PRESENTACIÓN
Prot. N. 00420/04
A todos los Hermanos de la Orden
Queridos Hermanos:
Con esta carta os presentamos el
resultado del trabajo del VII Consejo Plenario de
la Orden sobre Nuestra vida fraterna en minoridad,
que se celebró en Asís del 1 al 27 del pasado mes
de marzo.
Muchos de vosotros tuvisteis la oportunidad
de seguir a través de internet el desarrollo del VII
CPO y de conocer en tiempo real lo que en cada momento
tenía lugar en Asís, en la sede del Consejo Plenario.
No sólo eso: a través de dicho medio muchos Hermanos
tuvieron la posibilidad de hacernos llegar sus propias
opiniones, a veces también sus propias críticas, y
sus propios ánimos, que hemos valorado mucho.
El VII CPO, además del enriquecimiento
que dan los participantes y del progreso en la unidad
y en la colaboración de la Orden, produjo como fruto
propio 55 Propositiones sobre el tema expuesto.
Conscientes de los límites del método
de las Propositiones, que se ha utilizado por segunda
vez en este tipo de reuniones, fue el propio Consejo
Plenario el que al término del mismo decidió que el
texto de las Propositiones fuese sucesivamente perfeccionado.
También este trabajo se ha realizado y nosotros, en
la sesión definitorial (21 – 26 de junio del 2004),
hemos aprobado el texto definitivo de las Proposiciones
que ahora enviamos a toda la Fraternidad, de acuerdo
con lo establecido en nuestras Constituciones: Conviene
que el Ministro general, según su parecer, y con el
consentimiento del Definitorio, avale con su autoridad
las actas del Consejo Plenario y las proponga a la
Orden (123, 6).
Los Hermanos que, después del CPO,
han trabajado sobre el texto de las Propositiones,
las organizaron en 7 partes, dando a cada una de ellas
un título. Los títulos son los siguientes: Fundamentos,
Vida fraterna en minoridad, El servicio de la autoridad,
Itinerancia, minoridad y estructuras, Formación para
la minoridad y la itinerancia, Nuestra minoridad en
la Iglesia, Por un mundo de justicia y de paz. Cada
una de las 55 Propositiones va, además, acompañada
de un título situado al margen de cada texto. De esta
manera se tienen las claves de lectura que ayudan
a una mejor comprensión del contenido de todas y de
cada una de las Propositiones.
De los títulos apenas enumerados
emerge ya la importancia del contenido del VII CPO
para nuestra vida de Hermanos Capuchinos, que nos
conduce a reafirmar la opción por la minoridad e itinerancia
como nuestra, propia y esencial, característica, no
sólo como individuos sino también como institución
(cfr. Propositiones 3, 5, 6, 24, 25, 26…).
Conscientes de que nuestra vocación
de hermanos menores es un “don”, hemos querido iniciar
todo el discurso con las fuentes que lo inspiran y
constituyen su fundamento, esto es la Santísima Trinidad,
la experiencia fundacional de Francisco a través del
encuentro con el Cristo Crucificado de San Damián
y con el leproso, en el atractivo de la belleza y
de la gloria de Dios, manifestada en Jesús y, finalmente,
en la fe en Cristo, Señor de la historia (cfr. Proposiciones
1-6).
Y puesto que el camino de la minoridad
y de la itinerancia “no es un camino natural que se
elige espontáneamente”, reafirmamos -- con la Propositio
n. 31 -- el valor de la contemplación: “las fraternidades
y los hermanos necesitan una formación permanente
para adquirir y mantener un espíritu de servicio y
de minoridad, que se nutre de la oración y de la contemplación.
Es esencial desarrollar una mirada contemplativa,
especialmente a través del ejercicio comunitario de
la oración silenciosa”.
Finalmente, queridos hermanos, queremos
recordar que el VII CPO se sitúa como complemento
del VI, porque la pobreza vivida en fraternidad no
tendría consistencia social sin la minoridad y la
itinerancia. Le faltaría el espíritu.
Ahora nos toca a todos reflexionar,
estudiar y aplicar esta doctrina y estas experiencias,
quizás de índole general, a los diferentes contextos
sociales y culturales en los que se hayan situadas
nuestras fraternidades y donde cada uno de nosotros
vive y ejerce su apostolado.
Nosotros ofrecemos a toda la Iglesia
y al mundo este don de Dios que constituye la herencia
de nuestro Padre san Francisco, al que dirigimos nuestra
incesante oración para que nos ayude a caminar con
la santísima bendición del Señor por los caminos de
la fraternidad vivida en pobreza, minoridad e itinerancia..
El Ministro general y su Definitorio
Fr. John Corriveau
Fr. Aurelio Laita
Fr. Joseph Nacua
Fr. John Bednarik
Fr. Vicente Carlos Kiaziku
Fr. Jure Šarčević
Fr. Manoel Delson Pedreira da Cruz
Fr. Felice Cangelosi
Fr. Efrem Bucher
Roma, 24 de junio del 2004
VII CONSEJO PLENARIO DE LA ORDEN
Nuestra
vida fraterna en minoridad
Asís 1-27 marzo 2004
PROPOSICIONES
FUNDAMENTOS
"¡Tu
eres humidad!"
1. La Santísima Trinidad es una
realidad singular porque ninguna de las personas divinas
es superior a las demás. Si bien esta igualdad radical
es imperfecta en las relaciones entre las criaturas,
ella constituye el modelo que nos enseña qué significa
estar hechos a imagen y semejanza de Dios (cfr Gn
1,26) y da al hombre el sentido de sus aspiraciones
más profundas.
a. La humildad abre los corazones
humanos para penetrar en el misterio de la relación
divina. Francisco en las Alabanzas al Dios Altísimo
proclama: “¡Tu eres humildad!” (AID 4). En efecto
nuestro Dios Trinitario es por naturaleza relacional,
esto es, es libre comunión de Personas sin dominación
o subordinación. A causa de su semejanza con Dios,
los hombres progresivamente realizan una libre comunión
de personas sin dominación ni subordinación, llegando
así a la verdadera humildad. A través del acto de
la creación y con el Bautismo nos hacemos partícipes
de la relación familiar con Dios, esto es llegamos
a ser hijos de Dios (Jn 1, 10-13). San Buenaventura
nos dice que en la Encarnación “Dios humildemente
se inclinó para levantar el polvo de nuestra naturaleza
hasta llegar a la unidad con su misma persona” (S.
Buenaventura. Sermón II sobre la Natividad del Señor).
b. La Trinidad es la relación fundacional
que crea la Iglesia: “Toda la Iglesia aparece como
el pueblo unido ‘por la unidad del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo” (LG 4). “Si alguien me ama cumplirá
mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos
en él” (Jn 14, 23). El celo por la observancia de
la palabra de Jesús inspiró a Francisco a considerar
el Evangelio como el fundamento de la vida fraterna
(Rnb I, 1-2; RB I, 2). Basados en la fidelidad al
Evangelio, la vida fraterna evangélica nos conduce
a la íntima relación con la Trinidad.
c. Francisco ha abrazado el plan
de Dios con sus criaturas como una familia de hermanas
y de hermanos: hermano sol, hermana luna, etc. (cfr
CtC). Él nunca se llamó simplemente ‘Francisco’, sino
siempre como ‘hermano Francisco’. Ser ‘hermano’ revelaba
su modo de sentirse en relación con cada criatura
a la que Dios lo llamaba y su misión de cuidar las
relaciones con humildad sumisa (cfr. CtC 10-11 en
relación con las otras estrofas; L3C 58).
