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RELACIONES |
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| Kuster | Foley
| Aizpurúa | Couturier
| Susin |
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La
minoridad como inspiración para un nuevo modelo de sociedad |
Luis Carlos Susin,
o.f.m.cap. |
Menores a partir de los menores
Y con los menores
Todos estamos de acuerdo: la minoridad
no es simplemente pobreza ni se reduce a ocupar los
puestos más humildes, sino que es una relación de servicio
en condiciones de humildad, es lavar los pies los unos
a los otros. El servicio supone una cierta eficacia
a nivel de realidad. ¿Cómo puede la minoridad ser relevante
para las solicitudes y las expectativas de la sociedad
contemporánea, en un mundo cada vez más globalizado
y con relaciones cada vez más complejas? Pueden las
sociedades en las que nos encontramos presentes pensar
que algo de bueno, una buena noticia, puede venir de
un grupo de hermanos católicos que profesan la minoridad?
A estas preguntas, que se me han hecho durante la preparación
del CPO, creo, en primer lugar, que se podría decir
que la respuesta depende de la calidad que se tenga
de la comprensión y de la interpretación del mundo contemporáneo
y de la calidad de la minoridad respecto a este mundo.
Esta intervención desarrollará cinco puntos: 1. Las
posibilidades de servicio para que se haga realidad
un mundo distinto. 2. La minoridad entendida ante como
relación de servicio que como identidad. 3. La minoridad
como relación que se impone a partir de los demás, de
la experiencia que supone el encuentro con otros en
la minoridad. 4. Las relaciones de servicio que pueden
ayudar a sostenerlas para que un mundo distinto sea
posible. En este punto trato de aludir a las consecuencias
de los tres primeros puntos. 5. Y, finalmente la minoridad
en la compleja dialéctica social, pasando de la cercanía
a la solidaridad organizada sin perder la experiencia
base de la minoridad.
1. Un mundo distinto es posible
Soñar con un mundo distinto so es un
privilegio nuestro. La misión de un hermano menor en
este mundo podría ser, en una cierta medida formal,
la misión de Don Quijote, el Caballero de la triste
figura hecho célebre por Cervantes en su obra maestra
de la literatura española. En este mundo en el que los
grandes ideales aparecen como un romanticismo anacronístico,
continuar soñando un sueño imposible, continuar luchando
una lucha invencible, transformar la dura realidad en
nobleza y ardor, esta misión, en cierta manera, da el
carácter un poco “quijotesco”, con su brutal demostración
de la realidad, con sus análisis socio-económicos, políticos
o psicoanalíticos, puede relegar el sueño de la diagnosis
de la locura y de la melancolía. En el actual estado
de las sociedades, en un mundo donde triunfa la globalización
de los más fuertes y donde nuevas periferias y nuevas
fronteras ahogan la esperanza, la tentación de abandonarse
a la melancolía a causa del fracaso y de la impotencia
puede ser grande. Pero triunfo y victoria, poder y dominio
no son sinónimos de verdad. “Los vestidos pueden ser
enemigos de la verdad”, objetaba Don Quijote ante el
Señor de los Espejos. La verdad y la justicia, como
demuestra la cruz de Jesús, este nuestro Don Quijote
del Reino de Dios, se revela más en las lágrimas de
los que permanecen unidos con las cruces de la periferia
que entre aquellos que están en los centros fascinantes
de sus nuevas catedrales.
“Un mundo distinto es posible”, se
ha convertido en el gran lema del Forum Social Mundial,
un acontecimiento que ha comenzado en el 2001, en Puerto
Alegre, ciudad de la que vengo: a esto me he comprometido
a participar con otros hermanos y teólogos y numerosos
miembros de Iglesias. Después de las tres primeras ediciones
en Porto Alegre, en enero de este año se ha desarrollado
en Mumbai (ex Bombay) en la India. Actualmente se llama
“Movimiento de movimientos” ya que está reuniendo un
número cada vez mayor de organizaciones no gubernamentales,
entidades y movimientos de lucha por la dignidad y los
derechos humanos y ecológicos, por relaciones internacionales
más justas, por el mejoramiento de la existencia humana
sobre la tierra, etc. El Forum Social Mundial ha nacido
como confrontación y alternativa al Forum Económico
Mundial, que se celebra cada año en enero, comenzando
a partir de los años 70 en Davos, Suiza. Se quisiera
afirmar una globalización que considere en primer lugar
las sociedades y no las economías, y estas en función
de aquellas y no al contrario. Mientras tanto, su crecimiento
sorprendente que se tiene cada año, como también la
metodología y su extensión, han superado ya las intenciones
iniciales. Además del Forum Mundial, se celebran forum
regionales y continentales como preparación, emergencias
de base y difusión. Además los forum de ideas en la
red, se han convertido en una gran ventana, una visibilización
de iniciativas, de organizaciones, de creatividad, de
movimientos nacidos en los últimos decenios y que habían
permanecido relativamente aislados e invisibles, mientras
triunfaba con gran clamor el neoliberalismo y el “pensamiento
único”. Desafiando este pensamiento unidimensional y
antropológicamente tan perverso como otras ideologías
del reciente pasado, el Forum Social Mundial se presenta
como un horizonte utópico: la posibilidad de un mundo
diferente. Este mundo, construido partiendo de la historia
de Occidente, sobre todo de sus últimos cinco siglos,
se está volviendo cada vez más insostenible, impracticable
para grandes partes de la humanidad, no obstante se
esté haciendo una guerra de medios de información con
respecto a la interpretación de la realidad. Afirmar
que no existe una realidad, sino interpretaciones, tiene
un límite en el hambre, en la soledad, en la desesperación,
en la muerte. Este es el límite rápidamente conocido
por grandes partes de la humanidad y que los medios
ligados a los intereses dominantes, coherentemente,
dejan oculto y en el olvido. Un mundo diverso es necesario
y urgente. El Forum Social Mundial no pretende, sin
embargo, ser sólo un sueño, teniendo como único punto
central el horizonte utópico. Presenta también las múltiples
potencialidades de la realidad con una vasta escala
de iniciativas que son un signo de este posible mundo
diferente.
En la apertura del segundo Forum Social
Mundial, inmediatamente después de la enunciación del
lema indicativo – “Un mundo diferente es posible” –
la segunda afirmación fue: “No un mundo diferente más
allá o separado de este mundo”. Y la tercera afirmación,
siempre con la solemnidad de una apertura: “Pero diferente
del estado actual de este mundo: este mundo puede convertirse
en otro, puede ser diferente”. Y finalmente: “Podemos
hacer de este mundo un mundo nuevo”. Para quien trabaja
con la soteriología, con la escatología -- o los “novísimos”,
como se decía en otros tiempos -- estas afirmaciones
son un eco de la secularización realizada por la modernidad
de lo que hay en el corazón de la esperanza y de los
compromisos cristianos, en el horizonte de las expectativas
y del mesianismo cristiano: la salvación humana con
el mundo y la salvación del mundo con la salvación humana,
sin separación y sin confusión. Finalmente: Nuevos Cielos
y Nueva Tierra, donde no habrá ya más lágrimas, ni llanto,
ni luto, ni dolor (cfr. Ap 20-21). Nos podremos por
fin alegrar del hecho de que, en la coordinación del
Forum Social Mundial, hay también personas de sólida
formación cristiana. Pero existe una pluralidad de tradiciones
religiosas, con su ética de responsabilidad, en las
biografías de los miles de participantes. Si bien el
“sujeto” o “actor” del Forum sea la sociedad civil con
sus organizaciones, sin connotaciones políticas y sin
connotaciones religiosas excluyentes, están explícitamente
presentes también miembros de otras religiones, con
tal de que acepten la Carta de los Principios éticos,
de respeto a la pluralidad y de métodos no violentos.
Evidentemente el Forum Social Mundial
es todavía frágil bajo muchos aspectos. Existe, efectivamente,
dosis de romanticismo, de confusión de aquel caos que
normalmente se manifiesta en las fiestas populares de
grandes masas, afirmaciones de identidad de forma exagerado,
restos de manifestaciones de los grupos radicales paralelos
al Forum con ideologías anacronísticas, etc. Y existe
siempre un interrogativo sobre su eficacia. Pero mientras
tanto, mostrar lo que está sucediendo en las distintas
zonas del planeta, incentivar comunicaciones y redes,
crear empatías y afinidades, reforzar la esperanza,
todo esto tiene un gran valor práctico. Sin embargo
la eficacia decisiva del Forum es el horizonte que desvela
como posible: “Un mundo distinto es posible”.
La reflexión que sigue ahora mira a
la eficacia de la minoridad, teniendo como horizonte
los miles de entidades y de personas que forman el Forum
Social Mundial y sus propios horizontes sociales y utópicos.
Quizás sea bueno reafirmar con claridad algo que es
anterior a toda eficacia: la minoridad, en su esencia,
en su secreto o más profundo misterio, se mueve en el
ámbito de la gratuidad, de la gracia o don sin medida
ni cálculos. También en este sentido son impresionantes
la densidad de generosidad y la gratuidad humana que
mueven millares de entidades que se unen en el Forum
Social Mundial. ¿No podremos reconocer en ello la acción
del Espíritu? Pero para comprender la relación entre
la minoridad y esta manifestación gigantesca de la sociedad
civil mundial, conviene que nos pongamos de acuerdo,
si quiera mínimamente, sobre qué significa la minoridad,
ya que se trata de nuestra identidad, y las identidades
hoy son un problema.
2. Minoridad: una identidad en la
relación
Cuando Tomás de Celano refiere que
Francisco indica el nombre de su grupo quizás debamos
pensar en la Biblia: “Quiero que esta fraternidad se
llame Orden de Hermanos Menores” (1 Cel 38). Por lo
que, como otros lo saben decir mejor, la esencia de
la Orden no es sólo ser hermanos, sino ser hermanos
en la forma, con la modalidad de “menores”. Ambas palabras
definen la identidad, el ser propio del que realmente
pertenece a la Orden. El nombre es, bíblicamente, una
vocación, una llamada para convertirse en una identidad.
Mientras tanto, por causa de la “minoridad”, esta identidad
es paradójica, contiene algo de contradictorio, es una
identidad “al revés”, incluso escandalosa. Sin un choque
y un aturdimiento que interrumpan el camino de la identidad
y lo pongan del revés no se comienza la aventura de
ser hermano menor. Para comprender con mayor profundidad
la necesidad de este choque y como este pueda suceder,
nos detenemos brevemente sobre el drama de la identidad.
Creo que el drama -- tan crudamente expuesto por nuestro
querido P. Lázaro Iriarte -- de las luchas sobre la
pobreza se debieron a su disociación de la minoridad,
y que esto tiene mucho que ver con el problema profundo
de la identidad en la historia de Occidente.
La prioridad de la afirmación de la
identidad, la búsqueda de la propia esencia, del propio
fundamento, del propio sentido, poniendo en segundo
lugar o como parte de la odisea de la identidad la relación
con el otro, con las diferencias, es el origen de la
guerra, de la ignorancia, de la no aceptación, de la
injusticia. Es posible constatar y afirmar que este
instinto de afirmación de la identidad no sea sólo el
drama de una determinada historia o de una determinada
cultura, sino que sea algo antropológico e incluso zoológico.
Pero, para no quedarnos en generalidades, conviene reconocer,
como muchos pensadores contemporáneos, que la historia
de Occidente está caracterizada por este círculo de
la Odisea, de la nostalgia de sí mismo, del propio significado
y fundamento, con la búsqueda de sí mismo y con la autoafirmación
victoriosa en cada contacto con lo que es diferente…
La afirmación de la identidad puede existir incluso
en la fascinación de la mística, en el confundirse con
lo divino, en la belleza de su misterio, y es lo mismo
que sea en una teología o liturgia de la belleza o en
una belleza de la teología y de la liturgia. Pero este
lado estético, como el lado intelectual y el lado político,
tiene también su lado guerrero, su violencia elevada
a la nobleza de las batallas heroicas. El círculo de
la identidad coloniza, sojuzga, manipula, aniquila,
anula en fin toda revelación de alteridad y rechaza
una conversión que no provenga de la profundidad de
sí mismo. Políticamente, en el pasado reciente, hemos
experimentado un recrudecimiento de los nacionalismos,
de las ideologías totalitarias. Más recientemente, a
partir de las regiones más liberales, las luchas de
afirmación de las minorías. Finalmente estamos volviendo
al fundamentalismo en sus diversas versiones. Es el
fundamentalismo terrorista, que es el más frágil, que
actúa sólo bajo la forma de la guerrilla. Es el fundamentalismo
con guerras de temor y de miedo que parte de los más
fuertes, que se sienten ingenuamente legitimados en
el uso de la fuerza cada vez que su identidad se ve
amenazada. Todos coinciden en la búsqueda de la propia
identidad, aun cuando esto signifique un peligroso choque
de civilización en un mundo en el que la mayor globalización
ha obligado a una cercanía que no necesariamente constituye
el cumplimiento del mandato bíblico de estar cercano
al prójimo.
La pregunta sobre la identidad -- para
acercarnos más a nosotros mismos -- es si en términos
cristianos, católicos y eclesiásticos, y también espirituales
y místicos, no caminamos por el mismo camino. Profundizar
sobre la misma minoridad como identidad ¿no podría tener
esta preocupación para nosotros mismos? En términos
eclesiológicos, basta hojear los textos sobre las “notas”
de la Iglesia y las disputas sobre cuál es la verdadera
Iglesia, sobre qué realiza y hace visible la identidad
como Iglesia de Cristo, para darnos cuenta del círculo
medio del problema, antes de entrar en el círculo estrecho
de las disputas franciscanas. Si a las notas ortodoxas
de la Ecclesia Una, Sancta, Catolica et Apostolica añadimos
también la nota de occidental, latina, histórica y cultural,
de su romanidad -- también con plena conciencia de cuanto
Francisco amó y quiso obedecer a la Ecclesia Romana
-- entonces el drama de la identidad quedará aun más
manifiesto en la Iglesia de hoy.
Pero la prioridad de la búsqueda de
la afirmación de la identidad no es el único principio
que ha construido la historia de Occidente. Con la odisea
de conquistadores y descubridores, de colonizadores
y de constructores de grandes imperios, Occidente ha
quedado también evangélicamente traumatizado por la
incesante peregrinación de Abraham, de Moisés y de Elías,
de los pobres de Yaweh y, finalmente del camino pascual
de Jesús. En el camino de Abrahám a Jesús, de Jesús
al Reino de Dios, la entrada o irrupción del misterio
ha conducido a la paradoja de la majestad y al mismo
tiempo de la fragilidad, del océano y de la gota, del
Dios cada vez más grande pero siempre encontrado unido
con el humilde (cfr. Is. 57, 15). La antropología bíblica
ha llevado dentro del Occidente la inquietud y la peregrinación,
la ética del otro por encima y antes de la ética de
la identidad, del orden y de la institución. Por esto
Occidente es un cortacircuito continuo entre la afirmación
de la identidad y la renuncia de sí en favor de la trascendencia
y de la ayuda al otro, una mezcla de colonización y
de misión, entre el fervor sincero del humanismo y la
imposición del propio humanismo a los otros.
El Concilio Vaticano II ha puesto la
identidad de la Iglesia sobre el camino de su vocación
peregrina, de su razón de ser, en la misión evangelizadora
y en la búsqueda del Reino de Dios por encima de ella
misma. Es una verdad muy sencilla y al mismo tiempo
extremadamente inquietante: el Reino de Dios es más
grande que la Iglesia, es anterior y está por encima
de ella, es su horizonte de autosuperación. Al mismo
tiempo, es más frágil y más pequeño que la Iglesia,
es una exigencia de ayuda. Esta es una de las lecciones
del cortacircuito entre la identidad y la autotrascendencia,
entre la afirmación de sí y la renuncia de sí a favor
de algo más grande y al mismo tiempo más humilde.
En esta historia podemos constatar
con renovada timidez y admiración que la experiencia
de Francisco ocupa un puesto de relieve. Indicando que
el camino de la identidad de la Orden sería el estado
de los menores, toma para sí y para nosotros una palabra
esencialmente relacional de una posición en modo alguno
confortable. Se sabe lo que significaba, en la sociedad
de Francisco, pertenecer a la clase de los “menores”
por eso ahora no hay que insistir en ello. Quisiera,
sin embargo, subrayar una cosa que es obvia: que la
palabra “menor” indica una relación antes que una identidad.
La identidad se define a partir de una relación fundamental.
Y aún más es una relación comparativa: presupone que
alguno es ‘mayor’”. Si quisiéramos saltar inmediatamente
de la relación social de clases de mayores o menores
del tiempo de Francisco a la relación mística de ser
menores delante del misterio mayor que es la majestad
divina, correríamos el riesgo de anular la importancia
de la minoridad en la sociedad en la que vivimos. Por
el momento basta afirmar que la minoridad nos traslada
de la prioridad de la afirmación de la identidad a la
prioridad de la relación de autotrascendencia, una relación
con lo que hay de mayor y de más humilde en nosotros
mismos, que nos define como identidad sin que podamos
tener el control sobre ella: viene dada a partir de
los demás, a los que lealmente consideramos nuestros
amores “mayores”. Y quizás con cierto temblor pero también
con cierta parresia, constatamos que el momento actual
de la Iglesia, en sus complejas relaciones internas,
se inclina más para la defensa y el profundizar de la
identidad que para la autotrascendencia en relación
con lo que, en el mundo es más humilde.
3. Minoridad: una relación que se
impone a partir de los demás
Es muy útil recorrer la memoria que
hace francisco al comienzo del Testamento: “El Señor
me concedió a mí, hermano Francisco, que así empezase
a hacer penitencia; porque, como yo estaba en pecados,
me parecía muy amargo ver los leprosos; y el mismo Señor
me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia
con ellos” (Test 1).
Para los científicos de la religión
que tratan de comprender la estructuración de la experiencia
religiosa, este momento de Francisco se manifieste como
precioso. Con pleno derecho la hagiografía edificante
ha insertado en esta experiencia fundamental de Francisco
muchas narraciones, dada su importancia decisiva. Lo
que importa poner de relieve, para nuestro tema de la
minoridad, es que esta experiencia básica tiene en primer
lugar un impacto desestructurante, demoledor, capaz
de provocar un vacío incontrolable, una verdadera kénosis.
Hoy, en esta “era de vacío” de la cultura occidental,
en este momento de liquidación de toda la modernidad,
en la que las grandes instituciones tienden a la disolución,
la experiencia del “vacío”, de la kénosis, es un hecho
bastante dramático. La próxima reunión de los movimientos
cristianos en búsqueda del “alma de Europa” es de ello
un síntoma significativo.
La kénosis de la experiencia básica
de Francisco no es puramente mística. Ella proviene
de la revelación del otro “leproso”, en su humanidad.
Esta asociación de lo que es informe, bruto, doloroso,
obsceno por su repugnancia, que es vivido inicialmente
como amenaza de la que instintivamente uno se aleja,
con lo que hay de humanidad que resiste en su fragilidad
y pureza, es el lugar donde el Señor cambia a Francisco
en un “menor” entre los menores. En la historia bíblica
y en la historia de las religiones, antes que cualquier
aspecto institucional, contamos con biografías traumatizadas
de este momento. No hay religión sin compasión y no
hay compasión sin dolor y perdida en un encuentro inesperado.
Por lo que ser “menor” no es un acto
voluntarista, una decisión hecha bajo el control de
la razón y del cálculo, un proyecto madurado con claridad
de conciencia. Nadie se hace menor o se despoja y sirve
a los demás sin el choque y el escándalo capaz de transformar
lo amargo en dulce y viceversa. Esta transformación
no está en nuestro poder y no comienza en nosotros.
La minoridad inicia en una relación que se impone a
partir de otros menores, como gracia que por encima
de nuestra naturaleza, algo realmente “sobrenatural”
en donde Creador y criatura vienen amorosamente asociados.
Esta referencia antropológica y ética al “otro menor”
y a la compasión como forma más abismal del amor y de
la mística hace posible el comienzo de la minoridad.
De nuevo el recuerdo de Francisco es
precioso: “Y deben gozarse cuando conviven con gente
de baja condición y despreciada, , con los pobres y
los débiles, y con los enfermos y leprosos, y con los
mendigos de los caminos” (Rnb 9, 3). Según la lección
que de ello hace Lázaro Iriarte, con la conventualización
y la clericalización de la misión evangelizadora, esta
relación y este ambiente original, sencillo y sin polémicas
comenzó a extinguirse muy pronto en el horizonte, y
la minoridad fue engullida por una búsqueda de pobreza
ascética y mística, poco diferente de los comportamientos
austeros de los cínicos griegos y de sus polémicas ascético-políticas.
La pobreza misma, como sabemos, se convirtió en una
polémica trágico-cómica dentro de la Orden y en el seno
de la Iglesia.
La minoridad, entonces, es un don que
recibimos de Dios a través de la presencia y la meditación
de otros, de los menores de este mundo. Sin esta experiencia
fundamental, todo lo demás es pura retórica. Partiendo
de esta experiencia básica podemos tener esperanza de
contribuir de manera adecuada, como menores, en un mundo
evangelizado con las buenas noticias de justicia y de
paz.
4. Minoridad: relaciones de “sustentación”
para un posible mundo diferente
Esta bien, ahora, analizar de modo
más profundo la comprensión que tenemos hoy de nuestras
sociedades para situar en ellas la relación de minoridad
y sus posibilidades para la sustentación de un mundo
que esperamos. En el gran romance de Cervantes es la
confrontación entre el Caballero de la Triste Figura
con el Señor de los Espejos.
4.1. Entre los sistemas y el caos:
la actual condición popular en las regiones de exclusión
La sustentación del mundo es, hoy,
una de las preocupaciones globales. El poder político
y la estructuración de la economía, continúan realizándose,
en sus formas básicas, con paradigmas impracticables
de tipo filosóficamente cartesiano y científicamente
newtoniano, que divide y mecaniza la realidad. Se trata
de un paradigma guerrero, del tipo “divide et impera”.
Por fin las especializaciones científicas y la tecnología,
así como la razón crítica e instrumental, la filosofía
analítica, los métodos histórico-críticos, se han desarrollado
dentro de este paradigma, en el que la verdad es sinónimo
de dominio, de reconstrucción. Así la verdad científica
se vuelve impotente para generar significado y vida.
Finalmente la autoridad y la obediencia, como también
la educación y el magisterio -- incluso el eclesiástico
– se convierten en relaciones violentas: “¡manda quien
puede y obedece el que debe!”. Este paradigma ha convertido
nuestra relación con el mundo, con el ecosistema de
la tierra y nuestras relaciones sociales insostenibles
desde todos los puntos de vista: políticamente, económicamente,
culturalmente, ecológicamente, espiritualmente.
Una nueva comprensión del mundo emerge,
mientras tanto: más sistemática y más holística. Sobre
esto existe una abundante literatura. Una de las teorías
más fascinantes es la de la “auto-organización” y del
resurgir de la vida en condiciones cada vez más complejas.
La otra es la “teoría del caos”, con sus tremendas dosis
de casualidad. Finalmente, incertidumbre y determinación,
complementaridad y desvanecimiento de estructuras para
hacer posible el renacer de estructuras más complejas,
todo esto ha ayudado a diseñar, a partir de la nueva
física del siglo XX, un nuevo paradigma sobre el que
están todavía tentando un nuevo nacimiento también la
antropología, las relaciones sociales, la economía,
la política y la ética, la visión ecosistémica y holística,
finalmente la espiritualidad, las tradiciones religiosas
y la teología. Y con dosis residuales de resistencia
y de patético fundamentalismo por parte de muchas instituciones
. El hecho es que, en algún modo, las nuevas posibilidades
de comprensión y de actuación no vuelven las cosas más
sencillas, sino más complejas, comenzando por exigir
una nueva alfabetización y una nueva toma de posición
ética. Cuando cambia el paradigma, todos vuelven a cero
y los doctores del antiguo paradigma se deben sentar
junto a los analfabetos. Cuando pensamos esto en sentido
político, moral, doctrinal, canónico, es evidente el
desconsuelo, el vacío y la kénosis que tal cambio provoca.
No es retórica ni humildad confesar que, por lo que
respecta a muchas cosas importantes de nuestro mundo,
sencillamente no sabemos qué hacer o qué pensar.
Mientras tanto aprendemos a tener confianza.
Aprendemos de la nueva física que, incluso al nivel
más bajo de las regiones subatómicas de la realidad,
allí donde existe sólo una especie de “mezcla” cuántica
o un vacío cuántico o campos termodinámicos de energía
con meras partículas de realidad que navegan en forma
fractuales, allí donde el caos del macrocosmos existe
también bajo el microcosmo, exactamente allí emerge
el orden, la simetría la organización, los sistemas
de vida que, a un cierto nivel, exigen en modo determinante
nuestra responsabilidad. El caos, por tanto es un abismo
de energías sueltas, de violencia y de muerte,, pero
es también el lugar de nacimiento de la realidad, de
la vida organizada y de la llamada ética.
Es ciertamente verdadero, también que
a cada campo de energía estructurada corresponde un
mayor caos en las zonas en torno a él. En modo transdisciplinar
se puede aplicar la teoría del caos a la sociedad; a
la belleza de las metrópolis ha correspondido, durante
siglos, la explotación de las colonias, así como hoy,
en una gran ciudad del tercer mundo se encuentran delante
límites entre las zonas de un mundo desarrollado y las
grandes áreas de caos urbano. A las grandes áreas residenciales
de buenos pisos cerrados corresponden periferias caóticas,
donde duermen las mujeres que trabajan, los albañiles,
las criadas de estos pisos de modelo noble. Se puede
comprender el mundo de hoy de las relaciones de cercanía
hasta las relaciones internacionales y su choque de
emigraciones y de fronteras, con la escala entre sistemas
más o menos bien logrados y dosis cada vez más abismales
de caos en el universo. Con otras palabras, entre los
que son incluidos en sistemas que dan garantías de vida,
y aquellos que son excluidos y viven peligrosamente
la vida cuotidiana sin seguridad, en medio a la violencia
y la muerte fácil. En la actual globalización y a sus
progresos corresponden nuevas y dramáticas formas de
periferia y de caos.
4.2. La inevitable experiencia de
cercanía del otro “menor”
Fuera de sus sistemas, al margen que
se inclinaba hacia el caos, se encontraron el samaritano
y el hombre caído como muerto a la orilla del camino
entre Jerusalén y Jericó. El doctor de la ley había
preguntado a Jesús cómo podía heredar la vida eterna
(cfr. Luc. 10, 25). Según la Escritura debía cumplir
dos grandes mandamientos: Amar a Dios, en primer lugar,
y amar al prójimo como a sí mismo. Pero la ley debe
saber establecer la identidad y la diferencia, lo que
debe hacerse y también los límites, lo que no se debe
y no es necesario hacer. El problema estaba en trazar
los límites del bloque cerrado: ¿quién es mi prójimo?
Y la parábola de Jesús tiene cuidado, en primer lugar,
de abatir todo tipo de límite, toda frontera. Los hombres
del sistema religioso cumplían la ley con el celo que
correspondía a la santidad de la ley -- un sacerdote
no debía de ninguna manera tocar un muerto, esta era
la primera regla de la santidad sacerdotal (cfr. Lv
21, 1). Según la parábola el sacerdote y el levita vieron
bien pero no se acercaron por razones de santidad. Los
límites bien estructurados de la ley les impidieron
la cercanía, y por consiguiente de cumplir con el espíritu
de la ley. El samaritano, considerado un endemoniado,
odiado por diversas buenas razones, saliendo fuera de
su propio mundo, entre las dos ciudades judaicas más
puras “lo vio y tuvo compasión de él. Se le acercó,
le curó las heridas” (Lc 10, 33b-34a). En la periferia
excluidos de sus sistemas, ambos probaron la experiencia
ineludible de la cercanía sin defensas. Fue la experiencia
de Francisco en el momento de ser arrojado fuera de
su sistema de la desilusión, de la enfermedad, de las
crisis familiares y personal y de la caída de su bello
mundo juvenil: se encontró con el caído y con el excluido.
Era necesario ser arrastrado hacía el abismo, hacia
la kénosis , hacia el vacío, para poder entonces conocer
a un hermano verdaderamente humano, frágil y puramente
humano. En esta condición, la misericordia incluye las
dos partes: en un cierto modo aquel que estaba caído
a la orilla del camino dio al samaritano una posibilidad
de sentirse vivo, de ejercitar con dignidad y eficacia
su compromiso, de tener un valor y un significado --
aquel que estaba caído fue un buen samaritano para el
samaritano. Como los leprosos fueron los que curaron
las llagas de Francisco. En términos lacanianos, la
carencia y el grito del otro suscitan el deseo y la
necesidad de llenar de la propia carencia y del propio
grito si bien sofocado. En el caos de la identidad hecha
a pedazos, en la minoridad forzada, en las ciénagas
peligrosas donde se hunde toda belleza, surge de un
encuentro, de ojos y manos, una primera relación que
podrá formar una red compleja, un sistema vivo y garantías
de vida -- la relación absolutamente pura y sin defensas
con el otro menor.
4.3. De la minoridad del otro a la
propiedad minorítica como itinerancia y como identidad
De la experiencia fundada de cercanía
en la minoridad, en la que se recibe del otro menor
la propia minoridad como vocación, todo puede recuperarse:
el samaritano pone su aceite, su animal, su dinero,
la posada e incluso sus planos, en función de la minoridad
del otro. En este sentido permanece próximo y persevera
como menor: sirviendo la minoridad del otro. Persevera
sin los repliegues de ninguna identidad señora de sí
misma: da lo que es suyo, se queda sin vestidos, y va
hacia delante indefenso, arriesgando nuevos contactos
de cercanía.
Francisco después de su experiencia
fundamental, mística y ética al mismo tiempo, como el
propio Jesús en su bautismo trinitario entre los humildes,
encontrándose con los menores y con Dios en el mismo
lugar y en el mismo cuerpo, se entusiasma y va en medio
al mundo pidiendo alguna limosna, pero siempre da y
persevera en el despojarse de sí mismo, en la pobreza.
No hay que transformar nuestra reflexión en una homilía,
es suficiente afirmar con claridad decisiva: la itinerancia
como la pobreza no es un valor en sí mismo -- buscadores
en el campo (?) y los turistas son itinerantes -- ni
es una mística meramente espiritual -- Dios se puede
encontrar en todas partes. Pero la itinerancia y la
pobreza derivan de la minoridad, que, por su parte,
es una relación de perseverancia en la cercanía, en
el encuentro y en el servicio a los menores que vagan
por cualquier parte porque no tienen un puesto garantizado.
Es para estar con los menores para condividir la condición
de minoridad, para servir con lo que se tiene y con
lo que se puede, para inventar y organizar en medio
al caos, hasta el martirio, que se recibe la vocación
de la minoridad y de la itinerancia -- una itinerancia
para servir y un servir itinerante. Sin servicio, sin
misión en la minoridad, o sea sin que la misión signifique
lavar los pies, ungir las llagas, movidos por la misericordia,
la itinerancia se convierte en ejercicio de poder sobre
los demás. Para servir a su sagrado sistema, con la
dureza de las leyes y sus límites por encima de la misericordia,
también el sacerdote y el levita estaban en camino.
Finalmente, la identidad de “menor”
puede definirse: como una perseverancia en el camino
peligroso de la cercanía, en la apertura de la sensibilidad
llena de compasión y del humanismo cuyo único tesoro,
significado y fundamento, deriva de los otros menores,
del mundo de los menores, de los pequeños y de los pobres,
de los caídos a lo largo del camino.
En términos sociales, la permanencia
de la identidad y perseverancia en las fronteras de
la marginalidad y del caos social, arriesgando la confusión
y la espontaneidad tan tradicionales para definir la
libertad y la alegría franciscana y capuchina, pero
con la generosidad y la responsabilidad de quien puede
ser también aplastado y martirizado tanto por el sistema
religioso como por la violencia espontánea de las situaciones
marginales. Pero se sabe también como una gota que modifica
y en algún modo contiene el océano, como el batir de
las alas de la mariposa en el continente que producirá
una tempestad en medio del mar, así, en la complejidad
en la que todo está en relación con todo, un encuentro
imprevisto en la misericordia redime y recrea el mundo.
