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Las Constituciones de la Orden ponen como
ayuda del Ministro general y de su Consejo un “Secretario
general de misiones”. Su tarea consiste en “ fortalecer
nuestra presencia misionera en el mundo y despertar una responsabilidad
misionera cada vez más profunda y auténtica
entre nosotros”. (III Consejo Plenario de la Orden.
Mattli, 1978, n. 42).
En
cuanto “Secretario de misiones”
desempeña un cometido profético dentro de la
comunidad de hermanos, que pese a todas sus tareas y obligaciones
en manera alguna debe olvidar: su deber primero es dar testimonio
de la verdadera vida en Cristo.
En cuanto “Promotor de la solidaridad”,
dedicará gran parte de su tiempo a hacer posible dentro
de la Orden un cierto equilibrio presupuestario. Este equilibrio
hará posible tanto la formación y la actividad
misionera, como también el trabajo apostólico
y social de los hermanos en países pobres. La Orden
pone su acento en que la solidaridad con los hermanos aspira
a construir estructuras de justicia para todos los hombres
de ámbito mundial. “Si queremos ser solidarios,
debemos preocuparnos de todos los hermanos, sobre todo de
los que son excluidos del reparto de los bienes de la sociedad.
Debemos escuchar el grito de los pobres y trabajar para que
la solidaridad global evolucione hacia un nuevo orden social”
(VI Consejo Plenario de la Orden. Assisi, 1998, n. 22).
“El Promotor de la solidaridad”
es, ante todo, “Promotor de la evangelización”.
De ahí que la exigencia de la solidaridad económica
internacional vaya unida siempre a otros difíciles
aspectos a los que las Constituciones capuchinas hacen referencia:
. solidaridad viva con los pobres (Constituciones n. 59, 5
y 60, 4-5).
. Solidaridad viva con los hermanos (Constituciones n. 131,4)
. Solidaridad personal (Constituciones, n. 176)
. Inculturación del evangelio (Constituciones n. 177,3)
. Diálogo con otras religiones (Constituciones n. 175,4)
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