Francisco menor y sometido
a todos, en el seguimiento de Jesús
2. La minoridad nace en Francisco de Asís como asombro
frente al amor de Dios, que, para librarnos del mal
y para introducirnos en la vida divina, no dudó en
entregar a su Hijo que se hizo hombre y se hizo obediente
hasta la muerte de cruz (Fil 2,6-8; 2CtaF 1), haciéndose
así menor y sometido a todos. Al servicio de la voluntad
del Padre, con el fin de que toda la creación vuelva
a él, el Verbo no hizo alarde de ser igual a Dios,
sino que se unió a la humanidad para curarla, reconciliarla
y liberar a toda la creación. (Mt 9,13; 12,7; 2 Cor
8,9; Gal 1,4; Ef 2,6-9; Hb 10,10). Es la kénosis gloriosa
del Hijo de Dios que permanece en el sacramento de
la Iglesia y en la Eucaristía (Adm I, 16-22) y que
provoca en Francisco el deseo vehemente de dejarlo
todo y de seguir a Jesús. Él, conmovido íntimamente
por la compasión de Dios por nosotros y persuadido
de que sólo en Él está nuestra salvación, se hizo
menor entre los menores e itinerante, como peregrino
y forastero por el mundo (Rb., VI, 1; 2R 6; Test 24)
con el fin de testimoniar a todos el Crucificado Resucitado
(CtaO 5-8). Comprometámonos, pues, siguiendo el ejemplo
de Francisco, en contemplar asiduamente el misterio
de nuestra redención, acrecentando la fe, la esperanza
y la caridad, para volver a encontrar cada día las
raíces auténticas de nuestra vida y de nuestro compromiso
en la iglesia y en la sociedad.
a. En Francisco el ser menores y
el estar sometidos a todos no tiene como origen el
temor, la sumisión psicológica o la renuncia al ejercicio
de la libre responsabilidad, sino el atractivo de
la belleza y de la gloria de Dios manifestadas en
Jesús. Francisco decidiéndose a seguir a Jesús por
el camino de la minoridad y de la itinerancia, ha
demostrado la fuerza liberadora del amor de Dios que
redime, sana las heridas, consuela los corazones y
llama a la libertad. Por eso, también nosotros, reafirmamos
la minoridad y la itinerancia como una opción libre
para acoger la invitación de Jesús: “El que quiera
ser el primero entre vosotros, será el último y vuestro
servidor” (Mc 9, 35). Identificándonos con la experiencia
de Francisco vayamos al encuentro de los “leprosos”
de nuestro tiempo comprometiéndonos a usar misericordia
con ellos.
Como Cristo pobre continua su camino unitivo entre
las criaturas bajo las humildes especies eucarísticas
de pan y vino” (Adm. 1, 17), así nosotros, a través
de las aguas del Bautismo, nos convertimos en Cristo
(1 Cor 12, 12-13. 27) caminando por la tierra con
la misión divina de curar, reconciliar, liberar y
redimir (1 Jn 2, 17).
b. “¡Oh admirable humildad y pobreza
que nos llenas de estupor” (CtaI 4). Así exclama Santa
Clara ante el misterio de la Encarnación. Favorezcamos
el diálogo espiritual con todas nuestras Hermanas
franciscanas y en particular con las de la segunda
Orden, para que mediante esta reciprocidad crezcamos
en una visión más integral y equilibrada de la minoridad
e itinerancia.
c. Como María, Francisco sabe que
Dios mira la humildad de sus siervos, ensalza a los
humildes y derriba de sus tronos a los poderosos (LM
VI, 6). Dirijamos, por eso, la mirada a la “Virgen
hecha Iglesia” (SalVM 1) y aprendamos de Ella el espíritu
de humildad para vivir con fidelidad y perseverancia
nuestra vocación y misión en la Iglesia por el mundo.
Menores como Francisco
3. Nosotros Hermanos Menores Capuchinos vivimos insertos
en un mundo pluriforme en el que se mueven fuerzas
que ocasionan una historia de injusticia y de enormes
sufrimientos humanos. Entre estas reconocemos el poder
económico, militar y tecnológico.
Ninguna sociedad en la que los Hermanos Capuchinos
se encuentran establecidos está absolutamente libre
de pecados y de estructuras de pecado generados y
sostenidos por tales poderes. Más aún pecados y estructuras
de pecado están extendidos a escala planetaria, se
introducen en nuestro estilo de vida condicionando
nuestras relaciones fraternas.
En su camino de conversión, Francisco encontró el
fundamento de la minoridad en el Dios- hombre, en
el Cristo crucificado de San Damián, pasando a través
del leproso. El encuentro con este hombre abandonado
y excluido de la sociedad y del sistema de su tiempo,
hizo sí que ‘saliese’ del siglo y cambiase su condición
social y su residencia, emigrando del centro a la
periferia de Rivotorto y de Santa María de los Ángeles,
esto es, se hizo menor (cfr. Test: 1-3; VI CPO 9).
Según el ejemplo de Francisco, deseamos vivir nuestra
vida evangélica, como frailes menores peregrinos y
extranjeros en este mundo. Con esto no ignoramos ni
despreciamos la grandeza del desafío que la complejidad
de la situación histórica presente nos plantea. Más
bien, confiamos en la gracia y en la providencia de
Dios, que siempre se reveló misericordioso con su
pueblo y nos proponemos proclamar a todas la criaturas
el anuncio de la Buena Noticia de ese Dios que no
es soledad sino Amor, y que, como tal, sale de sí
y llama a todos a entrar en comunión con Él.
Esto nos lleva a:
• reafirmar nuestra opción por la minoridad como característica
esencial de los Hermanos Menores Capuchinos no sólo
como individuos, sino también como institución;
• aceptar gozosamente y con todas sus consecuencias,
la debilidad, la precariedad y la vulnerabilidad,
en el servicio humilde en/de todas nuestras instituciones
y estructuras;
• realizar progresivamente (es decir, a través de
pequeños pasos) el desplazamiento “significativo”
hacia la periferia de nuestra sociedad actual, donde
queremos plantar nuestras tiendas entre los menores
de hoy como lo hicieron en su tiempo Jesús, San Francisco
y los primeros capuchinos.
La libertad franciscana
4. La pobreza, la minoridad y la itinerancia, además
de elementos propios de la imitación de Cristo, constituyen
la libertad franciscana. Son medios que tienden hacia
nuestro fin, es decir la edificación del Reino de
Dios, o dicho en lenguaje franciscano, la construcción
de una fraternidad donde quiera que estemos, y siempre.
La pobreza, la minoridad y la itinerancia fraternalmente
estructuradas, según la situación de cada lugar, ayudan
a los Capuchinos a liberarse de los efectos del pecado
estructural, de las fuerzas interiores incoherentes,
de la manipulación de otros intereses de poder, de
la incapacidad para superar fronteras, y de tradiciones
anacrónicas que nos esclavizan, para construir una
fraternidad que se pueda vivir en el siglo XXI.
La itinerancia nos introduce
en la historia de la salvación
5. El ser itinerantes, peregrinos y forasteros en
este mundo, encuentra su fuerza en la fe en Cristo,
Señor de la historia, que se manifestará plenamente
al final de los tiempos para juzgarnos a todos según
la ley del amor (Mt 25). Esta tensión hacia el cumplimiento
último no sólo no nos arranca de la historia sino
que orienta concretamente nuestra vida, nos libera
de la idolatría de la posesión inmediata, de la tentación
narcisística del aparentar y del éxito, y del apego
a las posiciones adquiridas, empujándonos, por el
contrario, a reconocer y servir humildemente a Cristo,
en nuestros hermanos y especialmente en los necesitados.
A imitación de Francisco que no quería que ninguna
cosa fuese llamada “suya” en este mundo, crezcamos
en la disponibilidad cordial ante lo imprevisible
de Dios, que es más grande que todos nuestros proyectos,
y testimoniemos a todos la alegría de poner en Él
nuestra esperanza mostrándonos atentos a las necesidades
de todos.