5. Minoridad y dialéctica social:
de la cercanía a la solidaridad organizada
La experiencia básica de la minoridad
es un “no lugar”, está más allá de lo cotidiano. No
se puede estar en la orilla, fuera, en el caos y en
la desestructuración completa todos los días. La experiencia
fundamental puede ser sólo un acontecimiento extraordinario,
en el que se tira el fundamento al caos, que se convierte
en el secreto profundo que alimenta la cotidianidad.
Su veracidad y su fuerza, entonces, pueden y deben dar
significado y creatividad a la cotidianidad. En la cotidianidad
estamos de frente no sólo a uno que ha caído delante
de nosotros sino a muchos, ante la multitud de la calle,
de la ciudad. En la dura realidad cotidiana se multiplican
los rostros, los gritos, las necesidades, las diversidades,
la urgencia de las opciones. Y así volvemos al sistema,
a los recursos de la economía, de la política, de los
trabajos, de los proyectos, de las palabras y de las
ideas. La cercanía y la misericordia, la gracia recibida
y concedida entre los menores y Dios, cuya gloria mayor
es ser humilde, exige ahora transformarse en estas realidades
de la cotidianidad social. A esto lo llamamos, últimamente,
la solidaridad en cadena.
No necesitamos inventar la solidaridad:
esta existe en todas partes. Siempre ha existido como
posibilidad misma de cualquier sociedad. Pero adquiere
por sí misma las posibilidades de cada época, y hoy
tiene aspectos sorprendentes. En un área metropolitana
como San Pablo en Brasil, por ejemplo, con sus 18 millones
de habitantes y con altos índices de violencia y de
degradación de todo tipo, prácticamente se contabiliza
el nacimiento de una organización no gubernativa cada
día, con una multitud de iniciativas que, incluso a
nivel del todo local, de barrio o de zona de ciudad,
superan la mera filantropía asistencialista y se constituyen
como lugares de crecimiento, de superación de la fatalidad,
de ciudadanía responsable, en fin de vida nueva. La
propia megápolis, que es cruel y violenta, hace surgir
en medio a sus traumas todo tipo de solidaridad, que
del trauma y de la compasión pasa al descubrimiento,
a la creatividad y a la organización. Un periodista,
al valorar tantas formas de iniciativas de solidaridad
en San Pablo, ha colocado en primer lugar la contribución
de la teología y de la pastoral de la liberación, de
las pastorales sociales de la Iglesia católica en los
últimos decenios, a las que se han añadido los deseos
de un mayor humanismo por parte de los ciudadanos con
buenos recursos culturales y económicos. En situaciones
como esta, en torno a nuestro planeta, la buena noticia
del hermano menor es unirse a esta tarea con corazón
abierto, sin muchos recursos, pero ofreciéndose uno
mismo con los riesgos que implica una tal entrega.
Pero la minoridad, con el tiempo de
la cotidianidad, se carga de complejidad y hasta de
sofisticación, abandonando aparentemente la sencillez
de los momentos básicos. Y, a pesar de la nostalgia,
asume las mediaciones necesarias para poder perseverar
en un servicio eficaz. Y eficacia significa racionalidad,
proyecto, recursos, dinero, comunicación, tecnología,
asociación de personas de niveles diferentes, ejercicio
de políticas, empresariado, inversiones, viajes y, finalmente,
todo lo que puede reforzar la solidaridad en cadena
partiendo de algunas opciones fundamentales. Sobre este
punto la tradición capuchina parece haber acumulado
experiencia: la de ser capaz de pasar dialécticamente
a través de toda la sociedad, de estar al mismo tiempo
al margen y en el centro, sin avergonzarse de pedir
limosna que, en verdad, son un derecho y una herencia
de los pequeños, con los que se identifica el Señor
de todos los tesoros, como enseña la Regla. Es importante
recordar que, desde el inicio, la limosna nunca se pedía
para sí mismo o para los hermanos, y que se insertaba
en un contexto de asociación a la evangelización de
todos, de los que tenían necesidad de bienes pero también
de aquellos que tenían necesidad de aprender a dar algo
de si mismos. La posición de minoridad y de itinerancia
se transforma en puente que une muchas direcciones.
Será entonces siempre decisiva la carga de sensibilidad
de la experiencia básica, la misericordia y la gracia
del encuentro en la minoridad y en la cercanía. Esta
sensibilidad se convierte en un punto de vista, un argumento,
una bandera, aun cuando se diese en los lugares y trabajos
más sofisticados -- en la cátedra, en avión, en medio
de personas elegantemente vestidas.
Un servicio que históricamente se ha
convertido en algo peculiar nuestro ha sido el de la
palabra. En tiempos de alabanzas para el trabajo mecánico,
de la acción sobre la materia, se oía decir que la virtud
consistía en “pocas palabras y mucha acción”. Hoy esto
se revela francamente ideológico e incluso una pretensión
de poder. Lo que los profetas enseñaron y, ante todo,
revela la creación divina, es que la palabra es la gran
mediadora entre el caos y el mundo organizado. El hecho
de que los “fractales” de religiones se difundan en
las periferias con sus elocuentes pastores hoy nos puede
recordar que el pueblo tiene necesidad de ser asistido
pero también tiene necesidad de palabras que curen y
sean y sostengan la esperanza , la autoestima y la poesía
que alimenta la vida humana. Entre las organizaciones
y los grupos de trabajo populares abundan los que parten
de las artes, de la danza, del deporte y no sólo de
la economía o de la formación para el trabajo. Pero
la palabra que sirve, que es eficaz, debe estar cargada
de minoridad básica, de cercanía dialógica, de escucha
atenta, con el fin de que no se convierta en un sofisma
religioso de un falso profeta. La tentación de ser profeta
de corte y de éxito quizás necesite que poco a poco
se haga la experiencia de Ez. 33, cuando los oyentes
se reunían cada tarde para escuchar sus canciones, deleitarse
con sus melodías, pero sin interesarse por sus requerimientos.
El poco éxito de la palabra nos coloca en nuestro puesto
de minoridad con el fin de que ella sea buscada en la
cercanía con los menores.
Con la complejidad cotidiana vuelven
las tentaciones -- la de la ley, de la absorción y de
la autosuficiencia del sistema --, de olvidar la experiencia
del samaritano o del que está caído con el que se tiene
cercanía, para convertirse en el sacerdote y en el levita
convencidos y celosos. Es necesario volver a la experiencia
original de la minoridad como se debe volver a la experiencia
de la oración, de la montaña de la contemplación. Por
lo que tal vez el fallo, la falta de fruto, o la falta
de reconocimiento y la ingratitud, todo puede ayudar.
El dolor de ser Don Quijote o mejor el continuar cercano
al crucifijo por el Reino de Dios, que parece fallar,
es necesario para la minoridad.
De todos modos, en la abundancia y
en la necesidad, por mantenerse en la reserva y en la
resistencia a identificar el servicio como un éxito,
existe una nueva ayuda para nuestros días. En términos
eclesiales, la intercongregacionalidad, la colaboración
con organizaciones cuyas iniciativas son de otros o
también la colaboración con entidades y redes que no
tienen una marca registrada católica, que pueden ser
ecuménicas, en las que hay miembros de diferentes religiones
o sencillamente con iniciativas y entidades de la sociedad
civil, todo esto ayuda a colocarnos en nuestra condición
de hermanos menores de todos, asociados a un servicio
de muchos por un mundo de todos o por un mundo posiblemente
diferente.
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Formación
para la itinerancia: Aspectos antropológicos |
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David Couturier,
o.f.m.cap. |
Introducción
Durante el tiempo que se necesita para
leer esta relación, mil cuatrocientos niños habrán muerto
de hambre o por causas de ella derivadas . Seis mil
mueren por enfermedades derivadas de aguas infectadas,
diarreas, infecciones respiratorias agudas, malaria
y escasa higiene: enfermedades todas que se pueden prevenir
. Pasados pocos minutos, ochenta niños menores de quince
años serán contagiados por el virus que produce el AIDS
y, mientras hablo, setenta niños morirán de este mal
tremendo . Once millones de niños en el África Subsahariana,
huérfanos por causa del AIDS, luchan por encontrar alimento
y esperanza para poder sobrevivir . Dos millones y medio
de niños tratarán de vivir con el HIV/AIDS y menos del
5% de ellos tendrán la posibilidad de obtener un tratamiento
antivirus .
En los próximos minutos veintitrés
niños se convertirán en centro fatal de los conflictos
étnicos y religiosos que estallan en todas partes del
mundo . Sólo en el último decenio seis millones de niños
se han quedado sin casa y doce millones han quedado
heridos o mutilados, ya que los civiles, no los combatientes
se han convertido en el blanco principal y constituyen
el 90% de las víctimas de las actuales guerras étnicas
y religiosas .
Mientras estoy hablando, trescientos
mil niños son obligados por la fuerza a entrar en los
ejércitos y en las milicias, utilizados para misiones
suicidas, como bandas estratégicas de violación de los
enemigos y para otras numerosas actividades terrorísticas.
Ellos son a quienes sus comandantes adultos y sus oficiales
aun niños mandan a las primeras líneas de batalla o
a los peligrosos campos minados delante de las otras
tropas .
Quince mil personas hoy huirán de sus
regiones nativas, tratando de escapar de la violencia
de las zonas de origen; y la mayoría de estos refugiados
serán niños .
Los niños serán los más traumatizados
emotivamente y los que sufrirán más abusos físicamente
entre los cinco millones y medio de personas erradicadas
y exiliadas sólo este año por causa de la grandiosa
oleada de la intolerancia religiosa y de los enfrentamientos
étnicos en todo el mundo. En el decenio 1990 una sobre
120 personas -- esto es cincuenta millones de personas
-- se ha visto obligada a huir de la propia causa por
motivos de las guerras o de las luchas civiles . Y los
niños serán la mayor parte de las tres mil personas
que hoy (un millón doscientos mil niños este año) serán
vendidos como esclavos o de manera forzada para la prostitución
, secuestrados para campos de violación, víctimas de
la nueva mortal campaña que usa la violencia sexual
como comercio y como moderno modo de guerra.
Mientras nosotros reflexionamos sobre
el significado de la minoridad, del poder y de la itinerancia
en nuestro mundo actual de hoy, sabemos que más de seiscientos
millones de niños en el mundo viven en absoluta pobreza,
el 50% de todos los niños de las naciones en vía de
desarrollo están desnutridos, 153 millones de niños
con una edad inferior a los cinco años esta noche se
acostarán con hambre.
Estos hechos tan dispares, considerados
en su conjunto, proporcionan un terrible panorama de
la situación de extrema miseria y constituyen un desafío
extremadamente fuerte a nuestra solidaridad hacia la
nueva generación. Antes de encerrarnos en una teoría
formativa que nos pueda ayudar y conducir en nuestro
camino religioso a través del siglo XXI, es necesario
que sondeemos nuestro conocimiento sobre este “mundo
de situaciones extremas” y consideramos buenos los presupuestos
psicológicos y organizativos que están en la base de
nuestro desafío teológico.
El mundo de las situaciones extremas: un tiempo de pobreza
global y de violencia intranacional
Ya en sus primeros momentos el siglo
XXI revela de forma dramática prioridad y desafíos diferentes
de los que han caracterizado la mayor parte del siglo
XX. Ha pasado ya el mundo tan confiado de la modernidad.
Sus construcciones religiosas de certeza, universalidad
y uniformidad han sido sustituidas por discursos de
preocupación por las tradiciones perdidas, exigencias
ignoradas, derechos negados, posiciones asumidas, voces
suprimidas e historias no aceptadas.
El siglo XXI se prepara para afrontar
seriamente las situaciones serias y contrastantes del
sufrimiento, que se presentan también en las distintas
y diferentes estructuras de los paradigmas seculares
y fundamentalistas. Central en su atención está el mundo
de las situaciones extremas y es en él donde Dios se
revelará amorosamente y/o será negado tajantemente,
en los orígenes o en el desarrollo del sufrimiento global.
Las trágicas experiencias de niños
a los que me he referido antes tienen una misma base
común y un triste desarrollo. Cada una de ellas esta
basada en una pobreza que aumenta y que se hace cada
vez más extensa, que ahora viene exacerbada por la explosión
de conflictos internacionales, religiosos y étnicos.
Mientras la naturaleza y la frecuencia de las crisis
internacionales cambian de modo dramático y se reducen,
ha existido una proliferación de conflictos locales
y regionales basados en la etnicidad, la nacionalidad
o la religión que se sirven mucho de los medios de violencia
des-centrados y con frecuencia terrorísticos.
Sociedad y culturas, heridas ya por
la historia del dominio extranjero, deben ahora luchar
con una sutil combinación de una seguridad humana inadecuada,
de instituciones políticas inestables e injustas, de
pagos de deudas abrumadoras a los arquitectos y primeros
beneficiarios de la globalización y de virulentas tensiones
de violencia táctica, cosas que ahora están siendo comunes
en las luchas étnico-religiosas de los fundamentalismos.
El mundo de las situaciones extremas,
contexto y sujeto de nuestro trabajo para un mundo redimido
y libre, es un mundo precariamente colocado entre las
dinámicas de la pobreza global y las dinámicas de violentas
luchas sociales insertas en el contesto local.
Es aquí donde la formación religiosa
debe tomar un nuevo interés y alcanzar una nueva experiencia,
en el punto de intersección donde llegan a encontrarse
la abrumadora desigualdad económica y las contrapuestas
exigencias culturales. Se trata de un cambio significativo
y de un desafío de gran envergadura.
Durante la mayor parte del siglo XX
las comunidades religiosas han apoyado y ayudado el
desarrollo de la “cultura parroquial” de la Iglesia,
redes verdaderamente estables de los intereses eclesiales,
de la compasión regional y del orgullo provincial. El
reto que se les presenta a las comunidades franciscanas
del siglo XXI es el desarrollo de una nueva “cultura
de la misión internacional”, que estará caracterizada
por una renovada atención al amor salvífico de Dios
y a su compasión benigna hacia el mundo, por un reforzamiento
de la calidad de la oración y de la comunión, de una
renovada atención a la misión más allá de las fronteras
y en medio a las culturas y de una formación permanente
que ve su papel en la “ecología de la desigualdad” en
la que nos encontramos.
En muchas comunidades religiosas se
ha puesto ya de manifiesto que vivimos ahora en un mundo
complejo y globalmente interdependiente. La visión formativa
que en el pasado subrayaba la uniformidad y la privaticidad
étnica en la vida religiosa está ahora dando paso a
una visión diferente que pone en claro un mundo con
profundas diversidades. La vida religiosa de hoy es
mayoritariamente sensible al hecho de que los católicos
formen una comunidad de culturas muy ricas y diferentes,
que expresen una sola fe con muchas voces. Esta conciencia
se ha traducido en un aumento del estudio de las lenguas
y en el desarrollo de programas de formación interculturales
en la formación religiosa. La liturgia en las parroquias
y en las comunidades religiosas buscan nuevas formas
con las que celebrar la iglesia global en las reuniones
de la iglesia local.
Pero la formación religiosa se encuentra
de frente a un desafío verdaderamente único: la de desarrollar
una pedagogía que ayude a los candidatos a sobrepasar
las barreras tanto económicas como culturales. Mientras
ir más allá de las líneas culturales supone entrar empatéticamente
en la lengua y en las costumbres de los “otros”, el
ir más allá de las líneas de las clase social significa
alinearse en el propio horizonte del poder y de la responsabilidad
en la sociedad, en la comunidad y en la Iglesia. Hoy
el ministerio de la formación debe no sólo tomar en
consideración la sensibilidad del candidato respecto
a la diversidad cultural y su aceptación, pero también
su disponibilidad para confrontarse con la creciente
desigualdad económica que se manifiesta en cada nivel
de la sociedad.
Muchos jóvenes religiosos pueden recorrer
todo el camino de su formación religiosa sin cambiar
jamás o sin confrontarse con su horizonte económico.
Las estructuras económicas en base a las cuales desarrollan
sus actividades caritativas y sus sensibilidades culturales
se presume que son justas por encima de la crítica.
El cambio que proponemos del discurso de diversidad
al de desigualdad en la literatura de la formación tiene
la finalidad de situar nuestra discusión en un mundo
interdependiente pero no igual y de unir más atentamente
entre ellos la espiritualidad de la trascendencia y
la de la justicia.
Desafortunadamente se trata con frecuencia
de un mundo visto con indiferencia por parte de los
individuos y con ambivalencia institucional por parte
de los jefes religiosos, como si pobreza y violencia
no fueran productos debidos al hombre y sujetos a la
misma gracia que mueve el corazón humano a la conversión
personal. Tenemos necesidad de una mirada diferente
sobre nuestro modo de pensar la pobreza en el mundo.
La pobreza como la conocemos hoy, es
el “claro resultado de conscientes decisiones políticas
y económicas hechas por algunas personas”. La pobreza
es una serie de privaciones que se acumulan en la vida
de las personas reforzándose unas con otras. Hablo hoy
de la pobreza como necesidades materiales, privación
física, falta de las cosas necesarias básicas, falta
de instituciones económicas, desigualdades políticas
y de sexo y carencia de voz y representación personal.
Con Meter Hemriot, SJ:, también yo creo que la pobreza
no es un estado inevitable. Es la consecuencia de un
plan humano (no divino) de nuestras estructuras sociales,
políticas, económicas y relacionales. La pobreza es
una realidad que nosotros estructuramos y toleramos.
Cuando Jesús dijo a sus discípulos que pobres siempre
tendríamos con nosotros, estaba haciendo “una observación
empírica, no… estaba dando una orden de cómo comportarse”.
Yo sostengo que la pobreza es un desorden
estructural de la oportunidad, autoridad y seguridad
exigido por los seres humanos, un desorden que crea
y pone juntos una extrema vulnerabilidad con acontecimientos
normales y a veces incontrolables que la gente debe
afrontar, como los desastres naturales, las enfermedades,
la violencia y las crisis económicas . El desorden estructural
de la extrema pobreza requiere una formación a la conversión
estructural de nuestras comunidades religiosas.
Pasemos ahora a un análisis de la pobreza
extrema y a nuestras afirmaciones sobre su fundamento.
El desorden estructural de la desigualdad
económica y su fundamento
Si nosotros consideramos la composición
estructural de las sociedades actuales, vemos que en
el mundo existe una inmensa pobreza, unida a una gran
riqueza. De los seis mil millones de personas que hay
en el mundo se estima que casi la mitad (dos millones
ochocientos mil) viven con menos de dos dólares al día.
Cerca del 20% (un millón doscientos mil) viven con menos
de un dólar al día. Por situar todo esto dentro del
contexto que nos atañe: en Occidente se necesitan cerca
de 18.000 dólares (15.000 €) al año para mantener a
un religioso en su vida sencilla y ascética, cuando
se contabilizan la comida, las necesidades médicas,
las aseguraciones, la residencia y las demás necesidades.
Según cálculos míos, esto representa 25 veces más de
lo que la mitad de la gente del mundo tiene para vivir
y 50 veces más de lo que reciben los más pobres, esto
es el 20% de las personas.
Los efectos de la pobreza global son
enormes. En las naciones ricas menos de un niño sobre
cien muere en los primeros cinco años de vida. En las
naciones más pobres el 20% de todos los niños morirán
antes de cumplir los cinco años. Como he dicho antes,
600 millones de niños en el mundo (esto es uno sobre
cuatro) viven en pobreza absoluta.
En un reciente estudio sobre la distribución
de los ingresos en el mundo, se ha visto que la desigualdad
crece cada vez más y que la diferencia entre ricos y
pobres crece, ya que los ricos recogen los beneficios
de la globalización, mientras que los pobres están al
límite o por debajo del límite de la pobreza. Entre
el 1988 y el 1993, por ejemplo las entradas globales
per cápita han crecido efectivamente en un respetable
5,7%. Sin embargo ha sido la quinta parte más rica de
la población mundial la que se ha llevado todas las
ganancias. Los ingresos para los demás han disminuido
y el 5% de los pobres ha visto disminuir sus propios
ingresos en el 25%.
Una mirada a las dinámicas de la pobreza
global revela cinco tendencias. Actualmente podemos
decir que la pobreza
1. Se está hundiendo cada vez más profundamente,
en el sentido de que los pobres caen en un nivel siempre
más bajo en la miseria y a velocidad cada vez mayor,
a pesar del gran progreso, de las conquistas tecnológicas
sin precedentes y del sólido crecimiento económico;
2. Se está agrandando, en el sentido
de que la diferencia entre los que tienen y los que
no tienen crece cada vez más, porque los ricos se tragan
todos los beneficios de la globalización, mientras que
los ingresos de los pobres continúan disminuyendo velozmente;
3. Se está militarizando cada vez más,
en el sentido que los conflictos armados, especialmente
la explosión de guerras civiles y las luchas étnico-religiosas
reabren y aumentan la ya de por sí alarmante combinación
de factores de riesgo de la miseria;
4. Se está feminalizando y "rejuveneciendo",
en el sentido que las mujeres los niños caen en la pobreza
más fácilmente y más frecuentemente que los hombres;
5. Se está internacionalizando, en
el sentido de que el creciente volumen y la creciente
variedad de las transaciones de los bienes, de los servicios
y de los capitales más allá de las fronteras (esto es,
esencialmente, la globalización) dejan a muchas naciones
fuertemente debitadas a merced de las pocas naciones
más ricas, que hacen las leyes y establecen los precios
en el comercio.
No es raro entre nosotros que estamos
empeñados en el trabajo internacional de justicia y
paz lamentarse de la dificultad de tener y mantener
la atención por parte de la comunidad cuando el discurso
trata sobre la justicia". No hace mucho tempo,
durante un encuentro con los Ministros generales de
la Órdenes mayores franciscanas, uno de los Ministros
me planteó una pregunta relacionado con nuestro trabajo
de hoy. Se preguntaba cómo los franciscanos parece que
están perdiendo entusiasmo y energía con respecto a
los problemas de la justicia, paz y salvaguardia de
la creación.
No pude negar su afirmación. Se trata
de uno de los aspectos más desconcertantes de nuestro
trabajo: por qué religiosos buenos, generosos y comprometidos
parecen a veces desinteresados y alguna que otra vez
hasta incluso opuestos a los esfuerzos que podrían hacer
profundizar su toma de conciencia, ampliar su propia
comprensión y extender su compromiso en la acción respecto
a la condición de los pobres del mundo.
Una razón es que nosotros suponemos
que la pobreza global es inevitable y que aliviarla
es virtualmente imposible. La apabullante pobreza de
la mitad de la humanidad persiste, a pesar de las maravillosas
conquistas técnicas, los extraordinarios progresos científicos
y una agenda moral iluminada que ya ha rechazado cosas
como la esclavitud, el trabajo infantil, el colonialismo
y la violación de todo un conjunto de derechos humanos.
Ella resiste porque no podemos todavía concluir que
tenemos el motivo de reformar la ecología de la desigualdad.
En su nuevo libro World Poverty and
Human Rights Thomas Pogge llega a la conclusion que
lo que tenemos en frente es el fallo de la convicción
moral. Escribe: “la pobreza misma, extrema, puede continuar
porque no apreciamos que su erradicación sea un deber
moral”. Y continua diciendo que esto jamás será moralmente
un deber mientras no veamos que su inexorable crecimiento
en la desigualdad global es de tal modo inquietante
que exige una seria reflexión moral.
Sustancialmente creemos que la condición
actual de nuestros hermanos y hermanas es suficientemente
preocupante desde un punto de vista moral hasta el punto
de hacernos cambiar el curso de nuestras acciones. Puede
ser así porque los pobres que encontramos y los que
están más allá de nuestras fronteras son los que Bryan
Massingale llama “las víctimas permitidas” del mundo.
Existen aquellos “cuya vida y dignidad pueden – y son
-- violadas sin producir una gran ofensa social, una
noticia pública o una protesta cívica”. Estos son los
que gritan, mientras más alto, persistentes o determinantes,
se vuelven inaudibles o son sofocados en las grandes
discusiones y discursos morales de nuestras iglesias
e instituciones.
Pero existe una razón más profunda,
una razón que desafía nuestros esfuerzos de minoridad
y de itinerancia como hombres franciscanos. Es la subyacente
ambivalencia psicológica y la defensa institucional
contra la conversión estructural necesaria para hacer
que se muevan nuestras comunidades hacia la compasión
internacional que se requiere por nuestra parte.
Minoridad, itinerancia y erradicación de la pobreza
Ciertamente que no se podrá encauzar
la marea de la pobreza extrema sin una cooperación internacional
muy grande y sin sacrificios globales. Como hemos notado,
la pobreza actual del mundo es un “desorden estructural”.
Exige una conversión estructural. Y para los franciscanos
la virtud que dará la fuerza para una conversión estructural
de las condiciones de la pobreza global es la minoridad.
En esta línea, la itinerancia es nuestra liberación
del “monopolio de lo imaginario”, que aleja nuestras
emociones, nuestra mente, nuestro espíritu y nuestras
estructuras de la vocación que tenemos de ser una libre
comunidad de personas en el mundo de hoy, sin dominio
alguno y sin límites.
El VI CPO ha puesto en relación el
ideal evangélico de la pobreza y la opción de la minoridad:
Ser menores es una manifestación de
auténtica pobreza interior, que en el proyecto franciscano
de vida se manifiesta también exteriormente; es humildad
de corazón y falta de poder; es solidaridad con aquellos
que están necesitados y privados de lo indispensable.
Sin la minoridad nuestra pobreza no tendría sentido,
y se volvería orgullo; lo mismo que sin la pobreza,
la minoridad sería falsa.
John Corriveau, en sus reflexiones
sobre los resultados de este CPO, ha observado que el
compromiso franciscano por la pobreza empujó a nuestros
primeros hermanos a atreverse a hacer opciones económicas
(y no sólo a disposiciones espirituales), que fueron
un verdadero desafío para la economía de su tiempo.
Estas opciones económicas eran además
una ruptura consciente con las más claras injusticias
del creciente mercado económico del tiempo, basado en
la apropiación del poder y de la riqueza por parte de
algunos con desventaja para los demás. La opción de
pobreza de los primeros franciscanos finalizaba en el
seguimiento: el objetivo era el de establecer relaciones
unos con otros y con el prójimo según el modo de Jesús.
Era la opción consciente de un mundo más fraterno, de
un mundo más humano".
Corriveau dice que la intención de
Francisco (y de sus compañeros) era la de construir
una nueva seguridad basada en la mutua dependencia y
sobre la solidaridad fraterna. Comentando nuestros desafíos
franciscanos franciscanos hoy, continua afirmando que
nosotros hoy estamos llamados nada menos que a instituir
una “economía fraterna”, que sea un desafío al reino
del capitalismo en nuestro mundo imaginario social y
religioso. Porque, nota, “el capitalismo propone la
competencia como la mejor respuesta para proteger y
administrar la escasez de recursos” (Carta circ. 13.
n. 5.2), pero la Iglesia propone la solidaridad y la
mutua dependencia como fundamento más seguro, duradero
y justo para la seguridad y el bienestar humanos.
Dicho todo esto, me parece que la minoridad,
la fuerza que empuja nuestra pobreza franciscana, no
puede quedar reducida a una perspectiva que la convierte
en una virtud humilde e imperceptible, interior y muy
privatizada. Ante la pobreza global, tal y como la hemos
presentado, quizá la descripción más apropiada de la
minoridad del siglo XXI es: la virtud social de la compasión
internacional.
Como capuchinos somos agentes internacionales
con una visión que nos guía y una sofisticada (aunque
con frecuencia no utilizada) red de comunicaciones.
Podemos apoyar instituciones justas que tienen por finalidad
el ayudar y, en cuanto sea posible, transformar organizaciones
pecaminosas y sistemas injustos. Podemos ofrecer ideas,
instituciones y relaciones en todo el mundo para ayudar
a la gente a dar un sentido a su propia vida, levantarse
de sus propios sufrimientos y construir puentes a través
de las peligrosas barreras políticas, económicas, culturales
y étnicas que lo dividen.
La itinerancia es la confianza valiente
y apasionada de ir hacia delante por encima de las fronteras
de la lengua, clase cultura, ideología, sexo, orientación
y casta, que separan a los pobres de los ricos en el
mundo ilusorio de los maiores y de los minores. La itinerancia
está basada en la convicción intelectual, en la madurez
emotiva y en la flexibilidad organizada de una libre
comunión de fraternidad evangélica de hermanos/de hermanas.
Está fundada sobre la premisa espiritualmente segura
y continuamente creativa de que Dios es el bien, todo
el bien, el supremo bien, en todo tiempo y para cada
uno. La itinerancia es nuestra respuesta individual
y comunitaria a la promesa escatológica de Cristo, que,
en un mundo de extrema y bárbaro sufrimiento, hace nuevas
todas las cosas y nos pide vivir en el adventus de Dios,
bueno y dador de toda gracia.
Reflexionando sobre las dinámicas espirituales
y psicológicas de la itinerancia Carlos Alfonso Aspíroz
Costa, OP, hace referencia al texto bíblico del Éxodo
que dice: “El que tenía que consultar al Señor, salía
fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro”
(Ex. 33, 7). Esto lleva a Costa a observar:
‘Fuera del campamento’, entre todos
“los demás” relegados a un lugar fuera de la acampada,
es donde nosotros encontramos a Dios. La itinerancia
exige ir fuera de la institución, fuera de las percepciones
y de las creencias culturalmente condicionadas, porque
es ‘fuera del campamento’ donde nosotros encontramos
a un Dios que no puede ser controlado. Es ‘fuera del
campamento’ donde nosotros encontramos al Otro, que
es diferente, y también descubrimos quienes somos nosotros
y qué es lo que tenemos que hacer”.
Las dinámicas psicológicas y organizativas " dentro
del campamento"
Hemos aludido varias veces a los retos
formativos que reclaman nuestra vocación a la compasión
internacional y las virtudes franciscanas de la minoridad
y de la itinerancia. Este es el momento de explicitar
tales retos.
Durante los últimos veinte años he
investigado sobre la capacidad de los religiosos --
hombres y mujeres -- de promover la justicia y de desarrollar
la virtud de la solidaridad, tal y como se presentan
en las enseñanzas sociales de la Iglesia. Lo he hecho
utilizando dos disciplinas: la investigación psicológica
respecto a los religiosos -- hombres y mujeres -- y
el campo del desarrollo organizativo socio-analítico.
Esto me ha llevado a la convicción de que, mientras
la mayoría de religiosos y religiosas sinceramente desean
ayudar a sus hermanas y hermanos que están necesitados,
nosotros estamos, al mismo tiempo, parados delante de
una ambivalencia psicológica subyacente con respecto
a la pobreza y a la condición de los pobres.
Por una parte, la investigación empírica
ha señalado que los jóvenes religiosos poseen altos
ideales de diferente servicio y obediencia, disposición
a sacrificarse por un mundo mejor, pobreza, autodisciplina
y responsabilidad. Dan importancia a la vida eterna
como su último fin y, en confrontación con los grupos
de laicos coetáneos, tienen una actitud menos marcada
a tomar la vida como viene. Demuestran un sentido más
elevado de pobreza, piedad, mortificación y castidad
al hacer un elenco de los valores que ellos profesan.
Evitan el poder competitivo y el control sobre los demás.
Son personas cuyos valores convergen en la compasión
y el interés hacia los demás.
Sin embargo los estudios han demostrado
también que, mientras los jóvenes religiosos manifiestan
elevados valores de abnegación e favor de los demás,
ellos demuestran significativas tendencias de agresividad,
de voluntad de dominio sobre los otros, tratando de
escapar a cosas que les pueden perjudicar y a las críticas.
Las investigaciones actuales indican que elevados ideales
vocacionales por el compromiso social y por la justicia
no son suficientes para presuponer que las personas
ya en la vida religiosa o que están para entrar tienen
una capacidad efectiva por la solidaridad con los pobres.
