La imagen de san Francisco es -- como queda ya dicho --
un detalle, bien visible aunque no demasiado grande, dentro
de toda la composición. Representa al Santo, que,
con las rodillas llagadas, abraza el pie derecho de Jesús
y besa su llaga. Fuerte relieve contienen la sangre de Jesús
que cae a tierra, las llagas de los pies del Crucifijo,
dos grandes puntos negros que se refieren a las llagas de
la mano y del costado de Francisco, la intensidad del rostro,
de los ojos y de toda la persona del Santo.
El significado para nosotros es icónicamente evidente:
Francisco ha tomado como modelo de su vida a Jesús,
atraído por su amor hacia los hombres, que lo ha
llevado a la muerte de cruz: “ofreciéndose”
a sí mismo, mediante su propia sangre, como sacrificio
y víctima sobre el altar de la cruz… como expiación
por nuestros pecados… y quiere que todos seamos salvados
por medio de él” (2CtaF 11-12). A este gran
amor Francisco ha querido corresponder y se ha querido uniformar
siguiendo el ejemplo y la enseñanza de Jesús.
Lo mismo ha pedido que hagan sus hermanos: “La regla
y vida de los frailes menores es esta: observar el santo
evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”.