Nuestras opciones
6. La sociedad del tiempo de Francisco estaba marcada
por la lucha sobre el dominio social que desencadenaba
una fuerte violencia. También Francisco sufrió su
influjo, pero después de su conversión él se orientó
hacia los márgenes de la sociedad de Asís, escogiendo
vivir entre los menores y los marginados. Esto condujo
a Francisco a una intuición profunda por la que las
relaciones humanas deberían reflejar el amor trinitario
de personas libres sin privilegio o prioridades. Por
eso Francisco realizó opciones valientes de minoridad
que han redimido y reconstituido radicalmente sus
relaciones: autoridad sin poder que domina, servicio
caracterizado por la humildad,relaciones fraternas
con toda la creación, una vida vivida en la periferia
social.
Nuestro mundo está caracterizado por el dominio y
por la violencia de muchos tipos: la inicua concentración
de la renta que produce un gran número de emigrantes,
la arrogancia, preocupación narcisista por la propia
realización, poderes usados en beneficio propio que
marginan a los pobres y destruyen el medio-ambiente,
relaciones marcadas por el dominio y la estratificación
social, etnocentrismo e intolerancia religiosa, una
cultura que busca cambios mediante la violencia.
La minoridad franciscana exige hoy
opciones valerosas por un mundo más fraterno:
• La opción por una economía fraterna dondequiera
que vivamos y trabajemos (cf. VI CPO, especialmente
29-45).
• Relaciones centradas sobre los demás.
• Una cultura de paz que sepa aceptar también la vulnerabilidad.
• Liderazgo y acción pastoral basados en el servicio
y en la participación.
• Una ética de justicia basada en el hecho de que
todos somos hermanos y hermanas.
• Un nuevo compromiso en el diálogo según el espíritu
de Francisco (cfr. Rnb XVI, 5-6).
VIDA FRATERNA EN MINORIDAD
Exigencias
de nuestra identidad fraterna y minorítica
7. a.“San Francisco, inspirado por
Dios, dio origen a una forma de vida evangélica que
denominó fraternidad según el ejemplo de la vida de
Cristo y de sus discípulos” (Const 83, 5). Él quiso
que su Fraternidad se llamase Orden de Hermanos Menores
(cfr. 1Cel 38) y cambió la primera denominación de
“pobres menores” por “hermanos menores” (cfr. Testimonios
extraños… Crónica de Burcardo de Ursperg), para que
en la Iglesia y en el mundo resplandeciese más clara
la imagen de Cristo pobre, humilde y dedicado al servicio
de los hombres, especialmente de los pobres (cfr.
Const, 8, 2).
Viviendo nuestra opción de vida fraterna en la minoridad
como un don de Dios, ofrecemos a toda la Iglesia y
al mundo el anuncio de una esencial propuesta evangélica.
En la vida según nuestra identidad fraterna y minorítica
reconocemos la base de todo nuestro apostolado y la
primera forma de misión evangélica para un efectivo
testimonio de comunión total en la diversidad de los
carismas y de los ministerios, vividos en nuestras
fraternidades.
b. El Fundador quiso que entre sus
frailes ninguno fuese llamado prior, sino que todos
indistintamente se llamaran sencillamente hermanos
menores (cfr. Rnb VI, 3-4).
Es la minoridad la que califica y caracteriza nuestra
fraternidad. Por eso, en la Orden ningún hermano es
más grande que otro, sino que todos son iguales en
dignidad porque participan de la misma vocación a
la fraternidad. Por tanto “procediendo con verdad
y sinceridad de corazón, tengamos una gran familiaridad
mutua, y con caridad de espíritu, sirvámonos y obedezcámonos
de buen grado unos a otros” (Const. 167, 1).
c. Por tanto el VII CPO afirma y
ratifica que:
• la única profesión de fraternidad evangélica nos
hace a todos “hermanos menores” sin distinción alguna;
• las circunscripciones, las fraternidades locales
y todos los hermanos deben animarse a vivir el primado
de la vida fraterna en minoridad como la primera forma
de nuestro apostolado;
• en el ejercicio de cualquier tipo de ministerio,
a todos los niveles, se debe promover la participación
de todos;
• es necessario que en las diferentes áreas de la
Orden los nombramientos y las elecciones para todos
los cargos y servicios deben ser accesibles a todos
los hermanos sin ningún tipo de distinción y reserva
(cfr. Const. 84, 5);
• cada tipo de servicio en nuestras casas debe ser
oportunamente compartido por todos los hermanos en
base a su vocación;
• nuestra formación inicial, en todas sus etapas,
debe ser igual e idéntica para todos los hermanos
en formación; las mismas oportunidades deben garantizarse
también para la formación especial;
• todos los hermanos sean estimulados a tener en la
debida consideración la unidad en la diversidad de
nuestra fraternidad;
• es necesario que a todos los niveles se profundice
en la reflexión sobre nuestra propia identidad como
Instituto que se configura en la Iglesia prescindiendo
de toda connotación clerical y/o laical (cfr. Carta
del 18.09.96 de Juan Pablo II al Ministro general,
v. AOFMCap 112(1996)565-566);
• la afirmación teórica o de principio sobre la igualdad
de todos los hermanos se transforme en una práctica
vivida. Wymogi naszej braterskiej i minoryckiej tożsamości
Autoridad
y animación
8. La minoridad implica el reconocimiento del don
del hermano y lleva al ejercicio común de la corresponsabilidad
y de la participación de todos los hermanos en la
animación de la fraternidad. La autoridad debe ser
el dinamismo que empuje a elaborar el proyecto comunitario
de la fraternidad como instrumento real de crecimiento
en la vida y en la fe; el guardián será el animador
y el garante de este proyecto. Además la autoridad
debe proceder de modo que toda circunscripción elabore
periódicamente su proyecto de vida provincial.
Contribución de todos a la
vida fraterna
9. Despojémonos de todo privilegio que provenga del
cargo, de la formación recibida, del ministerio presbiteral
o de cualquier otro servicio que ejerzamos para el
bien común o en favor del pueblo de Dios. En la comunidad
donde todos han elegido ser menores y servir mas que
ser servidos, todos no solo se llamen indistintamente
hermanos, sino que realmente lo sean en la participación
y en las decisiones relativas a la vida de la fraternidad,
en el acceso a los medios de transporte, de comunicación
y otros. Además, cada uno aporte su sueldo para el
mantenimento ordinario de nuestras casas, sin dispensarse
de las faenas domésticas y de los servicios fraternos
de cada día. Aunque esta aportación pueda efectivamente
resultar limitada y simbólica, sin embargo, es necesaria
que se convierta en una prueba de verdadera hermandad
y de servicio mutuo.
Aceptación de los demás
10. Como fraternidad de hermanos menores deberemos
subrayar más lo que nos une que lo que nos separa.
Hagamos un esfuerzo concreto por incluir a los demás,
para así impedir que el etnocentrismo arraigue en
nuestras fraternidades. Nuestros compromisos deberían
caracterizarse por una sincera aceptación de los demás,
independientemente de sus características individuales
o de su historia personal.
El capítulo local
11. El capitulo local, celebrado con frecuencia, es
un lugar oportuno para expresar nuestra vida fraterna
en minoridad. En el capitulo local cada uno se pone
a la escucha humilde y apasionada del hermano y de
todos los hermanos, en la corresponsabilidad, en el
diálogo, en la obediencia caritativa y en el ejercicio
minorítico de la autoridad, buscando los caminos para
crecer en la comunión evangélica. Para usar mejor
este instrumento de vida fraterna invitamos a analizar
regularmente las estructuras de poder implícitas que
existen en una comunidad, por ejemplo: la influencia
que se tiene por el cargo que se desempeña, la facilidad
de palabra, la imposición por el boicot, etc. El capítulo
favorece también el espíritu de itinerancia, ya que
permite verificar lo significativo de la presencia
de la fraternidad local y de abrirse a horizontes
nuevos.
