionados al nmero de hermanos y a las actividades que all se realizan.

39. Nuestras casas sean sencillas y acogedoras y en ellas se conjugue la modesta sobriedad del hbitat con un cierto gusto y armona. Nuestras opciones de vida deben dejar la propia huella tambin en las construcciones y en los ambientes; de hecho, es el espritu quien debe plasmar la materia.

40. Los alquileres de los inmuebles de nuestra propiedad sean admitidos segn el contexto en que se vive y segn las indicaciones que el Ministro general con su Definitorio creern oportuno dar. Pero privilegiamos la alienacin de los bienes y de los espacios no utilizados por nosotros. Si esto no es posible, sean destinados a fines sociales con alquileres no especulativos.

41. Se organicen cursos para preparar adecuadamente hermanos que sepan unir competencia en la administracin econmica moderna y coherencia con nuestro estilo de vida.

42. A norma de las Constituciones ( n. 71, 5-6 ; cfr. n.163,3), las relaciones de mitad del trienio de los Superiores Mayores al respectivo Superior sean transparentes y exhaustivas, an en el aspecto econmico. A este fin se elabore un mdulo vlido para todas las circunscripciones. En el contexto actual de la globalizacin, es necesaria una buena red informativa para mejorar la justicia en la distribucin de las ayudas necesarias para las circunscripciones necesitadas.

43. La transparencia que viene propuesta para las fraternidades y para las circunscripciones es tambin vlida a nivel de la Orden. En la caja de la Curia general, adems de lo establecido (por ejemplo, la contribucin anual de las circunscripciones y el 10 % de las entradas para las misiones), debe confluir lo superfluo de cada provincia y los eventuales donativos no utilizados (cfr. Const. 67,7). Se eviten inversiones a largo plazo de capitales destinados para una inmediata solidaridad (por ejemplo, los estipendios de las misas, los donativos para los pobres).

44. La Curia general es el organismo competente para garantizar la solidaridad y la fraternidad a nivel mundial. Interviene a travs de estructuras aptas en aquellas circunscripciones que no son capaces de garantizar las necesidades vitales de los hermanos (lo necesario para la alimentacin, la formacin, la salud, las necesidades de los ancianos). Es necesario que al coordinar las intervenciones de la solidaridad se tenga presente el contexto cultural y social en el que viven los hermanos.

45. Es aconsejable que el Ministro general con su Definitorio establezca las modalidades, y cree las estructuras necesarias a fin de que la solidaridad pueda ser efectiva y eficiente. La gestin de los fondos, de la que el ministro general con el consentimiento del definitorio dispone para responder a estas exigencias, venga evaluada en cada Captulo.

 
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