Hemos comprendido que el mundo imaginario social de
aquellos que hemos estudiado con frecuencia está construido
más que todo sobre un compromiso entre altos ideales
vocacionales e incoherentes y fuertemente inconscientes
necesidades personales.
Del sesenta al ochenta por ciento de los religiosos
y de las religiosas, a pesar de los valores de compasión
considerados sinceramente y públicamente proclamados,
son fundamentalmente ambivalentes con respecto a la
pobreza y a la condición de los pobres. Si la itinerancia
es, como hemos sugerido, “la confianza valiente de ir
hacia delante por encima de las fronteras de la lengua,
clase, cultura, ideología, sexo, orientación y casta,
que separan a los pobres de los ricos”, entonces nosotros,
como formadores, nos encontramos inmediatamente delante
de un problema. ¿Cuál es este?: la perdurable incoherencia
entre los valores, las actitudes y las exigencias emotivas
que existen en la posición de los religiosos y el proyecto
de vida de aquellos que se comprometen en una vida de
minoridad.
Las investigaciones y la experiencia
juntas muestran que la sincera proclamación de los ideales
de justicia, compasión y solidaridad constituye solamente
la mitad de la historia de las motivaciones religiosas.
Por una parte y a un nivel más profundo existen compromisos
emotivos y las concesiones no racionales que hacemos
con el tiempo para satisfacer nuestras necesidades afectivas,
especialmente cuando ellas se manifiestan en contraste
con opciones duras y penosas implicadas en la autotranscendencia
del celo profético.
Los programas de formación religiosa
han hecho un largo camino al subrayar los valores de
la minoridad, justicia, compasión y solidaridad en la
vida religiosa. La literatura sobre la minoridad y la
solidaridad producida en estos últimos años es extensa
y profunda. El añadido de la “itinerancia” completará
y ampliará otros importantes temas en el léxico de la
“economía fraterna”. Sin embargo la literatura sobre
la formación está incompleta si ella no afronta los
obstáculos y las resistencias (tanto personales como
organizativas) que se encuentran en el desarrollo de
la economía fraterna, especialmente aquellos que se
encuentran en las turbias aguas de las necesidades incoherentes
y de los compromisos emotivos.
Aquí tenemos que dar una seria mirada
a los programas de formación que tratan de los elevados
ideales de la minoridad y de la itinerancia y al mismo
tiempo a los compromisos emotivos que se tienen con
respecto a la compasión angustiada y con frecuencia
difícil de descifrar.
Parece que sobre la formación para
la itinerancia, la formación de cada uno y de las comunidades
para ir más allá de las fronteras de la lengua, clase
y cultura, será posteriormente puesta a prueba por la
ambivalencia cultural inherente a la misma formación
actual. Existen varias razones para esto.
Antes de todo, nuestros sistemas de formación están
primariamente y casi exclusivamente centrados sobre
la conversión personal de los hermanos como individuos.
Raramente estos son competentes en literatura y en experiencias
de conversión estructural de las comunidades religiosas.
Mientras nosotros hemos tenido cuidado del desarrollo
espiritual, afectivo, intelectual e interpersonal de
los hermanos como individuos, no se puede decir lo mismo
de las comunidades que constituyen la matriz de este
desarrollo. Raras son las comunidades que se confrontan
con los principios de sus dinámicas organizativas, conscientes
de sus defensas sociales y capaces de confesar sus pecados
sociales como grupo. Si hoy comprendemos de manera más
clara los valores que están en la base del desarrollo
de la economía fraterna, no hemos aún profundizado en
las dinámicas psicológicas y organizativas de su desarrollo
o de su regresión.
Si como fraternidad debemos entrar
de manera más directa en medio del ruedo del poder y
de la minoridad, de la itinerancia y de la compasión
internacional (y yo creo que debemos entrar) entonces
debemos articular una más convincente y más consistente
antropología de la economía fraterna, una antropología
que contenga el espacio y los medios para ayudarnos
a comprender nuestras posibilidades y nuestra vocación
sobre el análisis institucional y en la transformación
de las organizaciones, sistemas y estructuras de nuestra
vida. No se pueden dar aún por descontados los sistemas
que existen a nuestro alrededor, como si no estuviesen
implicados en los pecados sociales y no usaran defensas
sociales.
En segundo lugar, la formación para
la itinerancia y para la compasión internacional, viene
obstaculizada por el hecho de que nosotros no tenemos
una teoría de la formación religiosa comprensiva, coherente
y compartida.
Recientemente he terminado un estudio
sobre los programas de formación en los EE.UU. y he
llegado a la conclusión de que tenemos siete “culturas
de formación”, distintas y a la vez competitivos sistemas
de creencias, emociones, rituales y medios. Cada una
de estas culturas expresa valores que derivan de enseñanzas
autorizadas, cada una de ellas trata de ser fiel a los
aspectos cruciales del pensamiento de la Iglesia después
del Vaticano II.
Sin embargo son culturas de la vida
religiosa cerradas, cada una con un distinto lenguaje
y un conjunto de rituales, que constituyen y delimitan
un horizonte de expectativas que sirve para delinear
y distinguir la una de la otra. Estas se están convirtiendo
rápidamente en culturas de la vida eclesial.
Por ejemplo la cultura esencialista,
con su estrecha adhesión al lenguaje y a la praxis de
la “verdad objetiva”, a los pronunciamientos del magisterio
eclesiástico y a la defensa apologética de la fe, es
marcadamente diferente de la cultura existencialista
con su énfasis sobre el crecimiento personal, la reflexión
sobre sí misma y la autenticidad. La cultura de la socialización
con su énfasis sobre la “fraternidad”, la “condivisión
sobre la fe” y las dinámicas del discernimiento está
en marcado contraste con la interioridad de la cultura
existencialista que la ha precedido. Cada una de las
otras culturas sobre la formación (la comportamentística,
la neo-esencialista, la de la liberación y la profesional)
expresan los valores fundamentales de la acción liderazgo,
justicia y creatividad, pero lo hace con un lenguaje
y un estilo que permanecen largamente incomprensibles
fuera de los parámetros de la cultura de formación preferida
por alguno. Estas culturas de formación se han convertido
en defensas sociales usadas inconscientemente para contrastar
el reforzamiento de las comunidades religiosas del siglo
XXI.
Si nosotros queremos construir comunidades
de fraternidad evangélica, con la flexibilidad organizativa
y la pasión valiente de ir más allá de las fronteras
de la propia clase y cultura en función de la compasión
internacional, entonces debemos escuchar con atención
y seguir de manera apropiada las culturas competitivas
de la formación presentes en nuestra Orden. Si aprendemos
a transferirnos hacia tales culturas y dentro de ellas,
sin juzgarlas y con espiritual respeto, entonces podremos
también aprender – desde el interior -- las técnicas
y las dinámicas necesarias para el paso a través de
las fronteras del sexo, de la clase y de la casta.
La antropología de la economía fraterna
“Minoridad”, “itinerancia”, “solidaridad”,
“participación” y transparencia” son elementos fascinantes
en el léxico de la enseñanza social de John Corriveau
en la Orden Capuchina. Pero ellos convergen en una imagen
central, un paradigma, que las coordina y una metáfora
fundamental de su visión soteriológica de la Orden.
Y esta es la visión de la “economía fraterna”.
La “economía fraterna” que expresa
como los hermanos deben vivir el plan de la redención
y el trabajo de liberación en un mundo que se atiene
a los principios alternativos de la división y de la
alienación. Lo que quiere Corriveau, más que un plano
económico de distribución de fondos en el mundo, es
desafiar la metáfora central de nuestros tiempos, el
“monopolio de lo imaginario” que impone la competición,
que es “la única voz que determina como las cosas son
experimentales… la lente a través de la cual propiamente
la vida viene vista o experimentada”.
Lo que quiere es proponer una visión
alternativa y hacer una llamada a la reconstrucción
de las relaciones a cada nivel de nuestra experiencia
eclesial y social. Sólidamente fundado sobre la visión
trinitaria de que nuestro Dios es una “libre comunión
de personas sin dominación ni limitación, Corriveau
comprende que ninguna hermana y ningún hermano en el
mundo es libre, si no pueden expresarse a sí mismos
(y todo sobre sí mismos) en la libre comunión que es
su patrimonio como hijos de Dios. Cualquier sistema,
cualquier estructura, cualquier institución social o
eclesial que interrumpa o interfiera en el acceso individual
o de grupo a la plena y trascendente extensión de libertad
de estar en comunión debe rechazarse como una afrenta
al fundamento trinitario del universo. Cualquier institución
u organización que quisiera tentar de circunscribir
o de limitar en algún modo el impulso de un hermano
o de una hermana hacia la libre comunión con métodos
de dominio o con medios de limitación debe ser desautorizada
y sus esfuerzos deben corregirse, porque el dominio
y la limitación no son obra de un Dios que ama.
En este modo John Corriveau ha podido
integrar la espiritualidad de la trascendencia y la
espiritualidad de la justicia y prestar un buen derecho
de la obra de promoción de los derechos humanos en el
mundo, compromiso central del franciscano maduro.
Quisiera terminar esta presentación
poniendo en claro los elementos centrales de la antropología
de la economía fraterna, aquellas constantes decisivas
que deben formar la base de nuestros tentativos para
construir una sólida formación en la itinerancia y en
la compasión internacional del siglo XXI. Las describo
brevemente.
Edward Schillebeeckx ha descrito diversas
“constantes antropológicas”, que expresan lo que significa
ser persona humana y como nosotros nos relacionamos
con lo divino. Estas constituyen el fundamento del culto,
de la espiritualidad, del cuidado pastoral y de la ética.
Constituyen nuestra reflexión teológica sobre la naturaleza
de la subjetividad y conocimiento humano, del ser en
un cuerpo y del sufrimiento, de nuestra apertura y receptividad
con respecto al mundo. Schillebeeckx refiere seis:
1. Corporalidad (que incluye la propia
sexualidad y el ambiente ecológico);
2. Relación con las demás personas como contexto formativo
de nuestra propia individualidad;
3. Relación con las estructuras sociales, políticas
y económicas;
4. Condicionamiento de tiempo y espacio;
5. Dinámica de teoría y práctica experimentada como
cultura (como opuesta a instinto );
6. Orientación hacia el futuro (como parte de lo que
significa ser persona humana).
Sin querer sugerir que Corriveau haya
derivado sus constantes antropológicas directamente
de las premisas teológicas de Schillebeeckx, quisiera
con finalidad heurística trazar tres líneas antropológicas
inspirativas que podrían formar la base de nuestra formación
para la itinerancia y para la compasión internacional.
Sin querer sugerir que Corriveau haya
derivado sus constantes antropológicas directamente
de las premisas teológicas de Schillebeeckx, quisiera
con finalidad heurística trazar tres líneas antropológicas
inspirativas que podrían formar la base de nuestra formación
para la itinerancia y para la compasión internacional.
1. Creación y fraternidad cósmica.
Antes de adentrarnos en una serie de reflexiones sobre
la pobreza, la solidaridad y los principios de la economía
fraterna, Corriveau pone las bases de todo en el profundo
principio antropológico de creación. Somos criaturas,
íntimamente conectadas y visceralmente ligadas al mundo
material. Corriveau subraya la realidad de la salvación
y de la liberación come un drama encarnado. Escribe:
Así como la fraternidad abraza a toda
la creación, Francisco quedó fascinado por lo que se
podría llamar la “fraternidad cósmica”. Celano describe
como Francisco miraba a la más humilde realidad… la
luz, el agua, el fuego, el viento, la tierra, las plantas,
los animales las flores… con estupor. Era capaz de ver
la realidad escondida de la naturaleza. Todas las criaturas
forman una única familia delante de Dios.
Claramente toda formación para la
itinerancia y para la compasión internacional debe empujar
a los hermanos a aceptar el propio cuerpo y toda la
creación, evitando cualquier forma de dualismo y ayudándoles
a ver que la ecología no es un objeto de estudiosito
la verdadera matriz de su desarrollo. Este mundo y todos
los mundos, encarnados y llenos de sentimiento y de
inteligencia, se unen en una maravillosa diversidad
como una familia singular delante de Dios y son el lugar
privilegiado de admiración, contemplación, construcción
y compromiso.
2. Comunión y mutua interdependencia.
Como hemos visto, Corriveau rechaza en modo decisivo
el atomismo, el individualismo y el aislamiento, que
son los principios de fondo de la antropología secular
que hemos heredado. Ripetidamente Corriveau rechaza
con fuerza el paradigma de la competición que controla
en modo prevalente nuestro imaginario social. Al contrario
nos empuja enérgicamente a la solidaridad y a la mutua
interdependencia en todas las relaciones como única
respuesta adecuada a Dios, que es descrito como una
"libre comunión de personas sin dominación y sin
limitación". Corriveau habla con frecuencia de
la necesidad de "relaciones renovadas y restauradas",
que traen su fuerza, su motivación y su modelo del "excesivo
amor" del Crucifijo. Corriveau rechaza cualquier
proyecto antropológico que incluya dominio o defienda
la limitación. Hace notar: "Una autoridad patriarcal,
despótica, inspira solo odio y miedo, viciando desde
la base la comunión de vida que existe en la Santa Trinidad"
. Tres principios derivan de esta visión de comunión
y de mutua interdependencia: participación, transparencia
y responsabilidad.
Estos tres principios están siempre
presentes en nuestras reflexiones, pero deben aún encontrar
una apropiada realización en la transformación de nuestras
relaciones.
En la formación, centrar la atención
sobre la “participación” puede cambiar la naturaleza
y la calidad de las relaciones y del trabajo con los
directores de la formación. La colaboración y la
Cooperación que sobrepasan las fronteras de las Provincias
pueden convertirse en una nueva expresión de nuestra
itinerancia. Pueden hacer disminuir la asimetría que
con frecuencia existe entre el desarrollo personal y
la transformación comunitaria.
La “transparencia” puede dar relieve
a la apertura que nos espera de cada hermano y de cada
fraternidad reflexionando sobre la calidad de nuestra
oración y de nuestra comunión, de nuestra misión y de
nuestra solidaridad. Esta debería incluir la atención
a las defensas personales de los individuos y a las
defensas sociales de las comunidades, ya que estos son
los obstáculos más resistentes al desarrollo de la economía
fraterna. El “giro hacia lo social” de la formación
del siglo XXI completaría la “vuelta al sujeto” del
siglo XX, si este incluye los mecanismos por medio de
los cuales las comunidades pueden valorar los propios
niveles de compromiso para el bien común, la solidaridad
y la comunión.
Una nueva importancia dada a la “responsabilidad”
puede corroer el atomismo comunitario que a veces se
manifiesta con fuerza en la vida espiritual de los hermanos
después de la profesión perpetua. Las comunidades pueden
entonces concebirse a sí mismas como mutuamente responsables
y mutuamente comprometidas en reavivar la propia oración
y comunión (dentro y fuera de la fraternidad) y entrar
en un discernimiento compartido sobre el progreso de
los propios ministerios, en lugar de las actitudes protecionísticas
que se tienen tal vez a la hora de asignar los diversos
servicios. Una responsabilidad más colectiva y global
que brota del respeto de las dimensiones internacionales
de la compasión de Cristo pueden completar las formas
personales e interpersonales de la obediencia que se
han desarrollado durante el siglo XX.
Una nueva importancia dada a la itinerancia
como movimiento hacia delante por encima de las fronteras
establecidas por la clase, el sexo y la sexualidad,
junto con un profundo compromiso por el desarrollo de
la fraternidad cósmica y de la mutua interdependencia
debe producir un serio y duradero compromiso hacia el
elemento femenino. La formación capuchina debe estar
más auténticamente comprometida con las historias y
las experiencias de las mujeres del norte y del sur.
Debemos interrogarnos acerca de las prácticas de excluir
a las mujeres de nuestras discusiones sobre como “las
relaciones renovadas inauguran la justicia”. Ellas deben
hablar por sí mismas con respecto a la forma y a la
dirección de la “economía fraterna” del siglo XXI. Y
la itinerancia exigirá de nosotros el valor de ir más
allá de las seguras fronteras de la sexualidad y de
nuestro sexo para permitir a las mujeres (incluso a
las menores) de estar en libre comunión con nosotros,
liberados del dominio y de la limitación que ellas han
experimentado durante demasiado tiempo.
3. Estructuras sociales. Es en la Carta
circular 2 donde Corriveau anuncia que los cambiosestructurales
formarán parte de la agenda de su gobierno. Pero su
visión es algo más que simples prescripciones para una
justa distribución de los recursos en el mundo capuchino.
Es un reconocimiento de estas adaptaciones estructurales,
fundados sobre la solidaridad y sobre la mutua interdependencia,
ofrecen una base más firme para la esperanza y un mayor
y más seguro fundamento sobre el bienestar del mundo.
Corriveau no teme de desafiar las estructuras
que están basadas sobre el triunfo de la competición.
Claramente Corriveau ha focalizado sus esfuerzos sobre
las estructuras financieras de la Orden. Ha hecho esto
por que, como ya hemos visto, él sabe que el espíritu
de competición que monopoliza la imaginación del mundo
moderno es una ofensa a la comunión fraterna que debe
determinar nuestra interacción con el mundo.
Pero no se ha parado en nuestras relaciones
económicas. Ha hecho también un llamamiento a la “solidaridad
de las personas” y a la creación de “nuevas estructuras
de colaboración entre los continentes y las circunscripciones”.
Él abre una nueva frontera a la formación
religiosa: el compromiso por la conversión de las estructuras.
La conversión estructural supone que cada hermano en
formación debe ser cada día más competente por cuanto
respecta a los medios y a las habilidades necesarias
para comprender y, si es necesario, ayudar la reforma
de los sistemas, de las instituciones y organizaciones
en las que viven y trabajan, de acuerdo con la visión
y los valores de la comunión fraterna.
Con demasiada frecuencia el compromiso
de la formación religiosa se presenta sólo a dos niveles:
el personal y el interpersonal. Y con frecuencia se
olvida la dimensión crucial del aspecto colectivo o
del aspecto estructural. Reduciendo la posibilidad de
la existencia religiosa sólo a las dinámicas personales
y relacionales, se ignoran las más amplias fuerzas institucionales
que pueden o promover el progreso humano o bien empujar
a la explotación social.
Discriminación, desigualdad, cuidado
insuficiente de la salud, estructuras educativas inadecuadas
e injustas prácticas de asunción de trabajo, por ejemplo,
son con más frecuencia que no “pecados sociales”. Y
las dinámicas del pecado social son diferentes y más
sutiles que las dinámicas del pecado personal, en cuanto
que los códigos competitivos del pecado social se esconden
en el hábito de las reglas, de las costumbres y de las
convenciones de las organizaciones y dañan de manera
injusta las legítimas exigencias personales e interpersonales
del individuo o del grupo.
Ante la violencia colectiva y ante
los conflictos alimentados por los antagonismos étnicos.
nacionalísticos o religiosos que surgen en nuestro mundo,
corresponde a los que están dedicados a la economía
fraterna tener conocimiento y experiencia de la práctica
de la transformación de los conflictos, del edificar
la paz y del perdón social.
Nuestros hermanos en el reciente congreso regional de
la Orden sobre la justicia y la paz, celebrado en Addis
Abeba, han comprendido como la reconciliación social
es un signo particular de la gracia de Dios en un mundo
de múltiples étnias y culturas. Han demostrado también
como construir una cultura de los derechos humanos en
nuestras comunidades y en el mundo que sea un particular
expresión franciscana de nuestra fundamental igualdad
y unidad como “hermanos de todos los pueblos sin distinción”
(Const. 11, 2).
Conclusión
Comenzamos esta presentación exponiendo
brevemente pero realísticamente casos de sufrimientos
humanos en el mundo. Durante el tiempo que hemos estado
hablando -- decíamos -- millares de niños habrían muerto
de hambre, infectados por el AIDS y explotados en los
conflictos étnicos y religiosos abiertos en la tierra.
Nuestros miedos se han cumplido --
millares de niños han muerto o han sido reducidos a
la esclavitud. Se han convertido en blanco de guerra,
han sido arrancados de sus casas y de sus familias.
Ante esta violencia y pobreza global,
hemos propuesto la minoridad como virtud social de la
compasión internacional y la itinerancia como un apasionado
y confiado ir hacia delante más allá de las fronteras
de la lengua, de la clase, de la cultura, de la ideología,
del sexo, de la orientación y de la casta, en modo de
vivir nuestra vocación para ser una libre comunión de
personas sin dominio y sin límites.
Estamos en un punto crucial del compromiso
de nuestra vida capuchina. ¿Seremos capaces de escuchar
el grito de los pobres más allá de nuestras fronteras
como nuestros hermanos de África pidieron durante el
Capítulo general del 2000? O, por el contrario ¿no le
prestaremos atención?
Los niños lo esperan.
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UNA
CONTRIBUCIÓN CAPUCHINA A LA COMPRENSIÓN DEL SACERDOCIO
EN LA IGLESIA: CONSIDERACIÓN ANALÓGICA SOBRE EL BICULTURALISMO
Y SOBRE LA DOBLE PERTENENCIA RELIGIOSA |
Edward Foley,
o.f.m.cap. |
|
La historia
Nos encontramos en el año 1974. En
mi Provincia de St. Joseph en una de las casas más grandes
dentro de la ciudad que era la sede de nuestro Postnoviciado.
La comunidad de unos 40 hermanos incluía a muchos hermanos
en la etapa de la formación inicial, algunos profesores
del centro del teologazo local, el grupo de trabajo
de la parroquia y otros hermanos que trabajaban en el
ministerio. El 75 % de los hermanos de la comunidad
eran hermanos laicos. La casa estaba llena y el espacio
del coro era relativamente pequeño para la oración.
Era una costumbre convertida casi en un rito que los
hermanos sacerdotes dejaran el coro después de los Laudes,
se marchasen a la sacristía para revestirse para la
Eucaristía y volvieran después al coro, donde se sentaban
alrededor del pequeño altar para la concelebración.
Con esta disposición ellos bloqueaban virtualmente siempre
la visión de al menos algunos de los hermanos que estaban
en los sitiales del coro.
Muchos de los hermanos más jóvenes
se habían lamentado de esta situación con el Guardián.
A pesar de las repetidas tentativas por ayudarles a
comprender la mentalidad de los hermanos sacerdotes,
las tensiones aumentaron. La cuestión finalmente se
llevó a la reunión de la fraternidad. Como compromiso
los hermanos sacerdotes -- que insistían en que ellos
debían salir del coro para prepararse – llegaron al
acuerdo de concelebrar estando en sus sitiales en el
coro. La tensión jamás cesó.
Una tarde después de la oración, algunos
hermanos laicos, el guardián y algunos sacerdotes se
encontraron en la sala común de la fraternidad, donde
el argumento fue de nuevo planteado. Siguió una larga
discusión y a veces acalorada. Se llegó a decir que
los hermanos sacerdotes eran insensibles y que les faltaba
humildad. Los hermanos laicos fueron acusados de denigrar
el sacerdocio. El guardián reconoció que la fraternidad
comenzaba a disgregarse por culpa de este problema,
caminando demasiado rápidamente hacia un peligro que
luego sería irreparable. Era el momento de intervenir.
Como estaba previsto que él tenía que presidir la Eucaristía
del día siguiente, escogió ese momento para pasar a
la acción y para hacerlo de modo decisivo.
La mañana siguiente, después de Laudes,
mientras los sacerdote comenzaban a levantarse para
salir del coro para prepararse, el guardián pidió a
todos que se quedasen en sus puestos. Luego se acercó
al altar y habló a la comunidad sobre la Eucaristía
como símbolo de unidad y de fraternidad. Pero hizo notar
que la Eucaristía se había convertido en causa de división
y en ocasión para aumentar la hostilidad entre los hermanos.
Luego anunció que no presidiría la Eucaristía aquella
mañana, porque pensaba que la cuestión se estaba convirtiendo
en algo escandaloso. Tampoco esa mañana le sería permitido
a ningún otro presidir: como guardián no podía, en buena
conciencia, permitir que la Eucaristía se celebrase
ni en común ni en privado en el coro hasta que el problema
no se resolviese.
Cuando se le preguntó si se podía celebrar
la Eucaristía en la capilla privada o en la iglesia
de al lado, el guardián respondió: “sí, pero no como
Misa conventual; sólo como Misa privada”. Luego el guardián
se marchó a su celda. Mientras tanto, el provincialato
en Detroit fue bombardeado por un sin fin de llamadas
telefónicas por parte de los hermanos de la casa, que
explicaban lo que había sucedido y preguntaban si el
guardián tenía autoridad para actuar de esa manera.
Poco tiempo después el ministro provincial llamó al
guardián y le preguntó si tenía intención de poner en
entredicho el área del coro y la capilla del convento.
Aun admitiendo que esa no era su intención desde un
punto de vista canónico, el guardián explicó y confirmó
su acción, que permaneció obligatoria para la comunidad.
Como podéis sospechar, este fue el
inicio del fin de aquella casa como sede de la formación
inicial. Numerosos encuentros llevaron a poca reconciliación.
La única solución fue la de cambiar a los estudiantes
-- que en su mayoría eran hermanos laicos -- a otra
casa. Así la comunidad de formación en aquella casa
fue disuelta y varios miembros de la fraternidad fueron
destinados a otras casas. Como proscrito, debo decir
que el guardián algunos años más tarde fue elegido ministro
provincial. Informándome recientemente sobre las particularidades
de esta historia, me dijo que como ministro provincial
tuvo aun que afrontar el mismo problema y las mismas
actitudes en el decenio siguiente.
Introducción
Se trata ciertamente de una historia
dramática y preocupante. Y este episodio -- que es verdadero
– de la historia reciente de mi Provincia pone de manifiesto
la potencialidad que existe cuando se afronta el argumento
del sacerdocio romano católico en el contexto de la
vida franciscano-capuchina, argumento de por sí sensible,
pero tan confuso desde un punto de vista fraterna, eclesial
y hasta canónico. Todavía más: mirando el sacerdocio
romano católico a través del prisma del carisma seráfico
tan apreciado por la minoridad, se podría pensar en
un desastre preanunciado. Como piedra clave de la identidad
franciscana, la “minoridad” evoca imágenes de humildad,
de falta de poder, de ser más pequeños en todo, mientras
la institución del sacerdocio romano católico puede
evocar en la mente aspectos de poder, jerarquía y sacralizad
privilegiada. Poniendo los elementos de este diálogo
en términos de casi absoluta oposición -- como fácilmente
sucede -- se perfila un conflicto casi inevitable entre
nuestra vocación franciscana y la aceptación del sacerdocio
romano católico. Quizás la única solución en vista de
una concerniente discordia podría ser la elaboración
de un tratado de paz redactado con cautela, y hecho
de manera que ni la hermana minoridad ni el hermano
sacerdocio sufrieran demasiado, hasta el punto de alcanzar
el deseado final del fuego.
Sin embargo, no creo que los Consejos Plenarios de la
Orden sean esencialmente operaciones para mantener la
paz interna. En consecuencia, no pienso que sea mi misión
la de proponer una estrategia para mantener una unión
fraterna entre minoridad y presbiterado; ni, por extensión,
entre hermanos laicos y hermanos clérigos. Ni considero
este encuentro como el equivalente a la división franciscano-capuchina
de la sociedad internacional de teología histórica,
cuya finalidad es la de descubrir las causas de esta
bien conocida tensión. El examen de las bases históricas
y de los fundamentos teológicos es ciertamente útil;
pero si este se convierte en nuestra principal tarea
dentro del limitado tiempo que tenemos para reflexionar
sobre este tema, entonces existe verdaderamente la posibilidad
real de que empleemos más tiempo en estudiar el pasado
que en proyectar el futuro, más tiempo en hacer relaciones
que en reflexionar, y acabar fácilmente con el permanecer
todavía “atrás” con los problemas en lugar de caminar
hacia delante con ellos .
Ni una operación de mantenimiento de la paz ni un ejercicio
de arqueología teológica. Sugeriría otro camino. Así
como la conjunción entre la vida capuchina y el sacerdocio
romano católico ha sido tanto una gracia como una práctica
negativa en el pasado, y así como esta unión entre vida
religiosa y sacerdocio es parte inevitable de nuestro
previsible futuro, nuestro trabajo será el de volver
a examinar esta unión de manera que su potencialidad
de gracia sea mayor que su potencialidad de no-gracia.
Necesitamos gafas mejores para comprender que el sacerdocio
no tiene más importancia que la profesión religiosa,
que el hermano clérigo no es un oxímoron, y que la alianza
entre sacerdocio y minoridad no resulta necesariamente
un conflicto y una confusión. Más todavía, una visión
renovada nos podría capacitar para descubrir que el
carisma capuchino no sólo de tolerar sino también de
abrazar tanto el sacerdocio como la minoridad es, en
verdad, un tesoro evangélico escondido -- una parábola
que se debe desarrollar que está todavía enterrada en
el campo y que espera ser desenterrada. Este es -- pienso
-- un aspecto posmoderno de la luz de Cristo que espera
que el celemín sea levantado de modo que la fraternidad
como la Iglesia y el mundo puedan ser aun mucho más
iluminados.
En los tratados contemporáneos es un
procedimiento común situar el sacerdocio en una de las
dos tradiciones: o diocesano o en el contexto de las
Órdenes religiosas . Tal vez podamos ofrecer una tercera
vía: ciertamente ya lo hemos hecho precedentemente.
Así como nuestras Constituciones nos recuerdan que nosotros
no existimos en función de nosotros mismos sino para
contribuir al bien de la Iglesia, para servir al pueblo
de Dios y a la entera comunidad humana, aceptemos este
trabajo de revisión no sólo o ni siquiera de modo especial
para nuestra propia conservación o desarrollo, sino
como una mayor contribución para una renovada praxis
de la Iglesia, de la Iglesia y para la Iglesia al servicio
del mundo.
El cambio metodológico
Hay muchos métodos a nuestra disposición
para volver a hacer un tal examen. Yo propongo utilizar
el método que se basa en la obra de David Tracy y que
se puede entender generalmente como una forma de teología
práctica. Tracy ha sugerido que en nuestro tiempo aquellas
que en un tiempo eran útiles distinciones para los medievales
se han convertido hoy en fatales separaciones. Una de
estas es la separación de teoría y praxis . Yo creo
que nosotros estamos aquí interesados en la correlación
de teoría y práctica entre sacerdocio y vida capuchina,
la guía metodológica de Tracy para poner en relación
los dos elementos puede ser útil en nuestro empeño de
elaborar una teología de la praxis para el sacerdocio
capuchino.
Tracy cree que existen tres posibles
paradigmas para la interacción entre teoría y praxis
. Caracteriza el primero como la aproximación entre
teoría-praxis, en el que la teoría se elabora en un
campo (por ejemplo, teología sistemática) y viene aplicada
en otro (por ejemplo, en la práctica pastoral). Tracy
considera que este es un modelo teológico inadecuado
por muchas razones. La más convincente de ellas es el
relieve crítico que según este modelo la teoría no viene
jamás influenciada por ninguna praxis. Para nosotros
podría constituir un modelo peligroso para ser usado,
porque podría tener como resultado dar la prioridad
a una teología particular o del sacerdocio o de la vida
religiosa (con la disminución que de ello resulta en
el otro componente), con el tentativo consiguiente de
alinear nuestra praxis vivida con lo que podría ser
una al menos inadecuada si no una teología mal concebida.
El segundo modelo de Tracy por la interacción entre
teoría y praxis es un modelo que no deja espacio a la
reflexión crítica. También éste él piensa que es defectuoso.