El trabajo de grupo
12. El trabajo de grupo es uno de los rostros de la
minoridad. Es un ejercicio sencillo y diario de la
autoridad horizontal. En él todos los menores se sienten
hermanos en igualdad. Esta orientación ha de afectar
a todos los niveles de la comunidad.
Horizonte
internacional
13. La Orden es una fraternidad mundial a la que pertenecemos
a través de la Provincia y de las demás circunscripciones.
Para superar todo tipo de provincialismo, y para movernos
eficazmente en un contexto globalizado como es el
nuestro, es importante abrirse al horizonte internacional
de nuestra fraternidad. En particular, abrámonos voluntariamente
a toda forma de colaboración interprovincial, no sólo
en el ámbito de la formación inicial, sino también
en el de la formación permanente y del ministerio.
La colaboración entre las circunscripciones, en efecto,
no es sólo una exigencia dictada por la disminución
del personal sino que es un valor en sí misma, en
cuanto que es una forma mas amplia de fraternidad,
y además es una expresión concreta de minoridad e
itinerancia.
Eficaces instrumentos de colaboración son la constitución
de fraternidades interprovinciales y el intercambio
de personal entre las circunscripciones.
Análogamente, son formas oportunas y actuales de minoridad
y de itinerancia las iniciativas de colaboración interfranciscanas,
sobre todo con los demás hermanos de la Primera Orden
y de la TOR, además con las hermanas Clarisas y con
los demás hermanas y hermanos franciscanos. Después
abrámonos gustosos a la colaboración con los seglares,
especialmente con los hermanos y las hermanas de la
Orden Franciscana Seglar y de la Juventud Franciscana.
Solidaridad de personal
14. La Orden ha crecido mucho en el sentido de la
solidaridad del personal. El VII CPO recomienda que
se mantenga este espíritu y se creen fraternidades
provinciales e interprovinciales en las periferias
y fronteras, donde el sistema genera una gran cantidad
de pobres (emigrantes, exiliados…, etc.).
Circunscripciones
con dificultades
15. En diversas circunscripciones de la Orden, los
hermanos viven una cierta forma de pobreza causada
por el envejecimiento de los hermanos, por la disminución
de las vocaciones y por un contexto indiferente o
totalmente anticlerical.
Animamos a los hermanos a que acepten esta situación
y la vivan con gozo como una expresión concreta de
nuestra opción de vida en minoridad. Además los invitamos
a elaborar nuevos proyectos adaptados a sus propias
posibilidades y a la situación pastoral en la que
se encuentran. Para realizar estos proyectos se podrá
recurrir a la solidaridad internacional de personal.
Hermanos en
contextos difíciles
16. Inspirados por la enseñanza de proclamar la buena
noticia incluso en medio de pruebas y persecuciones
(Mt 24, 9), animamos a nuestros hermanos que viven
en países en los que el cristianismo es una pequeña
minoría a continuar dando testimonio del Evangelio
como la levadura en la masa (Lc 13, 21), con el ejemplo
y la palabra, en el espíritu de minoridad semejante
al de San Francisco ante el Sultán. Nuestra fraternidad
se compromete a apoyar y sostener a los hermanos,
en particular a los que viven en países donde la libertad
de religión es un riesgo, donde crece la intolerancia
religiosa y se difunde rápidamente el fundamentalismo
religioso.
Celebración de la profesión
perpetua
17. Para subrayar nuestra vocación de hermanos y el
valor eclesial de la vida religiosa, la profesión
perpetua se celebre con la dignidad adecuada: esta
se manifiesta en la verdad de los gestos y en un estilo
sobrio, que es propio de la liturgia y está de acuerdo
con la pobreza franciscana (cfr. Rito Romano-Seráfico
de la Profesión religiosa, 75). Lo mismo sea válido
para la ordenación y otras celebraciones de la fraternidad”.
EL SERVICIO DE LA AUTORIDAD
La autoridad
querida por Jesús
18. La Palabra de Dios ilumina e
inspira la decisión del hermano capuchino que desea
vivir en minoridad. De ella aprende que es necesario
abandonar todo poder que domina (cfr Mc 9,33-37; Rnb
V, 9-12) y que el servicio es la actitud correcta
del que ve en Jesús al siervo (cfr Lc 22,24-27). De
este modo el Evangelio nos enseña a identificarnos
con los excluidos (cfr Mt 25, 31-46) y a saber compartir
con ellos todo tipo de bienes (cfr Rm 15, 27). El
buen uso del poder es el ‘sacrificio auténtico’ que
caracteriza al que ha experimentado profundamente
a Jesús (cfr Rm 12, 1).
Las ciencias sociales modernas afirman con claridad
que debido a las relaciones sociales asimétricas es
imposible vivir sin ejercer el poder. Pero Jesús enseñó
que sus discípulos no debían dominar unos sobre otros,
como hacen los poderosos del mundo (Mt 20, 25; Mc
10,42-45; Lc 22,24-27; 1 Pd 5, 3). También Francisco
escribió que los hermanos no deben ejercer poder o
dominio (cfr Rnb V, 9-12).
El uso capuchino del poder
19. Francisco, aceptando la propia fragilidad, llegó
a entrar en relación con cada persona y con cada criatura.
El uso capuchino del poder subraya más la construcción
de relaciones que la eficiencia deejecución y, por
consiguiente, incluye las siguientes características:
• No es excluyente, es decir incluye a todas las personas
interesadas en la decisión;
• Es participativo, es decir aquellos que toman parte
en él tienen derecho a expresar su opinión propia;
• Es igualitario, es decir que la decisión final respeta
de manera igualitaria las necesidades de todos los
interesados;
• Se caracteriza por la voluntad de diálogo con vistas
a alcazar un posible consenso;
• No es violento.
Estas características constituyen un modelo que también
otros en el mundo pueden imitar.
La autoridad según las Constituciones
20. Nuestras Constituciones (nn.
156-157) indican cuatro fuentes positivas de autoridad
en el mundo y en nuestra Orden: 1) el servicio a los
demás; 2) la coherencia entre lo que decimos y lo
que hacemos; 3) la escucha atenta de los demás; 4)
el ejercicio de la autoridad que mira al bien común.
Las Constituciones sugieren una gradación, por la
que en el ejercicio del proprio cargo se recurre a
la fuerza de la autoridad sólo después de haber agotado
todas las otras posibilidades.
Cometido del ministerio fraterno
de autoridad
21. Recordando las Admoniciones de Francisco (cfr.
Adm III y IV), de la Carta a un ministro y de la Carta
al Hermano León, alimentamos el conocimiento de que
el ejercicio de los ministerios fraternos es una provocación
constante al crecimiento de cada uno y de la fraternidad
en una libertad comprometida en seguir a Cristo. Es
tarea del ministerio fraterno favorecer el crecimiento
de la responsabilidad personal en la vida fraterna;
promover y sostener la unidad y la comunión entre
los hermanos; reconocer los dones presentes entre
nosotros, instar al amor mutuo e inclusivo en las
relaciones de todos aquellos que se encuentran y sostener
a los hermanos en su camino de conformación con Cristo
humilde y pobre.
A este respecto los ministros favorezcan de todos
los modos el discernimiento común de la voluntad de
Dios, la corresponsabilidad, el diálogo fraterno,
la programación compartida, la subsidiaridad y la
solidaridad. Instrumento fundamental e irrenunciable
de esto debe ser sobre todo el capítulo local. Además
fomenten la escucha de los hermanos, la acogida del
camino de cada uno, recordando las palabras con las
que Francisco describía los ministerios fraternos:
Visitar, exhortar, amonestar y corregir (Rb X, 2).
