Para
Francisco de Asís, Jesucristo es el modelo
de la minoridad. Él se despojó de sí
mismo, asumiendo la condición de siervo haciéndose
obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (Fil
2, 7-8; Test 19). Francisco y Clara de Asís
personifican la minoridad para nuestro mundo contemporáneo,
multicultural y multiétnico.
"Vosotros me llamáis Maestro y Señor
y decís bien, porque lo soy. Si yo, que soy
el Señor y el Maestro, os he lavado los pies,
también vosotros debéis lavaros los
pies unos a otros. Os he dado ejemplo, para que como
yo he hecho, lo hagáis también vosotros.
En verdad, en verdad os digo: un siervo no es más
grande que su señor, ni el enviado más
que el que lo envía. Sabiendo estas cosas,
seréis dichosos si las ponéis en práctica"
(Jn 13, 13-17).
De
los muchos hechos que revelan las características
de la vida y de la personalidad de Francisco, podemos
conocer como él desarrolló gradualmente
la pasión por vivir como Jesús. En los
primeros tiempos de su conversión encontró
a un leproso, hacia el que sentía una gran
repugnancia. Francisco ciertamente había vivido
una vida de lujo más que de minoridad antes
de su conversión. Sin embargo cuando tomó
conciencia de que alejándose del leproso ello
significaba alejarse de Dios, corrió velozmente
hacia atrás y lo abrazó besándolo.
Esta imagen de Francisco y del leproso per
sonifica
la minoridad en su vida como Jesús que lava
los pies a los discípulos subraya la minoridad
en la vida del Señor. Para Cristo y para Francisco
la humildad es el elemento integrador de la minoridad.
No es una humildad que causa desazón en los
demás, sino una humildad que nace de la compasión
hacia los demás.
En el VII CPO, un sentido renovado
de la fraternidad y los nuevos problemas de nuestra
sociedad, nos invitan a reconsiderar la minoridad
especialmente desde el punto de vista comunitario,
institucional y estructural situándonos así
en línea de continuidad con el VI CPO (Prop.
4).