Lo caracteriza como modelo praxis-praxis. Tracy nota
que este modelo “no sólo no considera la teoría sino
que simplemente la niega”. Escribe: en este modelo “las
acciones concretas y los compromisos para un caso particular
proporcionan todos los criterios necesarios para la
verdad en teología. Este segundo modelo… no afirma de
modo correcto el primado de la praxis sobre la teoría…
[por eso] no ve como cada praxis, como cada experiencia,
está efectivamente cargada de teoría” . Como Capuchinos
llamados a una reflexión teológica sobre nuestra experiencia
compartida -- que constituye la auténtica esencia de
un Consejo Plenario de la Orden, sin hablar del Capítulo
local -- debemos rechazar cualquier modelo teológico
de este género, que no da espacio o no requiere del
todo una seria reflexión teológica sobre nuestra vida
en común.
Tracy afirma que las teologías de la
praxis deben rechazar tanto el acercamiento entre teoría-praxis
como el modelo praxis-praxis. Y concluye proponiendo
que una auténtica forma de teología de la praxis es
“la mutua correlación crítica de una teoría y de una
praxis que interpreten el hecho cristiano y de una teoría
y de una praxis que interpreten la situación contemporánea”
. Esta imagen de una mutua crítica correlación invita
a un “diálogo colaborador… en el que cada uno puede
interpelar al otro y ofrecer observaciones tanto descriptivas
como normativas, llegando a una más profunda comprensión
a través de su diálogo que esencialmente se desarrolla
entre iguales” .
Esto es lo que yo creo que estamos
llamados a hacer aquí: construir un diálogo colaborador
al servicio de una renovada teología de la praxis, una
mutua crítica correlación entre el sacerdocio romano
católico y la minoridad capuchina, ambas consideradas
en el contexto de lo que Tracy llama “la situación contemporánea”.
En este proceso debemos poner la minoridad y las órdenes
sagradas como compañeros iguales en el diálogo. En particular
esto significa evitar el riesgo de dar la prioridad
o al uno o al otro y en consecuencia bloquear toda esperanza
de diálogo auténtico. Por eso no creo que se pueda usar
la minoridad como un medio para criticar o repensar
el sacerdocio, porque para crear un diálogo que sea
mutuo se debe suponer que todos los que participan en
él puedan contribuir. Así, desde el inicio es necesario
admitir la posibilidad no sólo de que la minoridad capuchina
pueda iluminar el sacerdocio romano católico, sino de
que la realidad de menores ordenados pueda iluminar
la vida capuchina. Se debe evitar el cerrar herméticamente
la profesión religiosa como si su pureza estuviese de
alguna manera comprometida con el contacto sacerdotal.
Escuchar desde el exterior el interior
Desde el punto de vista de la teología
práctica, el primer nivel para la creación de tal diálogo
colaborador requiere una completa empatía y una atención
mutua: escucha que supera los límites de edad, de la
formación, del status eclesial, de la cultura y de la
experiencia: un proceso que vosotros habéis ya claramente
iniciado. La calidad de la escucha determinará, en gran
medida, el tipo de correlación crítica y del decisivo
examen que le seguirá. Sin embargo, si en esta tarea
el prestar atención a la realidad capuchina es ciertamente
un ejercicio fundamental, ello es también totalmente
insuficiente. Reunirse en un Consejo Plenario en este
momento de un gran fermento eclesial y global nos plantea
ulteriores cuestiones. Más allá del panorama franciscano-capuchino,
como partes de aquella atención a la que Tracy llama
la más vasta “situación contemporánea”, estamos obligados
a prestar atención a la realidad más amplia de la Iglesia
que nos engendra. Debemos contextualizar nuestras reflexiones
en el ámbito de la unidad en la diversidad que caracteriza
el catolicismo global, que se encarna en más de mil
millones de fieles, que viven su fe prácticamente en
cada lengua y nación sobre la faz de la tierra. Y luego,
evidentemente, existe el mundo del más allá de la Iglesia,
el mundo del más allá del cristianismo, el mundo del
más allá de la fe. Es este mundo que es el objeto último
del amor del Padre, el fundamento de la encarnación
de San Juan y el centro de cada misión que sea auténticamente
católica. Así, en estas reflexiones nuestras, hemos
de tener presente el contexto global en el que la Gaudium
et Spes dice: “los gozos y esperanzas, las tristezas
y las angustias de los hombres de hoy” [n. 1].
Sólo cuando hemos prestado atención
no sólo a los hermanos sino también a las realidades
de la Iglesia y del mundo -- con escucha empática que
suspende el juicio -- estamos preparados oportunamente
para comprometernos en la reflexión y el diálogo que
permite nuevas concepciones, refresca la visión y vigoriza
la Orden no sólo con el espíritu del fundador sino con
el Espíritu Santo.
Ciertamente que a alguno le puede parecer
extraño considerar una cuestión tan típicamente franciscana
como la minoridad o afrontar la paradoja que existe
en el interior de nuestro sacerdocio y minoridad desde
puntos de vista eclesiales y globales no capuchinos.
Pienso, sin embargo, que esto sea esencial si hemos
de evitar el destino en el que se encontró en el 1974
la comunidad de formación de la que, brevemente, he
narrado la historia al comienzo de esta relación. Aunque
si bien externo a aquel específico contexto provincial,
instintivamente siento que en último análisis el fin
de aquella comunidad fue el resultado de unos horizontes
muy restringidos y de verdadera miopía eclesial. Traducción:
los hermanos nunca fueron más allá de sí mismos en su
modo de pensar. Estaban de tal manera interesados en
su propia dignidad e igualdad, en su propio sentido
de justicia y de injusticia, en sus propios derechos
y responsabilidades que poco consideraron qué impacto
su acción colectiva hubiera podido haber tenido sobre
la más extensa fraternidad capuchina o también sobre
la iglesia local o sobre la vecindad donde la comunidad
constituía una presencia tan grande. La disolución de
la fraternidad fue considerado simplemente como un hecho
privado, interno, de hermanos más que como un símbolo
público de disonancia y de lucha.
Sin embargo, desde el momento en que
los franciscanos-capuchinos son, por definición, hombres
de Iglesia -- no sólo bautizados cronológicamente en
el cuerpo de Cristo, antes de haber profesado o de haber
sido ordenados , sino declarados primeramente cristianos,
cuya profesión y ordenación están teológicamente implicados
en tal bautismo -- entonces toda correlación entre la
minoridad y el sacerdocio debe llevarse adelante partiendo
de una perspectiva eclesial. La Congregación para los
Institutos de la Vida Consagrada y las Sociedades de
Vida Apostólica ha dicho en síntesis: “El Vaticano II
ha afirmado que la vida religiosa pertenece ‘firmemente’
a la vida y a la santidad de la Iglesia, y la colocado
precisamente en el corazón de su misterio de comunión
y de santidad” . Por eso nuestra búsqueda de una visión
revivificada del sacerdocio y de la minoridad debe contribuir
a la comunión de la Iglesia y ser concebida dentro del
contexto de una tal comunión.
Pero preguntémonos: ¿De qué visión
de la Iglesia, de qué “eclesiología de comunión” deberemos
partir para elaborar nuestra correlación, ya que el
término ciertamente no es unívoco? . Algunos que aceptan
la visión de la Iglesia como misterio de comunión lo
hacen con una tendencia centrípeta. Esto se pone de
manifiesto en el hecho de que algunas ideologías de
comunión parece que carecen de una “misionología de
comunión”. Pero la Iglesia no ha nacido como fin en
sí misma y no está sostenida por el Espíritu de Jesucristo
para la preservación de sí misma. El Concilio Vaticano
II claramente proclama -- y el Papa Juan Pablo II lo
ha repetido -- que la “Iglesia es misionera por su propia
naturaleza” . Por eso, como dice Paul Lakeland,
Debemos repetir la unidad simbiótica
entre comunión y misión. La comunión puede ser un concepto
confortante sobre el que meditar, pero la validez de
la expresión particular de la comunión en la Iglesia
se debe buscar en la calidad del compromiso de la propia
comunidad para su misión. La praxis de la comunión es
visible en la fidelidad de la Iglesia a su misión; la
práctica de la misión está directamente conectada con
la comprensión de la comunión. Si lo que nosotros entendemos
por “comunión” es una mirada hacia el interior, de autocomplacencia
y una unión miedosa contra las fuerzas de la modernidad…
entonces “misión” significará poco más que una crítica
periódica corrosiva del mundo “exterior”. Pero si la
comunión significa una generosa asociación llena de
amor de libres y fieles hijos de Dios, entonces el exceso
dinámico del amor, sin el cual no se da en modo alguno
el amor, se extiende en la misión a todo el género humano,
una misión caracterizada por la generosa condivisión
del conocimiento de que Dios quiere salvar el mundo
.
Esta es una teología de comunión que
claramente resuena en la naturaleza misma de la profesión
religiosa . Como abundantemente fue puesto de relieve
en el Instrumentum Laboris, en los trabajos y en la
exhortación postsinodal del 1994, Sínodo especial sobre
la Vida Consagrada, la vocación para la misión forma
parte de toda forma de vida consagrada común . Casi
dieciséis años antes de este Sínodo, el III CPO (Mattli
1978) expuso una visión semejante, notando que “el proyecto
evangélico de la vida del franciscano implica, radicalmente,
una espontánea dimensión apostólica sin fronteras”,
porque “toda vocación franciscana es fundamentalmente
misionera” Así parece apropiado crear una correlación
entre minoridad y sacerdocio en un contexto eclesial
con una fuerte trayectoria misionera.
Dada nuestra preferencia por una eclesiología
de comunión con una clara orientación misionológica,
sugiero que sea oportuno y, al mismo tiempo, fructuoso
comenzar elaborando nuestra correlación crítica entre
sacerdocio y minoridad teniendo ante todo presente el
mundo más amplio que es el auténtico objeto de la misión
de la Iglesia. Propongo que se comience tomando en consideración
el mundo en lugar de nuestros problemas franciscanos
particulares, de manera que podamos desmantelar, o al
menos de inhabilitar temporalmente, las muchas predisposiciones,
prejuicios y presupuestos, que instintivamente entran
en juego cuando se considera la paradoja de los hermanos
ordenados. De modo particular, quisiera poner a un lado
lo que yo considero acercamientos de la “justicia” y
de la “igualdad”, acercamientos hasta ahora unidos respecto
a este problema, que tienden a repetirse dos veces (igual
o no igual), en oposición (justo o injusto) y -- al
menos por mi experiencia -- causa de división. Saliendo
fuera de nuestras categorías habituales y de las cuestiones
a las que estamos habituados, correlacionando lo que
es ordinario con lo que es inesperado, yuxtaponiendo
lo que es interior a lo que es exterior, metiendo en
diálogo lo que está en el centro con lo que está en
los márgenes, no sólo existe la real posibilidad de
tener una visión nueva, sino también la posibilidad
afortunada de que tal visión resulte como un bien para
el que no lo espera, para los extraños y los marginados
-- y no solamente de los capuchinos. Y, desde el punto
de vista de la misionología de comunión, si nuestro
examen de la minoridad ordenada no resulta un bien para
la Iglesia más extensa y para el más amplio mundo y,
especialmente, para aquellos que la Iglesia y el mundo
minimizan y marginan, entonces nuestro ejercicio no
sólo habrá fallado sino que, efectivamente, es un ejercicio
negativo.
¿Cuáles serán nuestros compañeros de
diálogo al elaborar nuestra correlación al servicio
de un sacerdocio capuchino revisado? Así como los compañeros
de nuestro diálogo necesariamente están limitados por
el breve tiempo que tenemos ante nosotros, parece más
positivo comprometer a los compañeros del diálogo en
la Iglesia y en el mundo que puedan ofrecer explícitas
incluso inesperadas analogías sobrepasando las fronteras
que se reflejan en el sacerdocio capuchino. Específicamente
propondría dos dinámicas operativas en nuestro mundo
y en la Iglesia, que tienen, las dos, algo que ofrecer
y algo que ganar en este diálogo: se trata de un biculturalismo
y del fenómeno de la doble pertenencia religiosa.
Las veremos una después de la otra,
primero describiéndolas y luego considerando qué es
lo que estos participantes en el diálogo pueden ofrecer
para una renovada visión del sacerdocio capuchino y
lo que el sacerdocio capuchino a su vez puede ofrecer
a aquellos que viven biculturalmente o simultáneamente
en dos comunidades religiosas. Al final, trataré de
sacar algunas conclusiones de estas correlaciones sobre
una renovada visión del sacerdocio capuchino y ofrecer
algunas estrategias para hacer progresar una tal visión.
Biculturalismo
Una de las características de la sociedad
de la última parte del siglo XX es el fenómeno conocido
como globalización. Se trata de un complejo fenómeno
político, económico y social que resulta de la convergencia
de diferentes fuerzas. En su análisis resumen Robert
Schreiter indica tres de tales fuerzas como particularmente
influyentes . La primera, difundida en el 1989 con el
colapso de la sistematización política bipolar, es el
resurgir relativamente rápido de un mundo multipolar.
Schreiter nota que ante la caída del muro de Berlín
el planeta podía haberse dividido en un Primero o en
un Segundo mundo, que a grandes rasgos representaban
el sistema democrático y capitalista de frente al sistema
social y comunista. Esta división Moscú-Washington,
con naciones alineadas de una parte y de la otra, era
claramente bipolar y en oposición, aspecto indicado
por la amenaza mutua de destrucción nuclear. Las pobres
naciones del hemisferio Sur constituían el así llamado
Tercer Mundo, el cual a su vez ponía en contraposición
el Primero y el Segundo Mundo para obtener ventaja,
y a la vez servía de teatro de guerras indirectamente
entre los dos . Con el rápido colapso de esta subdivisión
del poder entre los dos polos, el mundo se ha convertido
en un lugar multipolar, del cual ninguno, afirma Schreiter,
ha conseguido trazar un papel de manera convincente.
Una segunda fuerza en el surgir de
la globalización es el crecimiento de los mercados globales
y la expansión mundial del capitalismo del mercado .
Schreiter escribe que este tipo de capitalismo está
caracterizado por el hecho que ignora las fronteras
nacionales, de su habilidad a mover los capitales con
rapidez y de su compromiso en proyectos a corto plazo
que maximalizan los márgenes del beneficio . Como el
nuevo mundo político, también esta economía globalizada
es multipolar, a pesar de que los Americanos sean sin
duda algunos de los más importantes “globalizadotes”
.
El tercer fenómeno indicado por Schreiter
en el proceso de globalización es el progreso en las
tecnologías de la comunicación . Las revoluciones en
las telecomunicaciones, el poder viajar con gran rapidez,
y especialmente Internet han dado nueva forma a nuestro
modo de percibir el tiempo y el espacio. Las tecnologías
de la comunicación del siglo XXI “posibilitan una res
que cada vez elude más el control jerárquico; la red
ha ocupado el puesto de la jerarquía como modelo social
para la comunicación” .
Schreiter concluye que
“la convergencia de estos tres fenómenos
-- el mundo multipolar, el capitalismo global y las
tecnologías de la comunicación -- crean el fenómeno
que es conocido como globalización… definido aquí [como]
la extensión de los efectos de la modernidad al mundo
entero y la compresión de tiempo y espacio, acaeciendo
todo al mismo tiempo” .
Uno de los efectos de esta compresión
de tiempo y espacio es un multiculturalismo aumentado.
El multiculturalismo era un fenómeno ya reconocido antes
de la última parte del siglo XX. Por ejemplo, Austria
-- una de las naciones más multiculturales del mundo
-- ha tenido grandes inmigraciones de Gran Bretaña,
Europa y Asia durante todo el periodo de la historia
moderna . Pero la globalización decisivamente ha intensificado
el nivel de multiculturalismo en todo el mundo. Esto
es ciertamente verdadero para la Europa de la última
parte del siglo XX, particularmente por lo que respecta
a la República federal alemana, que ha sufrido continuas
oleadas de emigrantes en busca de trabajo, refugiados
de guerras civiles y personas en busca de asilo durante
la última mitad del siglo XX . Para nosotros capuchinos,
que actualmente vivimos en 95 naciones y abarcamos “centenares
de comunidades étnicas” , las dinámicas de un tal multiculturalismo
son tan importantes que el pasado mes de febrero la
Orden ha celebrado en Addis Abeba un congreso sobre
el tema “Fraternidad y Etnicidad”.
Con nuestra creciente toma de conciencia
y con el crecer del conocimiento de las dinámicas del
multiculturalismo, los especialistas en el campo cultural
y especialmente los psicólogos interculturales han comenzado
a explorar el fenómeno conocido como el biculturalismo.
A veces el biculturalismo viene definido como “la capacidad
de las personas de una minoría cultural para comprender
y trabajar en el ámbito de la cultura dominante para
mejorar su bienestar económico y / o físico en la interacción
que tienen con tal cultura… [aun conservando] el conocimiento
y los modos del comportamiento de su propia cultura
nativa” . Otros sostienen que el biculturalismo representa
sólo una fase transitoria en el paso de una cultura
a otra y es el punto intermedio en el proceso del paso
de la completa segregación al ideal que viene constituido
por la total asimilación . Finalmente algunos piensan
que el estado de biculturalismo es por definición una
experiencia de marginación en las cual las personas
no se encuentran a gusto en ninguna de las dos culturas,
pero se encuentran ante el reto de crear un espacio
donde tal separación puede ser continuamente explorada,
reconocida y cambiada .
Sin embargo recientemente algunos estudiosos
han sostenido que el biculturalismo no es necesariamente
una experiencia de marginación o de dislocación. No
es un paso intermedio y desagradable hacia la asimilación.
Más que todo el biculturalismo es visto por algunos
como un sano y totalmente estadio ideal de adaptación,
en el cual la propia y original visión cultural del
mundo permanece intacta mientras se van adquiriendo
elementos de la cultura alternativa . Jean Phinney,
por ejemplo, ha sostenido que ser miembro de dos culturas
no significa existir en medio de las dos, no denota
un estado en el que uno caería como en una trampa, en
el que uno es precisamente cogido en el medio; sino
que más bien el biculturalismo puede ser una posición
integrada de la vida, en la que uno pertenece a dos
culturas -- a distintos niveles -- al mismo tiempo .
Esta visión del biculturalismo sugiere
que la capacidad de vivir con éxito lo que algunos han
llamado “una existencia conjunta” no significa alcanzar
un punto de perfecto equilibrio entre las culturas,
sino desarrollar la capacidad de comprometerse en un
continuo proceso de negociado entre las culturas. Con
este fin los investigadores han encontrado que las personas
biculturales no aceptan elementos de las dos culturas
que constituyen su identidad al mismo grado y al mismo
tiempo. Por otro lado, así como sus auto-identidades
se modulan de acuerdo con la situación social, también
el equilibrio entre sus recursos culturales viene reajustado
para afrontar cualquier nueva situación social . Tales
personas parecen que hayan conseguido un elevado nivel
de aculturación y se han vuelto capaces de elaborar
distintos aspectos de sus identidades culturales según
la necesidad. Yo sostengo que este modo de concebir
el biculturalismo más positivo y dinámico ofrece una
útil analogía para reflexionar sobre la unión entre
minoridad y sacerdocio. De modo particular creo que
ello contribuya a la reflexión sobre la minoridad y
el sacerdocio en tres distintos modos.
Ante todo, la estructura bicultural
sugiere que ser un menor ordenado no significa estar
colocado en una situación en la cual uno se vea forzado
a escoger entre uno o el otro aspecto de su identidad
eclesial como primario o fundacional. Pienso que, desafortunadamente,
esto sucede con frecuencia cuando nosotros usamos un
lenguaje secuencial para describir nuestras identidades
eclesiásticas, como “primero capuchino y sólo después
sacerdote”. Tal lenguaje se sitúa fuera de los parámetros
de una mutua y crítica correlación y da a entender que
una vocación no es una palabra tan importante y tan
privilegiada para la identidad como la otra. Otra cosa
es reconocer la formación en la comunidad capuchina
como la formación originaria, que ordinariamente viene
antes, y que sólo después de ella uno está formado para
el ministerio sacerdotal. Pero esta sucesión histórica
no niega la posibilidad de que un hermano viva una vida
integrada como un menor ordenado, en la que tanto la
profesión religiosa como la ordenación son partes iguales
del diálogo en la vida de su vocación. Afirmar que aquí
se trata de algo más que de una sucesión histórica --
en otras palabras dar una prioridad teológica en lugar
de “cultural” a la sucesión profesión-ordenación --
efectivamente introduciría una especie de colonialismo
en nuestra manera de pensar el sacerdocio capuchino,
sugiriendo que la única forma aceptable de sacerdocio
es aquella que de algún modo ha sido domesticada en
la vida capuchina.
Sin embargo, la imagen del biculturalismo
sugiere otro camino. El menor ordenado como la más extensa
comunidad capuchina que acepta voluntariamente la unión
entre la profesión y la ordenación, a causa de tal realidad,
están invitados a una forma particular de inculturación
que modela y apoya la integración sin limitar ni la
una ni la otra. Es un giro hacia lo que algunos teólogos
llaman “dualismo complementario” -- una imagen que se
remonta al pensamiento simbólico “Ying-Yang” del Asia
oriental, pensamiento que es inclusivo, esto es la forma
de pensamiento “tanto/como”, que se distingue de la
forma de “dualismo conflictivo” o “o/bien” que caracteriza
de modo casi marcado el pensamiento occidental . El
biculturalismo revela que en la realidad conjunta del
hermano-ordenado efectivamente existe una gracia en
el ser tal: para el individuo, la comunidad, la iglesia
y el mundo. El biculturalismo indica que esta conjunción
es un don a aceptar, no un problema a resolver . Es,
como afirma Jung Young Lee, una invitación no sólo a
ser “tanto/como”, no sólo “entre”, sino en la aceptación
de esta nueva marginalidad a estar “dentro y más allá”,
trascendiendo el presente para modelar una nueva identidad,
una nueva concepción, una nueva relacionalidad como
“armonía de diferencia” .
Una segunda contribución del biculturalismo
a nuestra comprensión del sacerdocio capuchino es lo
que él nos revela respecto a la naturaleza dinámica
de esta conjunción. Como se ha notado precedentemente,
varios estudios han demostrado que las personas biculturales
no aceptan elementos de las dos culturas que constituyen
su identidad en el mismo grado y al mismo tiempo , sino
que la relación de autoidentidad de uno varía según
la situación social. Esta mirada en la dinámica de la
identidad bicultural ofrece al mismo tiempo una visión
útil como una estrategia importante tanto para la comunidad
capuchina que acepta la profesión o la ordenación como
para aquellos muchos individuos de nuestra fraternidad
que encarnan esta analogía eclesial de biculturalismo.
Exactamente como una persona afro-americana,
que adquiere el estado integrado de biculturalismo,
sabe cuando dar relieve a su africanidad, como cuando
dar relieve a su identidad americana, o tener los dos
elementos en equilibrio, así la fraternidad capuchina,
como cada uno de los hermanos ordenados en la fraternidad,
pueden adquirir suficiente integración para saber cuando
es apropiado dar relieve al aspecto capuchino de nuestra
identidad eclesial, como cuando dar relieve al aspecto
sacerdotal de nuestra identidad eclesial, o cuando hay
que mantener los dos elementos en equilibrio.
Un ejemplo concreto de cómo pueda hacerse
esto respecta a la cuestión de la concelebración, un
tema afrontado ya en nuestra historia introductiva.
Creo que el acto de la concelebración por parte de un
hermano ordenado necesariamente subraya el aspecto sacerdotal
de su identidad eclesial. Esto a la vez tiene un subrayo
muy apropiado, como, por ejemplo en la Misa crismal
celebrada con el obispo. Otras veces, por el contrario,
la concelebración es decididamente no apropiada porque
subraya el aspecto sacerdotal de la identidad eclesial
de un hermano, mientras que el rito está efectivamente
subrayando la identidad capuchina. Un ejemplo de esto
podría ser la celebración de la primera profesión. Puede
ser apropiado celebrar la primera profesión en el contexto
de la Eucaristía; pero tener la concelebración durante
tal rito cambia de manera inapropiada el equilibrio
hacia el eje sacerdotal de la identidad eclesial comunitaria,
mientras que el centro primario de la primera profesión
es el aspecto capuchino de nuestra identidad eclesial.
La concelebración no es un derecho absoluto y debe ser
regulada -- pero regulada de manera que el justo aspecto
de nuestra conjunta identidad individual y comunitaria
quede puesto de relieve. Si nuestra identidad conjunta
debe progresar efectivamente hacia un estado de ser
de un avanzado nivel de inculturación, entonces tanto
los individuos como las comunidades necesitan un repertorio
dinámico de respuestas, cada una adecuada a las circunstancias
específicas en que se presentan, de manera que se pueda
mantener un justo equilibrio entre el carisma de la
profesión y el de la ordenación. Una respuesta única,
típica [por ejemplo que la concelebración jamás esté
permitida o “yo concelebro siempre”] es al mismo tiempo
superficial y potencialmente distributiva. Conviene
hacer notar que la finalidad de cualquier estrategia
con vistas a nuestro biculturalismo eclesial no es suprimir
o ignorar el uno o el otro aspecto de los carismas de
nuestra comunidad encarnados en la presencia de menores
ordenados, sino de hacer posible su justo y dinámico
equilibrio.
Una tercera contribución que proviene
de usar el biculturalismo como estructura para reflexionar
sobre la relación entre minoridad y ordenación es la
fuerte invitación a ser solidarios con el creciente
número de hermanas y hermanos en todo el mundo para
los cuales el biculturalismo no es una opción sino un
hecho de su vida diaria. En términos de emigración internacional,
por ejemplo, los tres últimos decenios han visto un
crecimiento de más del 230 % en el número de personas
que viven fuera de sus países de origen, un número estimado
corrientemente en más de 185 millones Este y otros factores
de nuestro mundo multicultural contribuyen al desarrollo
de una creciente población de lo que los sociólogos
llaman “raza mixta”. Por dar sólo un ejemplo, Gran Bretaña
hoy está experimentando niveles record de
“Cohabitación, matrimonios y relaciones
románticas entre diferentes grupos étnicos y raciales.
Según las últimas estadísticas del Censo de Inglaterra
y Gales, 660.000 personas se describen como de etnicidad
mixta. El grupo mixto más grande es el blanco y el negro
caribeño, 237.000, de los cuales 137.000 (57,5%) tienen
15 años o menos. Extrapolando estos datos, el número
de británicos implicados en situaciones de raza mixta
es mucho más grande que este número y está en crecimiento.
La población de raza/etnicidad mixta es ahora la tercera
minoría más grande en Gran Bretaña, el 14,6% respecto
a la totalidad de las minorías étnicas, segunda respecto
a las comunidades india y paquistaní y más grande que
las poblaciones caribeñas y africanas”
Como habréis podido comprender, esta
población en expansión tiene hoy también el perfil más
joven en Gran Bretaña. Según recientes publicaciones
del gobierno, 55% de los identificados como de raza
mixta están por debajo del 16% años, mientras que la
proporción de la población blanca por debajo de los
16 años era sólo del 19% Como justamente ha observado
Elizondo, “el futuro es mixto” .
Evidentemente el biculturalismo y la
raza mixta no son necesariamente términos sinónimos,
especialmente si uno cuenta en el biculturalismo como
en un estado avanzado de aculturación. Desafortunadamente
para muchos si no para la mayor parte de los emigrantes
y de las personas de origen de raza mixta su situación
es una situación de marginación, de itinerancia obligada
y de minoridad forzada -- no una situación de integración.
Pero ¿qué tiene que hacer esta global situación con
los capuchinos y con el sacerdocio y la minoridad? Desde
mi perspectiva tiene algo que hacer y mucho.
En su Carta circular n. 20, fr. John
Corriveau habla de fraternidad evangélica en un “mundo
en cambio” En esta carta -- apoyándose en la Carta apostólica
del Papa Juan Pablo II Novo Millennio Ineunte -- sugiere
que una nueva imagen para describir nuestra fraternidad
es la de “casa y escuela de comunión” [2, 1]. Evidentemente
la comunión, koinonia, y la comunidad son experiencias
a las que aspiran todos en la tierra -- en particular
aquellos millones de habitantes del mundo que han cambiado
de lugar, que viven una vida cultural bifurcada. Ellos
desean ardientemente de poderse cambiar desde las orillas
y encontrar una sociedad que les permita vivir su propia
vida, compuesta de elementos sociales y culturales dispares,
en un modo integrado y pacífico.
Si nosotros debemos estar en misión
para estar personas cambiadas y que cambian, como nos
exhortan nuestras Constituciones [n. 174, 1] y las fuertes
indicaciones del III CPO (Mattli, 1978) , entonces se
debe reconocer que, según las palabras de tal Consejo,
nuestro primer paso en la evangelización es “con el
ejemplo de la propia vida” . La naturaleza eclesialmente
“mixta” de la comunidad capuchina internacional y, según
mi opinión, un recurso olvidado en nuestra misión hacia
aquellos que están en situaciones de incomodidad en
las distintas naciones, lenguas y culturas, porque nosotros
encarnamos el equivalente eclesiástico del biculturalismo,
nosotros somos el paralelo religioso de lo que algunos
estudiosos postmodernos llaman “hibridismo” . Nosotros
somos una comunidad híbrida, una unión de laicos y de
clérigos, elementos separados y tejidos juntos en una
singular pero no homogénea identidad. Somos un ejemplo
viviente -- o al menos un ejemplo potencial -- de inculturación
eclesiástica, una comunidad en camino hacia la integración
de las culturas clericales y laicales en una tercera
vía. Y así como ha afirmado la Asamblea de la Orden
en Lublin en el 1992, la fraternidad es el lugar donde
esta y todas las formas de inculturación comienzan ,
entonces la minoridad emerge no sólo como una característica
de la vida capuchina, sino como un modo dinámico de
inculturación: un medio para mostrar estima a los otros
sin condicionarlos, la voluntad de aceptar la ambigüedad
de una realidad compuesta como gracia evangélica. Así
el biculturalismo no sólo ofrece una crítica y una contribución
a la vida capuchina, sino que la vida capuchina ofrece
una crítica potencial y una contribución a aquella concepción
del biculturalismo que lo ve sólo como un estadio intermedio,
como una existencia permanentemente marginalizada o
finalmente una realidad definida sólo por la etnicidad
.
Doble pertenencia religiosa
Hasta este punto hemos tomado en consideración
el biculturalismo y algunos aspectos de la más amplia
realidad en nuestro replanteamiento de la imagen del
sacerdocio capuchino. Estas diferentes formas de hibidrismo
son muy comunes en nuestro mundo complejo y formas diversas
de hibidrismo y de complejidad vienen cada vez más a
constituir la Iglesia católica de hoy.. Una de ellas
es el fenómeno de la doble pertenencia religiosa, que
creo puede ofrecer un medio útil para repensar la unión
de profesión y ordenación para los menores.
La doble pertenencia religiosa -- esto
es, unirse a una religión y al mismo tiempo aceptar
las enseñanzas o las prácticas de otra religión -- aparece
como otro fenómeno, cuya frecuencia creciente puede
contribuir al proceso de globalización. Ciertamente
en Occidente, y en una Iglesia como la nuestra tradicionalmente
centrada en Occidente, este parece ser el caso . Sin
embargo, en países como el Japón la doble pertenencia
religiosa no es sólo una realidad difusa sino también
tradicional y que se remonta a tiempos anteriores a
la globalización. Por ejemplo, recientes estadísticas
del gobierno indican que en un país de 126 millones
de personas, cerca de 100 millones de japoneses se identifican
con el sintoísmo y 95 millones como budistas. La única
conclusión que se puede sacar de tales estadísticas
-- que no incluyen seguidores de muchas nuevas religiones
ni a los no creyentes en Japón -- es que la mayoría
de los japoneses se consideran tanto sintoístas como
budistas .
La doble pertenencia religiosa no sólo
es la regla en países como China, el Japón, Corea, Vietnán,
la India, el Nepal o Sri Lanka , sino que ella está
efectivamente también en las raíces de los orígenescristianos.
Como escribe Claude Geffré,
“Al inicio los hebreos que se habían
convertido en discípulos del camino de Jesús encontraron
como cosa normal continuar yendo a la sinagoga, circuncidarse
y no comer algunas clases de carnes impuras. Así creyeron
en la posibilidad de continuar siendo hebreos aun habiéndose
hecho cristianos” .