Aquellos que sean propuestos para desempeñar funciones
de autoridad sean en todo y para todo ministros y
siervos de los hermanos, sin dominar en las relaciones
fraternas, evitando cualquier parcialidad. En el espíritu
del mutuo servicio no se apropien de los cargos y
manifiesten de hecho aquel sano desapego de su función
que hace posible el servicio desinteresado, recordando
lo afirmado por Francisco (cfr. Adm IV).
Por consiguiente, pertenece al espíritu de minoridad
que los ministros acepten la vulnerabilidad en las
relaciones. Proponemos, además, revisar y sustituir
todas las denominaciones ministeriales incompatibles
con la propuesta evangélica, con nuestro ideal de
minoridad y con el carácter fraterno de nuestra Orden.
Cuando el
poder se convierte en abuso
22. Independientemente de quienes
seamos y de la posición que tengamos, todos poseemos
un cierto tipo de poder. Esto puede tener un aspecto
positivo, de animación y de creación, si lo ponemos
al servicio de los demás o puede convertirse en motivo
de corrupción y, por consiguiente, de destrucción.
El dominio y la explotación de los demás se manifiesta
y tiene consecuencias no sólo en su aspecto visible
y físico, sino también en la esfera psicológica y
emotiva de la vida humana. Y es aquí donde se encuentran
las heridas más profundas y las cicatrices que no
se curan:
• Actos deliberados de violencia, lenguaje despectivo,
amenazas directas o indirectas jamás deben formar
parte de la vida de un hermano menor.
• La explotación sexual o el abuso de otra persona
es una ofensa más grave contra la minoridad franciscana
que contra la castidad.
• Participamos pasivamente en actos de abusos y de
degradación de los demás cuando aceptamos la violencia
y el sexo explícito como formas de entretenimiento.
Las persuasiones ocultas del
falso poder
23. Para salvaguardar nuestra forma de vida evangélica
de "hermanos menores" nuestras fraternidades
deben hacer una valiente auto-crítica y un humilde
discernimiento sobre las falsas formas de poder --
político, religioso, económico -- que se introducen
en nuestras fraternidades y manipulan los deseos y
los intereses de los hermanos, distorsionan sus relaciones
"cara a cara" y los seducen con privilegios
y honores, como también con beneficios económicos,
fiscales y de otro tipo.
ITINERANCIA, MINORIDAD Y
ESTRUCTURAS
Formas de
inmovilismo
24. Nuestra verdadera vocación está basada en el seguimiento
de Cristo y de sus apóstoles que han renunciado a
todo derecho sobre cualquier lugar para proclamar
por todas partes generosa y libremente el Reino de
Dios (Mt 8, 20; Lc 9, 58). La inmovilidad de algunos
de nuestros hermanos compromete en su base nuestra
vocación y misión en la iglesia y en el mundo.
El concepto de inmovilismo no es solamente físico.
Un inmovilismo más radical se encuentra en los hábitos
de pensamiento y de valoración, que con frecuencia
se convierten en obstáculos para la verdadera conversión.
Estos obstáculos pueden estar constituidos por un
pensamiento teológico rígido, una mentalidad incapaz
de cambiar, el fundamentalismo teológico, y pueden
impedir a las personas el encontrar a Dios “fuera
del campamento” (Éx 19, 17; 33, 7-11).
La itinerancia
como abandono de poder y de lugar
25. Francisco se inspiró en la vida itinerante de
Jesús y de sus apóstoles siguiendo su ejemplo. Por
fidelidad a Francisco expresemos nuestra itinerancia
con la opción de abandonar los puestos de poder afirmados
y garantizados para elegir aquellos más accesibles
a la gente común y a los más pobres. Deberemos luego
decidir en fraternidad sobre el abandono de aquellos
ministerios que podrían convertirse en objeto de apropiación,
de exaltación y de autopromoción. Esta opción favorece
nuestra vida en fraternidad y ofrece a cada hermano
la posibilidad de un crecimiento personal en cuanto
que permite establecer nuevas relaciones y asumir
nuevas responsabilidades.
De este modo compartiremos el carácter que Cristo
ha dado a la Iglesia como un pueblo en camino.
Siguiendo la sana tradición de los primeros capuchinos,
cercanos siempre a los hombres indigentes y abandonados
por los demás, alimentados por la fe y abiertos a
la esperanza, nos proponemos, como compromiso de la
nueva evangelización, vivir a su lado, aun cuando
ello comporte el abandono de estructuras no conformes
con nuestro ideal.
Revisión del estilo de vida
26. Conscientes de que la minoridad favorece una relación
más justa y coherente con la gente humilde de nuestro
tiempo, todas las fraternidades se comprometan en
una sincera revisión de nuestro estilo de vida apuntando
hacia una efectiva sobriedad, evitando gastos inútiles,
exagerado uso de coches y otros medios de la tecnología
moderna, cuestionándonos si efectivamente lo que tenemos
es esencial para la misión que deriva de nuestro carisma.
Revisión
de las estructuras
27. La clara conciencia de la realidad y del marco
social en el que vivimos nos lleva a hacer un discernimiento
con respecto a la minoridad de nuestras estructuras.
De ahí brotará un comportamiento responsable que afectará
a nuestras estructuras. Estas estructuras deberán
de ser sencillas, flexibles,de moderado volumen, lejos
del dominio, del dinero,del prestigio. El hermano
menor sabe vivir en la provisionalidad.
a. Interroguémonos concretamente
sobre las estructuras de las que somos propietarios:
iglesias, conventos, jardines, obras de arte. Preguntémonos
si el uso que hacemos de ellas está conforme con nuestra
vocación de menores e itinerantes. Cuando tales bienes
sean superiores a las exigencias de la fraternidad
o absorban un cuidado exagerado, estudiemos soluciones
para reconvertirlos en finalidades útiles a la iglesia,
a los pobres y a la sociedad. Entre estas soluciones
consideramos también el alquiler temporal de su uso,
la venta, la donación, según los lugares y necesidades.
b. Optar por casas pequeñas con un
número adecuado de hermanos, casas insertas en zonas
periféricas que vivan de su trabajo, puede constituir
una tradución práctica de nuestra minoridad e itinerancia.
c. Téngase cuidado, sin embargo,
de tutelar los bienes que, por su significado histórico,
son importante memoria de la identidad de nuestra
Orden.
FORMACIÓN PARA LA MINORIDAD
Y LA ITINERANCIA
Candidatos
y minoridad
28. Los candidatos a nuestra vida desde, el momento
de la animación vocacional, sean informados, orientados
y animados para comprender y vivir el carácter de
fraterna igualdad de nuestra familia.
Formación inicial y experiencias
prácticas
29. Como San Francisco creció en el conocimiento del
Señor Jesús a través del encuentro con el leproso,
así la formación inicial prevea experiencias de contacto
concreto con los “leprosos” de nuestro tiempo: los
enfermos, los pobres y los marginados de todo tipo,
según los lugares en los que estemos presentes.
En la medida de lo posible, es útil hacer unas temporales
experiencias de trabajo como fuente de sustentamiento,
para ser capaces de comprender a la gente común, junto
a la que vivimos.
Para que la formación inicial sea completa, es útil
hacer unas experiencias misioneras, periódos de estudio
y de servicio en una circunscripción distinta a la
que se pertenece, especialmente en aquellas pobres.
Estas experiencias ayudan al hermano en formación
inicial a desarrollar la itinerancia y la conciencia
global de pertenencia a la Orden.
Es necesario que desde el principio de la formación
inicial se presenten las dos posibilidades de hermano
y hermano sacerdote como expresiones, ambas necesarias,
de igual dignidad del único carisma franciscano-capuchino.
Las Conferencias pueden preparar los programas comunes
para la formación inicial.
