Así como las provincias y las otras circunscripciones
forman redes de fraternidades locales, del mismo modo la
Orden, en el plan mundial, puede describirse como una red
de provincias, de vice-provincias, de custodias y de delegaciones,
cuya animación corresponde al ministro general asistido
por ocho consejeros (definidores generales).
El ministro general y sus consejeros son elegidos en el
curso del capítulo general de la Orden que se celebra
cada seis años. El capítulo general convoca
a los ministros de todas las provincias y vice-provincias
y también a un cierto número de delegados
suplementarios para las provincias numerosas y para las
custodias.
Además de elegir al ministro general y sus consejeros
que deben ser escogidos en cada una de las grandes regiones
de la Orden, el capítulo general tiene por misión
tratar de todos los asuntos de la Orden y poner al día
nuestra legislación, a fin de que corresponda adecuadamente
a las necesidades de la Iglesia y al desarrollo de la sociedad.
En el curso de los seis años de su mandato, el
ministro general se esfuerza en visitar todas las circunscripciones
de la Orden y, si fuera posible, a todos los hermanos. Sus
consejeros visitarán con más frecuencia la
región de la que proceden y para la cual han recibido
una responsabilidad particular. Su cuidado constante será
animar el desarrollo local y la diversidad preservando al
mismo tiempo la cohesión y la unidad. Deben igualmente
mostrar una atención especial a todas las necesidades,
en personal o en recursos materiales, que pudieran ser satisfechas
por una llamada a la solidaridad de toda la Orden.
Con el fin de insistir sobre ciertas cuestiones centrales
en la vida de la Orden, el ministro general reúne
a veces representantes de todas las regiones de la Orden
en un consejo temporal ampliado llamado Consejo Plenario
de la Orden. Estos CPO han tratado hasta ahora temas como
la oración, las misiones, la formación, nuestra
presencia profética en el mundo y la pobreza evangélica
vivida en fraternidad. En 2004, el séptimo CPO tratará
de “nuestra vida fraterna en minoridad”.
Ser hermano, es la expresión fundamental de la pertenencia
a la Orden. Pero somos una familia sumamente diversificada,
a la vez unida y separada por tantas culturas diversas,
por situaciones políticas, económicas y sociales
que reflejan una parte muy grande de la riqueza de la humanidad
a la que pertenecemos en tantos lugares. Pero compartimos
todos la tradición franciscana como una historia
común e íntima; estamos relacionados por instituciones
antiguas que administramos según las necesidades
de nuestro desarrollo; y todos hemos escogido vivir “según
la forma del santo evangelio”, servir al Señor
y a nuestros hermanos en la solidaridad y en la paz. En
la oración y en el compartir cotidiano de nuestras
fraternidades locales, hay siempre un espacio abierto para
los hermanos de fuera que, si vinieran a nuestras casas
se encontrarían fácilmente como en su propia
casa.