Sin embargo, a pesar de la historia,
la doble pertenencia religiosa ha surgido como problema
teológico “en las religiones que requieren un compromiso
absoluto y exclusivo para sus fundadores y su fe por
parte de los que se le adhieren” . Meter Phan entre
las religiones enumera el judaísmo, el cristianismo
y el islamismo. El hace notar que
“Estas tres religiones se consideran
no sólo mutuamente incompatibles sino también irreconciliables
con cualquier otra religión, de manera que la “conversión”
a alguna de ellas es frecuentemente celebrada con un
rito externo que indica una total abjuración de toda
fidelidad precedentemente religiosa” .
A pesar de tales posiciones oficiales,
un número cada vez mayor de estudiosos cristianos y
romano católicos piensa que el fenómeno de la doble
pertenencia -- ser un cristiano hindú o un cristiano
budista -- no es sólo secundario sino que incluso es
deseable . Yo dejo este debate a los teólogos interesados
en el pluralismo religioso; sin embargo quiero examinar
dos contribuciones distintas que esta analogía de la
doble pertenencia religiosa aporta a nuestro replanteamiento
sobre el sacerdocio capuchino.
Antes de todo, el fenómeno de la doble
pertenencia religiosa es un catalizador para un particular
y prometedor tipo de diálogo en un terreno notoriamente
difícil. Cuando personas determinadas y comunidades
se identifican simultáneamente con dos tradiciones religiosas
distintas, ellas sitúan el potencial del diálogo en
un inusual nivel de apertura y lo vacían de la aspereza
que con frecuencia caracterizan los contactos entre
las distintas religiones. Describiendo el efectivo diálogo
interreligioso, Jacques Dupuis nota que “para ser verdadero,
el diálogo interreligioso entre personas de distintas
fedes exige que todos los participantes hagan un positivo
esfuerzo para entrar en cuanto sea posible cada uno
en la experiencia religiosa y en la visión complexita
del otro” . Tal empatía es un don particular de aquellas
personas y de aquellas comunidades que viven no entre
una y otra religión sino dentro de dos diferentes experiencias
religiosos. Su diálogo es efectivamente un diálogo del
propio ser con la capacidad de un honesto y auténtico
intercambio y crítica según un estilo de complementariedad
más que de exclusión. Su diálogo es en efecto un autoexamen
que requiere particular humildad y honestidad.
Tal diálogo no constituye sólo una
técnica de supervivencia sino una potente forma de testimonio
y de evangelización . Muestra al cristianismo en su
aspecto más acogedor, permitiendo la “mutua complementariedad”
que enriquece a todos los participantes en el diálogo
. Es el rechazo de las formas colonialistas de la actividad
misionera , en la que la finalidad es la de imponer
a otra comunidad las propias creencias religiosas y
un exquisito ejemplo de un nuevo tipo de diálogo misionológico
-- una “misión al revés” – en el que se desarrolla una
verdadera reciprocidad entre el misionero y la comunidad
.
Analógicamente la vida capuchina del
siglo XXI encarna una especie de “doble pertenencia
religiosa” en la conjunción entre ordenación y profesión
religiosa. Es este tanto el estado de los hermanos individualmente
considerados como la misma naturaleza de nuestra fraternidad
contemporánea. La invitación positiva de este fenómeno
es la llamada a un diálogo público del propio ser, una
nueva respuesta a la llamada que hacen nuestras Constituciones
al “diálogo mutuo” en el espíritu de la fraterna comprensión
y de estima sincera, un compromiso y un continuo autoexamen
de esta yuxtaposición de carismas caracterizado por
la empatía, la honestidad y la hospitalidad. En la medida
en la que somos capaces de sostener un tal diálogo humilde
-- no como medio para mantener algunas problemáticas
advertidas en nuestra identidad capuchina, sino como
modo de una continua autorreflexión minorítica -- en
esa medida la vida capuchina se revela en un modo nuevo
como testimonio evangélico para aquellos que se encuentran
fuera de la comunidad romano católica. Al mismo tiempo,
tal diálogo minorítico se convierte en una forma particularmente
incisiva de “nueva evangelización”, no sólo en el sentido
originario que le ha dado el Papa Juan Pablo II como
el “despertar de los países tradicionalmente cristianos
a la urgencia del Evangelio”, sino nueva evangelización
para una Iglesia que se encuentra más generalmente de
frente al desafío del bautismo y de la ordenación, en
el esfuerzo de afrontar aquella particular alienación
de los fieles como resultado del clericalismo y necesitada
de nuevos modelos para el ministerio ordenado.
Una segunda contribución del fenómeno
de la nueva pertenencia religiosa a nuestro replanteamiento
del sacerdocio capuchino es su invitación a la reconciliación.
Pocas formas de violencia son tan nefastas como las
realizadas en nombre de la religión. Las reglas santas
son una realidad humana perturbadora y una herencia
particularmente devastadora entre hebreos, cristianos
y musulmanes . En su clásica obra Violence and the Sacred
René Girard ha demostrado como religión y violencia
están estrechamente unidas en las antiguas religiones
. Sin embargo, como demuestran recientes acontecimientos
en Bosnia, Irlanda del Norte, Israel, Afganistán y en
muchos otros lugares en todo el mundo, la inseparabilidad
de religión y violencia no ha quedado relegada a los
tiempos antiguos. Es triste ver hoy como existen aun
muchos que continuan aceptando la violencia como un
“sagrado deber” .
Como cristianos estamos llamados a
confesar los horrores que hemos cometido bajo las insignias
de Cristo. Como sintetiza John Cobb,
Nuestra historia está llena de persecuciones
de hebreos y heréticos. Hemos aprobado y santificado
conquistas y esclavitudes. Hemos reforzado el patriarcado
en formas extremas y horribles. Hemos ignorado las consecuencias
de nuestras acciones por el bienestar del mundo natural,
amenazando de este modo el futuro humano del planeta.
Hemos usado el poder político y económico para imponer
con la fuerza nuestras creencias a los demás.
Pocos han expresado la necesidad que
tenemos de confesar tales pecados de comisión y de omisión
como el Santo Padre, que durante su pontificado ha confesado
los atropellos que la Iglesia ha cometido contra los
hebreos, ortodoxos, las minorías y muchos otros. Este
es un paso esencial hacia la reconciliación. Sin embargo
el perdón no es un poder que pertenece a quien ha hecho
el mal sino un don que pertenece a las víctimas , y
un don que ellas pueden dar cuando no son demonizadas,
colonizadas, banalizadas o en algún otro modo rechazadas
como “otras” .
Los que tienen experiencia de la gracia
de la doble pertenencia pueden enseñarnos el camino.
Ellos han abrazado al otro en sí mismos y se han convertido
en iconos vivientes del diálogo interreligioso. Como
modelos dinámicos de integración, ellos vuelven claro
que la reconciliación no es un acto que se hace y se
termina de una vez por todas, sino una posición profética
constante . Los individuos y aun más las comunidades
de doble pertenencia religiosa son un simbólico antídoto
a la violencia que nace de la ignorancia religiosa o
del rechazo debido a la religión y muestran el camino
hacia Shalom.
Análogamente una comunidad minorítica
de hermanos laicos y de hermanos ordenados tiene la
capacidad de servir de icono de manera semejante. No
sólo el hermano ordenado individualmente considerado
sino mucho más todavía la comunidad, que comprende hermanos
laicos y hermanos ordenados como hermanos de un status
eclesial distinto pero igual, es en un cierto sentido
una comunidad que acepta una doble pertenencia. Es una
comunidad que anuncia que no existen extraños ni extranjeros
entre nosotros y que la diversidad es aceptada positivamente.
¡Qué poderoso testimonio para una Iglesia
en la que existe una difusa alienación e incluso violencia
entre los miembros laicos y los miembros ordenados!
Movimientos internacionales han hecho notar una creciente
preocupación respecto a la cultura clerical, que muchos
creen que ha contribuido de modo significativo al abuso
escandaloso que ha sacudido a la Iglesia católica romana
en mi país y en otras partes. Y como muchos laicos se
sienten marginados por el clero, así existe el hecho
de que un número creciente de pertenecientes al clero
se consideran como marginados por los laicos. Por ejemplo,
el estimado teólogo Dean Hoge en un estudio reciente
sobre sacerdotes romanos católicos ordenados hace poco
refiere que el 75% de los sacerdotes diocesanos activos
en los EE.UU. ordenados entre el 1995 y el 1999 piensa
que la ordenación confiere a los sacerdotes un status
que los hace esencialmente diferentes a los laicos.
El 69% de estos ordenados cree que un sacerdote debe
considerarse a si mismo como un “hombre separado” por
parte de Dios. Además, el 36% de estos nuevos sacerdotes
creen que los laicos deben estar “mejor formados en
respetar la autoridad de la palabra del sacerdote” .
En otras palabras, parece que -- ciertamente en los
EE.UU. – se haya difundido un estado de hecho que demuestra
como muchos miembros del clero romano católico y muchos
laicos se ven unos con respecto a otros como diferentes
e irreconciliables extranjeros, totalmente extraños.
Nosotros no sólo vivimos en una “comunidad
mixta” llamada “capuchina, sino que vivimos en una más
grande “comunidad mixta” llamada “Iglesia”. En su exhortación
apostólica Vita Consecrata, el Papa Juan Pablo II ha
definido las comunidades mixtas como aquellos institutos
que “se presentaban como fraternidades en las que todos
los miembros -- sacerdotes y no sacerdotes -- eran considerados
iguales entre sí” . ¿No deberíamos pensar en la Iglesia
como “comunidad de hermanos y hermanas en las cuales
todos los miembros, sacerdotes y laicos, son considerados
iguales entre sí”? El único camino para llegar a esta
visión es el camino de la reconciliación. Y como aquellas
comunidades que viven una vida de doble pertenencia
religiosa y son iconos y agentes de tal reconciliación,
evitando distinciones religiosas y aceptando la diversidad
en sí mismos, así debemos ser nosotros para la Iglesia:
agentes de reconciliación que, imitando el Crucificado,
queremos romper el círculo de la violencia y dar forma
a una nueva vía de ser iglesia, una nueva manera de
ser sacerdotes, no fundada en la separación y la sacralización,
sino en la solidaridad y en el servicio humilde -- esta
es la posición del verdadero hermano menor.
Estrategias
Reflexionando sobre la yuxtaposición
de sacerdocio y carisma franciscano de la minoridad,
me he propuesto de no componer una especie de letanía
de lamentos, describiendo detalladamente las posibilidades
y los problemas reales que podrían surgir o han surgido
de esta unión. He pensado que sería mejor gastar las
energías en explorar la posibilidad de una reestructuración
de la imagen de esta alianza, de manera que pueda verse
siempre más como una condivisión de gracia más que de
no-gracia, de una santa praxis más que de una mala praxis.
A este fin, he tratado de evitar el modo usual de pensar
con respecto al carisma de la minoridad, el del sacerdocio
o el de la conjunción de ambos. Sin embargo, tomando
en consideración dos diferentes formas de hibridismo
que son muy frecuentes en este mundo postmoderno --
esto es el biculturalismo y la doble pertenencia religiosa
– y, en particular, centrando la atención sobre interpretaciones
decididamente optimistas de estas formas de hibridismo,
he intentado dar una imagen renovada de la minoridad
ordenada, imagen que tenga forma de no oposición, y
por tanto sea complementaria y evangélica.
Implícita en este examen está la reconsideración
no sólo de la minoridad sino también de lo que significa
ser capuchino y en particular qué significa esto para
una fraternidad y no simplemente para una persona individualmente
considerada. Si está del todo claro, tanto histórica
como teológicamente, que el sacerdocio en ningún modo
es esencial a la vocación franciscana, sostengo más
bien que el sacerdocio es un componente de facto de
la identidad capuchina contemporánea y no sólo debe
ser reconocida sino aceptada como tal. Si, de acuerdo
con las más recientes estadísticas, al final del 2002
había en la Orden 9.093 profesos perpetuos y de ellos
7.080 eran sacerdotes o sobre el 77,9% eran sacerdotes,
entonces pienso que no se trata de un aspecto irrelevante,
extraño o accidental de nuestra vida común o de autoidentidad.
Y, dada la tendencia estadística del último decenio,
no parece que este aspecto de la realidad capuchina
esté andando hacia la desaparición. Es un dato de hecho
que debemos tomar en serio.
Esto significa que para ser “un” capuchino,
¿deba uno ordenarse? Evidentemente no. Más todavía,
la consideración no mira a este o a aquel capuchino
en particular, sino a la misma naturaleza de la fraternidad
capuchina que innegablemente es “mixta”.
Uno de los motivos por los que no he
perdido ninguna energía sobre el desarrollo histórico
de esta realidad es porque pienso que el actual desafío
no es el de negar una tal realidad capuchina, refiriéndose
a cierto puro ideal franciscano o a una teoría sobre
el ‘capuchino’ que aísla o niega del todo la importancia
del sacerdocio en nuestra vocación, sino afrontar directamente
este hecho, este innegable hecho actual, para poder
ofrecer una interpretación nueva, constructiva, positiva
y auténtica de esta realidad mixta. La capacidad y la
voluntad de hacer esto es en sí misma, así pienso, un
auténtico gesto de minoridad.
Ser una comunidad mixta que evita estrategias
de desvalorización o de segregación, ser una comunidad
mixta que rechaza la tolerancia como aceptable modus
vivendi, ser una comunidad mixta que, por el contrario,
se esfuerza en ser una fraternidad modelo de diálogo,
de reconciliación, de nueva evangelización y de misión
es, según mi opinión, una comunidad dispuesta no sólo
a aceptar la minoridad, sino a aceptar una minoridad
que es trinitaria .
El triple horno de amor que nosotros
llamamos Trinidad es una infinita repetición del otro,
caracterizada por un torrente de dar y de recibir que
nunca tiene fin, como se celebra magníficamente en el
gran canto del segundo capítulo de la Carta a los Filipenses.
Dios como tres
Edad Total de profesos perpetuos Total
sacerdotes % de sacerdotes
2,001 9,106 7,141 78.4%
2,000 9,207 7,189 78%
1,999 9,289 7,225 77.8%
1,998 9,289 7,284 78.4%
1,997 9,376 7,323 78.1%
1,996 9,423 7,332 77.8%
1,995 9,567 7,443 77.8%
1,994 9,626 7,496 77.9%
1,993 9,789 7,623 77.9%
en uno,, se revela como deidad en la “misión” beatífica
del divino sí. Pero este dar y recibir, esta divina
“misión” está caracterizada por una eterna humildad
, en la que ninguna Divina Persona está limitada en
el intercambio mutuo. Más, el mutuo intercambio entre
el Padre y el Hijo es tan pleno que engendra la Santidad
en el Espíritu esto es el Espíritu Santo. Aquí está
el origen divino del “ser en y más allá” lleno de amor.
Este es el icono divino de la minoridad, en la que no
existe una alienación en función de sí sino sólo un
servicio de complementaridad. No hay nada de por medio
que sea excluido, no hay una existencia “o/o bien” en
el eterno Dios, sino que lo que nuestros hermanos y
hermanas de Asia han enseñado es ser una relacionalidad
“Ying-Yang”, en la que, por encima de la coexistencia,
cada uno existe en el otro . Creo que el reto de minoridad
fundado sobre la revelación trinitaria sea, para nosotros,
el mismo: permanecer fraternal y eclesialmente los unos
en los otros.
¿Cómo podemos caminar hacia esta minoridad
trinitaria? ¿Cómo podemos modelar una fraternidad no
sólo mixta en el hecho sino con una espiritualidad de
complementariedad suficientemente amplia como para abrazar
a hermanos laicos y a hermanos sacerdotes y de proyectarse
por encima de nosotros mismos al servicio de una Iglesia
que se debate a causa de su propia mixta identidad y
al servicio de un mundo lleno de hibridismo? Creo que
para responder a estas preguntas podemos tomar algunas
indicaciones de nuestras Constituciones, las cuales
en el capítulo II amonestan al personal dedicado a la
formación a actuar de modo “que los hermanos en formación
adquieran una cultura viva y coherente” Con frecuencia
pensamos en la cultura en términos de etnicidad y de
raza, pero la cultura, evidentemente, es una dinámica
mucho más amplia que todo esto. Esto es un hecho reconocido
en el IV CPO (Roma 1981), que considera la formación
con vistas a la gran diversidad que caracteriza a los
que entran en la Orden . El Consejo prosigue subrayando
la importancia de la inculturación, esto es “la integración
de la experiencia vivida del carisma franciscano-capuchino
en la cultura del pueblo en medio al cual los hermanos
viven y trabajan”. Este, según el IV CPO, se obtiene
mediante la participación, la apertura, la integración
y la conversión.
Si este proceso de inculturación tiene
que integrarse en el proceso de formación, en el que
cada uno de los hermanos y las comunidades están llamadas
a “superar la tendencia a crearse un mundo cerrado y
a participar, por el contrario, en las experiencias
de los demás” , entonces creo que un primer paso hacia
la minoridad trinitaria es el de inculturar intencionalmente
a los hermanos, desde el principio, a ser menores biculturales,
que explícitamente desde el inicio afronten la realidad
de la naturaleza mixta de nuestra vocación común. Normalmente
muchos de nuestros programas de formación inicial no
tratan de la cuestión del sacerdocio hasta por lo menos
después del postulantazo y el noviciado y hasta más
tarde. Me parece que actuando así perdemos la ocasión
de mejorar la capacidad de un hermano de aceptar la
dualidad complementaria que es una característica de
la vida capuchina del siglo XXI. Si la preocupación
de nuestros programas de formación inicial está sólo
dirigida a aquellas cosas que tenemos en común como
hermanos, entonces cada reflexión ulterior sobre el
sacerdocio puede aparecer como una intrusión desagradable,
que introduce distinciones cuando antes ha habido sólo
cosas comunes. Entonces quisiera sugerir que se formen
los hermanos desde el comienzo como hermanos que comprenden
y acepta la dualidad complementaria de profesión y de
ordenación, que es una característica de la vida capuchina
del siglo XXI.
Una segunda clave para una minoridad
inspirada en la Trinidad es la formación para el culto
de todos los hermanos que les forme como menores para
el aspecto litúrgico. El II CPO (Taizé, 1973) nos ha
invitado a “orar como hermanos menores”. Este es un
repetido sonido de trompeta que nos invita a orar y
a vivir nuestra oración en manera tal de dar o de evitar
cualquier impresión de superioridad por parte de un
hermano sobre otro. Mantener este espíritu constituye
una particular dificultad y un compromiso en el contexto
de la liturgia oficial de la Iglesia, porque muchos
estudiosos actualmente piensan que algunas formas rituales
en su esencia son fundamentalmente un ejercicio de poder.
Presidir la Eucaristía no es un derecho sino un privilegio,
y sólo un privilegio para el servicio. Como fuente y
culmen de la vida de la Iglesia la liturgia -- y especialmente
la Eucaristía – debe ser la síntesis de la posición
minorítica de los hermanos. Sólo entonces ella realizará
la misión del II CPO, que ve la oración -- y especialmente
la Eucaristía -- como un acto de conversión . Si este
no es el fruto de la Eucaristía y de los demás actos
de culto, entonces el culto no sólo no vale nada sino
que incluso disminuye hasta los ligamentos fraternos.
Así las preferencias personales y las prerrogativas
del hermano ordenado no debería dominar ningún aspecto
de la ecología litúrgica capuchina. Incluso los hermanos
ordenados deben comprender y aceptar en el contexto
litúrgico que ellos son servidores especiales en la
liturgia y su compromiso es “el bien común espiritual
del pueblo de Dios [y de todos los hermanos] más que…
la inclinación personal o una opción arbitraria”. Esto
es una particular contribución que los hermanos ordenados
pueden aportar a una Iglesia, en la que, con demasiada
frecuencia, muchos fieles tienen la experiencia de la
liturgia como causa de exclusión y de opresión .
Finalmente, una tercera clave para
una minoridad inspirada trinitariamente es la de alargar
el círculo de colaboración y de toma de decisiones de
modo que, por parafrasear el III CPO, decidamos no sólo
“para” los demás sino “con” los demás. Ciertamente como
hermanos laicos y hermanos ordenados estamos llamados
a colaborar los unos con los otros, pero a veces el
clericalismo institucional que ha caracterizado a nuestra
Orden en el pasado aun en el presente impide la colaboración.
Promover la verdadera colaboración no sólo de los otros
franciscanos, sino también de nuestras hermanas y de
nuestros hermanos laicos creo que puede ayudar a cambiar
tal dinámica. Veo que en mi familia los hermanos se
comportan de manera diferente cuando una de nuestras
hermanas está presente. Ellas tienen una manera particular
de enseñarnos de cómo ser hermanos, aun cuando ellas
no lo son. Siento que en esta sala no haya hermanas
y me pregunto qué nos enseñarían sobre el ser hermanos
y sobre el estar los unos junto a los otros, cualquiera
que sea nuestro status eclesial. Con frecuencia nuestras
hermanas laicas y nuestros hermanos laicos no distinguen
o no pueden distinguir un hermano ordenado de un hermano
laico. Para ellos son sólo capuchinos. ¿Qué sucedería
si ellas formaran cada vez más parte de nuestra vida,
no como “objeto” de nuestra misión y de nuestro ministerio,
sino como co-agentes en la vida, enseñándonos precisamente
a ser capuchinos? ¿En qué modo podrían ayudarnos a repensar
nuestra complementariedad si ellas seriamente fuesen
invitadas a esta complementariedad a todo nivel de la
Orden?
Algunos sostendrían que la misión de
la Iglesia esté ante todo dirigida por los laicos, que
actúan en el Espíritu y por su propia iniciativa como
cristianos bautizados. El III CPO subraya “la necesidad
de comprometer a los laicos, en cada nivel, en nuestra
obra de evangelización”. ¿Cuál es su papel en una imagen
renovada de la nueva evangelización para una Iglesia
que se encuentra de frente a la yuxtaposición de bautismo
y ordenación y a la vez está dividida? ¿Cómo nos pueden
ayudar a reflexionar sobre el modo en el que nosotros
oramos, cómo formamos a los hermanos, cómo tomamos las
decisiones, cómo vivimos juntos? ¿Qué nos pueden enseñar
sobre la posibilidad de la mutualidad cuando como laicos
y ordenados buscamos de modelar nuevas formas de vivir
juntos?
Uno de mis trozos favoritos del IV
CPO es el que estructura el principio formativo de la
“participación”. El fin de este principio es el de “superar
la tendencia a crearse un mundo cerrado y participar
por el contrario en las experiencias de los demás”.
El mismo Consejo continua diciendo:
Nadie puede cambiar por sí sólo, todos
tienen necesidad de los demás… Esta apertura a los demás
y esta capacidad de participar, es fuente de enriquecimiento
espiritual y cultural, como también sirve para superar
la contraposición exasperada que a veces puede estar
presente… En virtud de este principio… se debe favorecer
la fraternidad abierta… Esta apertura será un estímulo
para una profundización y una mejor actuación de los
valores franciscanos comunes.
Creo que esta es una visión profética
que aun debe encontrar su realización, pero creo que
ha llegado su hora. En un mundo y en una Iglesia, heridos
por la violencia, la opresión, el abuso, es sólo a través
de la colaboración, la mutualidad y la voluntad de vivir
juntos los unos con los otros como podemos todos juntos
parar el cerco de violencia y convertirnos en auténticos
colaboradores del reino de Dios.
Dios que ha iniciado esta obra buena
en nosotros, nos conceda la gracia de llevarla a cumplimiento
en Cristo Jesús, que nosotros profesamos como Señor
y hermano, icono divino de la mutualidad, aquí y en
todas partes, por siempre. Amen.
|
| |
Minoridad,
itinerancia y sistema |
| Fidel Aizpurúa
Donazar, o.f.m.cap. |
|
“NO PERTENECEN AL SISTEMA, COMO TAMPOCO YO PERTENEZCO
AL SISTEMA” (Jn 17,16)
Introducción:
Abrimos nuestra reflexión con la denuncia
profética del ya desaparecido franciscanista Lázaro
Iriarte que pone el dedo en una de las llagas de la
historia franciscana, aún sangrante: “La minoridad ha
sido para la Orden la parte menos apreciada de la herencia
otorgada por el fundador, la primera en ser dejada de
lado, a pesar de ser cosa bastante inteligible y poco
expuesta a complicaciones jurídicas…Toda la compleja
problemática que se desarrolló en la fraternidad, después
de la muerte del santo en torno a la pobreza, todas
las luchas internas y las complicaciones externas, bien
poco evangélicas…dependieron del empeño imposible por
parte de los hijos de san Francisco por querer ‘ser
pobres’ sin haber tenido la valentía de continuar siendo
‘menores’” .
La intención de esta comunicación es la de colaborar
a suscitar “la valentía de ser menores”, una valentía
que no es sólo, ni quizá sobre todo, personal sino más
bien comunitaria. Existe la percepción generalizada
de que los franciscanos/as podemos vivir la minoridad
en formas individualizadas, mientras que participar
de una comunidad minorítica nos resulta casi imposible.
Da la impresión de que las estructuras comunitarias
son un impedimento real para la construcción de un proyecto
minorítico de vida. Esas estructuras que se convierten
en pertenencia a un entramado de sistemas son el objeto
de nuestra reflexión .
¿Es realmente posible una vida franciscana en minoridad?
La pregunta conlleva el requisito de tratar de superar
la malcreencia de hablar, pretender, desear, la minoridad
comunitaria en la evidencia de que se vive, de facto,
en otra dirección. La malcreencia genera tensiones insolubles
entre la espiritualidad y el compromiso, entre el anhelo
y la práctica, entre el lenguaje teológico y el comportamiento
cotidiano, conduciendo a rupturas definitivas . Hablar
de un componente de nuestro bagaje carismático habría
de incluir la decisión personal y comunitaria de estar
realmente dispuestos a caminar en la dirección de lo
reflexionado. Si no, mejor dejarlo.
Un segundo requisito previo, sin él no valdría la pena
intentar continuar, es el de aceptar una dosis palpable
de riesgo. La transición de un estilo de vida a otro
produce un fuerte sentimiento de inseguridad ante el
que se puede tomar dos posturas: tratar de robustecer
las estructuras en las que siempre habíamos confiado
y que cohesionaron nuestros estilo de vida o, por el
contrario, construir una “sociedad de riesgo” que empuja
a vivir creativamente con el riesgo y la incertidumbre
. Habrá que pasar de una comunidad de la nostalgia a
otra de la posibilidad y de lo nuevo .
Nuestra reflexión se propone, en un primer lugar, describir
de forma sucinta y chocante el funcionamiento de un
sistema y los modos de pertenencia al mismo. Además,
trataremos de poner de manfiesto las dificultades y
posibilidades de anhelar vivir no sistémicamente en
la evidente pertenencia a un entramado de sistemas.
En tercer lugar intentaremos proponer un conjunto de
elementos que puedan conducir a una alternativa sistémica.
Finalmente, sugeriremos una serie de ámbitos reflexivos
necesarios para entrever la posibilidad de un proyecto
de vida franciscano más alternativo, menos alejado de
los sistemas dominantes y, por ende, más profético.
Hablamos, cada vez menos, de refundar la Vida Religiosa.
Es una idea demasiado novedosa, quizá prematura, que
vamos abandonando porque comprobamos lo difícil que
nos resulta mover nuestras tiendas. Hemos intuido que
refundar solamente es posible relacionándose con el
caos y la confusión de nuestro tiempo, para llegar así
a responder de una forma nueva a las necesidades de
nuestro tiempo en evolución. Pues bien. Aunque el concepto
haya sido prematuro, el mensaje no puede quedar desatendido.
“Los religiosos y religiosas estamos en el umbral de
un mundo desconcertante y apasionante. Éste puede no
ser el tiempo adecuado de refundar. Nuestro reto es
acoger la oscuridad y la muerte, los dolores del embarazo
y las diversas luchas por dar a luz a la vida” . Los
trabajos por poner en pie un estilo de vida de más alta
densidad minorítica son los dolores del embarazo hasta
que nazca, ojalá, una vida franciscana nueva.
Nuestra pretensión es, así mismo, minorítica: no queremos
cambiar el sistema sino que, al menos, el sistema no
nos cambie a nosotros, no mate los anhelos que el hermano
Francisco sembrara en los comienzos de esta aventura.
Esos anhelos brotan, lo sabemos, del mismo Jesús: cuando
él rogó para que sus seguidores futuros no pertenecieran
al mundo como tampoco él pertenecía al mundo (Jn 17,16),
en realidad estaba pidiendo que no perteneciéramos al
sistema injusto e inhumano en el que, con frecuencia,
se ha configurado el hecho histórico .
I. Sistemas y estructuras: incidencia
en la VR
La VR es una realidad totalmente inserta
en el contexto histórico. Aunque tenga como finalidad
espiritual hacer visible “el misterio del reino que
actúa ya en la historia” , en realidad, es con el hoy
con quien tiene que lidiar y construir su razón y su
sentido. De ahí que el análisis sobre sus modos de inserción
en la historia no le puede ser ahorrado.
1. Un “mundo de torbellinos”
Nuestro mundo puede ser entendido
y definido como “un mundo de torbellinos”. De alguna
forma, es preciso estar dispuesto, con todos los riesgos
que eso conlleva, a entrar en esos torbellinos . Veámoslos
en modo sucinto:
• Un torbellino persistente en toda la historia humana
y hoy bien vivo es el del poder. Se piensa que tener
poder sobre otros es el modo más eficaz de autoafirmación
humana. Siempre lo ha sido así. Pero hoy, el torbellino
del poder está activado por la información. En esta
“era de la información” quien tiene información tiene
poder. El mundo de los países y de las personas excluidas,
junto con un ámbito de exclusión económica es un ámbito
de exclusión de la información. Y todo ello porque crear
opinión es la manera de controlar todo, el mercado y
los sentimientos, la producción y los sueños. El torbellino
del poder sigue más vivo que nunca, porque la sed de
ser uno/a mismo/a está muy lejos de ser apagada.
• Otro torbellino que viene también de lejos es el de
la necesidad de sentido. Cuanto más son los años que
acumula historia de lo humano, cuantas más son las heridas
universales que los pueblos van encajando, el horizonte
del sentido se nubla con más oscuridad. No en vano se
ha definido a la persona moderna como “el hombre en
busca de sentido” . Porque cuando la persona encuentra
ese lugar en el mundo que da sentido a cada uno de sus
pasos, el caminar por la vida se hace más ligero y más
creativo. En la génesis de las grandes alienaciones
sociales suele haber a la base un oscurecimiento del
sentido, un atolondramiento que da por bueno lo que
se vive sin discusión. Muchos movimientos de masas actuales
encuentran su explicación aquí.
• Los más claros analistas del momento actual dicen
que el estado-nación está en crisis y que quien cada
vez tiene más las riendas del poder es lo que llaman
estado-red, aludiendo a Internet como ámbito comercial
y político del futuro. Si a ello añadimos la actuación
de esa “mano negra” que organiza la economía a beneficio
de las grandes multinacionales, las grandes mafias que
manipulan a su antojo el devenir económico de los pueblos,
podremos intuir la realidad de que el estado-nación
es, a su manera, un esclavo más del poder. De aquí se
genera, y la persona lo percibe de alguna manera así,
una pérdida de identidad. Visto que no se puede dominar
lo indominable, es por el viejo camino de la afirmación
de los nacionalismos como no pocas personas y pueblos
tratan de encontrar su identidad. En este paradójico
torbellino se halla inmersa la realidad social de hoy.
• La crisis del modelo patriarcal es un gran torbellino
porque toca vivamente las opciones sobre las que se
ha asentado tradicionalmente la estructura de la persona.
Dicho modelo no ha sido capaz de resistir a la revolución
sexual, la incorporación de la mujer al trabajo asalariado
o los diferentes movimientos emancipadores feministas
y de la liberación sexual. Por eso, las relaciones de
género y las intergeneracionales están adoptando formas
nuevas que se distancian del modelo patriarcal dominante
hasta ahora.