Formación permanente para la
minoridad y la itinerancia
30. La minoridad y la itinerancia son elementos de
la vocación franciscana que acompañan siempre nuestra
vida fraterna. Por consiguiente, la formación permanente
tiene que profundizar constantemente en estos valores,
y favorecer, además de ocasiones de actualización
cultural, también experiencias concretas de cercanía
con la gente y con los pobres. Periódicamente es,
pues, conveniente que cada hermano se prepare para
una sana renovación de su identidad de consagrado
y de su ministerio, con experiencias de servicio con
los que sufren, de compartir la vida con marginados
y con un compromiso en el campo pastoral distinto
al habitual. Estas experiencias pueden hacerse en
otras circunscripciones o en una misión.
La formación permanente cuidará también la calidad
franciscana de nuestra oración. Rezamos como verdaderos
hermanos menores cuando estamos dispuestos a compartir
la oración con la gente, cuando sabemos adaptarla
a las circunstancias, bien a través de las formas
culturales o bien presentando a Dios los gozos y las
esperanzas, los sufrimientos y las preocupaciones
de nuestros contemporáneos (cfr. GS 1).
Formación para la contemplación
en la minoridad
31. Ya que el camino de la minoridad no es un camino
natural que se elige espontáneamente, las fraternidades
y los hermanos necesitan una formación permanente
para adquirir y mantener un espíritu de servicio y
de minoridad, que se nutre de la oración y de la contemplación.
Es esencial desarrollar una mirada contemplativa,
especialmente a través del ejercicio comunitario de
la oración silenciosa.
El camino de los primeros capuchinos hacia la periferia
fue también el camino hacia la contemplación y el
silencio abierto al mundo. El hermano menor es el
que contempla sobre todo a un Dios que se hace menor
en el pesebre, en la cruz y en la Eucaristía; y que
jamás pierde de vista a las hermanas y hermanos –
sobre todo a los más pobres – y a toda la creación.
El eremitorio, que para los primeros capuchinos siempre
se situaba en los confines de la ciudad, no es el
lugar para desviar la mirada, sino para tener una
visión más amplia de la realidad, contemplada a partir
de Dios y desde los pobres.
Por tanto, deseamos promover una contemplación franciscano-capuchina:
• que, siguiendo la tradición de Francisco, contemple
la minoridad de Dios como paradigma pedagógico en
la evangelización;
• que surja de la realidad y nos lleve a la acción
(amor compasivo y compasión internacional);
• que en vez de hablar, sea el lugar donde escuchar
a Dios en el Evangelio y en los pobres.
Por eso actuemos de modo que:
• la animación de la formación permanente ayude humildemente
a reconocer la necesidad de aprender de nuevo el camino
de la contemplación;
• cada Conferencia de la Orden cree un espacio para
el conocimiento, la práctica y el amor por la contemplación
franciscana;
• en el capítulo local se hable sobre el uso del tiempo
y de las actividades que puedan eliminarse para tener
el tiempo necesario para la oración contemplativa;
• según nuestra tradición, se prefiera la meditación
sobre los misterios de la encarnación y de la cruz.
• las experiencias eremíticas no han de reforzar en
nosotros un estilo de vida monástica, sino que sean
sobre todo un caminar hacia la mirada contemplativa
en medio del mundo.
Coherencia entre enseñanza
y vida
32. Nuestra vida fraterna es la exigencia fundamental
en el proceso de toda la formación (cfr. Cons 23,
4-5). Este delicado proceso formativo corre riesgo
cuando se percibe como un doble criterio entre lo
que se enseña o se propone y lo que se vive de hecho
en toda la jurisdicción. Con frecuencia esta situación
lleva a concebir la profesión religiosa y la ordenación
como gradas o pasos hacia la promoción personal y
el privilegio, más que hacia niveles de un compromiso
más profundo y de una mayor generosidad. Por tanto
queremos subrayar la importancia de la coherencia
entre lo que enseñamos a los jóvenes que están en
formación y nuestro estilo de vida.
Conocimiento de la doctrina
social de la Iglesia
33. Para nuestras opciones en el campo social y para
nuestra presencia entre los pobres se promueva en
todas nuestras fraternidades el conocimiento de la
doctrina social de la Iglesia, incluso durante los
periodos de formación específica (inicial y permanente).
Conocimiento de la doctrina social de la Iglesia
El VII CPO
como instrumento formativo
34. Todas las circunscripciones
se comprometan en vivir las proposiciones ofrecidas
por el VII CPO. Con esta finalidad se programen encuentros
de sensibilización y experiencias concretas, en el
ámbito de la formación inicial y de la formación permanente.
NUESTRA MINORIDAD
EN LA IGLESIA
El sacerdote
ministro y siervo en la Iglesia
35. Considerado que el pueblo de
Dios ha recibido muchos dones para edificar la Iglesia
(cfr 1 Cor 14, 26; Ef 4, 7. 11-12), los presbíteros
están llamados a desarrollar en la Iglesia el ministerio
de la unidad sin ejercer dominio sobre la fe de las
personas, como servidores de su felicidad (cfr 2 Cor
1, 24; 1 Pd 5, 3). La Eucaristía, fuente y cumbre
de nuestra vida (cfr LG 11; Const. 47, 1), nos ayuda,
como menores, a comprender mejor el sentido de servicio
del ministerio ordenado.
La Eucaristía no pertenece a ninguna persona humana,
sino a Cristo mismo, de cuyo sacerdocio participan
activamente todos los fieles. El presbítero actúa
en la asamblea eucarísica en nombre de Cristo cabeza
(cfr LG 10, 28; PO 2; SC 33). El Evangelio según san
Juan presenta a este Cristo, como un jefe que se inclina
a lavar los pies de los demás: “Si yo el Señor y Maestro,
os he lavado a vosotros los pies, también vosotros
debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Jn
13, 3-15; RnB VI, 4; Adm. 4, 2). El ejemplo de Cristo,
que se humilla hasta bajar, durante la Eucaristía,
a nuestras manos (Adm 1, 16-19; CtaO 26-29) debería
conducir a los ministros a humillarse a sí mismos
para servir a los demás (RnB IX, 1; CtaO 28). Esta
actitud a imitación de Cristo invita a los hermanos
sacerdotes de nuestra Orden a ser humildes y menores
en su servicio sobre el altar de la vida fraterna.
Características del sacerdote
menor
36. “El Señor me dio hermanos” (Test 14) dice Francisco
refiriéndose a los comienzos de la fraternidad. En
esta fraternidad acogió a todos aquellos que deseaban
compartir su ideal minorítico, entre ellos había también
sacerdotes. A ellos se dirige Francisco: "A todos
los ministros y guardianes y sacerdotes de la misma
fraternidad, humildes en Cristo" (CtaO 2)). Y
ofrece a ellos indicaciones concretas para un ejercicio
minorítico del ministerio ordenado. Esto vale hoy
también para los que son sacerdotes en la Orden.
El franciscano sacerdote vive el propio ministerio,
honrando la primacía de la pertenencia a la fraternidad
(cfr. CtaO 30-31). Y como especial ministro de la
misericordia de Dios, inspirándose en el modelo propuesto
por Francisco en la Carta a un ministro (CtaM 8-20),
se vuelve disponible para las necesidades de la Iglesia,
con preferencia hacia los servicios más difíciles
y sin honores, y sabe hacerse prójimo particularmente
con los que sufren, con los marginados y los alejados.
El menor sacerdote cuida que la liturgia refleje tanto
la sencillez de la vida franciscana como la grandeza
de los misterios celebrados, mediante su proprio comportamiento
y a través de los signos y de los objetos que componen
el rito (cfr CtaCle 1-15)
Y por último debe mostrarse libre frente al dinero,
capaz de la gratuidad evangélica (cfr. Mt 10,8-10).
Servicios fraternos no sacerdotales
37. La misión de nuestra Orden debe manifestar el
carácter fraterno de nuestro carisma. Por tanto las
circunscripciones a la hora de elegir actividades
y servicios deben incluir también aquellos ministerios
que no exigen la ordenación sacerdotal.
En obediencia a la Iglesia
y en los servicios menos apetecidos
38. Francisco, como hermano menor, siempre trató de
vivir la obediencia al Evangelio como obediencia a
la Iglesia, comunidad de los bautizados. Había intuido
que el Evangelio, inspirado por el Espíritu, había
nacido en el ámbito de la comunidad cristiana (cfr
John Corriveau, Cta. Circ. “El valor de ser menores”,
6, 1) En este sentido, había respondido con solicitud
a la llamada del crucifijo “Francisco, ve y repara
mi Iglesia que, como ves, amenaza ruina” (Lm 1, 5)).
En el Testamento de Siena él afirma: “sed siempre
fieles y sumisos a los obispos y a todos los clérigos
de la Santa Madre Iglesia” (TestS 5). Reconocemos
como expresión esencial de nuestra minoridad, la obediencia
cordial y corresponsable a la Iglesia y a sus ministros.
Nosotros expresamos de hecho nuestra pertenencia eclesial
cuando nos volvemos disponibles evangélicamente para
el servicio de todo el pueblo de Dios.
De tal modo mantengámonos sinceramente disponibles
para servir a la Iglesia local y universal, actuando
de acuerdo con los pastores (Test. 4-5) Demos preferencia
a aquellos compromisos que están más en consonancia
con nuestra vocación de menores y asumamos los encargos
pastorales de frontera, los ministerios menos apetecidos
en la Iglesia y en las periferias donde mejor podemos
manifestar la compasión y la proximidad: bien sean
parroquias periféricas, capellanías de hospitales,
asistencia a los enfermos y al mundo de los marginados
entre las viejas y las nuevas pobrezas.
Actuemos de modo que las remuneraciones no sean el
único criterio para la elección de nustros ministerios
y que estos sean expresión de toda la fraternidad.
Modelo de colaboración con
la Iglesia diocesana
39. La Orden en sus documentos nos ha invitado a ser
‘prudentes’ a la hora de aceptar parroquias (Cf. Const.
151,2). Sin embargo, constatamos que esto, por muchas
razones, aún no se está realizando y condiciona nuestra
vida fraterna e itinerante. Proponemos que se revise
este modo de proceder y se asuma el servicio de la
acción evangelizadora y pastoral como colaboración
con la iglesia diocesana, evitando siempre el sentido
de poder y de apropiación. Para este fin sería bueno
asumir, sólo por un tiempo limitado, responsabilidades,
como parroquias, servicios diocesanos y otros compromisos
que inducen a la estabilidad, teniendo en cuenta las
circunstancias.
Implantatio de la Iglesia y
de la Orden
40. Donde quiera que vayamos a anunciar el evangelio,
a implantar la orden y a ayudar a formar la Iglesia
nos proponemos:
• evitar todo signo de poder y de status social en
nuestro modo de vivir, evangelizar y ayudar;
• evitar toda forma de desigualdad entre los hermanos
nativos y los de otras naciones que pueden contar
con ayuda económica de sus respectivos países;
• trabajar preferentemente con los métodos y medios
del lugar;
• promover los distintos proyectos en nombre de la
comunidad capuchina y no a título personal;
• utilizar los criterios de la economía fraterna ya
indicados en el VI CPO para las donaciones recibidas
para las misiones.
Al elegir nuevas presencias favorézcanse
las de las Iglesias locales donde no se espere de
nosotros una gran estructura pastoral o social sino
más bien el testimonio franciscano. Procuremos también
ir al encuentro de las solicitudes de las Iglesias
locales donde aún no existe una presencia franciscana.
En esto nos puede ayudar mucho la colaboración de
los hermanos y de las hermanas de la familia franciscana.
Los cargos
eclesiásticos
41. Y puesto que los capuchinos pretenden ser menores,
nuestra Orden no busque para sus miembros el episcopado
u otros cargos eclesiásticos relevantes.
POR UN MUNDO DE JUSTICIA
Y DE PAZ
Crear relaciones
42. El poder del Espíritu Santo alimenta
un verdadero amor en nuestros corazones, que crea
unidad entre todas las criaturas, independientemente
de quien o de lo que cada cosa sea (cf LG 7). Como
hermanos de Francisco debemos ser constructores de
puentes y buscar caminos, superar las barreras de
castas, credos, religiones y fronteras geográficas,
aferrándonos al hilo conductor del amor mientras caminamos
en el laberinto de las relaciones. Nuestras fraternidades
deberían ser puntos centrales de paz y de reconciliación
para los ambientes cercanos a nosotros.
Ver al hombre por encima de
su pecado
43. Un rasgo específico de la minoridad de Francisco
está en la capacidad del santo de Asís de saber ver
por encima de las heridas, los límites y los pecados
de los hombres, viendo en todos la presencia de Dios.
El usar misericordia en las relaciones con los leprosos
es reconocer el misterio de Dios presente en el que
sufre; el ofrecimiento continuo de perdón a los pecadores
es afirmación de que el hermano es más grande que
su propio pecado. También nosotros, con un coherente
testimonio evangélico, no nos debemos dejar condicionar
por el mal y el dolor, sino llevemos en todo esperanza,
favoreciendo la reconciliación y la curación hacia
los que sufren en el cuerpo o en el espíritu.
Favorecer la reconciliación
44. La actual situación de conflicto internacional
y la condición humana marcada por el pecado, personal
y social, revelan la necesidad radical de conversión,
de reconciliación y de paz que sólo pueden venir de
lo alto. “Él es nuestra paz, aquel que ha hecho de
los dos un único pueblo” (Ef 2, 14). Es parte integrante
de nuestra misión de menores favorecer activamente
la reconciliación con iniciativas adecuadas y concretas
y promover la cultura. En este contexto es ciertamente
expresión de minoridad la disponibilidad para celebrar
el sacramento de la reconciliación.
La alegría
de la minoridad
45. Nosotros hermanos capuchinos creemos en la belleza
de la minoridad. Como Francisco, pensamos que, a pesar
de las dificultades presentes en una vida de minoridad
y de itinerancia, tenemos siempre motivos para manifestar
la alegría en el mundo en el que vivimos. La experiencia
del Evangelio y la vida en comunidad son razones para
vivir con alegría nuestra minoridad. Partiendo de
estos motivos busquemos llevar la alegría a la vida,
a veces muy dura, de los pobres (cfr Const. 100).
Además, muchos perciben nuestra alegría, lo que representa
un estímulo para su vida y puede servir de medio para
atraer y abrazar nuestra vocación. Ser menores y vivir
en la alegría no sólo es posible, sino que constituye
una realidad siempre presente en nuestro estilo de
vida.
Relaciones “redimidas”
46. Conducido por Jesús, Francisco llegó a abrazar
al hermano en una relación que transformó lo que era
amargo en “dulzura del alma y del cuerpo” (Test 1-3).
Francisco se comprometió por un nuevo mundo de relaciones
redimidas; por eso nuestra vocación específica es:
• mirar sobre todo a la reconciliación (cfr. V CPO
86);
• tratar de conseguir la comprensión mutua favoreciendo
el entendimiento entre las partes en conflicto;
• permitir a cada parte expresar la propia experiencia
en el ámbito de un conflicto;
• tener presente, en el conflicto, las necesidades
legítimas de todas las partes;
• vivir entre nosotros un modelo de solidaridad que
garantice la seguridad a cada hermano y que puede
también ofrecer al mundo un ejemplo de solidaridad;
• superar las divisiones étnicas, lingüísticas y nacionales;
• ser una voz con aquellos que no tienen voz;
• estar atentos a las repercusiones que soluciones
propuestas tengan sobre nuestra hermana, Madre-Tierra;
• saber denunciar las políticas y las prácticas injustas.