• El torbellino de migraciones que ha puesto en cuestión
algo tan sagrado aún para los humanos como el concepto
de frontera. El estado-red admite la migración porque
establece su frontera en elementos no geográficos sino
principalmente económicos. Por eso, aunque las fronteras
se debilitan y las migraciones se universalizan, hay
alguien que sigue controlando el caminar de los humanos.
2. Libertad, sistemas y estructuras
En este marco fáctico del mundo de
hoy es donde hemos de insertar la reflexión en torno
al sistema y a las estructuras que tanto inciden en
la organización y vivencia de la VR :
a) Libertad: Es la fuerza creadora que define en su
identidad más honda a los humanos, dinamizando su anhelo
para ser y realizarse. Esa fuerza se vehicula en la
comunicación (comunión), verbal y existencial, e incluye
a toda persona, a toda realidad, sobre todo a los más
débiles mediante la gratuidad.
b) Sistema: Es el conjunto de relaciones de producción
y de consumo social que pueden programarse de un modo
racional, englobando a individuos y pueblos.
c) Estructuras: Son estructuras estables de comunicación
que hacen posible la libertad de las personas, aunque
pertenecen al sistema y tienden a servirle.
Es preciso retomar estas definiciones desde un lado
reflexivo:
• No cabe duda que, siguiendo la gran tradición evangélica
, los trabajos del seguidor/a de Jesús han de ser trabajos
por la libertad. Se cree en la medida en que se libera.
La VR ha de estar siempre interpelada por la libertad,
por la fraternidad, por el anhelo de hacer de la historia
casa para una sola familia
• La evidencia compartida por grandes sectores de la
humanidad es que “en nuestro tiempo ha surgido un sistema
unitario, que engloba en línea económico-social a todos
los humanos, desde una perspectiva neo-liberal, capitalista”
que empuja a la exclusión de quien no entre en sus parámetros,
porque no quiere o porque se le impide y no puede. Esto
nos lleva, sin remedio, a una negativización del sistema.
Para nosotros el sistema histórico, el que existe, no
el ideal, es negativo, es la “coraza de hierro” de la
que hablaba Max Weber . Con ello habrá que contar a
la hora de intentar construir una alternativa franciscana
.
• Se entienden así mismo las estructuras, en cuanto
relacionadas con el sistema (y bien relacionadas), como
estructuras negativizadas. “Una institución (estructura)
sin libertad acaba volviéndose sistema impersonal (negativo)”
.
3. Dialéctica sistémica
Esta negativización del sistema y
de las estructuras que le sirven ha sido captada siempre
en la historia. Por eso, ha habido grupos que, con frecuencia,
han vivido su relación con el sistema en formas dialécticas,
proféticas. Pongamos cuatro ejemplos:
• La vida “adéspotos” de los epicúreos: Aristóteles
es el gran teórico de la polis, y con ello del sistema:
“El que no puede vivir en sociedad o no necesita nada
por su propia suficiencia, no es miembro de la comunidad,
sino una bestia o un dios” . Posteriormente el epicureísmo
elaboró la teoría de la “adespotía”: “(Ante la opresión
del sistema) era necesario buscar en sí mismo una libertad
interior que franquease a los hombres: la vida ‘adéspotos’,
sin dueño. En esta palabra se centra una de las ideas
típicas de la nueva sabiduría” . Es decir, por causa
de la pertenencia a un sistema no se puede renunciar
al sistema de valores, de predisposiciones y de contenidos
que alienta dentro de la persona.
• El monacato antiguo: Es un ejemplo decisivo y fundante
dentro de la historia de la Iglesia. Al huir de las
ciudades y de la convivencia social, lo que pretendieron
fue desarraigarse del sistema (económico, político,
legal, administrativo, social y hasta familiar) dominante
en su tiempo para ofrecer un modelo alternativo de ser.
Pretendieron construir lo que llamaban “la ciudad de
los seres humanos” , el sistema alternativo, incluyente,
fraterno.
• La fraternidad franciscana: Aunque Francisco no ha
elaborado una espiritualidad antisistémica, si algo
tuvo claro es que lo que él quería vivir era algo distinto
no solamente al comportamiento social del capitalismo
naciente sino del mismo sistema eclesial y aun afectivo.
• El movimiento social alternativo actual: La corriente
social ampliamente difundida por el mundo en foros como
los de Porto Alegre, Seattle, Génova, Barcelona, París,
etc., es lenguaje elocuente, obviado únicamente por
quien está instalado en el sistema dominante, de que
muchas personas viven dialécticamente su relación con
ese sistema en la creencia de que otro mundo es posible.
La simple enumeración de estos ejemplos indica que la
relación dialéctica con los sistemas dominantes siempre
ha estado ahí. Instalarse, a nivel de pensamiento y
de práctica, en modos alternativos no es un imposible
desechable a priori. Más bien lo contrario, la historia
enseña que esos movimientos alternativos han sido, sin
duda, los auténticos parteros de los caminos nuevos
de vida.
4. Vida Religiosa y
sistemas
Globalizando para poder situar la
reflexión nos hacemos una pregunta de tipo general:
¿Cuál ha sido la actitud de la VR en relación con el
sistema dominante, las estructuras sistémicas (Iglesia)
y sus propias estructuras legislativas? Fundamentalmente
no ha sido una relación dialéctica sino acomodaticia:
• La VR ha colaborado en modos decisivos al fortalecimiento
del sistema imperante. Lo ha hecho en nombre de su idea
de sociedad (monarquicismo), de su visión de la estratificación
social o de la cultura. Dice J.M.Castillo: “No es lógico,
sino estrictamente contradictorio, que los religiosos,
que condenan el capitalismo neoliberal, al mismo tiempo
que hacen eso tengan buenas universidades en la que
forman a los gestores mejores cotizados y más buscados
por las grandes empresas financieras y por los bancos
que obtienen mejores ganancias. Y si los bancos y las
empresas buscan y pagan bien a los jóvenes educados
por los religiosos, es porque se sabe que, en esas universidades,
los ‘profesionales de la pobreza’ son excelentes educadores
de los ‘gestores de la riqueza’. Nunca he entendido
esto. Ni lo podré entender, por mucho que intenten explicármelo”
. Del sistema imperante ha recibido muchos beneficios,
económicos y de estima social. Pero el sistema no es
gratuito y, por eso, la factura que pasa y sigue pasando
es muy grande.
• La VR, globalmente hablando, se ha echado en brazos
de la institución eclesial en sus aspectos más organizativos.
Aunque su función en la Iglesia era la profecía, la
de ser conciencia evangélica, por razones de índole
estructural y supuestamente evangélica, la VR ha creído
que una de sus principales tareas habría de ser colaborar
con la estructura eclesiástica tal como en ese momento
histórico se planteaba. J.B.Metz se preguntaba hace
años y sus preguntas aún nos sacuden: “¿Dónde se muestra
hoy, propiamente hablando, la tensión, en mi opinión
necesaria y fecunda, el antagonismo vital entre órdenes
y gran Iglesia? ¿Dónde están hoy las tensiones que marcaron
los orígenes de casi todas las órdenes, de los franciscanos
y los jesuitas, por mencionar sólo unos ejemplos? ¿No
se han situado estas órdenes, en el tiempo trascurrido
desde su fundación, demasiado en aquel ‘centro’ en que
todo se equilibra y se modera, no se han acomodado en
cierto modo a la gran Iglesia y se han dejado como cercar
por ella? ¿Y no se han dejado arrastrar de forma masiva,
precisamente por eso, al clima de crisis eclesial generalizada,
no se han dejado insertar bajo la campana de aire contaminado,
en aquel gris sobre gris que arroja su sombra sobre
nuestra vida eclesial de hoy y que cabalmente los hombres
y mujeres de las órdenes religiosas podrían y deberían
iluminar? ¿Dónde está hoy aquella capacidad de schok
intraeclesiástico de las órdenes? ¿Dónde ejercen con
pasión, por lo que a ellas respecta, la crítica profética
dentro de la Iglesia que no sólo les está permitida
en razón de su propia existencia de seguimiento, sino
que incluso se les exige, aunque a los auténticos profetas
siempre les sea difícil aceptar y desempeñar su cargo?”
. No haríamos bien ni en abrumarnos ni en rechazar el
agua fría de este baño, porque puede ser baño de purificación
y de vigor.
• Las mismas estructuras legales de la VR han buscado
siempre el amparo de la gran legalidad eclesial emanada
del Derecho. Así se ha llegado a comprobar con frecuencia,
aunque nuestras palabras pretendan desmentirlo, que
nuestras instituciones canónicas se sobreponen a la
intuiciones evangélicas. Desde esa perspectiva, no pocas
iniciativas de minoridad chocan contra un muro insuperable
y se agostan. Tal vez el concepto de liminaridad (de
limen, umbral, frontera) que emplean ciertos tratadistas
de la VR actual pueda sernos aquí de utilidad : “Liminaridad
es una tendencia inconsciente hacia la totalidad, la
plenitud, la conexión palpable con el Misterio Originante
que afecta a nuestras vidas tanto si somos conscientes
de ello como si no. Es una inclinación interna del espíritu
humano que desafía cualquier explicación lógica o racional…Es
necesario recordar una vez más que la tarea del grupo
liminar es la mediación de los valores universalmente
compartidos. Los valores parece que permanecen esencialmente
los mismos pero su mediación y aplicación exige nuevas
expresiones en cada uno de los momentos históricos y
culturales…Actualmente la zona liminar está densamente
poblada, muy a menudo por personas que se siente confusas,
perdidas y solas. Las respuestas que dieron los gurús
de ayer no iluminan ni dan seguridad. Se necesita una
nueva sabiduría para nuestro tiempo. Nadie está mejor
equipado para proveerla que aquellos que vivan completamente
en el espacio liminar” . La liminaridad puede ser otra
alternativa a la minoridad o, al menos, base ideológica
nueva para generar pensamiento en torno a ella .
5. “Endurecer el rostro”
“Voy a endurecer tu rostro como el
pedernal”, dice Dios al profeta Ezequiel para animarle
a arrostrar su tarea profética . Ante esta clase de
planteamientos no habría de asaltarnos la congoja y
el desaliento sino, más bien, el coraje y la fuerza
para dar cara a los interrogantes que hoy se plantean
a la comunidad fraterna. Habríamos de tener el valor
de hacernos las grandes cuestiones: ¿qué tipo de estructuras
queremos en realidad construir? ¿Cómo trabajar nuestra
pertenencia sistémica? ¿Qué anhelos hondos, reales,
obran hoy en nuestros colectivos religiosos? La comunicación
fraterna es cauce óptimo para atisbar posibles horizontes:
“La palabra no es una institución junto a las otras,
sino la base y posibilidad de todas ellas. No hay palabra
sin mediaciones lingüísticas (idiomas) e históricas
(procesos comunicativos), pero pueden pervertirla, haciéndose
opresión interhumana. Este es el riesgo y valor de la
comunicación” . Asumamos ese riesgo para recabar el
valor.
2. En el sistema sin ser del sistema
Ya hemos insinuado que, a nuestro
parecer, Francisco de Asís vivió dentro del marco sistémico
sin ser del sistema, sin hacerle el juego, proponiendo
un camino nuevo en modos no deliberadamente dialécticos
pero sí alternativos. Tras haber descritos los mecanismos
del sistema y su incidencia en la VR, permítasenos volver
al hermano de Asís.
1. Una serie de intentos
El intento de Francisco de vivir sin
hacer parte de la mecánica del sistema no es, por supuesto,
el único. Se inscribe en una serie larga que, en el
campo cristiano, arranca con el mismo Jesús de Nazaret
. Marquemos tres hitos:
• Es tesis común entre los franciscanistas que el primitivo
grupo de hermanos quiso reproducir el modo de vida de
los apóstoles . Se refiere al estilo de vida, ideal
y tópicamente consignado en sumarios como el de Hech
4,32-35, que inspiró y sigue inspirando la vida de no
pocas comunidades cristianas. El primitivo cristianismo,
tal como lo demuestran las cartas llamadas “católicas”
, sobrenadando en el mar del paganismo y desde una experiencia
fuerte de minoría religiosa, ha tenido que elaborar
mecanismos de vida comunitaria que le confirmaran en
sus propias opciones. ¿Hasta cuándo se ha mantenido
en esta postura de vivir dentro del sistema sin ser
del sistema? ¿Quizá hasta que el mismo Pablo ha intuido
que ofrecer la fe “a la familia” podría darle garantía
de continuidad? ¿Ha sido ese paso el comienzo de la
pertenencia de lo cristiano al sistema imperante? Nunca
lo sabremos. Lo que sí resulta cierto es que la “vida
apostólica”, como estilo de vida no dependiente del
sistema, ha inspirado ulteriormente el camino de muchos
cristianos.
• Siempre se ha dicho que el primer gran hito de la
historia cristiana en el que se quiere reproducir la
vida de los apóstoles fue el antiguo monacato . Pero,
en realidad, esto no fue así: parece que el gran número
de monjes y eremitas surgidos entre los siglos III-V
tuvieron como ideal ser ciudadanos nuevos de “la ciudad
de los seres humanos”, construir un proyecto social
humanizador inspirado en la espiritualidad cristiana
. Es decir, su fuga mundi es el rostro de su respuesta
interior a un sistema social y político que no se acepta,
hacia estilos de vida estructurada que, según ellos,
no son verdaderos . En este sentido, aunque la explicación
posterior sea la que alude a la vida de los apóstoles,
lo cierto es que el monacato antiguo es una respuesta
al sistema en formas de extremado alejamiento y desconexión.
• Es probable que esta manera de pensar influyera en
Francisco de Asís por vía de los movimientos laicales
populares del medioevo. Pero, posiblemente, no encontraremos
ni en Francisco ni en la primitiva comunidad un pensamiento
elaborado a este respecto. El clásico tema veterofranciscano
de “la salida del siglo” , por mucho que los mismos
autores de la época lo interpreten en el paradigma del
abandono del mundo, es más la opción decidida por no
comulgar con los mecanismos sociales que, en el sentir
de Francisco, chocan con su opción evangélica. No es
tanto una fuga cuanto un cuestionamiento práctico. La
novedad de Francisco (y de otros muchos grupos en el
decurso de la historia) es pretender vivir esta opción
sin salir del mundo y, en el caso de Francisco, hacerlo
no en modos dialécticos sino fraternales. Vista la institucionalización
posterior de la Orden ¿era un intento destinado al fracaso?
2. Estrategias
El anhelo de Francisco, el deseo de
vivir en el sistema en modos no sistémicos, se basó
en una serie de estrategias de todos conocidas:
• En el apartado de la economía: rechazo de todo título
de propiedad inmobiliaria e incluso mobiliaria, creyendo
que no tener vivienda propia era una manera de vida
asequible para su comunidad, como lo era en el caso
de los desheredados o de quienes pagaban a un arrendatario
; rechazo absoluto del dinero en modos exagerados que
indican la enorme prevención contra los peligros que
se derivan de su uso (acumulación, ostentación, poder)
; prevención grande contra una concepción de la cultura
entendida como instancia de superioridad y de poder
; prevención contra una actividad mercantil que exija
inversiones a causa de la propiedad . En definitiva,
la cuestión no parece estar en si Francisco permitía
casas o no, libros o no, dinero o no, trabajos especializados
o no. La originalidad estriba en tratar de vivir en
modos no sistémicos las realidades en las que se apoya
el sistema. Como no sabía elaborar una alternativa más
precisa (quizá no era posible en la época) formula su
visión diferente en los modos comunes de la prohibición.
• En el apartado del honor social: La prohibición de
recurrir a la Curia en busca de documentos que avalaran
su identidad y la consiguiente aprobación social es
entendida como el deseo de ofrecer otra posibilidad
de insertarse en el hecho social ; la no aceptación
de cargos o mayordomías no solamente marca un distanciamiento
del peligro que conlleva el manejo del dinero sino el
deseo de decir en qué nivel social se quiere uno situar,
fuera de los mecanismos de promoción y medre ; el componente
no clerical del inicio, más allá de discusiones históricas,
con que la primera comunidad ha estado amasada, quiere
situar a la opción franciscana en ese terreno no fácilmente
comprensible por una estructura eclesial a la que el
clericalismo le resulta connatural ; las maneras peculiares
de evangelizar (tanto con el ejemplo como “no contra
los clérigos”), está queriendo dibujar un modo de oferta
que se sitúa más en la benignidad y en la complicidad
del corazón que en la autoridad de quien puede enseñar
; la resistencia a la formulación jurídica de una Regla,
como lo muestra el tortuoso proceso que culmina en la
regla bulada, indica la prevención para echarse en brazos
de la consagración jurídica de un estilo de vida que
estaba llamado a la alternatividad .
3. ¿Lo consiguió?
Esa puede ser la pregunta de quien
lea el hecho primitivo franciscano desde una situación
alternativa al sistema. Posiblemente la respuesta exacta
no sea ni sí ni no. El intento es ya en sí un valor,
como el valor de la profecía aunque aún esté por cumplirse.
La verdad de las utopías no es tanto su cumplimiento
cuanto su capacidad de suscitar, de sugerir, de preguntar.
En ese sentido, la pervivencia de las preguntas, la
de la minoridad en concreto, es, sin duda, un legado
de la profecía franciscana que nos llega hasta hoy.
El precio pagado, de dura exclusión , tiene sentido
cuando un gran número de hermanos franciscanos/as de
hoy aún acogen con valor el reto, antisistémico y fraterno
a la vez, de Francisco.
3. La itinerancia como correctivo al sistema
De todos es sabido que los sistemas
requieren estabilidad. Las condiciones cambiantes, sobre
todo en el tema político, derivan en inestabilidad de
los mercados de valores y, en consecuencia, de las inversiones.
El sistema, sobre todo el dinero, quiere seguridad.
De ahí que la itinerancia es un correctivo al sistema,
un cañonazo en su línea de flotación.
1. Dinamismos de la itinerancia
La itinerancia no brota por generación
espontánea en la espiritualidad cristiana y franciscana.
Obran en ella una serie de dinamismos que la hacen posible:
• La concepción de lo creado como casa común: Desde
las antiguas experiencias religiosas , pasando por el
AT , la fe cristiana ha creído que el mundo era casa
común para todo lo creado. Francisco lo ha visto así,
tanto por razones de origen como de destino . Entender
la pertenencia a lo creado como a un hogar al que se
está destinado genera un nuevo tipo de relaciones sin
límite de apertura al otro.
• La comprensión de la humanidad como una familia: El
sistema sigue manejando el concepto socioeconómico de
“caverna”, de tribu, de núcleo restringido, de club
privado . Pero no es tanto un sector de lo creado que
sobrevive por la imposición a las otras especies y la
realidad social adversa , sino por la certeza, muchas
veces oscurecida, de poseer el mismo código genético.
Francisco experimentó místicamente esa consanguineidad.
Todos con-vivimos en la misma casa y por ello, todos
somos hermanos y hermanas, nos amamos y nunca está justificada
la violencia entre familiares .
• La mirada al corazón: La itinerancia se bloquea cuando
se mira la realidad histórica desde una perspectiva
de lucha social situada en los intereses de unos contra
otros. Es la manera propia de mirar del sistema. Por
el contrario, una lectura de la realidad desde el corazón
abre las puertas a lo transitivo, haciendo posible que
los caminos humanos se entrecrucen y se amplíen. Las
biografías franciscanas primitivas dicen que Francisco
era de mirada sencilla, así como sus hermanos . Quizá
la razón fuera que el mismo Francisco, como dice Ll
3, fue mirado “amorosamente” por Jesús. Ese dinamismo
de la mirada al interior posibilita la transitoriedad
sobre la que se basa cualquier itinerancia.
• La relativización del concepto de frontera: El sistema
se ancla en el concepto de frontera. De hecho, los avances
que en los últimos tiempos se han hecho en la dirección
de flexibilizar el concepto de frontera, o bien están
movidos sobre todo por intereses económicos (UE), o
bien han experimentado la falta de apoyo de los países
más sistémicos que no les interesa esa permeabilidad
. La itinerancia agujerea el espeso muro de la frontera
para entender el mundo como el único ámbito donde, ante
todo, ha de reinar la justicia y el derecho. Las peregrinaciones
de Francisco y sus primeros hermanos, a Tierra Santa,
quizá a Santiago de Compostela, no han de ser vistas
simplemente como unas prácticas religiosas de la época,
sino como comportamientos propios de quien entiende
la vida en ancho marco de la relación entre países.
2. Itinerancia versus sistema
El estilo de vida franciscano puede
ser entendido como una fraterna confrontación con el
sistema. La itinerancia sería una manera de poner rostro
a dicha confrontación. Desvelemos algunos matices:
• El modo itinerante de los primeros hermanos: Parece
que la estructura conventual, de asentamiento, no estuvo
presente en los primeros pasos de la familia franciscana,
aunque no tardó en llegar . El Testamento lo recuerda
con vivacidad . No conviene menospreciar las intuiciones
carismáticas más básicas del Francisco que vive el Evangelio
sin coacción, en total libertad, con unas estructuras
casi inexistentes. Más allá de los matices que se puedan
hacer a esta postura inicial, lo que no se podrá negar
es que la itinerancia fue una opción natural y deliberada
frente a las formas religiosas de vida estable bien
conocidas por el mismo Francisco. El sistema impuso
su ley pronto y se enfiló por la estabilidad del convento,
aunque fuera en maneras menos estables que las otras
órdenes .
• La misión franciscana en la itinerancia: Así fue entendida
y vivida al principio. El gozo de aquella libertad es
recordada también en el Testamento . Cierto que pudo
haber abusos, pero bien se encargó el sistema de reprimirlos
. Con esa represión se dio al traste con un modelo de
misión de corte no sistémico, de ofrenda, de exhortación,
que podría haber dado paso a una manera de evangelizar
de alto componente ecuménico .
• La obediencia franciscana como itinerancia: El sistema
exige obediencia ciega a esa “mano negra” que rige los
destinos sociales y económicos y que esconde las actuaciones
de los poderosos. Francisco entiende la obediencia de
otro modo: no es algo exigido por razones organizativas
sino una forma de garantizar, valga la expresión, la
libertad de Dios y la de la misma persona. La obediencia
es la libertad de pertenecer, la libertad de entrar
en el camino evangélico. Por eso “el que en fe se lanza
a la obediencia de la libertad para que Dios pueda actuar
con libertad, hace que se liberen otras energías que
no están de suyo a disposición del hombre” . Esas “otras
energías” son las que pueden configurar un sistema de
vida distinto, fraterno.
• Una nueva ciudadanía: Ya hemos dicho que el sistema
negativizado se articula sobre la vieja dialéctica dominador-dominado.
El Evangelio, y el franciscanismo por evangélico, postula
una nueva ciudadanía, aquella que hace del ancho mundo
y de la familia humana su verdadera casa. La pintoresca
escena de Flor 11 en que Francisco hace dar vueltas
al hermano Maseo para saber qué camino ha de seguir
dibuja el perfil utópico del franciscano: uno que da
mil vueltas ante el mundo en la certeza de que, caiga
donde caiga la suerte, estará en casa. Dice D. Flood
que los hermanos “rehuyeron una estabilidad que supusiera
una adscripción al marco social, que era lo que la política
comunal quería de ellos, toda vez que, como religiosos
ejemplares, habían comenzado a demostrar su valía (1
R 17,10-13). Si hubieran invertido mucho en una residencia,
cualquiera que fuera la justificación de dicha inversión,
pronto hubieran pasado a ser parte del cuadro social”
. Esa renuncia a la pertenencia sistémica es la que
puede alumbrar la nueva ciudadanía.
3. Trabajos por la recuperación de
la itinerancia al interior de la fraternidad
El milagro de una vida franciscana
itinerante no brotará sin un cultivo así mismo explícito
de la itinerancia en el marco interno de nuestras estructuras
de vida. En ese sentido quedan pendientes tareas como
superar la “monasterización” de nuestro estilo de vida
que nos acompaña desde hace varios siglos; la internacionalización
de la familia franciscana superando los férreos límites
de las demarcaciones provinciales y aun locales; la
rotación de cargos como símbolo de una fraternidad efectiva,
más allá de la rigidez de la norma canónica; la incorporación
real del fenómeno de las migraciones actuales como manera
concreta de insertarse en la itinerancia.
Para Francisco el texto de 1 Pe 2,11 (“como peregrinos
y extranjeros”) era un texto muy querido . Según la
actual exégesis, la patria a la que alude 1 Pe es la
comunidad . De la comunidad recibe la itinerancia la
fuerza para creer en ella, el ánimo para no decaer.
Sin el apoyo comunitario, la itinerancia desaparece
y aparece la estabilidad sistémica. Quizá por ello,
nuestro vigor comunitario podría ser medido por el vigor
de nuestra vida itinerante.
4. Planteamientos referenciales
Si se capta la dialéctica sistema/alternativa
habríamos de elaborar algunos planteamientos referenciales
al tratar el tema de la minoridad:
1. El cuestionamiento de lo incuestionable
Manipular conceptos, valores y vivencias
“consagradas” puede producir la reacción de renunciar
a cuestionar lo incuestionable. Sin embargo, cuestionar
lo incuestionable es algo que pertenece a la esencia
de la profecía y del seguimiento a Jesús: “El discipulado
cristiano consiste en vivir en este mundo del modo en
que Cristo vivió en el suyo: tocando los leprosos, sacando
asnos de la zanja en sábado, cuestionando lo incuestionable
y relacionándose con mujeres” . Quien entiende bien
la orientación evangélica habría de tener el valor y
el vigor de cuestionar lo que se considera incuestionable
por el sistema. Desde esa perspectiva, ninguna realidad
puede quedar eximida del análisis y del discernimiento.
El componente jerárquico de la fraternidad, de sus modos
sistémicos de vivir socialmente, de su estilo de conexión
y colaboración con el sistema eclesial, de su dependencia
de modos de vida económicos que suponen grandes servidumbres,
etc., ésos habría de ser los incuestionables a discernir
si son tales o no. En esa capacidad de cuestionamiento
se verifica el deseo real de cambio.
2. Frente al pensamiento único
Aunque proviniendo del campo económico,
la ideología del pensamiento único se aplica a toda
la realidad humana, social e incluso eclesial. “Es la
ideología que ha predicado el fin de las ideologías.
Es la ideología dominante que se presenta a sí misma
como natural; como tal, aspira a ser única y se exhibe
como indiscutible y como entorno en el que no pueden
participar más que los expertos” . Esta manera de entender
la realidad habría de encontrar siempre de frente a
la alternativa, a la pluralidad, a la minoridad. Pretender
entender las cosas de una sola manera es reducirlas
y aniquilarlas. Quien percibe la novedad de la minoridad
gestiona lo políticamente correcto e inicia caminos
de vida que abren caminos que no ceden al primer impulso
de la norma consagrada por el sistema. Quien tal hace,
entiende, maravillado, que los caminos posibles son
plurales, y que el pensamiento único, al presentarse
como único, pretende un engaño.
3. Replanteamiento del tema del honor
social
“Cuando los evangelios nos explican
lo central del mensaje de Jesús, ponen dos condiciones
para comprender y vivir el centro del Evangelio. Sólo
dos condiciones. La que se refiere al dinero y la que
se refiere al honor” . Las instituciones religiosas
han necesitado del honor social para tener un puesto
relevante en una sociedad de componente religioso. El
honor ha derivado, con frecuencia, en rango social elevado,
en intervención directa en los ámbitos de decisión publica.
Si se quiere entender la alternativa de la minoridad
es preciso replantear el tema del honor a la baja, sabiendo
que, como Jesús fue uno “sin honor” , así lo ha de ser
el seguidor creyendo que es posible mantener la dignidad
y el gozo por la vida aunque no se esté en el círculo
del honor .
4. Conciencia dentro del sistema
Los teólogos atribuyen a la VR la finalidad de ser conciencia
y fuerza de choque dentro del sistema eclesial y aun
social . Si se pierde esta función profética, la VR
pierde su finalidad primigenia y su horizonte natural.
En ese caso la minoridad impulsa decididamente a una
recuperación de esa función de choque, del trabajo impagable
de ofrecer continuas alternativas a una serie de sistema
que, por propia dinámica, se anquilosan y rutinizan,
de deshumanizan en suma. Las consecuencias de una u
otra actitud para el devenir de la Iglesia, de las órdenes
religiosas y aun de la misma sociedad, son trascendentales
. Si un CPO no fuera elemento de choque ni para los
mismos capuchinos, ¿cómo iba a serlo para la gran Iglesia
y, menos todavía, para la sociedad?
5. El desplazamiento hacia el margen
Por muy duro que resulte, la minoridad
lleva a corregir la perspectiva del grupo fraterno.
La perspectiva, más interesante que el mismo logro,
indica el horizonte al que tiende, el anhelo que mueve
el interior, el sueño que se acaricia. La perspectiva
desvela la orientación y el futuro. Por eso es tan decisiva.
Quien entiende la minoridad podría ver que la liminaridad,
la posibilidad de una vida en el margen, en conexión
con lo y los del margen, es una perspectiva posible
para una orden minorítica . Mientras el margen (social,
eclesial, afectivo, económico, etc.) nos sea ajeno,
hablar de la minoridad será poco más que una afición
espiritual. Por eso, el verdadero interrogante a la
minoridad no le viene de la espiritualidad sino del
margen social, de aquellas personas y entidades que
están, por obligación o por opción, en los márgenes
de la vida.
6. Contra el sistema, comunión
La persona de mentalidad sistémica
arguye diciendo que no se puede vivir sin sistemas.
¿Por qué no utopizar un “sistema de comunión”? ¿No dice
el Evangelio, “no será así entre vosotros” (Lc 22,26)?
Hay posibilidad de sobrevivir como grupo reforzando
los mecanismos de la comunión. Si al sistema se opone
la disolución, el individualismo, la ruptura, evidentemente
el fracaso acecha a la puerta. Pero ¿y si se le opusiera
una comunión cultivada, reforzada, actualizada, con
contenidos? ¿No sería ella misma el núcleo de una vida
significativa-minorítica? “Ella, en cuanto iglesia,
no puede tener títulos de propiedad, ni firmar contratos,
ni establecer leyes del sistema, sino sólo abrir encuentros
de comunión en gratuidad, donde todo se perdona y se
comparte en amor” . Recrear la comunión cada día es
la mejor manera de encarar la realidad sistémica que
deshumaniza. Es ahí donde la fraternidad habría de mostrar
su rostro más auténtico.
7. En colaboración con movimientos no sistémicos
Quizá sea preciso, dado que nuestras
fuerzas proféticas como institución no son excesivas,
tratar de conectar con instituciones civiles de corte
no sistémico a las que, con generosidad, se podría prestar
fraterno apoyo. ONGs como Greenpeace, Amnistía Internacional,
u otras, pueden, en un momento dado, ser cauce adecuado
para dar salida a nuestro deseo de modos de vida alternativo-minoríticos.
Tal vez haya llegado la hora de mirar la realidad social
como un marco adecuado para nuestro propio carisma,
en modo alguno como enemigo a la puerta.
8. Una invitación a la voluntad y
al signo
Esa habría de ser la conclusión de
este apartado. La voluntad, por su conexión con el corazón,
es el sujeto a quien se dirigen este tipo de reflexiones.
Mientras la voluntad se mantenga insensible, impermeable,
rodeada de mil defensas, mientras no haya una apertura
honda a planteamientos nuevos por imposibles que hoy
parezcan, todo este discurso no encontrará arraigo histórico.
Además, habrá que apelar al lenguaje del gesto como
lenguaje de verdad y de futuro. Porque el gesto no cambia
el sistema, pero habla de otra posibilidad, de un tiempo
en que las cosas podrían ser de otra manera si se tomara
una determinada orientación. Por eso, el sistema teme
al gesto. Y por lo tanto, el gesto es, hoy por hoy,
y en muchos casos, nuestra única patria posible. Lo
dice bien E. Galeano: “Son cosas chiquitas. No acaban
con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan
los medios de producción y de cambio, no expropian las
cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría
de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo,
actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un
poquito, es la única manera de probar que la realidad
es transformable” .
5. En los caminos de la minoridad
Aun a riesgo de no ser bien interpretado,
y dado el componente práctico con el que, en línea con
el VI CPO, quiere ser enfocado así mismo este VII CPO,
me permito enumerar algunos caminos de minoridad en
los que, tal vez, podría posarse la mirada de este Consejo
Plenario:
• La superación de prejuicios: Si los
prejuicios de siempre, ideológicos, morales, religiosos,
obran sobre nuestras decisiones, nunca podremos dar
un paso adelante. Es preciso tratar el tema de la minoridad
desde una novedad ideológica, no desde las posiciones
de siempre, porque, en ese caso, el resultado será el
de siempre .
• Petición de que no se nombren más Obispos capuchinos:
Siguiendo a 2 C 148 en que Francisco pidió al señor
ostiense que “si queréis que los franciscanos den fruto
en la Iglesia de Dios, tenedlos y conservadlos en el
estado de su vocación y traedlos al llano aunque ellos
no lo quieran”, quizá habría que reflexionar sobre la
capacidad de signo y de catequesis sobre la minoridad
para la Orden que supondría la renuncia al episcopado
como decisión capuchina, haciendo ver que nuestra aportación
a la Iglesia quiere ser la profecía en los márgenes.
• ¿Nos hacen perder los santos la minoridad?: Ya había
advertido Francisco en Adm 6,3 que “es grandemente vergonzoso
para los siervos de Dios que los santos hicieron las
obras y, nosotros, con narrarlas, queremos recibir gloria
y honor”. En esa dinámica nos vemos en esta época nuestra,
mediática y globalizante, donde las canonizaciones reciben
un tratamiento que es causa de alejamiento de la minoridad.
¿No sería interesante ejercer aquí nuestra capacidad
de discernimiento?
• El “escándalo” de los tres grupos de hermanos menores:
No cabe duda de que, por un lado, la realidad históricamente
diferenciada de tres grupos de hermanos menores ha supuesto
una riqueza para la vida de la Iglesia y del franciscanismo.
Pero muchos hermanos lo han visto y lo ven como un “escándalo”
en una Orden que tiene a la fraternidad por el núcleo
de su carisma. ¿Si nosotros no somos capaces de recuperar
la fraternidad única y perdida, cómo vamos a poder hablar
al mundo de hoy, tan dividido, de la única hermandad?
Hay hermanos capuchinos que ven esto como una tarea
de minoridad, al menos en lo que respecta al nombre
. Podría serlo incluso en los contenidos.
• Las casas de más de cien años: Algunas de nuestras
casas en la vieja Europa tienen más de cien años, varios
cientos incluso. Este tipo de viviendas determinan la
ideología y la práctica de un estilo de vida que, por
contexto histórico, no se adecua bien a una nueva espiritualidad
de la minoridad. ¿No sería útil pensar esta realidad?
• Los santuarios y su dinámica: Algunas comunidades
capuchinas señeras están enmarcadas en santuarios marianos
o de otra índole. Aun reconociendo la gran labor ministerial
que, con frecuencia, se hace en tales lugares, quizá
haya que percibir también las numerosas servidumbres
que ese tipo de presencias conllevan, particularmente
en temas económicos que rozan con la minoridad. ¿No
tendría el Consejo que decir alguna palabra a este respecto?
• Trabajo no clerical: Las fuentes de ingresos de una
gran parte de la Orden derivan de actividades religiosas.
“Vivir de la religión” es siempre algo peligroso. Por
eso, tal vez habría que decir una palabra sobre el trabajo
laico por cuenta ajena como modo minorítico de existencia.
Esto se hace particularmente interesante en el campo
de la formación de los candidatos a la Orden.
• Una formación teológica minorítica: No cabe duda que
se puede tener una buena formación, teológica y civil,
en el marco de la minoridad, siempre que no lleve a
generar estructuras educativas de renombre y de grandes
inversiones. ¿Habría de revisarse el estilo de formación
teológica que se da a bastantes hermanos jóvenes del
Tercer Mundo que acuden a formarse a Europa?
• Deseuropeización de la Orden: Es un tema ligado al
anterior. Nuestra Orden, de origen europeo, ha mantenido
ese nivel de eurocentrismo más por pertenencia a un
sistema eclesial también europeo que por opción grupal.
Quizá sea el momento de reflexionar en este asunto desde
una perspectiva de minoridad: más universales por más
minoríticos.
• Trabajos de evangelización espiritual más que religiosa:
El ministerio de muchos capuchinos en el mundo se enmarca,
sobre todo, en tareas de índole religiosa. Sin embargo,
hoy el mundo moderno demanda más espiritualidad que
religión. Tal vez sea ese campo de la espiritualidad
práctica un terreno a descubrir por quienes se dicen
menores. ¿Qué hacemos, por ejemplo, en el acompañamiento
de los procesos de fe de los jóvenes por causa simplemente
de la maduración de su fe? ¿Qué respuesta damos, como
orden, a la creación de una espiritualidad en conexión
con los llamados alejados de la fe?
• La asignatura pendiente de la inserción: Siempre se
ha dicho que el capuchino era hombre del pueblo. Pero
¿lo ha sido alguna vez, a nivel de orden, asumiendo
las estructuras sociales del pueblo? ¿O, más bien, ha
intentando acercarse al pueblo desde una realidad “cuasi-monástica”?
¿No sería el momento de dar un impulso decisivo a un
estilo de Orden realmente inserto en medios populares
con lo que se propiciaría el encuentro decisivo con
maneras minoríticas de vivir?
Conclusión
Concluimos esta comunicación haciendo
cuatro subrayados básicos que, en el fondo, vienen a
ser unas recomendaciones hechas desde la certeza de
la acogida fraterna:
• Agudizar la conciencia de pertenencia sistémica: Mientras
no se active la certeza de que la vida franciscana está
inmersa en los diversos sistemas como parte componente
y colaboradora en ellos; si no se percibe la necesidad
de elaborar un planteamiento de deslindamiento de esos
sistemas, la dificultad para intuir un proyecto de vida
minorítico alternativo será muy grande.
• Renovar el intento de Francisco en un contexto nuevo:
Tiene sentido el renovar el intento de Francisco de
vivir en relación con el sistema pero sin ser del sistema.
El contexto social ha cambiado, inmersos como estamos
en los torbellinos de la globalización. Sería muy útil
a la sociedad y a la Iglesia la oferta alternativa de
una manera de entender la vida desde planteamientos
no sistémicos. Tal vez esa sea la aportación específica
que se demanda a la vida franciscana.
• Las grandes posibilidades de la itinerancia: Tanto
o más que las de la minoridad. La itinerancia conecta
muy bien con un mundo en cambio como el nuestro y desvela
muchas posibilidades de cara a intentar un proyecto
nuevo de vida franciscana, tanto hacia dentro como hacia
fuera de la fraternidad.
• Aquilatar la actitud: Superar la actitud negativa
de quien dice que esto no es posible; superar también
la postura malcreyente de quien dice que quizá sea esto
posible, pero lo dice sin intención de llevarlo a término;
ir más allá de la actitud autoengañosa de quien dice
que es posible pero basta con cambiar algo periférico;
apuntarse a la actitud creativa de quien piensa que
es posible si nos decidimos a hacerlo.
MINORIDAD
E ITINERANCIA DE LOS PRIMEROS CAPUCHINOSS
Niklaus Kuster, o.f.m.cap.
Introducción
Ninguna reforma se puede comprender
partendo de la reforma misma. Las auténticas reformas
no siguen una nueva fundamental inspiración, sino que
tratan de vivir con renovada energía un modelo carismático
de los primeros tiempos. Los movimientos de reforma
en la Iglesia se reanudan frecuente y voluntariamente
con el ideal de la primitiva comunidad cristiana. Las
reformas monásticas con frecuencia han tratado de trasplantar
la regla benedictina a su propio tiempo. Los grupos
de reforma franciscanos se remontan decisivamente a
la forma radical de vida del Poverello y de sus primeros
compañeros. Cada re-forma religiosa re-nueva una forma
de vida inspirada e inspirante.
Que los Frailes Menores superen numéricamente
en cuanto a reformas a todas las otras Órdenes está
motivado esencialmente de la radicalidad del Fundador
y de la vitalidad de su movimiento. Francisco es de
algún modo víctima de su propio éxito, desde el momento
en que la vida peregrinante radicalmente evangélica
de un pequeño grupo en corto espacio de tiempo atrae
a centenares y a millares de nuevos compañeros. Un movimiento
de miles de personas debe ser organizado y estructurado,
necesita residencias y compromisos fijos, entradas y
formación. En breve: la forma de vida de un pequeño
grupo radical de hermanos carismáticos se debe adaptar
a las necesidades de una gran comunidad o, como ha dicho
Th. Desbonnets, la intuición de los comienzos a través
de la crisis del crecimiento busca sus formas institucionales.
El histórico de la Iglesia de Mainz
Isnard W. Frank ha indicado muy justamente qué es lo
que ha sucedido prácticamente con todos los movimientos
carismáticos del siglo XIII, que llevados adelante por
laicos vivían ante todo el Evangelio en la pobreza.
La Iglesia y la sociedad popular los transformaron en
Órdenes mendicantes, que comenzaron a ser útiles pastoral
y culturalmente en el nuevo mundo de las ciudades: como
comunidades de sacerdotes cultos, que viven en conventos
urbanos y trabajan en el apostolado, en las universidades
y en la sociedad. Grupos y nuevas Órdenes que no estuvieron
en grado de demostrar su “utilitas Ecclesia” hasta el
1274 fueron todos suprimidos por el II Concilio de Lyón.
Los Franciscanos se distinguen de todas
las otras Órdenes del siglo XIII que tuvieron éxito
por el hecho de que, si bien también ellos se dejaron
transformar en una Orden mendicante clerical y en esto
aceptaron el moderno modelo de vida de los Dominicos,
sin embargo a través de la historia conservaron también
el modelo personal de su Fundador. Frank habla de un
ideal del Poverello basado en la personas y de un ideal
de los Dominicos basado en las obras que, juntos, pero
en tensión recíproca, guían la historia de los Hermanos
Menores. La vuelta radical basada en la persona provoca
siempre de nuevo nuevas reformas, de las que la de los
Capuchinos se revela como la más grande, la más eficaz
y la más duradera.
Consideremos brevemente los tres modelos
dominantes de vida religiosa, que han removido el siglo
XIII y que explican también nuestra historia capuchina.
En esto la pobreza/minoridad y la itinerancia tienen
auténticamente un papel fundamental.
2
LOS IDEALES DE VIDA DEL MONASTERIO MEDIEVAL:
TRES FORMAS FUNDAMENTALLES
Búsqueda de Dios y estructuración del
mundo
En la espiritualidad monástica,
dominicana y franciscana
Benedictinos-
Cistercienses : ORA – LABORA mundus
saeculum
fuga
Lugar: abadía
Vida: vita stabilis – en soledad y
silencio
Modelo: primitiva comunidad de Jerusalém
Dominicos –
Lyón 1274: STUDIUM – CURA mundus
contemplatio praedicatio saeculum
missio
Lugar: ciudad
Vida: vita pastoralis – dinámica, acción
Modelo: comprometida de los primeros Apóstoles e Gerusalém,
Pablo
Franciscanos
hasta el 1230/50: EREMUS - CITTA'
contemplatio missio evangelica
SOLITUDO - SAECULUM
"ire per mundum"
Lugar: "tudo el mundo es nuestro
monastero"
Vida: vita itinerans – vita itinerante, fraternidad
con todos
Modelo: vida de los Apóstoles con Jesús en camino a
travéò de la Galilea
3
El ideal clásico de la vida radicalmente religiosa,
que en el periodo carolingio asume carácter de exclusividad,
se orienta sobre los Padres del desierto y sobre el
gran padre del monaquismo Benito de Nursia: búsqueda
de Dios lejos del “saeculum”, del agitado mundo de los
hombres. La “fuga mundi” es el único movimiento externo
que, al mismo tiempo, lleva a una “stabilitas” que dura
toda la vida: retiro en la soledad, donde el monje vive
establemente en el mundo alternativo de su abadía. Las
abadía querían ser una “ciudad de Dios” cerrada en sí
misma, quisieran dar vida a la comunidad primitiva y,
al mismo tiempo, anunciar la nueva Jerusalén, lejos
de los hombres, en bosques silenciosos, en colinas solitarias
o en los valles de las montañas y de los ríos.
En contraste con el viejo ideal monástico,
Domingo de Caleruela acepta positivamente el desafío
del mundo agitado de los hombres y con sus hermanos
Predicadores escoge una vida religiosa en medio de los
hombres: no alejándose de la sociedad, sino asentados
en la nueva realidad de la ciudad. Los Dominicos viven
en conventos activos, abiertos, más que en lugares cerrados,
abadías contemplativas, y su ideal, por encima del de
la comunidad primitiva, mira a la actividad de los Apóstoles
después de Pentecostés: en lugar de la búsqueda individual
de la salvación y de la búsqueda de Dios colectiva y
cerrada en sí misma en el silencio, los hermanos Predicadores
quieren acompañar la búsqueda de la salvación de los
hombres, fundan nuevas estructuras urbanas de apostolado,
ponen los pies en la Universidad, combaten los movimientos
heréticos y desarrollan su misión en el espíritu de
Pablo
Al comienzo de la fraternitas Francisco
se opone al tentativo de la Curia romana de aceptar
para su grupo el modelo tradicional de vida religiosa:
vida alejada del mundo de una comunidad monástica o
una colonia de eremitas. En los últimos años de su vida
el Poverello se opuso decididamente al tentativo de
los “fratres sapientes” durante la crisis de crecimiento
de la joven Orden de refugiarse en las normas monásticas
y en las “viejas reglas”. Y mientras el Poverello rechaza
junto a las normas benedictinas también la Regla de
san Agustín, en realidad excluye para su movimiento
también el “camino dominicano”.
Los primeros Franciscanos escogen una
vida que en su inspiración primigenia se distingue tanto
del modelo clásico de los monjes como del nuevo modelo
de los Dominicos. En la vida de la comunidad primitiva
de Jerusalén ni la acción paulina ni la búsqueda de
Dios de los monjes ni el sabio apostolado sacerdotal
de los Predicadores, sino la vida itinerante de los
Apóstoles, que con Jesús viviendo en pobreza recorren
Galilea, inspira el movimiento franciscano: con los
pies descalzos “siguiendo las huellas de Jesús”. Itinerancia
y pobreza de los laicos y luego también de los sacerdotes
“desclasados” (Manselli), que viven el Evangelio con
las manos vacías y se presentan como “subditus ómnibus”
como Jesús en camino al servicio de los hombres que
encuentran.
El modelo primigenio franciscano de
vida viene bellamente descrito en el testimonio, que
se remonta a los primeros tiempos, de Jacobo de Vitry,
cuando el nuevo obispo francés en el otoño del 1216
escribe que los “hermanos menores” renuncian a todo
tipo de riqueza, trabajan durante el día en la ciudad
y de noche se retiran a lugares solitarios para dedicarse
a la oración: una oscilación entre el silencio y la
ciudad, que une dinámicamente “contemplatio” y “actio”.
La primera mirada de Jacobo de Vitry se engaña sobre
un punto: el modelo no es la primitiva comunidad de
Jerusalén que vive teniendo sus propias casas en la
ciudad (Act 2-6), sino el “estar en camino” siguiendo
las “huellas de Jesús” (según Mc 10 y Mt 10). La Sacrum
Commerciun completa diciendo que estos hermanos están
radicalmente sin casa: ellos consideran su casa, su
campo de trabajo y su convento “todo el mundo hasta
perderse la vista”.Y de hecho también Francisco no habla
nunca de monasterio o de convento, sino sólo de “lugares”
o de “eremitorios”, en los que los hermanos moran por
un periodo de tiempo. Jamás habla de comunidades ni
de “vida
4 "communis" o "stabilis",
sino de hermanos que van por el mundo: “stabilis” no
es su forma de vida, sino su esperanza; y “communis”
no es su vivir juntos, sino su vocación y su Señor,
Christo, que como señor y Dios de todos los hombres
los hace hermanos de todos.
Así la vida itinerante radicalmente
no organizada de los primeros franciscanos reúne:
- la fe en el "communis Dominus
omnium",
- que en la Pascua envía a los Apóstoles a anunciar
el Evangelio a todas las criaturas
- y que ellos siguen con los pies descalzos en pobreza,
pobreza que Él vivió con ellos, sus amigos, en Galilea.
Por otra parte, lo que pudo ser vivido
por un pequeño grupo de jóvenes laicos carismáticos
exigía demasiado de un movimiento constituido por miles
de personas -- y también de una sociedad que no estaba
dispuesta a mantener a un creciente número de idealistas
sin casa, pobres mendicantes dispuestos a servir --.
Los hermanos deberían organizarse y mostrarse útiles
también como gran movimiento.
El sucesor de Francisco, fr. Elías,
no pudo impedir que las comunidades que se estaban volviendo
estables se orientaran también estructural y comunitariamente
sobre el modelo de los monjes: grandes conventos urbanos
tomaron ya a partir del 1230 formas monásticas en la
vida de comunidad y en la liturgia.
Sin embargo de manera más positiva
y caracterizada por el ideal monástico guiará la organización
y la dirección de la Orden franciscana hacia el auténtico
modelo de la moderna vida religiosa del siglo XIII que
tuvo éxito. Isnard Frank habla de una “dominicanización”
de los Hermanos Menores, que, en el estilo de vida,
en las actividades, en la arquitectura, en los estudios
y en los medios de sustentación se desarrollaron hasta
el 1250 como Orden gemela de los Dominicos.
Al mismo tiempo se nota una primera
oposición interna de los “frati zelanti”, que en la
clericalización, urbanización y conventualización de
su Orden ven un decaimiento del ideal de los orígenes:
“zelus religiones” y “observancia regulae sine glossa”
en los siglos sucesivos se convierten en los motivos
conductores de toda una serie de nuevas reformas, que
siempre de nuevo de manera semejante continúan con las
exigencias de:
• salir de las estructuras fijas de
los grandes conventos y de la pastoral residencial
• alejarse de las ciudades, retirarse a los eremitorios
y volver a una pastoral itinerante
• abandonar la liturgia de tipo monástico y volver a
la esencialidad contemplativa, a la simple oración coral
y al silencio personal
• dejar la pastoral fija en competencia "privilegiada"
con el clero secular y con los otros conventos de los
Mendicantes en favor de la predicación alternativa itinerante,
de los servicios caritativos y de la pastoral entre
la población abandonada de los campos.
Los Capuchinos constituyen no la primera
sino la última gran reforma que en la vuelta a los orígenes
manifiesta estas características típicas. Antes que
ellos recorrieron caminos semejantes los “zelanti” y
los Espirituales del siglo XIII y de la primera parte
del siglo XIV, la Observancia italiana y francesa del
XIV/XV siglo y las reformas ibéricas hasta la de Juan
de Guadalupe hacia el 1500 (por recordar sólo los movimientos
más famosos de renovación).
-------------------
- Éxodo de las estructuras fijas, pesadas, de los grandes
conventos urbanos,
- Éxodo de la seguridad económica de entradas seguras
y de una pobreza ficticia,
- Éxodo de la pastoral residencial, fija y privilegiada,
- Alejamiento de las formas de vida de oración de estilo
monástico-conventual
+ Vuelta a la vida improvisada, insegura, de los pobres
eremitorios,
+ Vuelta a las pequeñas comunidades de 4-6, al máximo
12 hermanos,
+ Descubrimiento de nuevos retos pastorales y sociales
en la ciudad y en el campo,
+ Descubrimiento de la "minoritas" como hermanos
itinerantes al servicio de la gente sencilla.
---------------------
5
Lo que ha animado a cada reforma franciscana, es lo
que mueve también a los pioneros de los capuchinos.
Ante todo deseo mostrar visiblemente con algunas imágenes
de qué realidades mide las distancias la reforma capuchina.
Ante un trasfondo negativo (rechazo, alejamiento, salida
éxodo), en las consideraciones que siguen los elementos
fundamentales positivos de las reformas franciscanas
asumirán rasgos cada vez más marcados.
Serie de imágenes: Los Franciscanos y la ciudad en el
tardío Medievo
Ya en el 1228 los Hermanos Menores
comenzaron a establecerse en conventos urbanos y a asumir
compromisos pastorales fijos: la construcción del Sacro
Convento de Asís y la aceptación de las primeras parroquias
urbanas en Siena y Florencia (Santa Cruz) indican el
camino de urbanización de la Orden.
En torno al 1300 no existe ninguna ciudad europea que
no quiera tener un convento franciscano.
Carta
Presencia de los Franciscanos
en Europa en torno al 1300
6
Ilustraciones: Quisiera brevemente
ilustrar lugares y arquitectura de conventos concretos
franciscanos con ejemplos de Suiza, donde los frailes
están presentes desde 1234.
Im. (=Imagen) En Friburgo van a habitar
a un convento en las cercanías de la Iglesia principal,
S. Nicolás.
Im. En Basilea, después de un primer tiempo en el que
vivieron fuera de los muros, los frailes se quedaron
a vivir en la ciudad, donde su convento se convirtió
en punto de referencia del barrio.
Im. Lo mismo se puede constatar en
Berna
Im. Lausanna
Im. Sciaffusa
Im. Solothurn y Lucerna.
Im. En Basilea la fundación del convento de los Franciscanos
provocó un conflicto con los viejos señores de la ciudad,
el monasterio de los Benedictinos en Hof: No monjes
señores sobre la colina delante de la ciudad, sino hermanos
cultos dentro de los muros corresponden a las necesidades
pastorales y culturales de la burguesía que avanza.
Im. El ejemplo de Zurich hace comprender como los Franciscanos
se integran bien con las otras Órdenes mendicantes en
la nueva cultura urbana. Los Dominicos, los Agustinos
y los Franciscanos se convierten cada uno en el punto
central de un nuevo barrio y se sitúan con una buena
subdivisión en la ciudad nueva en expansión, que rodea
la vieja ciudad con su abadía de monjes y su gran catedral.
Im. Los Franciscanos disponen de una gran iglesia según
el modelo de los Predicadores.
Im. y viven en un convento que interiormente asume claros
rasgos monásticos.
7
Arquitectura de las Órdenes mendicantes:
grandes conventos e iglesias adaptadas a la predicación
en las ciudades.
8
Las reformas franciscanas en el tardo
Medievo inician siempre Disposición de la serie:
de modo semejante: Éxodo de tales conventos, retiro
a eremitorios
rurales, vuelta a la pobreza radical y unión entre silencio
y pastoral Paoluccio Trinci
itinerante. Los pioneros de la Observancia italiana
suben desde Foligno Conventuales
al altoplano palúdico de Colfiorito y trabajan partiendo
Seal Observantes
del eremitorio de Brogliano. Bernardino da Siena
Im. La pobreza habla con su hábito y en una primera
Observantes italianos
fase se tiene un radical silencio en el lugar de la
Observantes españoles
ciudad (pastoral, cultura y política urbana).
9
Im. Esto vale también para Bernardino de Siena, que
quiere hacer su noviciado en un eremitorio y luego enseguida
se convierte en un apasionado predicador itinerante:
Formación y cercanía al pueblo – eremitorio y pobreza
– silencio y predicación itinerante – mística y cuidado
de los apestados se funden en una primera biografía,
como sucede con muchos elementos esenciales de la más
tardía reforma capuchina:
En el 1400, año del jubileo,…
[ texto italiano ]
Im. Vida en el eremitorio y amor a
la pobreza – silencio y misión itinerante – mística
y compromiso social se unirán también en una de las
últimas reformas, que andando el 1517 cooperará a escribir
un pedazo de la historia mundial.
III. Esta inicia en los eremitorios
más radicales de la Extremadura española con Juan de
Guadalupe sobre el 1500 y caracterizará de manera esencial
el trabajo misionero en el México conquistado:
III. Epañoles y "conquistadores" / indios.
La parte más dinámica…
[ texto italiano ]
Gráfico: "Reformas y divisiones"
La historia de las reformas franciscanas
se puede describir con Duncan Nimmo en las tres principales
corrientes siguientes:
el estilo de vida conventual, que
los "Conventuales" viven en los grandes conventos
y que se caracteriza con fuertes rasgos urbanos y monásticos;
la Observancia institucionalizada,
en la que al final desembocan la mayor parte de las
reformas: ella une la vida de convento en conventos
más sencillos con el apostolado en el ambiente más próximo;
10 las reformas que si presentan como
radicales, viven lejos de las ciudades y de los conventos
en pobres eremitorios y originariamente unen silencio
y predicación itinerante.
11 Reformas y Divisiones
…..
12 Los pioneros de los Capuchinos
Los movimientos franciscanos de reforma
mas importantes se caracterizan por:
-------------------
- Éxodo de las estructuras fijas, pesadas, de los grandes
conventos urbanos,
- Éxodo de la seguridad económica de ingresos seguros
y de una pobreza ficticia,
- Éxodo de la pastoral residencial, fija y privilegiada,
- Alejamiento de las formas de vida y de oración de
estilo monástico-conventual + Vuelta a la vida improvisada,
insegura, de los pobres eremitorios,
+ Vuelta a las pequeñas comunidades de 4-6, al máximo
12 hermanos,
+ Descubrimiento de nuvos retos pastorales y sociales
en la ciudad y en el campo,
+ Descubrimiento de la "minoritas" como hermanos
itinerantes al servicio de la gente sencilla.
---------------------
Estos elementos corrigen un cambio
de acento, que ya desde 1228 habían acercado la Orden
franciscana al siguiente modelo de los dominicos.
Volver a la radicalidad de los orígenes significaba
volver del modelo 2 al modelo 1:
Modelo 2:
Dominicos –
Lyón 1274: STUDIUM – CURA mundus
contemplatio praedicatio saeculum
missio
Lugart ciudad
Vida: vita pastoralis – dinámica, comprometida
Modelo: acción de los primeros Apóstoles en Jerusalén,
Pablo
Modelo 2:
Franciscanos
hasta el 1230/50: EREMUS - CITTA'
contemplatio missio evangelica
SOLITUDO - SAECULUM
"ire per mundum"
Lugar: "todo el mundo es nuestro
monasterio"
Vita: vita itinerans – vita itinerante, fraterna verso
tutti
Modelo: vita de los Apóstoles con Jesús en camino a
través de Galilea
Mateo de Bascio como precursor ha puesto
el acento un poco más fuerte sobre el “ir por el mundo”
y por eso sobre una insegura oscilación entre silencio
y gente de la ciudad y del campo; los hermanos Tenaglia
dan la máxima importancia, como iniciadores de la reforma,
al “eremitorio”. Pero tanto el uno como los otros, se
distinguen por el radicalismo en eremitorios rurales
y la cercanía al pueblo socialmente y pastoralmente
comprometida (predicación itinerante, asistencia a los
apestados).
13
Resumen: de los conventos a los eremitorios
(ciudad > campo)
Vida itinerante, solidaridad con la gente sencilla,
predicación popular.
14
Itinerario de Mateo de Bascio y de
los hermanos Tenaglia de Fossombrone 1525-1526.
El camino de los tres hermanos muestra
- el éxodo de los grandes conventos observantes de su
Provincia
- y, después un dramático periodo de persecución ( Jesi/Forano
+ Cingoli/ Cupramontana ),
- la residencia en eremitorios con característica franciscana
(silencio abierto al mundo)
- y en este su itinerario unen "solitudo"
y "solidarietas".
Su primer servicio a los apestados
libera a Mateo de la prisión conventual de Forazo. Como
eremita a Cerreto o como predicador itinerante en Fabbriano
adquiere un buey que ofrece a los pobres hambrientos
y a los sin techo en la cercana ciudad.
Ludovico y Rafael eligen su eremitorio
cercano a la gran ciudad, residencia de la duquesa Catalina
Cybo. La elección del lugar -- silencio cercano a la
ciudad en pobres eremitorios -- es propio del franciscanismo
de los orígenes: Carceri, Montecasale, Le Celle, Poggio
Bustote, Monteluco, Sant’Urbano. Por otra parte, también
ellos dan testimonio de la cercanía al pueblo y de la
radical solidaridad, en el modo más impresionante durante
los nuevos años de peste en Camerino en el 1528-29 (cfr
Frati Cappuccini 2904-2905).
15
La "minoritas", que, renunciando a las estructuras
conventuales, a la seguridad comunitaria y a los privilegios
del apostolato, vive sin protección en eremitorios rurales
y actuando de esta manera desarrolla una nueva cercanía
y solidaridad con la gente del campo y en la ciudad,
en Mateo se une al celo del presidcador itinerante de
penitencia. Su predicación sobre el infierno -- que
Juan Miccoli llama una “predicación terorística-penitencial”
-- da testimonio del estrecho contacto con todos los
estrados y los grupos sociales (Frati Cappuccini 5605-5614).
Su crítica es una batalla por la justicia sin miedo
contra las bribonadas de todo tipo, conmueve a los ricos
sin escrúpulos, comerciantes deshonestos, posaderos
mentirosos, molineros, panaderos, usureros,…
Al infierno, pecadores…
[ texto italiano ]
16
Al infierno, oh vosotros poderosos…
[ texto italiano ]
En los años sucesivos a la reforma capuchina la predicación
itinerante está dirigida no sólo por una gran serie
de bien formados predicadores populares, algunos de
los cuales largamente conocidos, que en una radical
pobreza atraviesan ciudades y pueblos de Italia, sino
también por hermanos laicos como Egidio de Orvieto,
que, sin quererlo, se vuelve predicador durante muchos
días cerca de Roma en un pueblito pastoralmente olvidado
(Frati Cappuccini 2883).
17
A diferencia de los Conventuales y
también de los observantes establecidos en los conventos,
los primeros predicadores capuchinos se caracterizan
no sólo por su nueva cercanía al pueblo, sino también
- por su ambiente de vida Textos de las fuentes sobre
los lugares que en su
pobre de modo humillante pobreza tratan de remontarse
al tiempo di
Francisco
Frati Cappuccini 2669-80
- por la solidaridad vivida Textos
de las fuentes de la multiforme caridad
compromiso con los pobres, de la primera generación
de los Capuchinos
los enfermos y los necesitados Frati Cappuccini 2903-2922
- por la conexión entre Textos de las
fuentes que testimonian de esto:
formación y dignidad * Frans Tittelmans (Roma)
sacerdotal y el trabajo * Ludovico de Stroncone (Roma)
manual y sucio * Ludovico de Foligno (Guardiano, Fano)
Frati Cappuccini 2911-14, 2677
- por el genuino, práctico Textos escogidos
de las fuentes sobre el nuevo estilo
anuncio del Evangelio, que de predicación de los primeros
Capuchinos
se nutre a través de Frati Cappuccini 105, 154, 2094-96,
2160,
la meditación bíblica 2233, 2878-2891
en un silencio abierto al mundo
Cuando, con el rápido crecimiento de la reforma, los
eremitorios improvisados no sirven ya, los capuchinos
escogen una arquitectura conventual pobre, que se orienta
hacia los primeros eremitorios franciscanos, como Montecasale
y Le Celle de Cortona (que pasan ambas a la reforma)
o Las Cárceles y San Urbano a Narni.
Immgen: Convento capuchino de los primeros
tiempos
18 Sobre el contexto social de la
reforma capuchina
Cada reforma responde a las necesidades
de su tiempo. Los primeros capuchinos no imitan sólo
un modelo de vida, que en la cercana Umbría se ha desarrollado
en torno al 1210 y se ha conservado. Los auténticos
reformadores traducen en el momento presente el modelo
en el que se han inspirado y al mismo tiempo lo convierten
en inspirativo en su propia sociedad e iglesia. El contexto
del tiempo y -- si queréis – el ambiente (Sitz im Leben)
de los primeros capuchinos es un tempo de crisis, que
en torno al 1520 caracteriza complexivamente la Italia
central y las Marcas de Ancona.