Testimonio
y diálogo
47. Cuando nos dirigimos hacia aquellos
que no comparten nuestra fe estamos llamados en primer
lugar a ser testigos de Cristo con nuestra vida y
en segundo lugar a dialogar con los demás, siguiendo
la recomendación de San Francisco, (cf. Rnb XVI 4-7),
a no hacer proselitismo ni despreciar o mal interpretar
las creencias de otros.
En consecuencia deseamos: vivir entre los pobres sin
distinción de religión; dialogar con las culturas,
religiones y confesiones; inculturar el Evangelio.
Solidaridad con los menores
de nuestro tempo
48. En un mundo de competitividad y de lucha, donde
los sistemas financieros, militares y tecnológicos
que se autoalimentan, marginan cada vez más a los
pobres, nosotros como menores e itinerantes, empeñémonos
en cumplir una misión profética expresando nuestra
solidaridad con los pobres y marginados, situándonos
a su lado para transformar el mundo según el espíritu
evangélico de fraternidad.
Nuestra predicación del Reino está constituida no
sólo por la proclamación oral de la Palabra, sino
también por el compromiso con la sociedad para su
transformación. “Lo que hayáis hecho a estos mis hermanos
menores me lo hicisteis a mí” (Mt 25,40). Como hermanos
menores, siendo pobres y habiendo escogido a los pobres,
debemos comprometernos más activamente en el desarrollo
social y espiritual de los pobres y de los marginados.
Atentos a su situación existencial en las distintas
partes del mundo contribuiremos a un cambio positivo
y a un mejoramiento tangible en su vida, con todos
los medios franciscanos a nuestra disposición. Así
será ignificativa nuestra solidaridad con los menores
de la sociedad, cuya miseria degrada su humanidad
hasta el punto de comprometer el sentido moral.
Los efectos de este compromiso nuestro deberían ser
periódicamente valorados de manera crítica y juzgados
de manera objetiva.
Nueva posición
49. Consideramos que es difícil comprender el mundo
de hoy, sumido en pobrezas, desde una posición privilegiada
como la nuestra. Por eso, creemos que caminar en la
dirección de las pobrezas sea una orientación que
puede generar una vida nueva en la Orden. Ello requiere
dos cosas: un cambio de lugar físico que comportaría,
como sucedió a los primeros hermanos capuchinos, situar
nuestras casas en la periferia de la sociedad con
estilo sencillo y pobre, y comportaría también un
cambio sociológico, que requiere vivir allí no sólo
para acoger a los pobres, sino también deseando ser
acogidos por ellos. Este “bautismo de los pobres”,
que Francisco recibió cuando abrazó al leproso, lleva
a estar entre los pobres como compañeros de camino,
siendo activamente partícipes de su liberación.
Para este fin sería de desear que las Circunscripciones
de la Orden tengan al menos una casa de inserción
en lugares de pobreza y que una parte de los hermanos
pueda participar directamente en instancias de solidaridad
con los pueblos empobrecidos.
Fondo de Solidaridad Internacional
y Franciscans International
50. El Fondo de Solidaridad Internacional es un instrumento
a través del cual todas las jurisdicciones deben compartir
sus recursos con las jurisdicciones que tienen necesidad
de ayuda para sus propias infraestructuras y para
ayudar al desarrollo social de la gente del lugar.
Con nuestra minoridad contribuimos a este esfuerzo
en colaboración con otros. Cada jurisdicción debería
trabajar con organizaciones e instituciones serias
que compartan nuestros valores evangélicos para la
transformación social y para ayudar directamente a
los pobres. Franciscans Internacional en la Naciones
Unidas es nuestra primera organización con la que
deberían cooperar todas las jurisdicciones de la Orden.
La Orden debe informar a todos sus miembros del trabajo
de Franciscans Internacional en las Naciones Unidas.
Cómo administrar las obras
de desarrollo
51. Muchas jurisdicciones tienen destacados programas
de desarrollo y de transformación social y de ayuda
directa a los pobres. Estas actividades son dignas
de elogio y están en armonía con el carisma capuchino.
Con frecuencia a causa de las enormes cantidades de
dinero que se manejan, se convierten también en ocasiones
de poder que, como cualquier otro uso de poder, debe
someterse a juicio crítico por parte de la Orden.
Las normas siguientes tienden a asegurar que el uso
del poder en estas situaciones corresponda al modo
de proceder conforme con nuestra vocación.
• Nuestras obras de desarrollo y de transformación
social deberían constituir también en la sociedad
una realidad de economía fraterna en la sociedad.
Por eso es muy importante que las ayudas directas
a los pobres tengan la finalidad de hacer que se encuentren
las personas necesitadas con las personas que tienen
recursos.
• El uso del dinero en la realización de los proyectos
debería ser trasparente.
• Ya que estas obras suponen con frecuencia el ejercicio
de un gran poder, ningún hermano debería permanecer
demasiado tiempo en un puesto de direción o de control.
Actuando de otra manera se corre el riesgo de abusar
del poder y de desarrollar hábitos no conformes con
nuestra vida de minoridad. La norma de duración de
un hermano en esta posición puede ser semejante a
la de un ministro provincial, no más de seis años
consecutivos.
• La asistencia no debería ir de individuo a individuo,
sino ejercitarla siempre mediante la fraternidad.
• Ha de darse preferencia a aquellos compromisos en
los cuales los mismos hermanos sirven directamente
a los pobres.
• En estos ministerios los hermanos claramente promuevan
el Evangelio y los valores franciscanos.
• Cuando los programas de desarrollo social y de ayuda
directa patrocinados por la Orden puedan ser mejor
llevados por otros grupos, sería necesario cedérselos
a ellos.
Responsabilidad ecológica
52. También nosotros capuchinos estamos comprometidos
en las distintas formas de destrucción de nuestro
planeta (por ejemplo la contaminación y la explotación
excesiva de los recursos) porque participemos activamente
en las trasgresiones de este sistema destructor.
Invitamos a los hermanos a verificar personal y comunitariamente
su comportamiento sobre la ecología. Los animamos
también a participar en las acciones de grupos comprometidos
en favor de la salvaguardia de la creación.
Combatir el consumismo
53. Para combatir el consumismo que alimenta el sistema
vigente y compromete nuestro testimonio de minoridad
e itinerancia, busquemos:
• usar con criterio y, preferentemente, evitar objetos
de consumo que sean signos de poder, de ostentación
y de auto-exaltación;
• trabajar junto con asociaciones de consulta para
el consumo consciente y éticamente responsable;
• colaborar con organismos que defiendan la vida,
la naturaleza, la biodiversidad y ayudan a un uso
racional y ecológicamente sostenible de los recursos
naturales.
Civilización del amor
54. En las sociedades particularmente marcadas por
el egoísmo y la violencia, con frecuencia los niños
y las mujeres son constreñidos a sufrir las consecuencias
peores. Por eso pongámonos activamente de su parte
sosteniendo la “civilización del amor” con la cultura
de la vida contra la cultura de la muerte.
Favorezcamos lo más posible la ayuda a favor de los
niños indefensos, rescatándolos de la violencia y
colaborando con asociaciones internacionales dedicadas
a cuidar de su salud y educación.
Promovamos la igualdad de los derechos de la mujer
y favorezcamos la cultura de la reciprocidad, en el
reconocimiento de una dignidad igual. De modo que
como hermanos menores nos relacionemos con las mujeres
con espíritu de igualdad y respeto, atentos a sus
preocupaciones y críticas, y construyendo con ellas
la ciudad nueva de la igualdad.
Comisión de JPE.
55. El VII CPO insiste sobre la necesidad de que cada
circunscripción tenga una comisión de Justicia y Paz
que funcione efectivamente. Cada Conferencia dé a
conocer y apoye el trabajo de Franciscans International.