Sintetizo aquí el cuadro con el que
Callisto Urbanelli describe la situación político-social
y eclesiástico-religiosa que en torno al 1525 se da
en las Marcas, teatro de la reforma capuchina.
Las Marcas de Ancona están bajo el
directo control de la Iglesia (Provincia del Estrado
de la Iglesia), mientras que el Ducado de Urbino es
un estado autónomo vasallo de la Iglesia. Hasta el 1818
ambos territorios están políticamente separados, pero
forman una unidad geográfica, étnica y lingüística.
Desde el punto de vista jurídico Ancona y Urbino desde
el 1300 están claramente cercanos: en el 1357 el cardenal
Egidio Albornoz convoca en Fano el “parlamento de las
Marcas” que aprueba las “Constituciones Egidianas” (que
estuvieron en vigor hasta el 1800).
Camerino es el escenario de las intrigas
y de las luchas, en las que están implicados los príncipes
de la Iglesia:
1259 El rey Manfredi destruye la ciudad
guelfa. Gentile de Varano la reconstruye y funda una
Señoría ( que dura 300 años ).
1500-03 Cesar Borgia, hijo del Papa Alessandro VI, aspira
a una gran Señoría que comprenda las Marcas y la Romagna.
Su política de poder lleva a carnicerías también en
las Marcas… Giovanni Maria de Varano reconquista el
poder en el 1503 y se convierte en duque en el 1514.
1516-20 Campañas militares entre los Della Rovere y
los Medici por la cercana Urbino…
1527 … y después de la muerte de Giovanni de Varano
también por Camerino.
1532 Las tropas pontificias conquistan Ancona, que hasta
entonces se había mantenido autónoma.
1534-38 Señoría de Guidobaldo II della Rovere sobre
Urbino-Camerino, después de que Catalina Cybo le había
dado por esposa la hija Giulia.
1540-45 Señoría de los Farneses (Paolo III da Camerino
al sobrino Ottavio).
Luego fue dirigida por los Papas por medio de un legado
o de un cardinal.
desde 1530 Italia vive un período de decadencia, de
empobrecimiento económico, de impuestos opresores, de
remanso cultural, de creciente provincialismo y de una
"perversión general de las costumbres".
En las Marcas, con el fin de las guerras, se tiene un
rápido desarrollo de las estructuras municipales, de
un floreciente comercio en las ciudades portuarias y
en el campo y hay un resurgir de las instituciones culturales.
Clases sociales: En el campo, donde
los primeros Capuchinos encuentran sus eremitorios,
vive la más baja y la más numerosa clase de la población:
familias campesinas (las Marcas de Ancona es tierra
de agricultores!), que llevan una vida dura e insegura,
viven en casas inestables de piedra/arcilla o de paja/barro
que tienen solamente una planta con una pequeña cocina
y dos habitaciones. Muchos campesinos son analfabetos
y están excluidos de la vide burguesa de los pueblos
y de las pequeñas ciudades y aislados. La vida de la
Iglesia, además de la familia, ofrece la única experiencia
de comunidad. La miseria extrema ocasiona rebeliones
contra la ciudad (Ancona 1552).
Los Capuchinos se conquistan la simpatía de la población
del campo con su cercanía y con la ayuda espiritual
y material que dan.
19 La población de las ciudades se subdivide en diferentes
clases y guetos, según la profesión, la riqueza y el
prestigio. Los artesanos llevan una vida modesta, la
pequeña nobleza tiene la administración pública de los
grandes centros campesinos. La clase burguesa crece
en las ciudades más grandes, fuerte en capital, llega
a convertirse en la clase económicamente dominante,
mientras que la nobleza ciudadana controla el gobierno
y suministra a los Magistrados junto con los Capitanes
(cada vez con mayor participación de la clase burguesa).
Moral pública y privada El siglo XVI es un periodo de
cambios (económicos, políticos, sociales). La crisis
radica en el tardo Medievo y tiene efectos sobre la
religión y la moral. La religiosidad medieval pierde
fuerza de convicción, la Iglesia oficial está comprometida
con el poder (con llamadas ineficaces a la conversión),
se difunde un vandalismo en cadena con bandas armadas
de bandoleros y en las ciudades se desencadenan conflictos
internos que llevan a cometer muchos asesinatos. La
debilidad de la justicia hace crecer una difusa criminalidad.
Demasiados mercenarios de paso repetidamente contribuyen
al embrutecimiento: en el 1517 al servicio de Nápoles
contra León X y en el 1520 para los obispos de Jesi.
Un relativo bienestar difunde bienes de lujo en las
clases sociales más altas. Los carnavales se convierten
en fiestas muy costosas, los juegos de azar (dados,
cartas) florecen. Las autoridades toman contramedidas
(decretos contra los excesos), los predicadores de la
penitencia critican los derroches y defienden a los
pobres. Los adulterios se multiplican, niños ilegítimos
se llevan a bautizarse con orgullo. La prostitución
florece, las “mujeres que caen” quedan excluidas de
la red social. La familia está bajo el dominio del padre,
mientras que la madre se encarga del cuidado de los
principios religiosos de los hijos.
La corte de los De Varano en Camerino
da de comer a 300 personas cada día y distribuye limosnas
a los pobres. También los consejeros de la ciudad y
los ciudadanos de a pie salen al encuentro de las necesidades
materiales de su ambiente.
El clero El alto clero ve ir y venir a dignidades de
todo tipo. Girolamo Granderoli, sobrino de Pablo III
y obispo de Ancona del 1530 al 1550 deja un ejemplo
lastimoso y viene, por ello, alejado del cargo. Su sucesos
Vincenzo de Lucchis (1556-1585) se distingue por el
celo religioso y por el compromiso a favor de la libertad
de la Iglesia. Buen pastor es el obispo Berardo Dongiovanni
di Camerino (1537-1574), menos lo fue su predecesor
y tío Giovanni Giacomo Dongiovanni (1509-1535). En las
Marcas de Ancona un problema pastoral de fondo está
en el hecho de que los altos dignatarios de la Iglesia
ejercen en primer lugar el poder político. La cura de
almas es secundaria (¡elección unilateral de los candidatos!).
Una reforma pastoral se hace necesaria en el siglo XVI
especialmente en el campo.
El bajo clero está degenerado y se convierte con frecuencia
en motivo de crítica. Muchos párrocos llevan una vida
poco edificante, persiguen desenfrenadamente intereses
materiales y mundanos, muestran con frecuencia poco
celo pastoral y tienen un formación muy pobre. La duquesa
Catalina Cybo en abril de 1532 se dirige a Clemente
VII para que ponga remedio a diversos abusos del clero
en su ciudad. El Papa a través del obispo Giovanni Giacomo
Dongiovanni ordena al clero de llevar el hábito talar,
de no participar en juegos de azar, de alejarse de las
mujeres y de no blasfemar.
20
La práctica La religiosidad atraviesa
la vida privada y pública del pueblo.
cristiana Las autoridades castigan las faltas respecto
a la observancia de los domingos y de las fiestas. Las
acciones inician con invocaciones a Dios y a los santos.
La
del pueblo piedad pública se desarrolla en las plazas
y en las iglesias. El centro de peregrinación de Loreto
promuove la confesión frequente y la comunión. La actividad
de la predicación está en manos especialmente de las
Órdenes que vuelven a las primeras enseñanzas del catecismo,
para elevar el nivel bastante modesto del conocimiento
religioso de la gente. Así en el 1537 llegan peregrinos
a Loreto que no conocen a Jesús ni la señal de la cruz.
Los hospitales acogen peregrinos y enfermos en las grandes
y en las pequeñas ciudades. “La herejía protestante
tuvo escasa resonancia”: sólo hubo infiltraciones superficiales.
Ante este trasfondo la ubicación de
los ocho primeros lugares capuchinos es muy significativa:
desde los montes sibilinos a la costa, a lo largo de
las vías principales de paso, situadas en el campo y
muy cercanas a la gente del campo desde el punto de
vista de la construcción, pero al mismo tiempo en las
zonas que rodean a las ciudades, de manera que la pastoral
itinerante las pudiese alcanzar.
21
Estructura social en el tardo Medievo
y en el primer periodo de la Edad moderna
La burguesía ciudadana
rompe la ordenación alto-medieval de las tres clases
Alta nobleza Alto clero
Pequeña nobleza del campo Bajo clero
La población de la ciudad
suddividida según la riqueza
Clase campesina
Pobres
Colocación social _____________
de la primigenia fraternidad La reforma capuchina se
libera de los
francescana conventos, que social y
"Minoritas" en el signo de una decadencia
social: ecclesiásticamente están bajo
los frailes viven como mendicantes y campesinos el poder
de las autoridades locales:
al servicio de las personas de cada gueto
Pobreza y falta de protección,
vida en el campo, pastoral
itinerante, compromiso social para los
más débiles, critica a la explotación y
riqueza inmoral llevan a los frailes
a lo más bajo desde un punto de vista
social.
Originarios de todos los guetos, ellos
prestan servicio a todos.
22
Antes de considerar más de cerca las fuentes más importantes,
conviene dialogar bien sobre los puntos característicos
indicados más arriba sobre las reformas franciscanas
teniendo en cuenta el trasfondo social, político y eclesial
descrito hasta ahora.
-------------------
- Éxodo de las estructuras fijas, pesadas, de los grandes
conventos urbanos,
- Éxodo de la seguridad económica de ingresos seguros
y de una pobreza ficticia,
- Éxodo de la pastoral residencial, fija y privilegiada,
- Alejemiento de las formas de vida y de oración de
estilo monástico-conventual
+ Vuelta a la vida improvisada, insegura, de los pobres
eremitorios,
+ Vuelta a las pequeñas comunidades de 4-6, al máximo
12 hermanos,
+ Descubrimiento de nuevos retos pastorales y sociales
en la ciudad y en el campo,
+ Descubrimiento de la "minoritas" como hermanos
itinerantes al servicio de la gente sencilla.
---------------------
Lemas (términos principales) que emergen de la discusión:
23 Fuentes de la reforma capuchina
El estudio de los textos fundamentales
de la Orden, como también de sus crónicas, que constituyen
su defensa, y de la literatura espiritual propia de
los capuchinos, deja entrever su clara dirección:
______________________________
a travéò de las fuentes franciscanas y Francisco
vuelve al Evangelio
prácticamente a la vida itinerante según el modelo de
los Apóstoles con Jesús
____________________
Muy indicativas en este sentido son
las secciones introductivas de las Constituciones del
1535/36, que encuentran una feliz síntesis entre el
amor a la contemplación y el apostolado pastoral --
en los meses que ven a los dos pioneros de la reforma,
poseídos de su extremismo, o salir (Mateo de Bascio
permanece como predicador itinerante individual hasta
su muerte en Venecia) o quedar excluidos (Ludovico de
Fossombrone muere como siervo en una Cartuja).
n. 1 Doctrina y vita de Jesucristo
151 La evangélica doctrina, toda pura,
celeste, sumamente perfecta y divina, traída del c[i]elo
por el dulcísimo Hijo de Dios y por él mismo con obras
y palabras promulgada y enseñada […] sólo nos enseña
y muestra la vía derecha para ir a Dios, y, sin embargo
todos los hombres están obligados a su observancia,
máximo los cristianos que la han prometido en el sagrado
bautismo, y tanto más nosotros hermanos, en cuanto que
san Francisco en el principio y fin de su Regla hace
expresa mención de la observancia del santo Evangelio;
imo su Regla no es otra que la médula del Evangelio:
unde etiam en su Testamento dice haberle sido revelado
que debía vivir según la forma del santo Evangelio.
Sin embargo, a fin de que los hermanos tengan siempre
delante de los ojos de la mente la doctrina y vida de
nuestro Salvador Cristo Jesús, y a fin de que [...]
lleven sempre en su corazón el santo Evangelio, se ordena
que, en reverencia de la altísima Trinidad, se lean
en cada lugar, tres veces al año, los cuatro Evangelistas,
esto es cada mes uno.
n. 2 La Regla, pequeño espejo del Evangelio
152 Y para que la Regla de san Francisco
es como un pequeño espejo, en el que resplandece la
evangélica perfección, se ordena che se lea cada viernes
en cada lugar, distintamente y cum debida reverencia
y devoción, a fin de que, impresa en nuestras mentes,
puedan mejor observarse. ' Se lea etiam alguna devotísima
lectura a los hermanos, exhortándoles a seguir a Cristo
crucificado.
n. 3 Hablar siempre de Dios y abolir
lecturas vanas
153 Los hermanos etiam siempre se esfuercen
en hablar de Dios, ya que esto ayuda mucho a inflamarse
en su amor. Y a fin de que la evangélica doctrina pueda
fructificar en nuestros corazones, para extirpar toda
cizaña, por la que podría ser sofocada, se ordena que
en los lugares nuestros por ningún modo se tengan libros
inútiles o vanos, perniciosos para el Espíritu de Cristo,
Siñor y Dios nuestro.
24
n. 4 Leer y estudiar la Palabra de Dios
154 Y para que las llamas del divino
amor nazcan de la luz de las cosas divinas, se ordena
que se lea alguna lección de las sagradas Escrituras,
exponiéndolas con santos y devotos doctores. Y para
que aquella infinita, divina sabiduría ya de por sí
incomprensible y alta, tamen en Cristo nuestro Salvador
tanto se rebajó que sin otro medio, con el ojo puro,
simple, columbino y limpio de la fe, los sencillos e
idiotas la puedan entender […].
n. 5 Observancia espiritual de la Regla
155 Y porque fue no sólo voluntad del
padre nuestro san Francisco, imo etiam de Cristo nuestro
Redentor, que la Regla se observase simplemente, ad
literam, sin glosa, así como la observaron ya aquellos
nuestros primeros seráficos padres; sin embargo, siendo
la Regla nuestra clarísima, a fin de que más puramente,
santamente y espiritualmente se observe, se renuncia
a todas las glosas y exposición carnal, inútil, nociva
y relajada […]. Y como singular, vivo comentario de
nuestra Regla aceptemos las declaraciones de los sumos
pontífices y la santísima vida, doctrina y ejemplos
de nuestro padre san Francisco.
n. 5 Testamento di Francisco
156 Y aquello que, como verdaderos
y legítimos hijos de Cristo, nuestro Padre y Señor,
engendrados por Él en san Francisco, seamos partícipes
de su herencia, se ordena que por todos se observe el
Testamento de nuestro padre san Francisco, por él ordenado
cuando, próximo a la muerte, y sellado con los sagrados
estigmas, lleno de fervor y Espíritu Santo, sumamente
anhelaba nuestra salud. Y esto lo aceptamos como espiritual
glosa y exposición de nuestra Regla […]. Nuestro Salvador
dijo a los hebreos: « Si sois hijos de Abraham, haced
las obras de Abraham »[Jn 8,39]; lo mismo, si somos
hijos de san Francisco, hagamos las obras de san Francisco.
Y se ordena que cada uno se esfuerce en imitar a este
nuestro padre, dado a nosotros como regla, norma y ejemplo,
" profundamente arraigado en él nuestro Señor Jesucristo,
no sólo en la Regla y el Testamento, arraigado en todas
sus encendidas palabras y amorosas obras: se lean con
frecuencia su vida y las de sus compañeros.
n. 6 Siervos de todos en el último
lugar
157 Y porque nuestro padre, todo divino,
en cada criatura contemplaba a Dios, máxime en el hombre
y praecipue en el cristiano, pero sobre todo en los
sacerdotes y singularísimamente en el sumo pontífice,
el cual en la tierra es el vicario de Cristo nuestro
Señor y jefe de toda la Iglesia militante: sin embargo
quiso, según la doctrina apostólica, que sus hermanos,
por amor de Aquel que se anonadó por nuestro amor, estuviesen
sometidos a Dios y a toda criatura; por eso los llamó
hermanos menores, para que, no sólo con el corazón se
reputasen inferiores a todos, y estando invidados en
la Iglesia militante a las bodas del santísimo esposo
Jesucristo, buscasen el estar en el último puesto, según
su consejo y ejemplo.
n. 7 Sin privilegios
158 Sin embargo, considerando que la
libertad que se tiene por los privilegios y exenciones,
al no estar sometidos a los Ordinarios, no sólo es la
soberbia próxima, sino la enemiga de la humilde y minorítica
sumisión, y muchas veces perturbando la paz, produce
escándalo en la Iglesia de Dios; sin embargo, para conformarnos
con el humilde Cristo crucificad, el cual vino a servirnos,
hecho obediente incluso hasta la dura muerte de cruz
[…] para evitar el escándalo se renuncia en el capítulo
general a los privilegios del ser libres y exentos de
los Ordinarios. Y por sumo privilegio aceptemos, con
el seráfico padre, ser súbditos de todos.
25
Fuentes franciscanas del siglo primero
( Citas, anotaciones, comentarios (según el índice analítico
de Frati Cappuccini V, 602-604)
Autor Obra Total
Francisco Am
Cant
LAn
LCap
Lmin
Lcust
Lf
Lch
Pater
Lodv
LodAl
PCr
Rb
Rnb
Rer
Test
Uv
Tomás de Celano 1Cel
2Cel
3Cel
Speculum Perfectionis Spe
Buenaventura LegM
Legm
Leyenda Perusina Legper
Tres Compañeros 3Comp
Florecillas Fior
Giuliano de Spira Off
Spir
Actus beati Francisci Actus
Leyenda antigua
Nota: El índice cuenta con unas 1000
páginas que respectan a las cuatro partes con indicación
de las fuentes, sin ni siquiera estar completo todavía
y sin incluir las numerosas indicaciones de una misma
obra que se tienen en la misma página. El gráfico siguiente
presenta por tanto sólo las tendencias:
26
Fuentes franciscanas del primer siglo
(Citas, anotaciones, comentarios (según el índice analítico
de Frati Cappuccini V, 602-604)
• Francisco
• Tomás de Celano
• Speculum Perfectionis
• Buenaventura
• Leyenda Perusina
• Florecillas
• Tres Compañeros
• Giuliano de Spira
• Actus
• Leyenda Antigua
Fuentes bíblicas de la Reforma capuchina
(Citas, referencias, comentarios según el índice analítico
de Frati Cappuccini 602-604)
AT NT
Gn 252 Tora: Mt 1074 Evangelios:
Es 167 553 Lc 835 2919
Lv 32 Mc 276
Nm 37 Gv 734
Dt 65
Gs 4 At 145 Actas: 145
Gdc 24
Rt 3 Libri storici: Rm 308 Lettere
Sam 73 234 1Cor 273 di Paolo:
Re 55 2Cor 158 1337
Cr 21 Ef 104
Ne 2 Fil 122
Tb 17 Col 100
Gdt 11 Gal 133
Est 13 1Ts 25
Mac 11 2Ts 6
Jb 87 1Tm 60
Sal 882 Salmi e 2Tm 33
Prv 112 Sapienciales: Tt 15
Qo 35 1481 1Pt 101 Cartas
Ct 164 2Pt 20 católicas: - Tora - Libros historicos
Sap 57 Eb 135 395 - Sapienziali - Profeti
Sir 114 Gc 65 - Evangelios - Actas
Lam 30 1-2Gv 72 - Cartas Pablo – Carts. catt.
Is 325 Profetas: Gd 2 - Apocalipsis
Ger 73 579
Ez 68 Ap 130 Apocalipsis:
Dn 31 130
ProfMin 82 Totale: 2847 Totale: 4926
27
Alessio Segala de Salò Constituciones 1536 (117)
[texto italiano] Cristo come modelo de los
predicadores
[texto italiano]
Contenido de la
predicación capuchina
[texto italiano]
Giovanni Maria Bruno Ezequiel de Bagnolo
de Tusa Cremasco
[texto italiano] [texto italiano]
Bernardino Ochino Cristobal Facciardi
[texto italiano] de Verrucchio
[texto italiano]
Costituciones del 1536
[texto italiano]
La misión de los Apóstoles
Lc 9, 1-11
2. Y los mandó a anunciar el Reino de Dios
y a curar a los enfermos.
3. Les dijo: No toméis nada para el vije,
ni alforjas, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas
para cada uno.
4. En cualquier casa que entréis, quedaos allí
luego reemprended el camino.
5. Cuando no os acojan en una casa,
al salir de la ciudad, sacudíos el polvo
de vuestros pies, en testimonio contra ellos.
6. Entonces ellos partieron y caminaban de ciudad
en ciudad, anunciando por todas partes la buena
noticia y realizando curaciones.
Salida de Cafarnaún
Mc 1, 35-39
35. Por la mañana se levanto cuando aún era de noche,
salió de casa, se retiró a un lugar desierto y allí
oraba.
36-37. Pero Simón y los que estaban con él, siguieron
sus huellas y, encontrándolo, le dijeron: "Todos
te
buscan!".
38. El les dijo: "Vámonos a otra parte por las
ciudades
cercanas, porque tengo que predicar también allí; para
esto
he venido!".
39. Y fue por toda Galilea, predicando en las
sinagogas y echando demonios".
28
La misión de los Apóstoles
En las fuentes capuchinas
Mt 9 Información general Constituciones
de Roma I 413
35. Jesús recorría todas las ciudades
y pueblos, predicando el evangelio Comentario anónimo
I 785
del Reino y curando toda enfermedad.
Giovanni María Bruno de Tusa I 866
Exposición de la Regla 1570/80
Mt 10 Instrucción para la misión Francesco Visani de
Fognano(+1579)
5. A estos doce Jesús los envió después Discursos y
Oraciones del alma III 644
de haberlos instruido: "No vayáis entre Girolamo
Mautini da Narni
los paganos y no entréis en las ciudades (1560-1632)
consigliere di Gregorio XV
de los samaritanos, predicador clásico capuchino III
2870
6. id sobre todo a las ovejas
perdídas de la casa de Israel.
7. Caminando, predicad que
el reino de los cielos está cerca.
8. Curad a los enfermos, resucitad Constituciones de
Roma 1536 I 417
muertos, sanad leprosos, expulsad
demonios. Gratuitamente lo habéis
recibido,gratuitamente dadlo. Silvestro Franco de Rossano
III861
9. No llevéis oro, ni plata, predicador popular (+1596)
ni dinero ni monedas en vuestras
cinturas,
10. ni alforja para el viaje, ni dos Actas del Concilio
de Trento II331
sandalias, ni bastón, porque obispos: signo de los predicadores
el obrero merece su alimento. capuchinos
11. En cualquier ciudad o pueblo donde
entréis, ved si hay allí Alessio Segala de Salò III
1611
alguna persona digna, e allí quedaos (1559-1628)
hasta vuestra partida. Corona celeste:
12. Entrando en la casa, saludad 365 meditaciones sobre
la vida de Jesús
13. Si aquella casa será digna,
vuestra paz vendrá sobre ella;
pero si no será digna, vuestra Constituiones de Roma
1536 I 318
paz volverá a vosotros. Saludo evangélico, cfr Testamento
14. S alguno no os acogerá Giovanni Maria Bruno de Tusa
y no escuchará vuestras palabras, Exposición de la Regla
1570/80 I 830
salid de aquella casa o ciudad Bernardino Ochino a Vittoria
Colonna
y sacudíos el polvo de vuestros pies. Carta de Florencia
22.8.1542
15. En verdad os digo: en el día del llamado a Roma,
huye
juicio el pueblo de Sodomia y Gomorra a Suiza II 260
serán mejor tratadas que aquella Ezequiel de Bagnolo
Cremasco
ciudad. relación sobrelas misiones de Rezia
1633, Schuol: disputas
con protestantes III 4555
29
Mt 10 Giovanni Maria Bruno de Tusa I 881
Invitación a un testimonio Francesco Visani De Fognano
III 650
Valoroso. Gregorio de Nápoles (+1601)
16. Mirad: yo os mando como Doctrina admirable (literatura
espiritual) III 990
ovejas en medio de lobos; sed pues José de Leonessa
prudentes como serpientes y sencillos predicación sobre
S. José (sus virtudes) III 2599
como palomas. Carta al Papa III 4189 Proceso de canonización
III 4740
Honoré Bochard de Champigny
Académie évangélique pour l'instruction
spirituelle de la jeunesse religieuse 1622 IV 251
Carta sobre las misiones
al cardinal Aldobrandini III 4224
Frans Tittelmans da Hasselt
Tratado de las meditaiones 1528/48 III 252
17. Guardaos de los hombres, porque
os entregarán a los tribunales y
os azotarán en las sinagogas;
18. y os llevarán delante de los Francesco Visani da
Fognano III 650
gobernadores y reyes por mi causa ,
para dar testimonio ante ellos y
a los paganos.
19. Y cuando os entregarán Ezequiel de Bagnolo Cremasco
en sus manos, no os preocupéis Misión en Rezia III 4523
como o de qué hablaréis, Costituzioni 1536-1643 I 451
porque allí se os sugerirá lo
que tendréis que decir;
20. no seréis vosotros los que habléis, Zaccaria Boverio
da Saluzzo
sino el Espírito de vuestro Padre hablará De sacris
ritibus (Cerimonial 1626)
por vosotros. Sobre los predicadores I 1837 21. El hermano
dará muerte al hermano Bernardino Ochino da Siena
y el padre al hijo, y los hijos se alzarán Homelia en
Lucca 1538 III 2151
contra padres y les darán muerte. Giovanni Maria da
Tusa
22. Y seréis odiados de todos a causa de Predicación
sobre el ayuno III 2417
mi nombre; pero quien persevere hasta Relación sobre
misiones del Piemonte III 4287
el fin se salvará. Consuetudini en "Libros de la
Regla" I 1589
Giovanni Romeo de Terranova (+1573)
Cronica "Historia Sagra Mare
Oceano" II 1291
Bonaventura Campagna de Reggio
Crónica capuchina II 1346
Girolamo de Nápoles II 1857
Giovanni Pili de Fano Arte de la union III 367
Francisco Visani de Fognano III 650
23. cuando os persigan en una ciudad, Mario da Mercato
Saraceno
huid a otra; en verdad os digo: no Predicación sobre
el ayuno (c. 1553) III 2344
habréis recorrido las ciudades Bernardino Ochino III
2968
de Israel antes que venga el Hijo Predicación cuaresmal
a Siena, carta II 260
del hombre. Joseph Leclerc de Tremblay IV 313
30
Mt 10
Testimonio valeroso Francesco Visani de Fognano III
650
24. Un discípulo no es más que su
maestro, ni un siervo más que su
amo;
25. basta al discípulo ser como su Michelangelo de Venezia
(+1611)
maestro, y al siervo como a su señor. predicador popular.
"Fascetto di mirra.
Si han llamado Beelcebúd al dueño de para meditar la
pasión III 1298
Beelzebùl al dueño de la casa, Giorgio de Venezia
cuánto más a sus domésticos. Retrato del maestro de
novicios I 1310
26. No temáis porque no hay nada
escondido que no llegue a revelarse,
y nada secreto que no
deba ser manifestado.
27. Lo que os digo en las tinieblas
decidlo a plena luz, y lo que escucháis
al oido predicadlo sobre los tejados. Paolo Manassei
de Terni
28. Y no tengáis miedo de aquellos que misionero en
Rezia (1587-1632)
matan el cuerpo, pero no tienen poder Paraíso interior
(obra espiritual) III 1370
de matar el alma; temed sobre todo Ecequiel de Bagnolo
Cremasco III 4559
aquel que tiene el poder de hacer perecer Marino de
Calvagese
el alma y el cuerpo en la Gehenna. Sobre la misión en
Rezia III 4573
Nathanael de Pontoise
Carta a Clemente VIII, 1595 IV 158
29. ¿Dos pájaros no se venden por un
poco de calderilla? Sin embargo ni uno de
ellos caerá por tierra sin que el Padre
vuestro lo quiera.
30. En cuanto a vosotros hasta los Tommaso da Olera
cabellos de vuestra cabeza están contados; Carta 1622
III 1551
Anselmo Marziati de Monopoli
1594, primer "predicador apostólico"
predicación cuaresmal a la Curia III 2743
31. no tengáis miedo: vosotros valéis
más que muchos pájaros!
32. El que me reconocerá delante Francesco Visani de
Fognano III 651
los hombres, también yo lo reconoceré
delante de mi Padre del cielo; Girolamo Finucci de Pistoia
(+1570)
33. y quien me niegue delante Predicac. XVII, De la
confesión III 2355
de los hombres también yo lo negaré
delante de mi Padre que está en los cielos.
31
Mt 10
Testimonio valeroso Vittoria Colonna a Paolo III, 1536
II 207
34. No creáis que yo he venido
a traer paz sobre la terra; no he venido Giovanni Maria
da Tusa
a traer paz, sino espada. Homilía después de Pascua
III 2459
35. He venido a separar al hijo del padre, Cyprian Crousen
v. Antwerpen
la hija de la madre, Comentario a la Regola
la nuera de la suegra; Lectiones paraeneticae 1625 IV
588
36. y los enemigos del hombre seran
los François Gagnand de Chambéry
de su propia casa. Regulares capuccinorum exercitationes
1634 (Cerimonial) I 1904
37. Quien ama al padre o a la madre más Giovanni da
Fano Arte de la unión III 305s
que a mí no es digno de mí; quien ama Bernardino de
Ochino Siete diálogos III 507
al hijo o a la hija más que a mí no es
digno de mi. Cristoforo Facciardi de Verrucchio III
1139
Cornelio Castellucci de Urbino III 1226
38. quien no toma su cruz y no me Bernardino
de Ochino Siete diálogos III 498
sigue, no es digno de mi. Gregorio de Nápoles Doctrina
admirable III998
Constituiones 1536-1643 I 374
Francisco Visani de Fognano III 651
39. Quien encuentre su vida, la perderá;
Comentario a la Regla
y quien pierda su vida por causa mía El amor evangélico,
1600 I 544
la encontrará.. Joseph de Dreux, Conduite intérieure
pour toutes les actions de la journée
(Vademecum espiritual) IV 426
Premio para quien acoge a los Apostoles
40. Quien acoge a vosotros, me acoge
a mi;
y el que me acoge a mí, acoge a aquel que me ha
mandado.
41. El que acoge a un profeta como profeta, Girolamo
Mautini da Narni
tendá la recompensa del profeta; y quien (1560-1632),
Arte oratoria,
acoge a un justo como justo, tendrá predicación cuaresmal
la ricompensa del giusto. En el palacio apostólico III
2881
42. Y el que diera un sólo vaso de
François Gagnand de Chambéry
agua fresca a uno de estos pequeños, 1634 (Cerimoniale)
I 1962
porque es mi discípulo, en verdad os
digo: no perderá su ricompensa. Giuseppe da Leonessa
Homilía sobre san José III 2611
Mt 11, 1. Cuando Jesús terminó
de dar estas instrucciones a sus doce
discípulos, se marchó de allí para enseñar
y predicar en sus ciudades.
32
Programa de la reforma capuchina en
textos e imágenes
Trabajos de grupo
Testos sobre "vita itinerans"
y "minoritas"
Imágenes
Aspectos de la "vita itinerans" y de la "minoritas"
en el recuerdo de grandes biografías capuchinas
Primeros hermanosi: - Francisco con
escenas de su vida
- Bernardo de Quintavalle
- Junípero
- Buenaventura
- Antonio
- Francisco con el manto
Primeros Capuchinos:- Matteo de Bascio
_____________
- Juan de Fano da:
- Francisco de Jesi
- Ludovico de Reggio Calabria Carl von Arenberg
- Angel de Joyeuse Flores Seraphici
- Frans Tittelmans
- José de Leonessa 1638-1643
- Ludovico de Pedacio
- Lorenzo de Brindis a cargo de Silvio Ronca -
- Crispin de Viterbo Gianfranco Berbenni
- Serafín de Montegranario Milán 1993
- Félix de Cantalicio
- Zaccaria Boverio
- Fidel de Sigmaringa
33
Sobre la estrategia de los Capuchinos
Predicación itinerante partiendo del eremitorio de Bigorio
(reforma católica)
Predicación itinerante en el norte
de los Alpes (Contrarreforma)
Mapa de la expansión ( - Provincias
en Alemania - Austria – Suiza
( - Papel de las confesiones religiosas en Suiza )
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